«Sabed pues, que nuestra ciencia consiste en el conocimiento de los cuatro elementos, cuyas cualidades son cambiadas recíprocamente las unas en las otras»
El deseo deseado
Le Désir désiré · Thresor de Philosophie, ou Original du desir desiré
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Abre con Aristóteles y los Meteoros: los metales no se transmutan sin reducción a su primera materia «El deseo deseado (atribuido a Flamel) · p. 1». Su doctrina: «Sabed pues, que nuestra ciencia consiste en el conocimiento de los cuatro elementos, cuyas cualidades son cambiadas recíprocamente las unas en las otras» «El deseo deseado (atribuido a Flamel) · p. 1», y avanza por las «palabras de los filósofos» — solución, cocción, mundificación, sublimación — «El deseo deseado (atribuido a Flamel) · p. 2», citando a la Turba con María la profetisa, Parménides y Morien.
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recorded, never asserted«El deseo deseado (atribuido a Flamel) · p. 1»
«Hanegraaff (ed.) — Dictionary of Gnosis & Western Esotericism, ed. inglés · p. 403»
«Priesner & Figala — Alquimia (enciclopedia) · p. 108»
«Principe — The Secrets of Alchemy (2013) · p. 11»
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Abre con Aristóteles (los Meteoros): los metales no se transmutan sin reducción a su primera materia.
El mercurio es semilla universal de los metales, cocido y congelado en la tierra por el calor del azufre.
«La primera palabra de los filósofos es lo que ellos han llamado solución y fundamento del arte» — La serie: cocción (agua→tierra hasta la negrura), mundificación (putrefacción y blanqueamiento), sublimación (el agua espesada asciende como aire).
«Así, por la gracia de Dios, tienes ya un elemento, que es el agua, así como tienes la reducción del cuerpo en agua líquida»
«cuando el aire le tocará y le golpeará, le congelará, y será hecho un cuerpo; aquí reside el secreto.»
«el espíritu no se une al cuerpo hasta que el cuerpo está perfectamente purgado y limpio de su inmundicia»
«la piedra es una sola cosa, una sola sustancia, una raíz, una naturaleza»
«la vida de toda cosa es el agua» — puesto en boca de Sócrates.
«nuestra piedra está compuesta por los cuatro elementos» — con las correspondencias agua↔fijo, aire↔tranquilo, tierra↔firme, fuego↔envuelve todo, y el axioma «arriba ↔ abajo» por sublimación y constipación.
«el agua del aire vivifica la muerte»
«Esta piedra es pájaro, y no es piedra ni pájaro»
«la conjunción supone la mixtión, y las semillas se mezclan como la leche» — en boca del rey Merlín; y la serie generativa: conjunción → corrupción → impregnación → alumbramiento → nutrición.
«El fuego supera al agua, y el Fénix administra y abrasa el alimento.»
La alegoría de la generación: Gabertín y Beya como macho y hembra alegóricos, y la piedra final como «El Hijo Nacido», hijo del Sol y la Luna.
La ceniza de Hermes: el residuo blanco de destilar fuego, «diadema del corazón» del alquimista.
El «pequeño mundo»: la piedra como microcosmos, ligada a Hermes, Platón y Pitágoras.
El azot es el mercurio empleado para blanquear el latón y expulsar la oscuridad; el «metal blanco» no vulgar, elixir del filósofo, consume todo pero perfecciona al asociarse con la piedra — dicho de Ismindrius y Eximius en la Turba.
Autoridades que el propio texto invoca: los Meteoros y el Régimen de los Príncipes de Aristóteles, Los Humores de Avicena, el Libro Perfecto del Arte y el Libro de las Raíces de Geber, el Lilium sin autor, y el Libro de los Minerales de Alberto el Grande.
«Sabed además que en todas las cosas que han sido creadas por debajo de los cielos, se encuentran cuatro elementos que no se muestran a la vista pero que en efecto existen.» — asienta el axioma de partida: los cuatro elementos están en todo lo creado bajo los cielos aunque no se dejen ver. Todo el tratado se sostiene sobre esa invisibilidad postulada.
«He reconocido en ellos la verdadera materia, o esperma y semilla de todos los metales, y qué cosa significa que el mercurio es cocido y congelado en el vientre de la tierra por el calor del azufre, que lo ha cocido por su propia virtud, y a partir de la multiplicación del cual diferentes metales son procreados y producidos en el interior de la tierra, pues su semilla o materia es similar mientras que los diversos metales son diversos por una acción accidental, a saber, por la cocción o nutrimiento mayor o menor, más o menos temperado, más o menos ardiente, cosa que lo filósofos afirman de común acuerdo.» — expone la teoría mineralógica que el texto da por consenso de los filósofos: el mercurio es la semilla única de todos los metales, cocido y congelado en el vientre de la tierra por el calor del azufre, y la diferencia entre metales es accidental —más o menos cocción—, no de sustancia.
«Pues es cierto que todas las cosas son de aquello en lo que se resuelven por su disolución, como puede verse por el hielo que, cuando se encuentra en forma de agua, se resuelve en agua por la acción del calor.» — funda la transmutación en una regla general de la disolución: cada cosa es aquello en lo que se resuelve, y pone el hielo por caso a la vista de cualquiera.
«Si es manifiesto que el hielo, siendo agua, se convierte en agua, del mismo modo los metales, que en sus principios han sido mercurio, se convertirán en mercurio, cosa que demostraré en el presente discurso.» — traslada el argumento del hielo a los metales y anuncia que lo va a mostrar en el discurso; es la voz autoral en primera persona, sin ningún rasgo del relato flameliano.
«Una vez supuesto esto, resolveremos fácilmente el argumento de Aristóteles, que en el libro de los Meteoros dice: Saben todos los artistas que las especies de los metales no se pueden transmutar si no son reducidos a su primera materia, reducción de la que hablaremos a continuación.» — cita a Aristóteles por el libro de los Meteoros para el requisito que gobierna toda la obra: no hay transmutación de especies metálicas sin reducirlas antes a su primera materia.
«La multiplicación de los metales es fácil, pero no su transmutación, pues toda cosa que nace en la tierra y crece en ella, se multiplica; esto se ve en las plantas, los árboles y los animales, pues de un grano se engendran mil granos, de un árbol surgen miles de ramas o, mejor dicho, una infinidad de otros árboles, y de un solo hombre ha tenido lugar la procreación de todo el género humano.» — distingue dos cosas que suelen confundirse: multiplicar es fácil y transmutar no lo es. Deriva la multiplicación de lo que ve en granos, árboles, animales y en la propia especie humana.
«Así pues, todas las cosas se aumentan y se multiplican en su especie, por lo que de la misma manera el metal puede aumentarse y multiplicarse, sin ninguna diferencia respecto el resto de cosas.» — cierra la analogía con una equiparación fuerte: el metal se aumenta y multiplica en su especie igual que el resto de las cosas, sin diferencia.
«Aristóteles se pregunta si este aumento y multiplicación tiene lugar en las minas naturales o artificiales.» — recoge de Aristóteles la pregunta abierta —si ese aumento ocurre en minas naturales o artificiales— y no la responde.
«Siendo constante que todos los metales nacen y crecen en la tierra, es posible que tenga lugar en ellos un aumento y una multiplicación hasta el infinito.» — de que los metales nacen y crecen en la tierra saca la posibilidad de un aumento infinito, sin poner tope declarado.
«Pero esto no puede hacerse sino a partir de aquello que es perfecto en la luna u orden de los metales, en la generación y perfección de los cuales está la perfecta medicina, que es el elixir de los filósofos, y que no puede llegarse a hacer sino por un medio próximo o cosa interpuesta, puesto que no hay movimiento de una extremidad a otra extremidad sino por un medio que le es cercano.» — acota lo anterior: la perfección solo se alcanza desde lo perfecto en el orden de los metales, y siempre por un medio próximo, porque no hay movimiento de un extremo a otro sin cosa interpuesta. Esa mediación es el elixir de los filósofos.
«Yo he conocido la naturaleza de este medio o cosa mediadora, la cual contiene las extremidades, que son el azufre y el mercurio.» — el autor declara conocer esa cosa mediadora y la define por lo que contiene: los dos extremos, azufre y mercurio.
«Así pues, querido lector, guárdate de errar y faltar, pues el hombre sólo recogerá en función de lo que haya sembrado.» — advierte al lector con un proverbio agrícola de fondo bíblico: se recoge según lo sembrado. La advertencia es moral, no operativa.
«si no convertís la cosa corporal en incorporal, trabajáis en vano.» — pone en boca del profeta la regla que abre la primera palabra de los filósofos: sin convertir lo corporal en incorporal el trabajo es vano.
«no puede ser permanente sin ser disuelta, unida y hecha una sola cosa con su cuerpo;» — recoge de Parménides, a quien también nombra Egadímene, la doctrina del agua permanente: no es agua de mar, y no permanece si no se disuelve, une y hace una sola cosa con su cuerpo.
«María la profetisa también dice: conserva bien el espíritu, y cuida que nada se vaya con el vapor» — adjudica a María la profetisa la advertencia de gobierno del fuego: conservar el espíritu y no dejar que nada se vaya con el vapor.
«dice Avicena en el capítulo de los Humores, el calor, produciendo su acción en un cuerpo húmedo, engendra y hace aparecer el color negro» — adjudica a Avicena, por el capítulo de los Humores, la explicación del color negro: el calor obrando sobre un cuerpo húmedo lo engendra, como se ve en la cal común.
«no despreciéis la ceniza, pues es la diadema de vuestro corazón y una ceniza permanente.» — adjudica a Morien la defensa de la ceniza, que es el residuo que el operador tiende a tirar: la llama diadema del corazón y ceniza permanente.
«cuando habrás obtenido el agua del aire, el aire del fuego y el fuego de la tierra, entonces tendrás plenamente y perfectamente todo el arte» — pone en boca de Aristóteles la condición de completud del arte: tener el agua del aire, el aire del fuego y el fuego de la tierra.
«Por ello dice Calib: nadie ha podido hasta el presente, ni podrá jamás, teñir la tierra foliada si no es a partir del oro.» — adjudica a Calib la exclusión: nadie ha teñido ni teñirá la tierra foliada si no es a partir del oro. Es una negativa, y el texto la usa para cerrar la lista de materias admisibles.
«Por ello dice Morien: aunque nuestra piedra tenga ya en sí misma la tintura, sin embargo, el oro en cuerpo no tiene en sí mismo movimiento si antes no recibe una mayor perfección por el arte y por cierta operación.» — adjudica a Morien el límite del oro común: aunque la piedra tenga ya la tintura, el oro en cuerpo no se mueve hasta recibir mayor perfección por el arte.
«Geber, en el libro de las Raíces dice también: la operación se hace para que la tintura del oro sea mejorada y perfeccionada más de lo que lo es por sí misma en su propia naturaleza; y para que sea hecho el elixir, según la alegoría o el lenguaje oscuro de los sabios; debe hacerse confitura compuesta de especie de piedra, y debe ser hecha una medicina para curar, purgar y transformar o transmutar todos los cuerpos en verdadera luna.» — adjudica a Geber, por el libro de las Raíces, el fin de la operación: mejorar la tintura del oro más allá de lo que da su naturaleza, hasta hacer una medicina que cure, purgue y transmute los cuerpos en verdadera luna.