De Subtilitate Rerum Libri XXI
De Subtilitate
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Es un tratado latino de 1550 del que a esta base llega un solo libro de los veintiuno: el XIX, citado siempre por la misma línea de procedencia —«Jerome Cardan, De Subtilitate Rerum Libri XXI (Nuremberg, in-folio 1550), XIX.» «Vallée y Aubeck — Wonders in the Sky (2010) · p. 158»—.
Lo que ahí consta, según sus lectores, es una comparecencia fechada el 13 de agosto de 1491 en Milán: siete varones se presentan ante el padre del autor tras un rito, «When I had completed the customary rites» «Vallée y Aubeck — Wonders in the Sky (2010) · p. 157», y declaran ser «men composed, as it were, of air, and subject to birth and death» «Vallée y Aubeck — Wonders in the Sky (2010) · p. 157». El relato se transmite en segunda persona dentro de la obra: el hijo dice haber buscado el registro que dejó su padre «Vallée — Dimensions (1988) · p. 27».
Su interés para el corpus está en la operación y en la doctrina que reporta: un rito previo, seres aéreos mortales de hasta trescientos años, una prohibición de revelar tesoros bajo pena, y un desacuerdo entre los propios comparecientes sobre la creación del mundo «Vallée y Aubeck — Wonders in the Sky (2010) · p. 157». Uno de nuestros lectores llama a eso «Islamic occasionalism» «Vallée — Dimensions (1988) · p. 250»; otro, «an eleventh-century Arabic idea» «Strieber — Communion (1987) · p. 195».
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recorded, never asserted«Vallée y Aubeck — Wonders in the Sky (2010) · p. 158»
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969 entries — the work's own voice, with its passage«quam non femel nec paucis uidbus audiui 4 patre meo,Facio Cardano, qui Dd: monem fe familiarem per xxx.ferm4 annos habuilTe confitebatur» — quién cuenta y quién oye: Jerónimo lo oyó no una vez ni pocas veces de su padre, Fazio Cardano, que confesaba haber tenido un demonio familiar por casi treinta años. Lectura restituida: «…audivi a patre meo, Facio Cardano, qui Daemonem se familiarem per xxx fermè annos habuisse confitebatur». Ninguna de las cuatro fuentes de segunda mano trae el dato del demonio familiar.
«cum peregil* lem facra,horadidxx.apparueruntdemorel^temuiri» — el arranque del relato del padre: cumplidos los ritos sagrados, a la hora vigésima del día, aparecieron —de more, según costumbre— siete varones. Lectura restituida: «cum peregissem sacra, hora diei xx, apparuerunt de more septem viri».
«ldibusAuguHi,M.ccccxci.cum peregil* lem facra» — y su fecha, en el calendario romano: Idus de agosto de 1491, es decir el 13 de agosto. Lectura restituida: «Idibus Augusti, M.CCCCXCI».
«ita omnes feptem erant» — la aritmética del grupo, tras describir a los dos de mayor rango con sus dos y tres acompañantes: así eran siete en total.
«qui nam eilditp-elponderunt homines elTe, qua fiaereos,qui&ip(i nalcerenturacinterirent» — la autodefinición, y es el pasaje más citado de la obra: preguntados quiénes eran, respondieron ser hombres, como aéreos, que también ellos nacen y perecen. Lectura restituida: «qui nam essent, responderunt homines esse, quasi aereos, qui et ipsi nascerentur ac interirent».
«Capid ne quid haberent impofitum,fcriptum an nudum ef fetnonrcliquit» — la reserva del testigo: si llevaban algo puesto en la cabeza, no dejó dicho. Lectura restituida: «Capiti ne quid haberent impositum, scriptum an nudum esset, non reliquit».
«as illis iuxtaxL*'.annum, fedqux nec xxx" praefer» — la edad: cerca de los cuarenta años, pero sin aparentar ni treinta. Lectura restituida: «aetas illis iuxta xL annum, sed quae nec xxx praeferret».
«hoc in Ubro candide Ledor,pIus quim (Hquimflltjuadannn, non uub garium, («1 dilfidliUfn,occultaru & pulcherrimaiunn rerum cau(as,uim, & pro< prietates, abauthore hJncindc experimento obreniatas» — la portada anuncia el programa entero del libro: causas, fuerza y propiedades de cosas ocultas y bellísimas, observadas por el autor de aquí y de allá por experimento. Lectura restituida: «occultarum et pulcherrimarum rerum causas, vim et proprietates, ab authore hinc inde experimento observatas»
«IoH, Petreivs Lectori, Norimbergx apud Ioh.Pctrdum.iamprimo impreniim» — y la misma plana rotula esa dirección al lector con el nombre del impresor, Johann Petreius, junto al pie de Núremberg: el reclamo de portada no se le puede adjudicar a Cardano sin más
«Non Cardane tuam poterintextinguere laudem Ignes flammifbijfrudiibnae nec aquae.» — el elogio de la plana 4 no es voz de la obra sino de un tercero, que le habla a Cardano en segunda persona; la plana lo encabeza CARMEN Tho. Venatorii y trae otro de Laur. Dürnhofer al lado
«Hieronymus Cardanus me* dicus Mcdiolanenfis S. P. D.» — la dedicatoria firma con el nombre y el oficio del autor —médico milanés— y va dirigida al príncipe Ferrante Gonzaga, gobernador de Milán
«MNES FERME' GENTES iETATE noftra,Princeps llIuftriillme.Deum uefterantun (ed ta* men nulli quodoptimum faAu cft,id optima ratione ef* fidunt, rufi foli lapientes» — la epístola abre sosteniendo que casi todas las naciones de su tiempo veneran a Dios, pero que nadie hace por la mejor razón lo que es óptimo hacer salvo los sabios. Lectura restituida: «Omnes ferme gentes aetate nostra, Princeps illustrissime, Deum venerantur, sed tamen nulli quod optimum factu est, id optima ratione efficiunt, nisi soli sapientes»
«Quidam alij , prae cacteris ambitiofi ob id Deum adorant, qudd le ipfosilli praedpuae curae efie putant» — dentro de su tipología de los cultos interesados adjudica a los ambiciosos adorar a Dios porque se tienen a sí mismos por objeto principal de su cuidado. Lectura restituida: «Quidam alii, prae caeteris ambitiosi, ob id Deum adorant, quod se ipsos illi praecipuae curae esse putant»
«Sunt& quibus lucro eft Deum coluidc,utlaccrdotibus. Alij hoc nomine opinionemquandam probitatis auaipantur. Itaque ut priores iam mercenarq,fi non alia ex caula id fadant.did debent : ita hos non ego iam, led ueritas ipfa hypoentarum appellatione damna» — cuenta a los sacerdotes entre quienes sacan lucro de dar culto, y a los que se compran con ello fama de probidad los llama hipócritas retirándose del juicio: no yo, dice, sino la verdad misma los condenó. Lectura restituida: «Sunt et quibus lucro est Deum colere, ut sacerdotibus… hos non ego iam, sed veritas ipsa hypocritarum appellatione damnavit»
«Ergofbli lapientes, qui qudd optimus fit De tisacpr3cllantillimus,ctiamli nullo nos afficeret beneficio, tamen eum ucnerantur,re(ff^ colunt.nam optimos colendo,prauos odio haben* do,ipfi nobis effidmur meliores» — y reserva el culto recto para los sabios, que lo venerarían aunque no les hiciera beneficio alguno, con un motivo que él pone en el que venera y no en lo venerado: honrando a los óptimos nos hacemos mejores. Lectura restituida: «Ergo soli sapientes… nam optimos colendo, pravos odio habendo, ipsi nobis efficimur meliores»
«Arichmedea iucudiflimi lludii.inuendonis lingularis» — repasa su propia obra anterior para decir qué le objetan de cada pieza, y de la arquimediana concede que es de estudio gratísimo y de invención singular, aunque en la misma línea recoja a quienes la llaman inútil
«ARronomiam miris ac nouis tum ueris inuends excolui,(ed iam tantum uido ueterum infamix contraxerat,ut plus libro dildplinx nomen authoritads lubtrahat,quam noRrum adqdat» — y de su astronomía sostiene algo más incómodo: que la disciplina había contraído tal descrédito de los antiguos que su nombre le resta autoridad al libro en vez de dársela
«Verebar enim,nc fi fine dcmonftradone , uelut in libris de Rerum uarietate, rea ipfc tranfigerentur, quanquam uera: eflau» — aquí está la razón declarada del método del libro: temía que, sin demostración —como en sus libros de Rerum varietate—, las cosas se tramitaran sin más aunque fueran verdaderas; la frase sigue diciendo que un solo experimento fallido entre tantos le quitaría el crédito. Lectura restituida: «Verebar enim, ne si sine demonstratione, velut in libris de Rerum varietate, res ipsae transigerentur, quanquam verae essent»
«Sed Plinium authoritas andquitaris hifioriael^ fiu cen^ poris,nunc illius fidei credita;& accommodata tranandas materia: dicen dirado,quamuis la:piusmendente,tuentur:nobisfi ueritads opinio de# fucrit,quideft quo librum defendam» — y sigue el contraste, que es una objeción a sí mismo: a Plinio lo defienden la autoridad de la antigüedad y su modo de decir, aunque mienta a menudo; si a él le falta la fama de veraz, se pregunta con qué defenderá su libro
«diligendus lormonia fimplidtate ac fiidlitatc pen(aui,ne exdium legentibus pare* rem, mihic^ ipfi tantum fcripfifle uelleuiderer» — declara con qué compensa la oscuridad que la demostración le impone: con simplicidad y facilidad de estilo, para no cansar al lector ni parecer que escribió solo para sí
«Index rerum maxime memorabilium librorum xxi, de Subtilitate» — y a la plana 8 arranca el índice alfabético de materias de los veintiún libros, que ocupa hasta la 41 y es lo que llenan las entradas breves con remisión de plana
«Vas dnere plenum, quatuor ob caulas cantundem aquae redplt quantumcon tinet» — hasta la plana 38 sigue corriendo el índice alfabético, con entradas de este corte —un vaso lleno de ceniza que admite tanta agua como ya contiene— que anuncian una cuestión y remiten a su plana, sin desarrollarla
«Videntur quxdam procul melius, alia prope» — otra entrada del mismo índice, y de las que mejor muestran su forma: un enunciado de dos miembros, sin prueba y sin autoridad, que solo sirve de puerta al lugar del libro donde la cosa se trata
«RopoGtum nofiri negotium hoc opere eR, de fubdlita* sMMtUfi te traAarc. Eft autem fubdlitas rado quzdam, qua fea* I Gbiliai(«i(ibus,intelligibiliaab intelleAu,diiIidIecoma prschenduntur» — aquí, abierto el libro primero en la plana 39, define el término que da nombre a la obra: la sutileza es cierta razón por la cual lo sensible por los sentidos y lo inteligible por el intelecto se comprenden con dificultad. Lectura restituida: «Propositum nostri negotium hoc opere est, de subtilitate tractare. Est autem subtilitas ratio quaedam, qua sensibilia a sensibus, intelligibilia ab intellectu, difficile comprehenduntur»
«Maiusi^ nobis nego< dum fupereft in ipGus rei traAatione quam in ipfa re» — y mide de entrada la desproporción del encargo: sostiene que le queda más trabajo en el tratamiento de la cosa que en la cosa misma
«ubi habeam quos fiigiam,ut Plinium& AI# bertum,quibus nulla in hoc genere,qudd palam mendantur,Gdes habe* tur, quos fequar non habeam» — la línea que más pesa para leer el resto del libro: nombra a Plinio y a Alberto como autores de quienes huir, porque mienten abiertamente y no se les da crédito en este género, y dice no tener a quién seguir. Lo que recoja de ellos más adelante queda dicho contra este aviso. Lectura restituida: «ubi habeam quos fugiam, ut Plinium et Albertum, quibus nulla in hoc genere, quod palam mentiantur, fides habetur, quos sequar non habeam»
«At oraculisitdesabfcp demonlbradone habebatur,nobis li eam no addiderimus, nulla dabitur» — y fija la regla de prueba que se impone: a los oráculos se les daba fe sin demostración, y a él no se le dará ninguna si no la añade
«Intentata pror* ius tot rfeailis uel res ipfas fdentibus Philofophis, qux nunc i me uno liint explicanda» — declara además la soledad de la empresa, y con ella el grado de novedad que se adjudica: cosas nunca intentadas por tantos siglos ni por los filósofos que conocían el asunto, que ahora tiene que explicar él solo
«Quaxlam edam cum deGerint,aut nuper Gnt inuenta, nominibus aut carent, aut nomina rebus iplis» — y una dificultad de nomenclatura que él mismo plantea: hay cosas que, por haber cesado o por ser de invención reciente, carecen de nombre, o los nombres carecen de cosa
«Porrd nOmina inuenire nouis rebus, &rencTcentc lingua diffidlimumeft» — de donde concluye que inventar nombres para cosas nuevas, con la lengua ya envejecida, es dificilísimo
«Ergo tot & tanafunt difficultatis aigumcnta in hactraAarione» — cierra el recuento de obstáculos declarándolo tal: tantos y tan grandes son los argumentos de dificultad en este tratado
«Reprxfentationum genera quatuor,imago,fpedes, ora* tio&fcriptnra. Subflanriarum hx quidem coiporiiundx,hxuero ex* pertes» — y entra en materia con una división que gobierna el libro: cuatro géneros de representación —imagen, especie, oración y escritura—, y sustancias que unas son corpóreas y otras carecen de cuerpo
«Aeddentiu quxdam i fubflanrijs pendent,ut lux, lumen, calor:» — junto a ella, la de los accidentes que dependen de las sustancias, y da por ejemplos la luz, el brillo y el calor
«De principfjs rerum, ? iigurani,teinperieni,fenfus fcnfibiliaip,uirtutes intus latentes,intelle(flu, arces notas,ignotas^ fdentias, & qux fdunturDaemones, inde intdli< gcntixjde uniucrfo& Deo» — y el programa completo del tratado, que declara qué entra en él: figura, temple, sentidos y sensibles, virtudes latentes dentro, intelecto, artes conocidas e ignoradas, ciencias, y lo que se sabe de los demonios, de ahí las inteligencias, el universo y Dios. Los demonios entran así en el plan del libro por su propia declaración, no por lectura ajena
«R.eprxfentadonum ge« ncra duo,falfum& uerum . &lla diuiditur in inanem,& qux udlis cA,de omnibus igitur (ingilladm dicendum erit» — y una segunda división de la representación, esta vez en dos: falso y verdadero, con el falso subdividido en vano y en útil, y promete tratarlos uno por uno
«Hylen eireofiendit rerum ipfarum perpetua generado quxfemper MrimMpri, ex aliquo fit alio,etenim fhimenta ex terra& humore,& animalia ex fe« mine& fanguine,uel ouis,& dnis ex lignis» — abre el libro primero adjudicando la existencia de la hyle a un argumento y no a una autoridad: la generación perpetua, que siempre saca una cosa de otra, y da la lista de casos que la muestran —el grano de la tierra y el humor, los animales de la simiente y la sangre o del huevo, la ceniza de los leños. Lectura restituida: «Hylen esse ostendit rerum ipsarum perpetua generatio quae semper ex aliquo fit alio»
«Nec quicquam tam pufillu ' efi,quod ex nullo fiat» — y con ella el principio que la sostiene, dicho en negativo: nada hay tan menudo que se haga de nada
«quod materiam primam didmus aut hylen» — de ahí saca el nombre, y lo declara nombre nuestro para algo que permanece: la frase entera dice que algo común queda en toda generación, y remata con lo que llamamos materia prima o hyle
«Ofienditidem corrupdo, cum nihil prorfus dum corrumpitur pereat: nam malum putreldt & in uer» — y sostiene que la corrupción arguye lo mismo que la generación, porque nada perece del todo al corromperse; el ejemplo con que lo abre es la manzana que se pudre y pasa a gusanos
«Manifeftum eft igitur aliquid efie in rerum natura fub forma ladtans, ejuod nec per gencradonem fit, nec corrupdone ipfa interit, at<^ hoc ip, fum ut primum quoddam,& quod mulris (ubijdmr formis materiam primam uocarefolcmus:ingenitam & nunquam interituram» — y cierra el argumento con la conclusión y sus dos atributos: hay en la naturaleza algo que late bajo la forma, que ni se hace por generación ni perece por corrupción, sujeto de muchas formas, no engendrado y que nunca ha de perecer
«Complexa uero 4 forma cui tunc fubiaat aAum confequitur perfeAiorem, non tamen perfeAum, aAut enim perfeAus eft qui potendaumnino caret» — distingue enseguida grados de acto: lo complejo alcanza por la forma un acto más perfecto pero no perfecto, porque acto perfecto es el que carece por completo de potencia
«Circumferiptos tamen habet limites magnitudi* «is ac paruitatis, intra quos ceu quidam Proteus infinitos magnitudinis terminos fubit» — y le pone límite a esa plasticidad con una imagen mitológica que es suya y no de sus fuentes: dentro de límites circunscritos de grandeza y pequeñez, la materia recorre como un Proteo infinitos términos de magnitud
«Attamen experimen* tum edocet, ardere quidem lucernam,& fic fenfim uacui reddi: fponte autem oleum nequaquam defeendere» — en la cuestión del vacío arbitra por experimento y contra lo esperado: enseña que la lámpara arde y así se va vaciando poco a poco, pero que el aceite no desciende por sí mismo
«Caufa igitur eft,qu6d ignis cale* fiiciendo rarius ac tenuius eflSdt oleum: id rarius freftum intumefdt, & per D foramen exuberat, leuifUmafp eius prs interim afeendit ad fum* mum lucemx, ubi a fcripfimus, qux cum multo aere referta fit loaim aere complet,ac fic fenfim augetur dum oleumeffundimr» — y da la causa sin recurrir al horror al vacío: el fuego, al calentar, vuelve el aceite más raro y tenue, lo hincha y lo hace rebosar por el agujero, mientras la parte más leve sube a lo alto de la lámpara
«Heron in fpiritualibus iUud cfle oficdere nitatur, ucru non cft lapientis omnia abfurda refellere, nec noftri multominus infiitu* ti, quxab cuidedbus radonibus pofiuntdemonfirari,obfcurioribus ar« gumends profequi» — y se abstiene expresamente de discutir a Herón en sus Pneumatica: dice que no es de sabio refutar todos los absurdos, ni de su propio plan perseguir con argumentos más oscuros lo que puede demostrarse por razones evidentes
«Dico etenim mixtum ut lapidem i terra qux in ipfo eft deorfum moueri,aut aqua» — adjudica el movimiento del mixto a los elementos que lo componen: la piedra se mueve hacia abajo por la tierra que hay en ella, o por el agua
«nam aer ille rarior facflus ob attraAionem denuo co« gitur: occupati^ minorem locum quam prius, atm Gc ne uacuum detur aquam adfe trahit, igitur aeripfecogi potcGacieiprumfubingrediea' dem^ ratione rarior euadere, uti^ elt terminus quidam in raritate qui iiacui rationem habet ate^ Gcmouet,ita denGtatis alius,quem G quis prp terire nitatur,motum exdtat,qui uocatur impiilfus» — y explica la atracción sin vacío: el aire enrarecido se vuelve a comprimir, ocupa menos lugar y para que no se dé vacío atrae el agua hacia sí; hay un término de rareza que hace las veces de vacío y otro de densidad, y el que intenta pasarlo suscita el movimiento que se llama impulso
«His igitur demonfirads tanquam prindpi|s,rado cofurgit machinx Ccefibicx,quxfic confiat ut edam lanellusTurrianus Cremonenfis, uir magni ingenq» — y remite la máquina ctesibiana a un contemporáneo suyo por nombre y patria, calificándolo de varón de gran ingenio: Gianello Torriani de Cremona, el relojero del emperador
«quod grauitate tum propria tum aqua fuperinaimbenris cadens obtu< rat foramen» — describe el cierre de la máquina por la mecánica misma y no por una pieza añadida: el cuerpo cae por su propio peso y por el del agua que le carga encima, y así obtura el agujero
«Itacp conftat hacmachina aquS fonper afeendere 8C nun^ pofledefcendere» — y saca de ahí una consecuencia fuerte y sin reserva: con esta máquina consta que el agua siempre asciende y nunca puede descender
«Hoc tertioiimiliter utriuicf motus excmplar^c quie* tis etiam grauis praeter iwturam» — ordena los casos por número y los va contando: éste es el tercero, ejemplar a la vez de uno y otro movimiento y también de quietud pesada fuera de la naturaleza
«Quod uero leuior fit aqua in parte fupra CD,quim in c, caufaeff,quia aqua Civ pra c D, dcfcend«-e appedt, ut fit.inferior illa qux cft in c, igitur conw primit aquam& in canalem impellit» — y da la causa de que el agua sea más ligera arriba que abajo por apetito de descenso: el agua de encima apetece bajar para quedar debajo, y al hacerlo comprime la otra y la empuja al canal
«Quod uero quaeri dignum magis efi, id efi,quomodo aqua tantum» — marca cuál de sus propias cuestiones tiene por la más digna de preguntarse, y la deja enunciada a medias porque una nota al margen le corta la línea: cómo el agua asciende tanto cuanto puede descender
«Sed non cli hie motus alius i primo,namaqua ipiacum fit in fublimi conatur dcicendex re, 8i ad illius defirenTum aer nenimium oonftringatur afeendit» — y reduce ese caso al primero en vez de multiplicar principios: no es otro movimiento, porque el agua en alto se esfuerza por descender y el aire sube al descenso de aquélla si no se comprime demasiado
«trana igitur ut dixi ratione mola torquetur in horologio, nam chalybs mollis redditus in tenuem bratfleam praclon* gam & ftriftam.ut in figura uides,redigamr,inde per uim in orbem anftiiTimc colligitur, capfulxtip includitur» — describe el resorte del reloj por su fabricación, y la cita arranca a media palabra porque la plana parte contraria: el acero ablandado se reduce a una lámina larguísima y estrecha, luego se recoge a la fuerza en círculo apretadísimo y se encierra en el tambor
«Huius generis plura funt exempla, urceus fifiulam habena plenam aere, ipic autem aqua, cum fiftula uertitur inferius, aqua ipfa pcndereuidetur» — y lo ilustra con un objeto de casa: un jarro con un caño lleno de aire y él mismo lleno de agua, y al volverse el caño hacia abajo el agua parece quedar colgada
«Simili ratione lapides fuperaqua iadli r^iliunt, & litula aqua plena drmmuelodtcr aifla non effunditaquam,quia cum tempus defit acris diuifioni ne» — junta bajo una misma razón dos hechos que hoy se separan: que las piedras reboten sobre el agua y que un cubo lleno volteado muy deprisa no derrame, y la causa que da a los dos es que falta tiempo para dividir el aire
«Verum pondus quod in aqua eft ( ut ad nauigium eruendum rurfus ueniam ) tanto leuius redditur, quanto aqua ipla grauior exdterit, unde paudoribus dmbis opus erit, quim quxpondus demerfi nauigq ferre pofTent» — y vuelve a un problema práctico que él mismo se había puesto —sacar a flote una nave hundida—: el peso sumergido queda tanto más ligero cuanto más pesada sea el agua, y por eso bastan menos odres
«Verum motus grauisdu r^etinir alternarim fol* les mouet.aut alias machinas alterna uicc,quod in machina Ctefibica de monftrare opportunu erat: ut emboli mafculi uiciflim in modiolis afem dere» — pasa del movimiento simple al alternado y dice para qué le sirve: el peso repetido mueve fuelles u otras máquinas por veces alternas, que es lo que había que demostrar en la máquina ctesibiana para que los émbolos machos asciendan por turno en los cilindros
«Rota cum pinnis iuxta aqu* delabenriscafum,utfolctficri,ftatuanir,utcxaquxperpetuodefluxufu perpuuiasrotacircumiioluatur,in qualitaxis A,qucm palam eftncceilc fore ut & ipfe circumagatur» — describe la rueda de aletas colocada junto a la caída del agua, y saca la consecuencia mecánica: girando la rueda por el flujo perpetuo, es forzoso que también gire su eje
«Iuxta huius extremum b annulus infixus, cui alter annulus cum ferrea uirga f, haec rurfus in annulum finiatur,quem exdpiat alter annulus a uhgx H annexus, in extremo h annulus iun(fhis eft: qui fune ita annc<ftiturdauo in fummitate axis A, ut fecum moueatuR fed redeunte axe redit& annulus ad priftinum locum ac fitum» — y detalla la cadena de anillos y varillas de hierro que la enlaza, hasta el punto que le interesa: atado el último anillo al clavo de lo alto del eje, se mueve con él, y al volver el eje vuelve el anillo a su sitio primero
«Grauis fed fxpius repetiti (bilium alternam iatfladonem, Grauis ac leuis Gmul adunum ii* nem tendentium Heronis machinam» — clasifica las máquinas por el tipo de movimiento que las mueve, y le adjudica a Herón la que junta lo pesado y lo leve tendiendo a un mismo fin
«Sediamadmotus grauiumueniamus: Hicautemlibereft,autfitpon dere alligato,utin Ubra& (btera. Quaeri folet cur pondera ponderibus magis agitantut^nam manubrio a .agitetur fuper» — abre la estática distinguiendo el peso libre del peso atado, como en la balanza y la romana, y formula la pregunta que suele hacerse: por qué unos pesos agitan más que otros cuando se les mueve el mango sobre el fiel
«Dico qudd pondus in c confiimtum erit grauius quim fi lanx coU locetur in quocunCp alio loco, ut pote quod conffitucretur lanx in f» — y responde con una afirmación en primera persona sobre el lugar del platillo: el peso puesto en c será más grave que si el platillo se coloca en cualquier otro sitio
«Manifeiium eii in ftateriS,& in his qui pondera ek uant,qu6d quanto magis pOndiis i trutina diliat« eo magis grauc uide» — y apela al oficio antes que al libro: es manifiesto en la romana y en quienes levantan pesos que cuanto más dista el peso del fiel, tanto más grave parece
«Igitur grauius eA in e quim in F,quodeA fecundum. Ex ho£ autem demonAraiur quod dicit cur libu tuu Philofophus» — y con eso da por demostrado lo que dice el Filósofo, es decir Aristóteles: la autoridad no le sirve de prueba sino de destinataria de la prueba
«Licet itac^ fblo aquarum impetu defiuendu, aquas ipfas in fuprema loca impellere: att^a^os humilioribus aquis ir* rigare» — y de la estática saca un uso: solo con el ímpetu del agua que baja se puede empujar el agua misma a los lugares más altos y regar con ella los más bajos
«Sed cur pondera quaerunt aerius medium moueriC Hoc facile diflbluicur,fiquisquxdiximus mente teneat» — cierra el tramo con una pregunta que se hace a sí mismo —por qué los pesos buscan moverse al medio— y la despacha remitiendo a lo ya dicho, sin volver a demostrarla
«Ergo tota ratio in tribus conGat, quorum primum cG Archimedis in pvaboUs, & eG ubi regula SMitr* rttfo Gater® nullius ponderis ccnieatur,Gantium in xquilibrio ponderu ratio eG.ut diGauttiaru itrudnamutua» — ordena la estática en tres reglas y adjudica la primera a su autor: es la de Arquímedes en las parábolas, y vale donde la vara se tiene por sin peso, con los pesos en equilibrio como las distancias entre sí
«Secunda,cu in parte breuiore Gierit folu appenlum pondus* & regula fuerit ponderofa.xquaGs in magm'tudine & pondere,& Gat xquilfr brium, erit propordo ponderis appeiK G ad pondus todus rc^x, utdiffoeiv dx pardum regulx ad duplum ponde>< ris minoris» — la segunda regla es la suya y la enuncia como proporción: colgado el peso solo del brazo más corto y siendo la vara pesada, la proporción del peso colgado al de toda la vara es como la diferencia de las partes de la vara al duplo del peso menor
«Terna habetur ex his duabus,& eG, G uirgula Gne ponde re cenfeamr, i parte autem qux differentia eG longitudinum ab agina* pondus xquale extendatur per totam uirgam, xqualem grauitatem ha« bebit cum eodem pondere appenfo in puntGo diGante i librili permea dietatem todus idrgx» — y la tercera la deriva de las dos anteriores en vez de postularla: un peso igual repartido por toda la vara pesa lo mismo que ese peso colgado en el punto que dista del fiel la mitad de la vara
«Sed ex hoc habetur regula,cognito pondere c l8C c k hab^di pondus D,ducemus k i.,qux Gt 4o,grada exempli in fe,Gt i ^oo,diuide per pondus c K,quod Gt i tf* exit I oo,huic adde pondus l K,quod eG4o,Gc pondus c, 140.& ita po terimus ad quamcunmmenfuram uoluerimus fdre quantum ponderis refert Gatera» — y la vuelve receta de cálculo con números puestos, hasta el punto de dar el resultado de la división: conocidos unos pesos se obtiene el otro multiplicando, dividiendo y sumando, y así puede saberse a cualquier medida cuánto peso refiere la romana
«Quantum uerd ponderis utres in aqua fuGineant pro pondbus con< Gruendis, experimentum docet» — y donde la regla no alcanza remite al experimento y no al cálculo: cuánto peso sostienen los odres en el agua para construir puentes, lo enseña la prueba
«VN C uerd dc Elctnemis agamus,qua; forma 8i mate^ jv ilmentot ria prima condant, 8c animata quafi uidentur» — abre el libro segundo sobre los elementos con una caracterización que ya es doctrina: constan de forma y de materia prima, y parecen como animados
«Ariftotdes quatuor cxtftimat, Terram, Aquam, Acrcm,at(^lonem» — y adjudica expresamente a Aristóteles, no a sí mismo, el número cuatro y su lista: tierra, agua, aire y fuego
«Nam calidi, fngidi,ficci atcp humidi, fi tria quomodolibet accepe* ris,contrariaacdperencceiIeed» — expone la deducción de ese número desde las cuatro cualidades primeras: tomadas de cualquier modo tres de entre caliente, frío, seco y húmedo, es forzoso tomar contrarias
«ignisuer6incrementa,&potentiain,ac fimplidtate,cuius etiam fons in Lunx cocauo efle creditur» — y consigna como cosa creída, no como cosa suya, la fuente del fuego en el cóncavo de la Luna
«Quin etiam multi arbitrantur ob hoc Cometes fieri,qu6dfub coelo ab ignis elemento uapores accendantur» — y otra opinión ajena con el mismo distanciamiento: muchos juzgan que los cometas se hacen porque bajo el cielo los vapores se encienden por el elemento del fuego
«Sed certi fub codo Lunx nullus ed ignis. Nam cu coelum purifiima» — y ahí niega lo que acaba de referir, y lo niega sin reserva: bajo el cielo de la Luna no hay ningún fuego. Es la posición por la que esta obra fue disputada en su siglo
«fit, non decuit fub omnis qualitatis experte re,ardentifilmam aexduo* fifiimam collocafle» — y da la razón de conveniencia con que la sostiene: no convino poner lo ardentísimo bajo una cosa carente de toda cualidad, como es el cielo purísimo
«Natura enim fonper extrema medrjs iungit. Inter carnem em& os membranam: inter os 8i ligamenta chartilagines» — y respalda esa razón con un principio general que aplica en todo el libro, probándolo con anatomía: la naturaleza junta siempre los extremos por medios, como la membrana entre carne y hueso o los cartílagos entre hueso y ligamentos
«Nec motus iielodtas calo* ris aut caufa aut argumentu eilc poted. Nancp ea qox condant& fi mo* tu accendantur ut lapides, plumbum 8i animalia, qux tamen difiipan* tur,quo celerius mouencureo fiunt foigidiora» — objeta además el argumento de que la velocidad del movimiento pruebe calor, y lo objeta con casos: piedras, plomo y animales, que cuanto más rápido se mueven más fríos se vuelven
«Venti enim ualidi omnes fngidi, & flumina celeriter fluenda firigidinimas habent aquas» — y lo cierra con dos observaciones que ofrece como comprobables: todos los vientos fuertes son fríos, y los ríos de corriente veloz tienen aguas frigidísimas
«Nam inter duo extrema non duo.fcd tantum Unum folet aflignari mcdium» — aplica su principio de los medios como regla de cuenta y no como imagen: entre dos extremos suele asignarse no dos medios, sino uno solo
«Sed necpin mixtis Uidetur ignis. Natn. GmodoeflTetin euforbio&: pipere potius eflet, quorum uis calida cflac Ccca non mediocriter ,quam in frigidiflimis lapidibus» — objeta que tampoco en los mixtos se ve fuego, y lo arguye por comparación de casos: si lo hubiera, estaría antes en el euforbio y la pimienta, cuya fuerza es cálida y seca, que en las piedras frigidísimas
«Sed horum neutrum terne ineft, quam tamen omnes uno ore ek' mentum eile fatentur» — y hace notar la incoherencia de la doctrina recibida sin nombrar a nadie: de la tierra, que todos a una voz confiesan ser elemento, no vale ninguna de las dos cosas exigidas
«At in elementis quoniam calor& decitas tam immodica ad interitum omnia erat tradu<fhira,pro elemento coeledem calorem ac bc* ne temperatum fubdituitjcx quo omnia generarentur» — y propone qué pone en el lugar del fuego elemental: como el calor y la sequedad inmoderados llevarían todo a la ruina, sustituye por elemento el calor celeste bien templado, del que todo se generaría
«Deinde quo nam patdo grandinum& niuis generatio odendet ignem ibi non ede,cum etiam fi nullus adfit ignis, attamen non par ed regionem illam ede frigididimam» — y contesta el argumento del granizo y la nieve reconociendo lo que sí concede: aunque no haya fuego allí, no es igual que aquella región sea frigidísima
«Sed netp in hoc diilCTitimus ab Ari* ftotele.nam in concauo orbis Lunae, nec igncefle uult» — declara expresamente que en esto no disiente de Aristóteles, y lo apoya en lo que Aristóteles quiere: que en el cóncavo del orbe de la Luna no haya fuego. La ruptura con la escuela se la reserva para otras cosas
«Sed illud elementum nunc dico,quod nec pabulo indiget, nec fponte tgnem hSt ng comimpinir,necuagatur,fed certam tenet fedem» — da su propia definición de elemento por lo que no le pasa: no necesita alimento, no se corrompe de suyo, no vaga, sino que ocupa asiento fijo
«Mcuetur autem hic impotens uiuereabfqtalimento, aeremeppro* FUmiuqilit. ximum adurit: hicc^ ardens fiammauocatur» — y por contraste define la llama: lo que no puede vivir sin alimento se mueve, quema el aire vecino, y a eso ardiendo se le llama llama
«Vnde Utut furfum plerunt^ magno impetu flamma feramr ac feriat.Si tamen tigna urantur fuperneexiflentia.flam' mam eadem ratione deorfum ferri necefTe ed» — y saca una consecuencia que va contra el lugar natural: aunque la llama suele lanzarse hacia arriba con gran ímpetu, si arden leños situados por encima, es forzoso que la llama vaya hacia abajo por la misma razón
«Cum igitur ad hoc ut ignis urat tria fint neceflaria,pabulum, motus, quod paietrct» — y enumera las condiciones de la combustión como tres y no como una: para que el fuego queme hacen falta alimento, movimiento y algo que penetre
«Quia tamen flamma multum abfumic Ttmfimm*’ alimenti, ideo perfxpe minus durat prunis» — y explica la duración por el consumo: como la llama gasta mucho alimento, dura muchas veces menos que las brasas
«Ob id uero manifcAum fit,cur bitumini ardenti aqua inietAa maiores excitet flammas, quod enS Georgius Agricola uirnoArx tcmpeAads memoria dignus narrat» — y cuando el hecho no es suyo lo dice con nombre y con elogio: que el agua echada sobre el betún ardiendo levante llamas mayores lo narra Georg Agricola, varón de nuestro tiempo digno de memoria
«Folles namcj ignes acwodunt,quoniam motum condtant» — y devuelve el caso a su propia causa: los fuelles avivan los fuegos porque suscitan movimiento
«Vnde etiam i^nes qui aqua excitantur&accenduntur, confiant autem picenauali& Gra> rkMtxtinguiu ca, fulphurc, uini ftce, quam uocant tanarum, farcocola,haliiutro» — da la receta de los fuegos que el agua misma aviva y enciende, y la da por ingredientes: pez naval, azufre, heces de vino que llaman tártaro, sarcocola, halinitro
«Ob id igitur paruam flammam fedie cfi exdnjwere,mag^m aut diflidllimum» — y enuncia como consecuencia un hecho de oficio: apagar una llama pequeña es fácil, y una grande, dificilísimo
«Quomodo autem accendatur parata materia inferius dicemus» — remite a su propio libro más adelante en vez de resolverlo aquí: cómo se enciende la materia ya preparada lo dirá abajo
«glades ac ignis penitus contraria funt. Ignis enim caIidiinmus,tcnuilTimus,celerrimimotus, acquifadle omnia inuadat, & mometo maneat folum» — opone hielo y fuego término a término, y de esa oposición saca su cuadro de propiedades: el fuego es calidísimo, tenuísimo, de movimiento velocísimo, invade fácilmente todo y solo permanece un momento
«at glades frigidifnma,denfilllma,quiea onv tgitii nino,lend progrcfius,& maxime diuturna» — y el hielo, punto por punto lo contrario: frigidísimo, densísimo, quietísimo, de avance lento y sobre todo duradero
«Si enim fubfiantia foret,uidebatur durum,quonam paAo in candenti ferro dux eflent fimul fubfiantixmu* tuo penetrabileSjignea atep ferrea,nim iicro fi altera diiroliiatur,ut pote ferrea fubfiantia , dum ignem condpit fiet corruptio, dum exringumir ^ ignis generatio fieri dicetur, quod perabfiirdum efi» — y niega que el fuego sea sustancia por reducción al absurdo declarada como tal: si lo fuera, en el hierro candente habría dos sustancias mutuamente penetrables, y encender y apagar serían corrupción y generación, lo cual es del todo absurdo
«Qudd fi elcmetum aliud eft ignis, fiquidem xqualiter calidus eft ac hic aut ma* 2is,iginir& ille pabulo indigebit, quoniam pafei neceflTcerit» — y aprieta un dilema contra el fuego elemental: si es igual de cálido que éste o más, también él necesitará alimento, porque será forzoso alimentarlo; la frase sigue preguntando de dónde saldría el alimento de tanta mole
«Sed 8i alterius dubitationis dara folutio emergit, an fcilicet ignis igne calidior firtf Confiat autem quod no» — y de ahí dice resolverse otra duda que él mismo formula: si un fuego es más cálido que otro fuego
«Nihil mirum igimr efi fu Imini tantam inefie uim, ac ignem illum quafi ab aliorum ignium natura alienum miracula quxdam efficere» — aplica esa doctrina al rayo, y le concede lo prodigioso sin salirse de la causa natural: no es de admirar que en el rayo haya tanta fuerza y que aquel fuego, como ajeno a la naturaleza de los demás, obre ciertos milagros
«Ita^ omnia animalia prxter homine fos loconuAuocdditdiomincm uero uix un^euadere licet, Euafic tamen» — y fija con ello la regla del caso: el rayo mata con solo tocarlos a todos los animales salvo al hombre, y al hombre apenas nunca le es dado escapar; la frase queda cortada al pie de la plana con el nombre del que sí escapó
«Iohannes Maria Cardanus,& fupmiixit raro nuraculo» — y ese nombre, que abre la plana siguiente, es de su propia casa: Giovanni Maria Cardano sobrevivió por raro milagro, de modo que la excepción a la regla se la adjudica a un pariente suyo
«Quis ucro cft alius ignis,qui folo contaAu ocddatf hoc igitur ri propriu ei},qu6d ca« lidifllmus (iccalidiiTimoru, atcp ut ia dicere liceat,ignisignium» — y remata definiendo el rayo por grado y no por género: es lo propio suyo ser calidísimo entre los calidísimos, y si cabe decirlo así, fuego de fuegos
«Et tamen artifices magno Principum malo.ne apertifiima ratio ui^ hor u'ideatur,menfuras quafdam fingunt» — y adjudica una mala práctica a los artesanos de artillería, con daño de los príncipes: para que la razón manifiesta no parezca cosa vil, fingen ciertas medidas
«In fummo craffitudo labn machinx non minor triente dimetientis fphxrulx» — da la proporción constructiva del cañón como medida y no como consejo: el grosor del labio de la máquina, arriba, no menor que un tercio del diámetro de la bala
«Nam cum multum retro aguntur.parux M milites qui eis utuntur.magnx fi non cotincanmr» — y advierte del retroceso por sus dos casos: las piezas pequeñas hacen retroceder mucho a los soldados que las usan, y las grandes, si no se sujetan, quedan de tiro incierto
«Qiiartum cum xruginem contraxerit, aut aquamaduerit, quo errore dum pompa PaDiSoM.D.XLVI.foIennis corporis Chrifti ageretur, quincp aut fex uiri ex his qui pompam fequebantur fratftis tormentis pencruc» — y el cuarto signo de rotura lo funda en un suceso fechado y localizado, con muertos contados: por ese error, celebrándose en Pavía la procesión solemne del Corpus Christi de 1546, cinco o seis de los que la seguían murieron al reventarles las piezas
«prxftat ne frangatur lufpetftx iam machinx, G dpm excutere Iphay rulam debet, in terra iaccat» — y de ahí saca la precaución práctica: para que no se rompa, conviene que la máquina ya sospechosa, cuando deba arrojar la bala, descanse en tierra
«Licet autem & pondus & menfuram cum eo machinx augere, fcd minuere dtra periculum fratfhirx haud licet» — y pone el límite asimétrico de la regla, que es donde está el riesgo: se puede aumentar el peso y la medida de la máquina, pero disminuirlos sin peligro de rotura no se puede
«Ferreo baculo dum exoneratur luftinetur,cauda{;p conri» — describe un arma nueva por su manejo: se sostiene con una barra de hierro al dispararla y se sujeta por la cola, y la línea sigue diciendo que máquina y carga son de un solo hombre
«Cacterum ob craflitudinem miru in modum ualida nec minus tuta» — y la califica por lo mismo que la hace pesada: por el grosor resulta maravillosamente fuerte y no menos segura
«Sed mediocribus halinitri partes decem , falignei carbonis tres, fulphuris dux» — y da la fórmula de la pólvora por partes contadas para las piezas medianas: diez de halinitro, tres de carbón de sauce, dos de azufre
«Sunt qui acetum addant,qui ardentem aqua ac ficcent in Sole,fed non tundunt tunc» — y separa lo que hacen otros de lo que él prescribe: hay quienes añaden vinagre, y quienes la humedecen con agua y la secan al sol, pero entonces no la muelen
«Ergoiam curpulik py tanti eflPe<fhis caufa quanatur ; impofitus hic puluis in machinam» — explica el efecto por dilatación medida en volumen, y la cita se corta donde la plana mete una nota al margen: puesta la pólvora en la máquina y tapada con la bala, aplicado fuego por debajo desde fuera, se enciende casi toda de golpe y se esfuerza por ocupar más de cien veces su espacio
«enim exiguus puluis in uola manus non minus qujm centuplum fpacfj occupet, experimentum ofiendit, cum granum mili), idefi, quanmm efi granum milij,ex hoc puluere accenfum locum nuds igne compleat» — y esa cifra la respalda con una prueba de sobremesa que declara haber hecho: un grano de mijo de esa pólvora, encendido, llena de fuego el lugar de una nuez
«Sed fi puluis non confertim ardeat,aut quia lentus, auttm^ purus,uel non elaboratus, ucl quiaparum habeat halinitri, lente emirde debiliter,& paruo cum fonim» — y ordena por causas los modos de fallar de la mezcla: si no arde de golpe, sea por lenta, por poco pura, por mal elaborada o por escasa de halinitro, sale despacio, débil y con poco ruido
«At fi iuAo tenuior luerit,tota fimul ardes frangit machinam» — y el defecto contrario: si es más fina de lo justo, ardiendo toda a la vez rompe la máquina
«uidimus hxc Papix Principis Saxonix inuenta. Fiunt ut dixi c cyprio xre» — y declara de dónde le viene el dato con lugar y persona: vimos estas cosas en Pavía, invenciones del príncipe de Sajonia
«Vidi edam ex duobus confiantem,ac tomadli uite alteram alteri ab imo alligatam» — y separa lo visto de lo sabido usando la primera persona del singular: vi también una hecha de dos piezas, atada una a otra desde abajo con rosca de torno
«Sed non omnis ignis fplendet: etenim ferru igneum fulphur» — separa el resplandor del fuego mismo, y la cita se corta donde el OCR parte la línea: no todo fuego resplandece, y lo abre con el hierro ígneo y el azufre
«At igne plerae^ corrumpuntur, 8C qu« manent ut lapides dC metalla latfa uehementer uidenturt praeter aurum & argentu, 8c pauculas gemmas,ob id ignem arbitrabatur maius aliquid efle quam calorem, huius tamen dilFcrentix caufam fuperius docuimus» — y recoge la objeción de quien, viendo que casi todo se corrompe al fuego salvo el oro, la plata y unas pocas gemas, juzgaba que el fuego era algo más que calor; la despacha remitiendo a lo ya enseñado
«Ergo ut ab initio dixi ignis nihil aliudeft, quamealor ualde magnus cum fiedtate iundlus» — y aquí está la tesis que la obra sostiene desde el principio sobre el fuego, y que es la razón de que le niegue el rango de elemento: no es otra cosa que calor muy grande unido a sequedad. Lectura restituida: «Ergo ut ab initio dixi ignis nihil aliud est, quam calor valde magnus cum siccitate iunctus»
«Quod igitur ficcumdl acuehementeriam ex dimidio ignis ell» — y de esa definición saca una consecuencia de grado: lo que es seco y vehemente es ya fuego por mitad
«Sed nec rurfus ut dixi ex aere gencracur,nam lapides ut duriores ftint indigctmaiore percudi* onc ut ignis genercmr» — y niega que el fuego se genere del aire apoyándose en la dureza de la piedra: cuanto más duras son las piedras, mayor percusión hace falta para que se genere fuego
«Alexander rede fentit in hoc qudd non cx lapidibus Qisowoifo ci* excutitur ignis, fed aer qui ibi conrinctur attritu repentino ucrtlturin ignem» — y le da la razón por su nombre a una autoridad cuando la comparte, en vez de callarla: Alejandro siente rectamente en que el fuego no se saca de las piedras, sino que el aire allí contenido se vuelve fuego por el roce repentino
«Verum dubitabis, in frigido aere ac materia, in qua iam frigus fupe« rat,ut in lapide, cur calor inlurgic,cum frigus (it potentius^Rcfpondeo, el> iiiujcdfof frigus G pro atflu intclligatur nihil efIe,niG calore illu exiguu: quod aut non efl,nullas habet operationes» — se plantea la objeción en boca del lector —por qué surge calor en el aire frío y en la piedra, si el frío es más potente— y responde negándole al frío ser algo: tomado como acto no es sino calor exiguo, y lo que no es no tiene operaciones
«Equidem ut dixi nihil aliud eG frigidu quam ca* loris priuatio» — y lo dice de la manera más neta, que es la que compromete: nada otro es lo frío que privación de calor
«Sed calida prxter naturam difficile refrigerantur,motus enim conferuat» — y explica por el movimiento la resistencia a enfriarse: lo caliente fuera de la naturaleza difícilmente se enfría, porque el movimiento lo conserva
«Verumin aere frigido fcintilla ignis illico ni fuccurratur extinguitur» — y le pone el reverso, que es la observación menuda: en aire frío la chispa se apaga al instante si no se la socorre
«Porrd cum contadu refrigeratur, folum fiv perGdes refrigeratur, fugiente intus pallm calore, nec poffibile eG ob hoc rubitoquippiamrefrigerari,mora autem duiGa refrigerantur etiam <penidifimx partes» — y distingue el enfriamiento por contacto del enfriamiento por tiempo: al contacto solo se enfría la superficie, huyendo el calor hacia dentro, y nada puede enfriarse de súbito; con demora se enfrían hasta las partes más recónditas
«Qux: dam igitur dicutur tenues per fe, ut aer: quxdam quantitate, ut capilli» — y ordena la tenuidad en dos clases con un ejemplo para cada una: unas cosas se dicen tenues de suyo, como el aire, y otras por su cantidad, como los cabellos
«Diximus olim, dumdemalo medendi ufu loqueremur, nullas efle uires, quod odore& iapore defiituantur» — remite a lo que él mismo sostuvo antes en otra obra suya sobre el mal uso de la medicina: que carecen de fuerzas las cosas destituidas de olor y de sabor
«Ergo innaturali «xfiione.ut quxin liquando durifsima,eciamuim ignis obdncat,& mollis balnei in attenuando,panes cralsiores comminuuntur, quod ab igne impetrari non poteli» — y distingue dos maneras de atenuar según el agente: el baño blando desmenuza los panes más gruesos, cosa que del fuego no puede obtenerse
«Sed nunquid igne, qui calidiilimus eft tenuior xtheri' Certe fic, nam n tornor, coelo contiguus ideof^ leuiirimus,impre(ram enim ab aftris caUditatcm drculadone moderatur tenuitate retenta,accp eodem modo hpc aqua ca< lore ignis ad fummam reda(ffa tenuitate motu ipfo refrigeratur, ac tem> periem acquirit» — se pregunta si el éter es más tenue que el fuego y responde que sí, con la causa: contiguo al cielo y levísimo, modera por circulación la calidez que recibe de los astros y retiene la tenuidad
«Sed qudd hic ex ardente aqua aether ^boratur,cu H calore attenuetur,^ J3e iiSititit motu non cogatur, non paru tenuius eiiadit» — y aplica esa misma razón al éter que se saca del agua ardiente: atenuado por el calor y no comprimido por el movimiento, sale no poco más tenue
«Sed cur non ardet aqua feparationis,utardensf quia ardens calidior ell ac tenuior,& minus hcca, ideo ardere potelf, & rdtioimccm egregii calefacere,no tame erodere. Ilb uerd erodere poteff n5 ardere, * parumi^ calefacere» — reparte propiedades entre dos aguas destiladas en vez de darles una sola virtud: el agua ardiente es más cálida, más tenue y menos seca, por eso arde y calienta bien pero no corroe; la de separación corroe y no arde, y calienta poco
«Ergo aqua illa calore cum iit temperato, nec cor uexabit, nec iccori infefta erit» — y de ahí saca la consecuencia médica: siendo templada de calor, aquella agua no vejará el corazón ni será dañina al hígado
«feuerante iamam,locuples teihs Petrus martyr Angerius» — y cuando el hecho viene de las Indias lo apoya en un testigo que califica por su nombre: además de la fama persistente, es testigo abonado Pedro Mártir de Anglería, a quien la línea siguiente da por milanés y por antiguo secretario del rey de las Españas
«Nam &hyrdnus fanguis,& leporis pclfis, &uitrummulnim probantur radone: Sed tamen nihilhorum forfitan ieorfum, fed ex his aliqua fimul iunAa, atc^ certa menfuif» — y donde la razón sola no decide se abstiene y pide medida: la sangre de hiena, la piel de liebre y el vidrio se prueban mucho por razón, pero acaso ninguno de ellos por separado, sino algunos juntos y a medida cierta
«Audiui quoncU inuentam i quodam Ianuenfe,fed denuo amiilam morte illius, qui eam notam nemini facere uoluit» — y marca el grado más flojo de su propia información diciendo de quién la tiene y cómo se perdió: oí que la halló cierto genovés, y que se perdió de nuevo con su muerte, porque no quiso hacérsela conocer a nadie
«Nam fulphur facillimi acceditur,& tamen per fc friget, piper exurit» — junta dos casos que contradicen la regla de las cualidades, y la cita se corta donde el OCR parte la palabra: el azufre se enciende facilísimamente y sin embargo de suyo enfría, y la pimienta abrasa
«rere qux fenfu cSilant&quoddie traAamus, quxfp cum inuenta fuerint magnam udlitatem afferunt,& non his reliAis qux prx manibus(ut» — y de ahí saca un reproche de método a los filósofos, que es de las líneas donde más se le oye el programa: convenía que preguntaran las cosas que constan al sentido y que tratamos a diario, cuyo hallazgo trae gran utilidad, y no que dejaran lo que tenemos entre manos
«guam,& corpus uehementer fi edatur accendit,& tamen taAu frigidum cil, & igni admotu uix igncmcondpit» — y la segunda mitad de ese caso, que es la que lo vuelve objeción: la pimienta enciende vehementemente el cuerpo si se come, y con todo al tacto es fría y acercada al fuego apenas prende
«Sed maluerut hoc lauti parumf^uiuere,quimdiu ferarumautrufticoruritu. Obid tamen non parum his qui in habitarunt ad uitx longitudinem conduxifie ar> bitror crudorudboruefum» — opone dos maneras de vivir y dice cuál eligieron unos y qué juzga él: prefirieron vivir con regalo y poco antes que largamente a manera de fieras o rústicos, y él estima que a los que allí habitaron les alargó la vida el comer alimentos crudos
«Nam crudacum cocoquutur meliora funt oidbs, quxnonignisuidocarctu» — y la razón que da es de defecto y no de virtud: lo crudo, cuando se cuece, es mejor para los cuerpos, porque no carece del vicio del fuego
«Calor igitur quadruplex cit, alius ut in prindpali agcnte,ideit radqs fydcniin,aKus& ipfe in a<fhi,fed Hcco iunAus,tertius humido, quartus autem ucftigiumeft caloris non calor» — ordena el calor en cuatro y el cuarto lo saca fuera del género: uno en el agente principal, que son los rayos de los astros; otro en acto pero unido a lo seco; el tercero a lo húmedo; y el cuarto es vestigio de calor, no calor
«Nullum enim eile calidum iydus, qudd coelum omnis fit ex< pers qualitatis» — y de esa doctrina saca lo que más la separa de la astrología corriente: ningún astro es cálido, porque el cielo carece de toda cualidad
«Hunc Aril)otelid,qui audaifler in his in quibus coargui non poiTlintlidgant, non cile calorem dicerent» — y nombra a sus contradictores como escuela y con un reproche de talante: los aristotélicos, que pleitean audazmente en aquello en que no se les puede convencer, dirían que esto no es calor
«Sccudus igneus efi& uocatiir,qui nihil generat,qui iun* (flus ficcitati infirumentu eftporius corruptionis & feparationis, quilm mixtionis aut crafisjfine quibus non fit generatio» — y le adjudica al calor ígneo un oficio destructivo, contra lo que su nombre haría esperar: nada genera, y unido a la sequedad es instrumento antes de corrupción y separación que de mezcla y espesamiento, sin los cuales no hay generación
«Sed cur filum ouodreundatum, ouojilmcin non fblum in prunis fed nec in flamma arded'quia non fit ignis nili calor» — y responde a un caso menudo con su principio: por qué el hilo enrollado a un huevo no arde ni en brasas ni en llama, porque no hay fuego sino calor
«Quod ucro in illius fubflantia non iit indicat, qudd igne amoto aquafponte refrigeratur» — y arguye que el calor no está en la sustancia del agua por lo que pasa al retirar la causa: quitado el fuego, el agua se enfría de suyo
«Nam ut diximus, ignis natura fu^um tendit» — y recuerda su propia tesis sobre la dirección del fuego, remitiéndola a lo ya dicho
«Imbecillis eft cum i<nr4pf>br4fiib ponitur, ut cum carnes coquimus, applicatur fub utuchemendus agat» — clasifica los modos de aplicar el fuego empezando por el más flojo, y lo ejemplifica con la cocina: es débil cuando se pone debajo, como cuando cocemos carnes
«Proximus huic eft quem uocant refiexum : fit cum fupra& infra applicatur, uel i» — y el segundo lo nombra con el término del oficio: el que llaman reflejo, que se hace cuando se aplica por arriba y por abajo, o de un lado, según sigue la línea, devolviendo el lado opuesto la fuerza del fuego
«Tertium genus eft ignis ambientis, cum undit^ res quam urere» — y el tercero es el fuego ambiente, cuando la cosa que se intenta quemar queda rodeada de fuego por todas partes; la línea añade que sin fuelles
«Extremus modus eft, quo nullus uiolendor, cum difficillimas materias in duriili* mis lapidibus exiftentes colliquare uolumus» — y el cuarto lo declara el más violento de todos, y lo reserva para lo más difícil: licuar materias durísimas contenidas en piedras durísimas
«hic ignis fummam habet uim.cunifta^ neceile eft fi non , colliquantur uri» — y le mide el efecto sin excepción: este fuego tiene fuerza suma, y es forzoso que todo, si no se licua, se queme
«Nam ut dixi argentum uiuum fublimatum igrtis habet rationem» — aplica su doctrina del fuego a una sustancia del laboratorio: el argento vivo sublimado tiene razón de fuego
«Si igimr innoxiu 8c igneum medicamentum paretur curare poterit» — y saca de ahí una consecuencia condicional en medicina, sin afirmarla de hecho: si se prepara un medicamento ígneo e inocuo, podrá curar
«Sed nec ut calefeceret, quando quidem alius calor fuit neceilarius origine ccxlelb's,& ille etia operi fuf* fidebat, cum duobus caloribus ueluti duobus prindpibus deterius re* procelTura fuifTet» — y objeta la acumulación de agentes con una comparación política: hacía falta otro calor de origen celeste, y con dos calores, como con dos príncipes, la obra habría salido peor
«exhalantes toto ore acrem excalefadunt : qudd fi confiriAis labfjs ! exfufHcnt infrigidant» — toma como caso el aliento propio, que cualquiera puede repetir: exhalando con toda la boca se calienta el aire, y apretando los labios al soplar se enfría
«quam qudd cum fponte fit frigidus, cum impetu delatus, poft fc cogitur calidos uapores relinquere» — y la causa que da es de arrastre y no de cualidad: siendo frío de suyo, el aire llevado con ímpetu deja forzosamente detrás de sí los vapores cálidos
«Si ipfe etiam folus ui impetus ingreditur gcutis ofcula, atep ob hxc duo impenfc refrigerat : quorum neutrum ac« IZquI^o ddit fi toto oreexfuffles ac lente» — y añade la segunda razón, junto con la prueba en contrario: entra solo por la fuerza del ímpetu por los orificios de la piel, y por estas dos cosas enfría mucho, ninguna de las cuales ocurre si soplas con toda la boca y despacio
«Itacp fi cryptoporticum refrigerare confilium eft, plures porticus anguftaslongascy in illam dirige» — y convierte la observación en regla de arquitectura: si el plan es refrescar un criptopórtico, dirige a él varios pórticos angostos y largos
«Nam in terra ob foliditatcm motus non fiunt nifi obfcuri: in aqua uero cuam lcnti,folus aer» — y adjudica al aire el papel de medio de la percepción por comparación con los otros: en la tierra, por su solidez, los movimientos solo se hacen oscuros, y en el agua lentos
«bilior,quia rmoueturab E,igitur minore impetu quim E,&Equami>, & ita femper uiolentus motus debilitatur, ut apparet etiam expcrimeiv to» — sostiene que el movimiento violento se debilita en cadena y remite la prueba al experimento y no al principio: cada punto se mueve con menor ímpetu que el anterior, y así siempre se debilita, como también se ve por experimento
«Hic etiiS non efi motus fine motore,quia quxlibet pars mouetur i fua praxedcntc,ut rab e,& e ab ipfoc» — y salva la máxima de que no hay movimiento sin motor haciendo que cada parte sea movida por la precedente
«Sed illudquod mouet ell impetus acquificus, liait calor in aqua, qui eA ibi praeter naturam ab igne induftus,& tamen igne (iiblato, manum tangentis cxurir,& ideo etiam accidens uiolcnter adhaerens uimluam re» — y da al ímpetu adquirido el mismo estatuto que al calor prestado, con un caso que cualquiera comprueba: quitado el fuego, el agua sigue quemando la mano del que la toca
«Secundaqu6dpermagnulpadum,ideo tumotumiiM machinae bellicae quo longiores,eo procul magis daculantur» — y enuncia la regla de las piezas de artillería como proporción de longitud: cuanto más largas, tanto más lejos disparan
«Item chorda tra<flaulqj ad c, maiore impetu redibit ad d quam ex B in D» — y la lleva al arco con letras de figura: la cuerda tirada hasta c volverá con mayor ímpetu que de b a d
«Nec oportet adijeere utualida fit uirtus qutcmouct,namnobis fuffidtut celeriter moueat» — y se abstiene de exigir una virtud fuerte en el motor, porque le basta con otra cosa: nos basta con que mueva deprisa
«Namquod lentemouetur,mulmm temporis» — abre la razón de que lo lento se debilite, y la cita se corta donde la plana mete una nota al margen: lo que se mueve lentamente consume mucho tiempo en el movimiento
«Tertia caufaeft raritas medrj per quod mo» — y enumera la tercera causa del movimiento, que es la del medio: la rareza de aquello por lo cual algo se mueve
«led quia fphaera: i(5his occurfu aquae debilitatur, malunt nauim llipra mm fuhqiu aquam ferire, fedtame humiliore quampolluntparte» — y explica una preferencia de los artilleros por lo que le pasa a la bala: como el golpe se debilita al encontrar el agua, prefieren herir la nave por encima del agua, aunque por la parte más baja que pueden
«nam aer ille fub initio motus motum non iuuat nifi parum» — acota cuánto ayuda el aire al proyectil, y lo acota a la baja: al principio del movimiento el aire no ayuda al movimiento sino poco
«quoniam aer redi magis quim ad latera fertur, igitur» — y la razón que da es de dirección: el aire es llevado más en línea recta que hacia los lados
«ideo ubi aer maximd mouetur& pondus minus grauitatis habet» — y liga el peso al movimiento del medio: donde el aire se mueve al máximo, el peso tiene menos gravedad
«Quae igitur proijdutur tribus ex motibus confhnt,piv mo uiolento, ultimo exquilitd naturali,& medio ex utroc^ mixto,propter tam muluplicem motus radonem metiri ad unguem talia plane eft impolTibile» — y declara imposible lo que su propio análisis pedía, que es de las abstenciones más netas del libro: los proyectiles constan de tres movimientos —violento el primero, del todo natural el último y mixto el de en medio—, y por tan múltiple razón de movimiento medir tales cosas con exactitud es del todo imposible
«Germanus attulit: ul* nas longum xx. ex cuprefib , cuius foramen aded angufium erat, ut deerem edam fi rotundus fuiflet non ell« admifiurum» — y cuando el instrumento es ajeno dice de dónde vino: un alemán trajo un tubo de ciprés de veinte codos de largo, con el agujero tan angosto que no habría admitido ni el aire aunque fuera redondo
«Horologium in annuii gemma conftituic quod mola circumagebatur, & horas» — consigna un reloj puesto en la gema de un anillo, que giraba con rueda y, sigue la línea, indicaba las horas
«Sed pofiquam hxc dara funt, dubitabit aliquis cur £ tenuia corpora non folum motum uelocem admittunt» — y abre la objeción poniéndola en boca de otro, que es su manera de introducir lo que aún no ha resuelto: alguno dudará por qué los cuerpos tenues no solo admiten movimiento veloz
«Nam impulfus aqux minus uiolentus cfi, KUtUitd fMcum alicui rei intruditur, qujm aeris,&aeris quam ignis» — y ordena los tres impulsos por violencia creciente: el del agua es menos violento que el del aire, y el del aire menos que el del fuego
«Machina igitur omnis aut magna iieceiTario cft,uel debilem itfium xdit,aut magno cum firepitu, nam qux cum igne ftrepitum ditfiam ob radonem fadunt» — y saca de ahí un dilema para el artillero: toda máquina, o es necesariamente grande, o da golpe débil, o lo da con gran estrépito
«do ulna minor , Impellebat plumbeam pilam admodum exiguam , qux tame foramini conueniret,tanto impetu ut tabulam tranfuerbera» — y mide un arma pequeña por su efecto: de grosor menor que un codo, impelía una bala de plomo muy exigua con tanto ímpetu que atravesaba una tabla
«Accedit,qudd lineum Cribrum cum folum tremat non aded atteritur, imd longe minus qulm dum farina ab hominibus cribratur, nam illos concutere ut foleot cribrum uchementer efl ncceflarium» — y compara la criba mecánica con la de mano por el desgaste, no por la rapidez: al solo temblar se gasta mucho menos que cuando los hombres ciernen la harina, porque a éstos les es forzoso sacudirla con vehemencia
«M. Antomni Imperatoris milites Auidtj Cafiq in Seleuda Babylomx arculam in Appollinis templo inuentam aperuiffent , aurum Iperantes inuemre, aer exiens aded computruerat, ut totam.regionem pefie affecerit» — recoge como caso de aire corrompido un episodio antiguo con lugar, ejército y móvil: los soldados de Avidio Casio, bajo el emperador Marco Antonino, abrieron en Seleucia de Babilonia un arca hallada en el templo de Apolo esperando encontrar oro, y el aire que salió estaba tan podrido que apestó toda la región
«Sed animalia & qux putrefeere poiTunt immo< tus manens.atcp ided putrefeens, corrumpit, occidit,putrefadt» — y adjudica el daño no a la sustancia sino a su quietud: lo que puede pudrirse, quedando inmóvil y pudriéndose por eso mismo, corrompe, mata y pudre
«Sed rcclufus dum non mouetur qux i putredine abfunt illxfa conferuat,quia motu carens non exedit» — y el reverso, con la misma causa: encerrado, mientras no se mueve, conserva ilesas las cosas que están lejos de la podredumbre, porque careciendo de movimiento no corroe
«Nam nec ferpentes multiplicari uidentur ultra metam quandam, nec acuti morbi ultra quartuderimum diem perfeue* rant,nec ullum tiehemens malum elTe poiefi diuturnum» — sostiene que el mal tiene término, y lo arguye con tres casos de distinto orden: las serpientes no se multiplican más allá de cierta meta, las enfermedades agudas no pasan del día decimocuarto, y ningún mal vehemente puede ser duradero
«Accedit quod uix fieri potefi ne in tanto tepore aer moucatur& in uentos transferat quod corrumpitur, uidetur etiam omnibus peilimis rebus Dei beneficio mo' dus quidam impolitus» — y a esa cuenta natural le añade una razón teológica que declara como parecer suyo: parece que a todas las cosas pésimas se les puso cierto modo por beneficio de Dios
«Dixi etiam ignem loco adhibitum omne uenenuin cxtin« guerc,potum edam Theriaex fi probo confctfla fit, nemo eft qui nefdat quantum conferat» — remite a lo que él mismo dijo antes y, sobre la triaca, se apoya en lo que nadie ignora: el fuego aplicado al lugar extingue todo veneno, y de la triaca bien confeccionada no hay quien no sepa cuánto aprovecha
«Certum eft metallicum cfle oporterc,quod ualidifllmu c/Ie debettuidi ego quan* docp tale:& folo pondere qudd efiet metallicum haud dubie conicifiaiii» — y aquí el testimonio es suyo y lo dice en primera persona: es cierto que ha de ser metálico lo que debe ser valentísimo, y yo mismo vi alguna vez tal cosa, y solo por el peso conjeturé sin duda que era metálica
«Igitur qux propellere uenenum de< bent oportet metallica cfle uenena, non tamen acerbiflima 5«: calidiflima & dilcutientia,&; ucnenis quodammodo contraria» — y saca la regla farmacéutica con su límite dentro: lo que debe expeler el veneno ha de ser venenos metálicos, pero no acerbísimos ni calidísimos, sino discutientes y en cierto modo contrarios a los venenos
«fo idem eueniet monti, qui Albanos & Colchiden i Sarmatia didermi» — objeta la causa propuesta con un contraejemplo geográfico, y la cita empieza partida por el corte de línea: por qué no le ocurrirá lo mismo al monte que separa de Sarmacia a los albanos y a la Cólquide, es decir el Cáucaso
«Nam his qux uomicum ualidum prouocant, Iac,lixiuium> oleum.aqua nuds uomicx,quain modo fucaim diximus,prpl^ntiiliina Aint» — y da la lista de los eméticos fuertes con lo que él ya trató antes: leche, lejía, aceite y agua de nuez vómica, que llamó zumo poco antes
«Qudd autem ucl iic totum corpus immutare poilinr, hu« • moresc^ omnes mouere, murare, epeere, experimentum in Gallica lue ol^endit» — y apoya en una enfermedad de su propio tiempo la prueba de que esos remedios mudan el cuerpo entero y mueven, mudan y expelen todos los humores: lo muestra el experimento en el mal francés
«Permittatur igitur quicquid eit pingue exurere, hoc em fupematat, inde amotum» — da la operación por sus pasos: se deja quemar todo lo graso, que sobrenada, y luego se retira; la frase sigue diciendo que, con la hez terrosa en el fondo, el todo cobra apariencia de mármol blanco
«Palim igitur efi,quicquid pingue eft celeri ufiioni refifierejbitumai falis aliquid continet, ob id magis fuccudtquim fulphur purum» — y saca de ahí una consecuencia sobre el betún: todo lo graso resiste la quema rápida, y como el betún contiene algo de sal, prende más que el azufre puro
«lam primum hoc experimenta docent, nam fi gladipm perfico in* figas,& illud fufpendas manu, baculof^ percutias gladium,non folum p^cum,fed & nucleum leuiidfu diuides:hoc enim faepius expertus fum» — y la prueba del golpe trémulo la da como suya y repetida, que es su grado más alto de certeza: clavado un melocotón en una espada y suspendida ésta con la mano, al golpear la espada con un bastón se parten no solo la fruta sino el hueso, y dice haberlo experimentado muchas veces
«Quin edam ferunt crure bouis ( ofle fdlicet ) paleae cumulo fu* perimpofito , inde offi fuperpofita fecuri, i<Sa fecuri fafdculo palex os ipfum confringi; quod ucrumeiTe,&fi mirum fit, confiat tamen» — y el caso siguiente lo marca como oído, no como visto, y aun así lo da por constante: cuentan que puesto un hueso de pierna de buey sobre un montón de paja y encima una segurca, al golpear la segur con un haz de paja el hueso mismo se quiebra, lo cual, aunque admirable, consta
«Quaerendum igitur quam ob cau* fam . Ratio ut mihi uidetur altera harum df ud ambae» — y en vez de resolver la causa se abstiene declarando el margen: hay que preguntar por qué, y la razón, según le parece, es una de estas dos o las dos
«Ob hoc qux ficca funt fic fadlius diui* dunmr. Caufa alia efi , qudd in tremulo idfu redit quod percudmr nondum finito priore» — y la otra razón es de tiempos superpuestos: en el golpe trémulo, lo golpeado vuelve sin haber terminado el golpe anterior
«Ob id fi longus fit gladius, 6l*(Iij*niMi(iuchementius repercudtur & congeminabimr idus» — y de ahí saca la regla del arma larga: si la espada es larga, rebota con más vehemencia y el golpe se duplica
«Afia radone Barbari gladios incuruos fingunt, in quorum dorfo cauitas inefi, in quam argentum uiuum» — describe una espada que adjudica a los bárbaros, y lo que la hace notable es lo que le meten dentro: en el dorso curvo tiene una cavidad en la que ponen argento vivo, y la frase sigue explicando que asentado junto a la empuñadura vuelve el arma levísima y al descender aumenta el golpe
«quid rcdoknt>auc titubanc,aut turbantur,aut incalefeunt, aut Gccantuf praeter rarionem , terraemotum imminere pnmundant» — da señales de terremoto inminente por alteraciones de las aguas: que huelan a algo, o titubeen, o se enturbien, o se calienten, o se sequen fuera de razón
«Sic feruntur > Anaximander ac Pherecydes motum terrae imminaem fuis quii^ tem« poribus praedixi/Ie.Nec abfcpratione,nam halitus terne fadlius» — consigna que Anaximandro y Ferécides predijeron cada uno en su tiempo el terremoto inminente, y no lo descarta: dice que no sin razón, porque los hálitos de la tierra pueden más fácilmente inficionar las aguas que sacudir una mole inmensa
«nam referunt nunquam Aegyptum tremuide» — y acota el alcance del fenómeno con un dato que marca como referido por otros: cuentan que Egipto nunca tembló
«Sic autem Mathematid terrsc ^ totius ambitum ac dimetientem inuenerunt» — y adjudica a los matemáticos, no a los filósofos, el hallazgo del ámbito y el diámetro de toda la tierra
«Sed hxc rado ut uerilTima eft, ita etiam maxime certo confemit , «xperimento» — y le pone a esa razón el sello que más pesa en su libro: siendo verísima, conviene además con el experimento del modo más cierto
«Optima igitur terra non femper unius eO coloris.quan^utdixi pulla Ht plerun(qt,ueru& quxdam nigra» — y niega que el color baste como criterio: la tierra óptima no siempre es de un solo color, aunque como dijo suele ser parda, y también alguna negra
«Licet & ab opere ipfo facile conietfiari, nam cum in ea herbx acc^ arbores luxu< riant,maxime qux pingue folum expofcunt,certum foli bonitatis argu» — y propone un indicio de campo en lugar del color: cuando en ella lozanean hierbas y árboles, sobre todo los que piden suelo graso, se tiene argumento cierto de la bondad del suelo
«Aiterrxex fubftantia triplex eft genus: crairum,&uocaturarena;tn ' ' nue,S^eft argillaceum: & mediocre, quod commune eft» — y clasifica la tierra por sustancia en tres géneros con su nombre: el grueso, que se llama arena; el tenue, que es arcilloso; y el mediano, que es el común
«Qui dicunt hoc animalium caufafixftum clle,finem quidem do centcur fa(^m fit: Sed ad afiequendum finem alrjs opus eft caufis,quas ilU minime docent» — objeta la explicación por causa final sin negar el fin: quienes dicen que esto se hizo por causa de los animales enseñan el fin, pero para alcanzarlo hacen falta otras causas, que ésos no enseñan en absoluto
«Sed non fic terra rotunda foret, nec fub xquinoifHali terra, nec altitudo illa comparationem habem ad differendam lod terrx & aqux» — y razona sobre la esfera de tierra y agua por lo que se seguiría de la hipótesis contraria: la tierra no sería redonda, ni habría tierra bajo el equinoccial, ni aquella altura tendría comparación con la diferencia de lugar de la tierra y del agua
«Nam certum df , fi pro M* pafiibus M.palTuum millia obtineret, aut duplum huius quod par eilec magnitudinem» — y mide la hipótesis en millas antes de discutirla, que es lo que la vuelve comprobable
«Quod.cum ubim prxter^ in gurgi* tibus ut dixi appareat,gurgites autem omnes angulta quxdam res funt» — y usa la estrechez de los remolinos como acotación de un fenómeno: como aparece en los remolinos, y todos los remolinos son cosa angosta
«Igitur ex hoc manifelfum elf,quonam padfo fadie fiant inundationes quas diluuia folcnt appdiare» — y de ahí concluye, dándole nombre común a lo que explica: queda manifiesto de qué modo se hacen fácilmente las inundaciones que suelen llamar diluvios
«dtat non (cmcl fuere fed pluries hae inundationes» — y adjudica a Platón, a quien la línea nombra con el Timeo al margen, que estas inundaciones no ocurrieron una sola vez sino muchas
«re* giones fubmergi non potcrant,quod &; cauent qui agros liberant ab in* undatione» — y apoya el argumento en lo que hace la gente del oficio: aquellas regiones no podían anegarse, y eso mismo previenen los que libran los campos de la inundación
«caufam putat Herodotus inundationis eius qua Nilus facit in Agypto» — y consigna con nombre de quién es la causa que se propone para la crecida del Nilo en Egipto: la juzga así Heródoto
«Sed poftcp in fluminii narratione inddimus,no abs re erit coliderare, ^ ^ cur folus Nilus auracareat,ucl falte caruit.Na Herodotus hoccoftanter» — declara por qué se detiene en el caso del Nilo y con qué crédito toma la noticia: no fuera del propósito será considerar por qué solo el Nilo carece de brisa, o al menos careció, pues Heródoto lo afirma constantemente
«im 8C exteros fluuios (iemare fuo tempore Euxinu implere ac Mxotim palude,ut iam ipTa no amplius habeat altitudinis aqux^fcptcm ulnas» — y la noticia del Ponto la trae con su autor, que la línea anterior nombra como Polibio: el Tanais y los demás ríos estaban colmando en su tiempo el Euxino y la laguna Meótide, hasta no tener ya más de siete codos de agua
«Ergo aura maxime fit ubi aqua tepore a Sole coceperit, indicia cft qudd fub ortu& occafu n5 media die,ciira flumina xftatc oritur» — y da la regla de la brisa fluvial con el indicio horario que la comprueba: se hace sobre todo donde el agua toma tibieza del Sol, y la señal es que en verano nace junto al orto y al ocaso, no a mediodía
«Flume uerd eode curfu quo aerem rcfrigerat,purgatur ab omni terrrena fbrde: ideofip nullu ralfum,poflet tamen efle ubi e loco proximo maceria falfa in illud influeret,uerii &fi contingere polTitthaud tamc fad le ob difta caufam huius exemplu inuenias» — sostiene que el río, con el mismo curso con que enfría el aire, se purga de toda inmundicia terrena, y por eso ninguno es salado; concede que podría serlo si desde un lugar vecino entrara en él materia salada, pero declara que ejemplo de eso no se encuentra fácilmente
«affirmat.nobis id curp maximd efle debet,ut caufam reru inueniamus» — y a renglón seguido declara el fin de todo el libro, que es el criterio con que trata a sus autoridades: eso ha de importarnos sobre todo, hallar la causa de las cosas
«Igitur aqua qux intra montem lapidu frigore,& qux extra no^is auxilio creatur intro Idifim labitur» — da el origen del agua de los montes por dos vías que junta: la que se engendra dentro del monte por el frío de las piedras y la que fuera se engendra con auxilio de la noche, y ambas se deslizan adentro
«Mare autem non mittit fontes nifi falfbs, nam quidam proximi nafdmtur, fed falfi funt : non negauce rim qudd tamen ob xflum illius efl diflidllimum, decurrentibus aquis» — y niega que el mar dé fuentes dulces, pero se guarda de negar del todo: algunas nacen cerca y son saladas, y no negaría lo otro, aunque por el hervor del mar es dificilísimo
«Sed de fluminum ortu reifle uidetur Arifioteles fenfiflc, ubi uerd incauum amplumip locum influxerint lacus creant» — y concede a Aristóteles el acierto sobre el nacimiento de los ríos, precisando en qué: donde las aguas afluyen a lugar hueco y amplio crean lagos
«Ariflotelis fentenria,qux a pauds intellcifla efl, ea efl afiiduus imbrium in ipfum cafus, iam abxterao perfeuerans» — y adjudica a Aristóteles una sentencia de la que dice que pocos la entendieron: la caída asidua de las lluvias sobre él mismo, que persevera desde la eternidad
«Quona pa(flo uero i fyderibus ac Luna moueatur in Afbo nomidsedocuimus» — remite el movimiento del mar por los astros y la Luna a su propia obra anterior, en vez de repetirlo
«Sed in Aulfrali Sureno ^ regione Beragux ue« hcmendlllmus xflus flt; ubi uerd Nordeum a Boreali latere iacet, pend nullus» — y contrasta dos costas por la fuerza de la marea con los nombres del oficio de mar: en el sur, en la región de Veragua, la marea es vehementísima, y donde queda el norte, del lado boreal, casi ninguna
«Referunt &Timaumin agro Aqui« licnG,& in Atinate incerti nominis fontem oriri» — y consigna como cosa referida por otros dos fuentes: el Timavo en el campo aquileyense y otra de nombre incierto en el atinate
«Sed ignis dux fiint fpedes, pruna& flamma» — y divide el fuego en dos especies con sus nombres: la brasa y la llama
«Nam qux nafeuntur, ut lacus & flumina lapore carent» — y funda en el sabor una distinción entre aguas: las que nacen, como lagos y ríos, carecen de sabor
«Cum enim Gnt fub tet;< sptaafubtn rafpecus.nec profundi, ut in GabienG agro ad primu lapidem d Rom» — y localiza sus cavernas con la precisión de un itinerario: en el campo gabino, a la primera piedra desde Roma
«Et GparuaGthxc profunditas ad terrx magnitudinem compA> rata, poteG tamen urbes fubruere, lacus admittere, montes relinquere inzquali fpecu» — y concede la pequeñez del fenómeno antes de darle el efecto, que es su manera de acotar: por pequeña que sea esta profundidad comparada con la magnitud de la tierra, puede aun así derribar ciudades, admitir lagos y dejar montes con caverna desigual
«Refert Georgius Agricola intra primum i Cuhna lapidem inl^ nam uocatam, qux cum feruere uideatur efle frigidiflimam» — y otra vez lo que no vio lo pone en boca de su autor contemporáneo: refiere Georg Agricola una fuente a la primera piedra desde Cuhna que, pareciendo hervir, es frigidísima
«Qpid rcfmnt Plinius& Diofcorides Hydromcl uctuflatt luinuimimue tranlTre in uinum. Ariftotelescau&m (aporum aquae in calorem retulit» — pone en fila a tres autoridades con lo que cada una aporta: Plinio y Dioscórides sobre la hidromiel que con el tiempo pasa a vino, y Aristóteles, que refirió al calor la causa de los sabores del agua
«Quid mirum igitur Alexandri iuxta tabernaculum fontem olei fcaturifte, ut Amanus omnium hiftoricorum maximi uerax refert: aut Romae tem« poribus Augufti» — y para la fuente de aceite junto a la tienda de Alejandro apoya el crédito en una calificación del testigo, que es de las más fuertes que da: lo refiere Arriano, el más veraz de todos los historiadores
«Quxdam etiam colorem mutant.ut Nilus cum ficcitadbus arefdt authore Theophrafto» — y el cambio de color del Nilo al secarse lo consigna con su autor declarado, Teofrasto
«Strabo refert aqua Eulfi alijs leuior drachma.ideft Attici acetabuli men» — y de Estrabón toma un dato de peso medido en unidad antigua: el agua del Eulseo es más ligera que otras en una dracma, esto es un acetábulo ático
«gendx ad uitam tuendam, nam proxima ad uita aeri res eft aqua . Neqt mirum eft fi Artaxerfes Longimanus tamdiuuixit» — y de esa diligencia por el agua saca la explicación de una longevidad famosa: nada hay más cercano a la vida, después del aire, que el agua, y por eso no es de admirar que Artajerjes Longímano viviera tanto
«Et Agricola Georgius in Elbogano traifiu iuxta oppidum i Falconibus cognominatum, integras cum cordee abietes in lapidem uerfas effe, atep quod maius eft in rimis edam pyriddem lapidem cond» — y vuelve a Agricola para lo más difícil de creer, sin ponerlo de suyo: abetos enteros con su corteza vueltos en piedra en el distrito de Elbogen, junto al pueblo llamado de los Halcones, y lo que es mayor, con piedra de fuego en las grietas
«Nam maior canis cA ultra xqui* notfhalem drculum, qui quantum luceat omnes uidere poflunt» — y para la estrella mayor del Can apela a lo que cualquiera puede comprobar: está más allá del círculo equinoccial, y cuánto luzca todos pueden verlo
«Sed& in Alexandria totum coelu panibus folum xxxxi, QS^dpt^i exceptis uidetur» — y da la excepción de Alejandría en cifra: allí se ve todo el cielo salvo cuarenta y un grados
«Ptolemaeus edam Canopi mentione km polum fr- Alcit Ut praeclari fyderis, haud tamen magnitudinem defcribit» — y hace notar de Ptolomeo lo que calla, no lo que dice: menciona Canopo como estrella preclara, pero no describe su magnitud
«Quonia coeli fubflantia cum flcrariilima radi) ad nos uenicn> tesflepius fcd tamen femper ad perpendicularem franguntur» — y explica el centelleo de los astros por refracción y no por naturaleza de la estrella: siendo rarísima la sustancia del cielo, los rayos que vienen a nosotros se quiebran a menudo, y siempre a la perpendicular
«Igitur ut ad ultimu genus perueniam,pofito rurfus conuexo fpd culo c D,& oculo A,& B Tc uifa.cathetus ad centrum fpcculi b d a e, 8c illi occurrit radius reflexus a f g in g ubi uidebitur b: eadem ra* rio in columnaribus Sc conicis locum rei uife oftedit» — cierra su tratamiento de los espejos por construcción y no por regla verbal: puesto un espejo convexo y el ojo, el cateto al centro del espejo y el rayo reflejado se encuentran en el punto donde se verá la cosa, y la misma razón muestra el lugar en los columnares y cónicos
«Sed longe melius in quibufdam alijs lpeculis,ut in conue* . xis columnaribus: ficut docebat Vitellio» — y cuando el método ajeno es mejor lo dice y lo nombra: mucho mejor en ciertos otros espejos, como los convexos columnares, según enseñaba Vitelio
«Hanc conatus ed Vitellio offen< dere, qiiam non dedarauit, multisi^tandem» — y al mismo autor le objeta lo contrario en otra materia: Vitelio intentó mostrar esto y no lo declaró
«A c & A o, quare omnes uidebuntur ab eodem plano erigi, igitur b d c <!*«• uidcbimr plana, omnia igimr romnda procul plana uidebuntur» — y saca una consecuencia sobre la apariencia y no sobre la cosa: todos se verán alzados desde el mismo plano, y por tanto todo lo redondo se verá plano desde lejos
«Efle autemaftramaximainlibrodefupernisdcdaratum eft. Verum ralirernuncoftendatur, & quod maxime diftent primo, inde quod fint jemrpUna» — remite a su propio libro de las cosas superiores lo ya declarado —que los astros son máximos— y anuncia que aquí lo mostrará de otro modo: primero que distan mucho, y de ahí que parezcan planos
«lam ergo tria funt qua; neceflaria funt ad uifum,locus rei uif®,& ut res non fit mi* nor ea qu® minima eft quam fub ea diftantia uidere poteft» — y enumera las condiciones de la visión, poniendo entre ellas el tamaño mínimo: son tres las necesarias a la vista, y una es que la cosa no sea menor que la mínima que a esa distancia puede verse
«Sic igitur cum c d (it maior f G,utpallm ei) ex.quana fcxd elementorum Buclidis» — y apoya el paso geométrico en el libro de Euclides que cita por número, no en la evidencia
«Cu igitur Sol aut Luna aut adrum aliud umbram fadat ferme xquale in terra reiqux uidetur» — y toma la sombra como medida del cuerpo que la hace: el Sol, la Luna u otro astro hacen en la tierra una sombra casi igual a la cosa que se ve
«Igitur li adra omnia reliqua rotunda funtdioc ided -^‘^contingit,quiauel lumc proprium aded darum ed ut Solis lumen fed imbedUiusruel quia undcquacp peruia funt» — y ofrece dos causas alternativas para la redondez aparente de los astros, sin escoger entre ellas: o porque su luz propia es tan clara como la del Sol aunque más débil, o porque son transparentes por todas partes
«Sed fi uelis pladta Arifiotelis tueri, dices qudd aer& aqua dum lumen illud exdpere conantur, naturali quadam &cultate,qua grauia defcen^ dunt, kuia afcendunt, mouentur ac diilipanmr» — y expone la respuesta aristotélica como algo que dirá quien quiera defender esa escuela, no como suya: el aire y el agua, al intentar recibir aquella luz, se mueven y se disipan por la facultad natural con que lo grave desciende y lo leve asciende
«Mihi autem uidetur calo* rem efie fubfiandam radq fyderis, nec tamen calorem hunc cum a lumi^ ne ficinfeparabilis, qualitatem efie qux corrumpatur» — marca como parecer propio, y no como doctrina recibida, que el calor es sustancia del rayo del astro, y no una cualidad corruptible inseparable de la luz
«Nec enim calor qui in elementis aut mixtis excipitur efi coclefiis, fed codefiis imago» — y distingue el calor de acá del de allá sin identificarlos: el que se recibe en los elementos o en los mixtos no es celeste, sino imagen de lo celeste
«Ium, igitur ut lux propria efi fyderibusiu calor, cui nullum efi mgus contrariu,fcd frigus fola caloris priuado efi» — y sostiene que el calor, como la luz propia de los astros, no tiene contrario, porque el frío es solo privación de calor
«Lumen igitur efi luds fimi« Luxqiiid/itK litudo,qux claritatis in (c& caloris fubfianda adeo habet annexam, ut * prope nihil fit aliud» — y define el lumen por semejanza con la lux, dejando dicho cuán poco los separa: es semejanza de la luz, y tiene anexa de tal modo la sustancia de la claridad y del calor que casi no es otra cosa
«Ignis autem cxpreiTius hoc facere poteft, & longe maiora, ut ferpcnmm imagines reprarfentare» — y le adjudica al fuego la capacidad de representar imágenes, y el ejemplo que da es el que más toca a lo prodigioso: figuras de serpientes
«Oportet autem ut pocenda talis & i fiimo proprio ad rerum imagines reprxfentandas adiuuetur» — y le pone condición a esa potencia en vez de dejarla suelta: conviene que sea ayudada por su propio humo para representar imágenes de cosas
«Quomodo autem ifyderibusreflecSaturdubitatio nopar* ^ ua eft,nam fi refle<fhturlumen i fydere,iblidum fydus eile oportet, qudd fi (blidum,cur motu non frangitur,& eum i quo mouetur non faugat» — y deja abierta una duda que llama no pequeña, con su dilema dentro: si la luz se refleja del astro, el astro ha de ser sólido, y si es sólido, por qué no se quiebra con el movimiento ni fatiga a aquello por lo que es movido
«Oportet autem quemadmodum Si in corpore animaliu animam (ponte mouere Si alacriter,at in nobis alacritas illa deficit,quia ibi fohim efi uis, qux ^ corde trasfunditur ubi anima habitat:at in coelocum ubicp anima fit,efi alacritas fempitema, ob id nec uoluntate anima fatigatur, qudd nullo corporeo indigeat auxilio: nec cor, qudd in eo fit anima:i'ed tamen fpedem habet fatigationis» — y responde poniendo alma en el cielo y comparándola con la nuestra: en nosotros la alacridad falta porque la fuerza está solo donde el alma habita, y en el cielo, estando el alma en todas partes, hay alacridad sempiterna; por eso el alma no se fatiga ni necesita auxilio corpóreo, aunque tenga apariencia de fatiga
«En uides humani ingenij fubtilitatcm quoulc^ perueniatf Viteliionem haud ignoro deceptum efle, qui afccdcre tan» — y usa el término que titula el libro para señalar hasta dónde llega el ingenio humano, y en la misma línea declara conocer el error ajeno: no ignoro que Vitelio se engañó
«Vnde Irides,Virgx inccndia,hiatus codi,n5 altius iieri poiTunttut nec» — pone bajo un mismo techo de altura los fenómenos que su siglo tenía por prodigios, y la cita se corta donde el OCR parte la línea: arcos, varas, incendios y aberturas del cielo no pueden hacerse más arriba
«exilbmandum eft tamen in diuer (Ts locis uariam hanc efle altitudinem.qua: tamen prarferiptum nu* merum palTuura minime excedat» — y acota esa altura declarando su variación, que es la reserva que la vuelve útil: ha de estimarse que en diversos lugares esta altura es varia, pero que no exceda el número prescrito de pasos
«fupra in 3cthcrc,cum ibi non Iit materia qux accendi poflir» — y niega que haya fenómeno de ésos más arriba, en el éter, por falta de materia que pueda encenderse
«Obfcura autem eft nubes, &: guttz aquae politx,ided pro lu« ds uarietate colores referunt» — y adjudica el color no al cuerpo sino a la variedad de la luz: la nube es oscura, y las gotas de agua pulidas devuelven colores según la variedad de la luz
«ditur in fplendidum colorem tranGt,qux G magis debiiitetur,in colores nigro propinquiores mutatur» — y ordena la escala del color por debilitamiento de la luz: pasa a color espléndido, y si se debilita más, muda en colores más cercanos al negro
«d Soles,geminata: Lunx,multoi^ minus» — y la lista sigue en la línea siguiente con los prodigios luminosos, partida otra vez por el corte de plana: soles triplicados y lunas geminadas, y mucho menos, añade, los meteoros de vapor
«Cur iris uiJra gutds uidebis,coIores fdlicet uarios ate^ fplendidos» — remite la explicación del arco iris a una prueba que el lector puede repetir: a través de las gotas verás colores varios y espléndidos
«Nam cum oculus in linea Gt quxi Sole proce» — y funda la unicidad del arco en la posición del observador: el ojo está en la línea que procede del Sol
«Sed nec fub eodem centro, quoniam ex Sole reflexio fieri nequit» — y descarta la otra posibilidad por imposibilidad, no por conveniencia: tampoco bajo el mismo centro, porque desde el Sol no puede hacerse la reflexión
«inter iridem & coronam, aim corona fit circulus completus, haud ob* fcura efi differentia ) qudd uirgx oblongx funt» — y separa el arco de la corona por la figura, que es lo que hace la diferencia manifiesta: la corona es círculo completo, y las varas son oblongas
«At Parclix ro* tundx quafi aut parum oblongx, Solem aut Lunam geminatam ofien» — y define el parhelio por su efecto aparente: redondo o poco oblongo, muestra el Sol o la Luna geminados
«quandocp a lateribus Solis una fingulis,fic ut tres Soles quandoc^ refcrant,ut ego femel iridi,ncc fatis noucram oculo,quis efiet uerus» — y el caso de los tres soles lo da como visto por él una vez, con la confesión de no haber sabido cuál era el verdadero: es de los pasajes donde su testimonio y su duda van juntos
«dja erit uera, accidit rard de Luna geminata, rarifiime de triplid» — y gradúa la rareza del fenómeno lunar en vez de darlo por igual: la luna geminada acontece raras veces, y la triplicada rarísimas
«Frequetuior eR Parelia Solis duplex, quim Lu« iiaefimplex, Simplex autem Solis fixquehs eR,ac nullis nautis pene» — y compara frecuencias: es más frecuente el parhelio doble del Sol que el simple de la Luna
«Solis autem imaginem impollibile eft omnes iatere,totexiRentibus fub dtuo mortalibus, At<^ ut rcor eadem eftcaufa,cur paucx irides Lunae Cur Mdes 1m uideantur» — y argumenta por el número de testigos, que es un criterio suyo y no de autoridad: es imposible que la imagen del Sol se les oculte a todos, existiendo tantos mortales a cielo abierto, y por la misma causa se ven pocos arcos de la Luna
«HancferutinGcrmania ubifrequetius uideturob poli aliiuidi nem & nubium denfitate bis uifam una xtate» — y lo que le llega de Alemania lo marca como referido y le da su razón local: cuentan que allí, donde se ve con más frecuencia por la altura del polo y la densidad de las nubes, se vio dos veces en una misma edad
«quia ut declaratum eft uapores parum afcendunt, fed longe minus nubes: ut Albertus magnus exiDimat non plus xv ibu dijs» — y para la altura de las nubes cita a Alberto Magno con su cifra, adjudicándole la estimación y no haciéndola suya
«Maxima autc fit iris cum Sol in occafu iiel ortu extiterit,& linea c f fuerit longinima» — y da la condición del arco máximo por la posición del Sol: cuando está en el ocaso o en el orto y la línea es larguísima
«Sed cur dum ftmuium tums Sol deliquium patimr,ilh'us imago per angulare foramen delata, nauis ^nwm«ftrr.fQrmam refert» — y plantea como pregunta abierta el caso que hoy se lee como cámara oscura: por qué durante el eclipse la imagen del Sol, pasada por un agujero angular, devuelve forma de nave
«Nam quod eft nihilum, quannimuis ingemines nihil producit: igitur radiis qui non rcfletflunmr i perpendiculo, nulla prorfus» — funda la fuerza de los rayos en un principio de cuenta: lo que es nada, por mucho que lo redobles, no produce nada, y por eso a los rayos que no se reflejan desde la perpendicular no les queda fuerza alguna
«Sed merird dubitabis.primo cur radq qui in feipfos reflctfluntur.hi autem foli funt perpcndicularcs,ualidi (intCcaufa eft mani* fefta: qui enim refletftitur a perpendiculo in icipfum redic,ut cx b in F,ex K.quare conduplicatur radius» — y responde a la duda que él mismo levanta declarando manifiesta la causa: el rayo que se refleja desde la perpendicular vuelve sobre sí mismo, y así se duplica
«nes centrum reflcduntur.quare in f ignis accenditur» — y lo lleva al espejo ustorio con letras de figura: los rayos se reflejan al centro, y por eso en el punto f se enciende fuego
«Verum diccs,nonne dum Sol oritur parum edam luminis ad nos peruenit,& dum ocddit,& tamen illud candidum efi,ficut &quod paruo foramine per fenefiram in obfcu rum cubiculum ingreditur» — pone la objeción en boca del lector con dos casos cotidianos, uno de ellos el de la cámara oscura: al salir y al ponerse el Sol nos llega poca luz y con todo es blanca, como la que entra por un agujero pequeño de la ventana a un aposento oscuro
«Caufe igitur roboris ra diorum flmt per fc coitio a perpendiculari, ut in cauis fpeculis» — y ordena por grados las causas de la fuerza de los rayos, empezando por la mayor: la reunión desde la perpendicular, como en los espejos cóncavos
«Proxima ^ huic eft reflexio i perpendiculari abfcp coitione, ut in planis fpeculis» — y la segunda, reflexión desde la perpendicular pero sin reunión, como en los espejos planos
«Tertia fuccedit reflexio noni perpendiculari, fed tamen ad angulos xquales,ut i plano fpcculo non dircA^ Soli expofito» — y la tercera, reflexión no desde la perpendicular pero a ángulos iguales, como en el espejo plano no expuesto derechamente al Sol
«les,non ad calorem^iam & hi perpendiculares ut dixi reflexi, ingeminat caliditatem propter coitioncm,fed imaginem haud reddunt» — y el quinto grado lo distingue por lo que sirve y lo que no, en la parte de la línea que el OCR deja legible: no al calor, pues estos perpendiculares reflejados duplican la calidez por la reunión, pero no devuelven imagen
«Cauf* aut 'roboris radiorum per accidens dicuntur,magnitudo di propinquitas lu ddi,& qudd radius ille ex centro luddi profidfcatur:tum fynccritas» — y separa las causas por accidente de las de suyo y las enumera: magnitud y proximidad del cuerpo luminoso, y que el rayo salga del centro de ese cuerpo; la línea añade la sinceridad del medio
«mus ut omnes radrj perpendiculares incidentes colligantur in uno punifto per reflexionem t qui fit ut diAum cft cum cauo fpeculo iphaericoi Seaindus,ut omnes radij i centro Solis prodeuntes refledantur fermi in pun<Su,8d hic fit per parabolen, quoniam ob diftantiam tales radij in unum quafi coeunt,ac unius radrj tannim uicem gerunt» — y de los tres modos de encender fuego con espejo describe el primero por su construcción: reunir en un solo punto por reflexión todos los rayos perpendiculares incidentes, lo que se hace con espejo cóncavo esférico
«E fpeailo etiam plano hic fit,fed non accendit ignem,nec quic$ interponere licet» — y acota lo que el espejo plano no alcanza: también se hace con él, pero no enciende fuego ni permite interponer nada
«Sedfipropoficiim fitfitcerefpeculum quod procul coburat, qualem Galenus narrat Archimedem,qui hofiium triremes deuilerit» — y el espejo que quema de lejos lo trae con la cadena de transmisión entera: tal como Galeno narra el de Arquímedes, que abrasó las trirremes enemigas
«Quid tanderaComnia fermeprxeer^ ucram, more hominum huius xtads: quiomnia noueruut magis quam benefa< cere aut uera dicere» — y suelta un juicio sobre sus contemporáneos que es de las líneas más ásperas del libro: a la manera de los hombres de esta edad, que todo lo saben mejor que hacer bien o decir verdad
«Sunt&fpecula qux multas facies offendunt, ut qux e planis multis spccuUimgi confiant, alia qux ignem accendunt, quod d multis confient drculis, ac» — enumera los espejos compuestos —de muchos planos, de muchos círculos que encienden fuego— y en la misma línea los llama monstruos, antes de abstenerse de catalogarlos
«tnr;,quatuor funt neceflaria, ut moueantur, ut brachia agitent» — y a la aparición de hombres volando en el espejo le opone la receta de cómo se fabrica: son necesarias cuatro cosas, que se muevan y que agiten los brazos, y las dos siguientes las pone el propio hombre a quien se quiere ver volar
«Cryftalli prifma uerd multas fpeculorum uires habet,ut qudd multas trifmJcmrt, formas referat, nim edam auerfas capitibus in imo& pedibus fupra, ut caua fpecula, tum monoculos& quatuor oculis, in eo etiam colores ma^ xim^ dum aduerfus Solem fecundum longitudinem collocatur pulcher« rimos & inimitabiles apparent» — le adjudica al prisma de cristal las virtudes de muchos espejos a la vez, enumerándolas: devuelve muchas figuras, y aun invertidas de cabeza abajo y de pies arriba como los espejos cóncavos, y monóculos y de cuatro ojos, y colocado a lo largo contra el Sol aparecen en él colores hermosísimos e inimitables
«oportet autem magnum efle prifma, puriflimum^pcryOallum» — y le pone dos condiciones al instrumento, que es lo que separa la receta del prodigio: conviene que el prisma sea grande y el cristal purísimo
«Condngit autem hoc, quia uifusfic rede uidet, ocradq in pupillam cadant orthogonq feu dicas perpendiculares, & quaii redi inconiundionem neruorum ferantur, cum igitur obliquans tur oculi, ut nerui furbim ac deorfum deprimantur, una res dux uide» — explica la diplopía por la geometría del ojo y no por engaño del alma: la vista ve rectamente cuando los rayos caen ortogonales en la pupila, y al oblicuarse los ojos, deprimidos los nervios, una cosa se verá doble
«ftinda uidebuntur,duo apparebunt: & ii Gntunum» — y generaliza la regla con su reserva puesta dentro: las cosas que se vean distintas aparecerán como dos, aunque sean una
«Potes& ab angulo intuitum conGituere,& lumen i latere» — y da la disposición del experimento en imperativo, como quien enseña a hacerlo: puedes también poner la mirada desde un ángulo y la luz de lado
«Memento tamen ut locum uifus xqualis obferues, is cG humanx Ggune caput,cu homo in tabella pidus fuerit» — y advierte de mantener igual el lugar de la vista, dando como referencia la cabeza de la figura humana cuando el hombre está pintado en la tabla
«biculum tenebrofum uidere propofitum fit, amphoram magnam aqua plenam uitream colloca i diredo lod,& lumen pofl amphoram,utam< phora media fit in reda linea inter lumen ac locum quem uidere defide* ras, inde omni alio fublato lumine oculum tuum colloca, ubi amphorae lumen nonimpedias, locum tameninfpicerepoflis, uidebis^cundaut in luce clara» — y describe paso a paso un aparato para ver dentro de un aposento oscuro con una gran vasija de vidrio llena de agua alineada entre la luz y el lugar, y promete el resultado: verás todo como en luz clara
«Strt dorfum tuum uidere uelis, ipeculis duobus planis id commode aueque* ris,<]ux quanto maiora fuerint, eo erunt edam meliora» — y para verse la espalda da la receta con la variable que la mejora: con dos espejos planos, y cuanto mayores sean, tanto mejores serán
«CCS non perpendiculares funt:non enim ad centrum terrx tendunt» — niega que aquellas líneas sean perpendiculares, y la razón que da es astronómica: no tienden al centro de la tierra
«clinem extendatur, nullam propemodu fadunt umbram: raG quantu» — y saca una consecuencia sobre la sombra de la vara alineada con los rayos del Sol: casi no hacen sombra, salvo cuanto la vara misma tenga de grosor
«Si uero uirga Gc ftatuatur,ut umbra eius perpendicularis Gt fuper umbram eretfhe alterius uirgac in plano, tunc erit ha:c umbra media» — y define la sombra media por la posición relativa de dos varas, que es lo que la vuelve medible
«non obfcuraeG,quoniam cum aGrorumdiGantiaad totam terrxmagnt tudinem maximam habeat proportionem» — y funda el paso en la desproporción entre la distancia de los astros y el tamaño de la tierra
«Liquet autem ex his xdifida pofTe fieri,quxedam hyeme non parum aerem excalefadenc» — y cierra el tramo con una aplicación de arquitectura sacada de la óptica: pueden hacerse edificios que en invierno calienten no poco el aire
«dii &Solipfe,cum totum terrx ambitum drcuanr,& Sol coelum» — plantea la duda simétrica de la anterior y la deja abierta: los rayos y el Sol mismo rodean todo el ámbito de la tierra, y el Sol el cielo
«Ergo rado huius eil, quia radius f e h, non eft idem cum c s r, fed pro quolibetmomentomutatur» — y da la razón por el cambio continuo del rayo: no es el mismo rayo, sino que muda a cada momento
«At dices cauliuTi clari uidco cur quicfcere uideatur,quomodo autem tranfeat in una hora M. pa (Tuum millena, (i tranlit folum ex h in K, non uideo» — y pone la objeción en boca del interlocutor incluyendo su propia perplejidad: veo por qué parece estar quieto, pero cómo recorra en una hora mil pasos, si solo pasa de un punto a otro, no lo veo
«atcp alius radius perpetuo cum fucccdat, attp celerrime hxc fiat mutatio» — y responde por la sucesión velocísima: otro rayo sucede perpetuamente, y la mudanza se hace rapidísima
«cognitis aded humana fubtilitas proceffit ut altitudinem fyderis Ivt cuiufcuntp & quacuncp hora i centro terrae inuenire poflet» — y celebra con el término que titula la obra hasta dónde llegó el arte de medir: la sutileza humana avanzó tanto que puede hallar la altura de cualquier astro y a cualquier hora desde el centro de la tierra
«Sed quia trigoni h d c angulus o eff retflus, & proportio h d umbrx ad D c cognita mehfura» — y funda el cálculo en lo que la figura ya da por conocido: el ángulo recto del triángulo y la proporción medida de la sombra
«igitur ex tabula de chorda & arcu cognitus erit angulus d e h, quare refiduus a E f» — y remite el paso siguiente a la tabla de cuerdas y arcos, que es el instrumento y no el razonamiento
«Quare fi udis hac cura carerc,uirga.m ta, bulx planae & leni magnae ad perpendiculum infige» — y ofrece el modo de ahorrarse el cálculo con un aparato: clava a plomo una varilla en una tabla plana, lisa y grande
«e friimeto mola confccffa eif, toto anno apud nos feruari folet» — y toma como prueba de la influencia del tiempo un uso doméstico: la harina molida —de agosto, dice la línea anterior— suele guardarse entre nosotros todo el año
«Infinita funt huius rei experimenta: nam Vergilix herbx cu ftellis ciuf* dem nominis oriuntur& occidunt» — y dice que los experimentos de esto son infinitos, dando por caso las hierbas que nacen y mueren con las estrellas de su mismo nombre, las Vergilias
«Quod uerd liquefcit& dum redit durum non eif,fuccus uocatur . Quod omnino non liquefdt,uel durum eft, & uocatur lapis, uel molle,& £icillimd in minima traniiens,& uoca« tur terra» — clasifica los cuerpos subterráneos por su conducta ante el calor y da el nombre de cada clase: lo que se licua y al volver no queda duro se llama jugo; lo que no se licua, o es duro y se llama piedra, o blando y facilísimo de reducir a lo mínimo, y se llama tierra
«Simplicium exempla funt fued fulphur, lapidis cryGaIlus,terraelemnia,metalli argentum» — y da un ejemplo simple por cada clase: azufre para el jugo, cristal para la piedra, tierra lemnia para la tierra, plata para el metal
«Terraru itaq; genera funt, uel coloribus, uel odore, uel ufu diGincffa» — y ordena por adelantado lo que le queda por tratar de las tierras, distinguiéndolas en tres por color, por olor o por uso
«Refert tamen Agricola Marixbergiin Saxonia,du ex argentaria fodina diuorum SebaGiani& Fabiani coram Henrico Sa< xonum Prindpe erueretur argentum,tam fragrantem odorem eripuille ut Princeps exclamaucrit» — y la plata olorosa la trae con autor, mina, santos titulares, príncipe presente y reacción: lo refiere Agricola de Marienberg en Sajonia, donde al extraerse plata ante Enrique príncipe de los sajones el olor fue tan fragante que el príncipe exclamó
«Sed nos partim ufus latet, pardm elFodere negli* gendaipia diiliiadet» — y confiesa dos límites del saber de su tiempo en vez de taparlos: en parte se nos oculta el uso, y en parte la negligencia misma disuade de excavar
«Nam aqua qux paflimfub terra inueninri, fub tmd pdf. necp admodum profunda,nec xqualis,nec condnua exiGit» — y describe el agua subterránea por tres negaciones: ni es muy profunda, ni igual, ni continua
«Sed ad terrarum rurfus ufum deueniotinValdeburgia Germanix ar gillx genus eGjdenfum ac pingue,tenuiilimxm fubGatix,quod ncc igni* bus lxditur,nec Uquores forbet,nec exfudat» — describe una arcilla alemana por lo que resiste, con lugar declarado: en Valdeburgia de Germania, densa y grasa, de sustancia tenuísima, que ni los fuegos la dañan ni sorbe licores ni rezuma
«Eft igitur Armenium lutum ficdilimum, ac moderati big^« dnm,minim^ acre: fed tamc tenuiilimum» — y caracteriza el bolo armenio con su reserva puesta: sequísimo, de moderada frialdad, poco acre, pero con todo tenuísimo
«Eft d( Apulix lunim rubrum,& Armenio uiribus non ablimile, eo ta ihen longe imbedlius» — y compara el barro rojo de Apulia con el armenio graduando en vez de igualar: no desemejante en virtudes, pero mucho más débil
«Quid tamen prohibet ne melius reddatur edant Armenio? Elue igitur Apulicum lutum» — y de esa diferencia saca una operación en imperativo: qué impide que se le haga mejor todavía que al armenio; lava, pues, el barro apulense
«RUt igneus ille calor eflet,aut putridus,quandoquidem Sii in Islandia in« fula lub feptentrione ardeant montes, quid prohiberet perfecffillimas gemmas generari, tum etiam auro abundaret» — objeta la doctrina del calor subterráneo con un contraejemplo del norte: si aquel calor fuera ígneo o pútrido, puesto que también en la isla de Islandia arden montes bajo el septentrión, qué impediría que allí se generaran gemas perfectísimas y abundara el oro
«Aqua etiam& humidu ob accliuem (itum magis deGuunt ex montibus, quorum copia in fuperGde agrorum generado metallorum impeditur» — y da la razón de que los campos no engendren metales: por la pendiente, el agua y lo húmedo bajan de los montes, y su abundancia en la superficie impide la generación
«At dices,modd inter caulas cur agri metallica non gignant cnumcra< (fi,qudd humidum abfumitur,modb humidi copiam in cis rurfus metab» — y se objeta a sí mismo la incoherencia, que es lo que le da fuerza a la respuesta: unas veces cuenta entre las causas que lo húmedo se consume, y otras la abundancia de lo húmedo
«Cuius rd argumentum mihi eflc uidetur,qu6d homini etiam in imo corporis ucnae (int:& Arethufam flu uium referunt ab Elide fub Alphd nomine uenientem emergere in Sid» — y da como argumento propio una analogía anatómica junto a una noticia referida: que también en el hombre haya venas en lo hondo del cuerpo, y que cuenten del río Aretusa que, viniendo de la Élide bajo el nombre de Alfeo, emerge en Sicilia
«E)emittitur enim uafcultim cereum fads bticMur . cralTum,& unditp occlufum,quod ubi diu in mari manferit, aquam ^d* mittit,fal non admittit,indc duids aqua,& potui commoda extrahitur; nam aqua dum tenuis eft ingreditur, fal qudd terreflre lit, prohibeam turi cera» — describe un aparato para sacar agua dulce del mar y da la razón del filtrado: un vaso de cera grueso y cerrado por todas partes admite el agua y no la sal, porque el agua entra por tenue y la sal, por ser terrestre, queda prohibida por la cera
«anuNam cum minimo aliquid adijcitur, totum mifceri eft impofljbile» — y niega la mezcla verdadera cuando las cantidades son desiguales: añadido algo a lo mínimo, es imposible que el todo se mezcle
«Sed ut in (lino aquae mixto forma uini ubic^ c5lpidtur,tam &fi uini materia ubii^ no fit,fed& loca qug aquea materia funt repleta,fic cotingit in uera» — y aplica la doctrina al caso que todos tienen a mano: en el vino mezclado con agua se ve la forma del vino por todas partes aunque su materia no esté en todas, porque hay lugares llenos de materia acuosa; la línea remata diciendo que el agua no se mezcla verdaderamente con el vino
«Eorum enim quae uer^ milcentur formas omnes faltem ex parte perire nccefle eft» — y da el criterio de la mezcla verdadera, que es de forma y no de apariencia: es forzoso que las formas de lo que verdaderamente se mezcla perezcan al menos en parte
«Rurlus aqua calicis imum petit, ob idcp infipidus in fundo potus,&; melius jpnge aqux uinum quam ui» — y lo respalda con lo que pasa en el vaso: el agua busca el fondo, y por eso la bebida del fondo es insípida
«Accedit qudd uinum oleo,Galeno terte,parte nona eft grauius,cum enim uas olei libras noucm continens,efFufo oleo uino impleueris,uinu oinm, uinum pondus decem librarum xquabit» — y el dato de peso lo trae con su garante y con la cuenta hecha: el vino es más pesado que el aceite en una novena parte, según Galeno, de modo que un vaso de nueve libras de aceite, lleno de vino, iguala diez libras
«Sed adpropoGtam diTputadonc redeo : Namc^ tria funt qinr acfuam Sf oleo & uino tenuiorem eile oftendunt : Primum qudd G aqua&» — anuncia que vuelve a la disputa propuesta y declara cuántas pruebas dará, y la cita se corta al empezar la primera: tres cosas muestran que el agua es más tenue que el aceite y el vino
«Secundum qudd ut quis aquam ebiberit adbite.prorinus per fudorem prodit, non fic oleum uinumiie» — y la segunda la toma del cuerpo: bebida el agua, sale enseguida por el sudor, y no así el aceite ni el vino
«Si tame prohibere potius ConGliu eft ante^ conturbetur ne putrefeat, decima pars ardmtis aqux immixta cfficit:meliiis longd fufphur, fed odore prodic dolum» — y da la receta contra la putrefacción junto con lo que la delata, que es lo que la vuelve inservible para engañar: una décima parte de agua ardiente lo consigue, y mucho mejor el azufre, pero el olor descubre el fraude
«Nam fi non ubi<^ elementa in mixto eflent, acemus eflet ^ quod mixtum eft non res genitarfi ubicp 8i fecundu fublfantiam corpora inuice mutuo fe penetrarent» — y arguye que los elementos han de estar en todas las partes del mixto, porque si no, lo mixto sería montón y no cosa engendrada
«Igitur augmentum OC nutritio fe* eundum formam uere fiunt: feamdum materiam autem eff fbla additio, quoniam undiqp aliquid iuxea apponitur» — y distingue el aumento según la forma del aumento según la materia: según la forma se hacen verdaderamente, y según la materia es sola adición, porque algo se pone al lado
«Herculeus enim lapis apud me faepius in pauds annis extindus efi: cum em traheret ferrum alacri^ ter,pofimodum temporis fuccefiu trahere defijt» — y el desgaste del imán lo declara observado en su propia casa y en pocos años: la piedra de Hércules, que atraía el hierro con brío, dejó después de atraerlo con el tiempo
«Ergo metallica in montibus non fecus ac arbores iacait: cu radidbus «Kxio in moni minco, ramis, pluribus fblr|s,& funt tenues quzdam partes» — y sostiene que los metales yacen en los montes no de otro modo que los árboles, con raíces, ramas y hojas, y con ciertas partes tenues
«dum funt liberahores; rard enim in humihoribus collibus materia hare copiofainucnitur» — y da la regla del minero con su compensación: los montes altísimos, más difíciles de excavar, son más liberales en dar, pues rara vez se halla materia copiosa en colinas bajas
«res & friitdus plerun^ deede ; cum Sol femper, humor edam copiofus plerunc^ defit» — y explica lo que a los metales les falta respecto de las plantas: que carezcan las más veces de flores y frutos, faltándoles siempre el Sol y las más veces el humor copioso
«plumbo nulla ferme eft raritas,terra autem cum no cohxreat, admittit aerem,& ob id plumbo uidetur leuior, qudd aquam habet ae» — y resuelve por qué el plomo pesa más que la tierra apelando a lo que la tierra deja entrar: en el plomo casi no hay rareza, y la tierra, al no cohesionarse, admite aire
«Nam lapides quidam immaturi,& colore diluto, & fubfiantia haud concotfia inueni* untur: pars quoc^ uelut& in eiufdcm arboris fnuffibus purior, alia im» — y aplica a las piedras el vocabulario de la maduración: algunas se hallan inmaduras, de color diluido y sustancia no cocida, y en un mismo hallazgo una parte más pura y otra menos
«Ob id igitur Simplido haud crediderim di« Rjta iemoit- cenci: ut ab Herculeo lapide ferrum trahitur, ita exiibmari auru abode firimt fontrd pifds milui trahi» — y le retira el crédito por su nombre a una autoridad antigua: no le creería a Simplicio cuando dice que, así como la piedra de Hércules atrae el hierro, se estime que el oro es atraído por el pez milano
«Ergo fi in argento tanta,quid in acre, quid in plumbo,& ferro, quid in fiilphuref demum quanta in ipfis lapidibusC non tamen eadem rado* ne qua marinx bellux folum prxftant magnitudine tcrreftribus, copia feflicet humoris, fed quia pondus in metallicis ac lapidibus aim no pen* deant periculum nullum afllm,in arboribus affert» — y explica por qué el peso no arruina la mina como arruinaría al árbol: en metales y piedras, al no estar colgados, el peso no trae peligro alguno, y en los árboles sí
«Sed metalla amplius hauri* mtuUinricr lintquilm arbores: nam prppago metalloru arboribus longe maior eff» — y compara la propagación de los metales con la de los árboles adjudicándole ventaja a la primera
«Quid mirum cum uelutla<3and puero nutrix prxgnans adhitxcur, nam mnallis & plantis commune eft alimentum idem, ideo cmptrito vix natura lod ambobus poterit farisfacerc» — y usa una imagen doméstica para un problema de nutrición mineral: como se pone nodriza preñada al niño de teta, el alimento de metales y plantas es el mismo, y por eso apenas podrá la naturaleza del lugar bastar a los dos
«Cognofcuntur fapores ff uel uaffs talibus,humidum ah* quod excipiatur ac feruetur, uel diluatur pars mctallid intra uinum,ius aut aquam,diu^ maneat in ds» — da el modo de reconocer los sabores de un metal por dos vías de laboratorio: recoger y guardar algún húmedo en vasos, o diluir parte del metal en vino, caldo o agua y dejarlo estar largo tiempo
«Si igitur neas iamigni materiam contumacem,mappas,mandlia &thryalides edicere hcebic,ignibus no obnoxias» — y de la materia contumaz al fuego promete manteles, servilletas y mechas no sujetas a los fuegos, que es el uso práctico del amianto
«Nam ff paru gendanx multo M ’ ladH immircucris,iaporem ingratum habebis,n5 autem ffc in odoribus» — y separa el sabor del olor por lo que ocurre al mezclar: poca genciana en mucha leche da sabor ingrato, y no así en los olores
«Quid tandemffuccini attracfhohaud dubie efi fimilis ilh',quxi cucurbt* tula ab igne &ca;teris calidis, ob pingue illud calidum innatum» — y explica la atracción del ámbar por semejanza con la ventosa y con el fuego, adjudicándola a lo graso cálido innato
«Succino fragrandor eft Ambra,ut cum preciofi/Iimis conferatur mer» — y gradúa la fragancia poniendo el ámbar gris por encima del sucino, hasta compararlo con las mercancías preciosísimas
«Verum caue ne pro Afphalto bitumine, litera mutata Alpalathum legas, arborem odoratam,quam noflri ut reor Santhalum uocant» — y advierte contra un error de lectura que muda una cosa en otra, con lo que la transmisión del texto entra en el argumento: no leas alpalathum por asphalto, mudada una letra, que es un árbol oloroso al que los nuestros, según cree, llaman sándalo
«Vius (ulphuris egrc« SMUlm rA gius eft, ac muldplex: nam ex eo primum pyrius puluis fit» — y da el uso del azufre por egregio y múltiple, poniendo en primer lugar la pólvora
«Nitrum inue« rttur in arena Nili prxeipu^. Albertus Magnus co» — y sitúa el nitro sobre todo en la arena del Nilo, y la noticia que sigue la pone en boca de Alberto Magno
«omento narrat in Gofelaria aquam colletf^ara in imo montis, qui cyprio abundabat» — y la noticia atribuida a Alberto es de agua recogida al pie de un monte de Goslar que abundaba en cobre, con lo que el caso queda como referido y no como visto
«Quod uerd potentia eft, ad adum etiam peruenit ui Solis, unde uermes & mufcx in lods, in quibus manent,id rehnquunt,quo ai aliorum fimiliumgeneradonem, ac generis muldplicadoncm fiicultat fuppeditatur» — adjudica al Sol el paso de la potencia al acto en la generación espontánea: gusanos y moscas dejan en los lugares donde permanecen aquello con que se les suministra facultad de generar semejantes
«Sed eff& tepor in foOiiibus, uelut in his qux in uallc fodiunturuocv ta loachimicarquamuis enim natura taUa frigida lint, eruta nmen ratitfa uidentur, ob bitumen aut fulphur, aut acrem aliquem fuccum de natun illoru aut calcis» — y salva una apariencia distinguiendo la naturaleza del accidente: aunque esas cosas sean frías por naturaleza, las de la mina de Joachimsthal parecen calientes recién sacadas, por el betún, el azufre o algún jugo acre
«Sed ad Cadmiam reucnor,ex ea eff,qux alleum uffa olet aded foete^ ut qux Anncbergi effbditur,Cadmia ipfa crocei plenint^ coloris eff,& confidendo ob id aurichalco apdllima» — describe la cadmía por su olor y su color con la mina nombrada: la que se saca en Annaberg huele fétidamente al quemarse, es de color casi siempre azafranado y por eso aptísima para hacer latón
«das&innoxiaanimaha3^ ne aqua inuentafruftrcris.Verum parua rc,ii bene cedat,domum muribus plenam expurgabis» — y advierte del riesgo antes de dar el provecho, que es su manera de recomendar una operación: puedes perder los animales inocuos y quedar burlado del agua, pero por poca cosa, si sale bien, limpiarás de ratones una casa llena
«dicitur Cuperofa, i Galeno autem ac caeteris andquis 'chalcitis» — y hace notar la mudanza del nombre entre su tiempo y los antiguos: lo que se dice caparrosa lo llaman calcitis Galeno y los demás antiguos
«Galenus edam urina pueri in armp mortario affidue agitata fub canicu* Ix orm confid pofle: colos faiSiriar croceus,fpIendens, utumur aurifices ad auri firufiaiungenda,inde inditum nomen» — y adjudica a Galeno una preparación con orina de niño agitada en mortero bajo la canícula, señalando quién la usa: los orífices, para juntar los fragmentos de oro, de donde le vino el nombre
«Caufa huius eft, qudd fuccus ell: atep denius admodum, tum ex partibus conffans tenuibus atep exu' ilis: quia fuccus eff,ideo relbluiturinhumidam fubffandam,& haerere ' .poceff, nec calamo negocium faceffit, quod non contingeret terreo exi* ilenti,etiam fi in pultierem tenuiffimum redigeretur» — y explica por qué la tinta se adhiere y no traba la pluma con su condición contraria dentro: por ser jugo se resuelve en sustancia húmeda, lo que no ocurriría a una cosa terrea aunque se redujera a polvo tenuísimo
«Caufa eft partium tenuitas ac caliditas, qux lienem per» — y adjudica el efecto médico a dos propiedades de la sustancia y no a una virtud oculta: la tenuidad y la calidez de las partes, que entran por el bazo
«auripigmentum non eit^fulphureum quid olet, & exterius crocea, non fplendens, intus rubra, lj}lendida/>dorumen nonefiadmodum ingra» — describe el oropimente por su corte, distinguiendo fuera y dentro: azafranado por fuera y no espléndido, rojo y espléndido por dentro
«Sunt& terrae mixtae metaUis, ut Galena.quam Ocriam|uocant Itali, plumbo& terra conflat:materia e(l plumbi haud perfe<fH proculdubio, ate^ideo liquandis metallis aprifliraa, tum» — y da la galena con su nombre vulgar italiano y su composición: la que los italianos llaman ocria consta de plomo y tierra, es sin duda materia de plomo imperfecto, y por eso aptísima para fundir metales
«Verum inter metallica nullum excellentius argento uiuoinuenireli* ^moio inu cet/olcrd induflria ubi oriatur deprehcndut» — y pone al argento vivo por encima de todo lo metálico, y añade cómo se da con él: por industria hallan dónde nace
«combiberit feu etiam per fe,coriu ceruinum,quod crafliffimum eft penetratHocenim modo aurum feligunt: calefadut argentum uiuutn, at^ ei imponunt uelliuinfragincnta inaurata, aut alia quae aurumcow dnent» — describe el modo de recoger oro con azogue y cuero de ciervo, que declara el más grueso, y dice a qué lo aplican: calientan el argento vivo y le echan fragmentos de vestidos dorados u otras cosas que contengan oro
«Sunt& alq modi aurum colligendi, fed non fine acutis aquis, aut fulphure, & opera haud leui» — y consigna que hay otros modos de recoger oro, pero no sin aguas agudas o azufre y no con poco trabajo
«Eft ergo argentum uiuum^qua quxdam denlata,non calore^iam no -Mm KiMm. cogitur, nec frigore, eiTet enim lapis uel metallum, fed tenuiHima parte acpuridima terreatquo titutgrauiHimum (ic,frigidiflimu,(plendensiac liquidu:mixtum ell aut potius quim concretum,cum ut dixi liquidu Gt» — da su definición del argento vivo por lo que no lo condensa: agua densada que no se compele por calor ni por frío —si no, sería piedra o metal—, de parte terrea tenuísima y purísima, por lo que es gravísimo, frigidísimo, espléndido y líquido; y lo declara mezclado antes que concreto
«Simile el) igitur aqux argentum uiuum quatuor modis, utruna frU gtdilTimum,& cu euanuerit ob calore,frigore ad le redit» — y establece la semejanza con el agua contándola en cuatro modos, de los que da el primero: uno y otro son frigidísimos, y evaporado por el calor vuelve a sí por el frío
«Att^ ob id longe mitius aqux partes eam rotunditate loct mpUm feruauttqudd etiam longe minus tenax fit aqua» — y explica la diferencia por la tenacidad, que es donde pone la distinción: el agua es mucho menos tenaz que el argento vivo
«um uiuii exaitit 8c fponte 5c magis etiam igne excalefk(ftu, quod etiam fi non feparetur rurfum combibit , Sandaracha argentum uiuum non mittente.At qualis fit Sandaracha fuperius diximus» — distingue minio y sandáraca por un solo rasgo, que es lo que le da precisión a la diferencia: el minio suelta argento vivo de suyo y más aún calentado al fuego, y vuelve a beberlo si no se separa, mientras la sandáraca no lo suelta
«Illud etiam de ar* Argf/nS uM gento uiuo meminiiTe uelim, qudd uitreo uafe uel lapideo conclufum, fi fxcalc/ias ut non poiTit rcfpirare,non fecus acpyrius puluis, eade ratione tamen igni ^dmQtum uchementiori uas difrumpit,At tenui calore comouet» — y pide que se recuerde el peligro del argento vivo encerrado, comparándolo con la pólvora: en vaso de vidrio o de piedra sin respiradero, acercado a fuego vehemente rompe el vaso, y con calor tenue solo lo agita
«Nam & ars habet fua metallica, & metalla edam, nec non lapides, ut myrrhina, de quibus iam acftum eft» — y le reconoce al arte productos propios frente a los de la naturaleza: también el arte tiene sus metálicos, y metales, y aun piedras, como los vasos murrinos
«Argentum fublimatur hoc modo; de uiuo loquor, nec pudet nomine Argnim fut barbaro uti, fed fi libet latin^ proferre non tamen aded clar» — y declara sin rubor que usará el nombre bárbaro de la operación, aunque pudiera decirla en latín menos claramente: es su criterio sobre la lengua del oficio
«Siquid fubterfugerit nec coeat, iterum in morta* rio addito aceto terito,& denuo excoquito» — y da la corrección del proceso en imperativo, para cuando algo se escape y no cuaje: muele de nuevo en el mortero añadiendo vinagre, y vuelve a cocer
«rum,diftilla hoc totum cum uitreis uafis,huius aqux pondo unii» — y da la destilación por pesos y por señal de término, no por tiempo: una libra de esta agua y tres de argento vivo en vaso de vidrio, y aumentado el fuego, persevera hasta que el humo y el vaso enrojezcan y no quede nada de agua
«Vertunt colorem plera(|( metallica uel folo igne, ut auripigmentum quod fubdtrini coloris eft, in uitreo uafe excoftu donec adharreat uafij) rubcfdt,& uircs prpdpitati fu feipic,nec tanto inferiorcs,quanto» — sostiene que muchos metálicos mudan de color solo por el fuego, con el oropimente por caso: cocido en vaso de vidrio hasta pegarse enrojece y toma las fuerzas del precipitado, no tanto inferiores
«Recrementum eft quod i metallo dum excoquitur detrahitur, fjximam uulgus uocacruires& materiam rednet metalli cuius eft, ob id argenteum& aureum denu6 excoqui folet,ne quic^ hominum au aridg pereat» — define la escoria por su procedencia y explica por qué se vuelve a cocer la de plata y oro: retiene las fuerzas y la materia del metal, y para que nada de la codicia de los hombres se pierda
«Nam in aerugine partes funt tenues atque acres ob calorem, in ferrugine nec calidum quicquam nec tenue» — y opone cardenillo y herrumbre término a término: en el cardenillo hay partes tenues y acres por el calor, y en la herrumbre nada cálido ni tenue
«Sed nos eam qux arte fit docemus.Itacp plumbu m'grum tamdiu in uaft excoquito donec colorem ochrae contraxerit; nariux autem ochnecolos efif)ammeus,Fit& ex rubrica ochra dum uafe fimo oblito torretur» — y declara qué parte del asunto enseña, que es la del arte y no la de la naturaleza: cuece el plomo negro hasta que tome color de ocre, siendo el de la ocre natural flamígero
«plumbum album& argentum uiuum miTcentur, nam plumbum album TmuOUtttt in folia reda(fhimefleoponet: mifcctur omnia in uitreo uafe, mcuUieoria diftillatoij?,& quod in imo remanferit purpurina uocatur» — da la receta de la purpurina por su operación y por lo que queda al fondo: reducido el plomo blanco a hojas, todo se mezcla en vaso de vidrio destilatorio, y lo que queda en lo hondo se llama purpurina
«Conflat autem ex plumbi albi argentic^ uiui paribus portionibus ; Salis rurfus ammoniad& fulphuris paribus iteru inter fe portionibus, fed qux fine priorum fextantes aut quadrantes» — y da las proporciones por partes iguales y por fracciones declaradas: plomo blanco y argento vivo a partes iguales, y sal amoníaco y azufre otra vez a partes iguales entre sí, pero sextos o cuartos de los primeros
«Sed prius quddaunm & perfediilima quxtp in oriente inueniantur.ferrum autem inoedden* te,qudd hoc conringat.quia oriens cabdius Gt» — y explica por el clima el reparto geográfico de los metales: que el oro y lo más perfecto se hallen en oriente y el hierro en occidente, porque el oriente es más cálido y húmedo
«Hoc autem oflendere erat neceflarium,qudd oriens occidente calidius atep humidius Gt» — y declara por qué se detuvo en ello, que es lo que ordena el argumento: era necesario mostrar que el oriente es más cálido y húmedo que el occidente
«Albertus narrat in folidiGimis lapidibus inter terram exuAam iacentibus aurum inueniri» — consigna con su autor la noticia de que se halla oro en piedras solidísimas entre tierra quemada, adjudicándosela a Alberto
«Crediderim cgo,quod ueriGmilius eA.aurum inter la» — y frente a esa noticia declara su propia opinión marcándola como más verosímil y no como cierta: creería yo que el oro se engendra entre las piedras
«ARipulatur huic opinioni,quod Gonfalus Ferdinandus Ouicdus Hifpanus redtat,in Indix Peru uocatx parte,aurum in montium radice inuentum imperfetffum eGe, atq; eo im purius quo monri proximius» — y respalda su parecer con un testigo de Indias nombrado con apellido y nación: lo que Gonzalo Fernández de Oviedo, español, recita de la parte de Indias llamada Perú, donde el oro hallado en la raíz de los montes es imperfecto, y tanto más impuro cuanto más cerca del monte
«Nec in profundo tcrrx,fed iuxta ilGus fu* perGdem inuenitur,quare G in agris uel arena nafeereturen imo terrx Ia teret» — y saca de ahí un argumento por contraposición: no se halla en lo profundo de la tierra sino junto a su superficie, y si naciera en los campos o en la arena, estaría escondido en lo hondo
«Sed quod cum alqs effoditur aurum metallis.ignibus & arte non pania indi* get ut purum fiat» — y acota lo que el arte tiene que poner: el oro que se saca con otros metales necesita no poco fuego y arte para quedar puro
«Quomodo ucrd hoc folum inter metalla perfpicuu ^it,cur^p pura mettlla perfpicua eflenon polRnt.nunc eft demonftrandum» — y anuncia como pendiente lo que aún no ha probado: por qué solo este metal es transparente y los metales puros no pueden serlo
«ut in fpeculis nullum metallum translucet praeter rude argentum rubri coloris, nec umen femper» — y da el hecho con la excepción y la reserva juntas: en los espejos ningún metal trasluce salvo la plata bruta de color rojo, y ni siquiera ésa siempre
«Metallica omnia perfe<fta aqueac funt, ac tenuis fubftantisc, nam concre' fcunt frigore,ut ditfium eft,ubi de glacie egimus;&: igne Uquida euadut» — y adjudica a todos los metales perfectos naturaleza acuosa por su conducta ante frío y fuego, remitiendo a lo que trató del hielo
«Eft& tertium argumentum tenuitatis metallorum,quddaureo grana duo ferri aut aeris mixta,ut paulo plus quadragefima parte fint,aded co< lorem & duridem mutant illius, ut aliud prope efle dixeris» — y da el tercer argumento de la tenuidad de los metales en cifra: dos granos de hierro o de bronce mezclados al oro, poco más de una cuadragésima parte, le mudan tanto color y dureza que dirías que es casi otra cosa
«Sed quod ab initio propofueramus ^lequanmtv Translucent igitur i lapidibus magnefia, armatura, (pecularis lapis» — y da la lista de las piedras que traslucen cerrando lo que había propuesto desde el principio: magnesia, armadura y piedra especular
«Sed ad auri hiftoriam reuertor : folum ipfum inter metalla exiguum bonum fpirat odorem,cui fuccedit argentum,xs peirimum:caufa eft ma gnitudo caloris adurentis» — y ordena los metales por su olor, con la causa puesta: solo el oro exhala entre los metales un poco de buen olor, le sigue la plata y el cobre es el peor, y la causa es la magnitud del calor que quema
«In auro quod fuaui calore generetur eius fub ftanda nullus odor malus relinquitur, ob id multorum annorum fpado auri generatio indiget,reliquabrcuiore omnia conficiuntur» — y de ahí saca una consecuencia sobre el tiempo de la generación, que es donde la doctrina toca a la alquimia: en el oro, generado por calor suave, no queda mal olor, y por eso su generación necesita espacio de muchos años, mientras lo demás se hace en menos
«Denarius feu fcrupulus grana xxiiq.argenti in filum cxxxiiij» — y mide la ductilidad del oro en cifras del oficio: un denario o escrúpulo de veinticuatro granos de plata se estira en hilo de ciento treinta y cuatro
«Atc^ hxc de du^Ii:qux uerd tenuitas auro cocedatur, dum malleo fiiper argenti lwa(fleas extenditur, haud minore digna eft admiratione» — y pasa de la ductilidad a la tenuidad declarando el asombro como propio del hecho: la tenuidad que se concede al oro batido a martillo sobre láminas de plata no es digna de menor admiración
«nam auri unda o<flo argend pondo tegit, cum uerd in folia traniierint» — y la cuantifica: una onza de oro cubre ocho libras de plata cuando pasan a hojas
«Rehquorii metallorum nullum in aurum aut argentum mutari potefttfolum illud» — aquí está su posición sobre la transmutación, con el reparto exacto de lo que niega: ninguno de los metales restantes puede mudarse en oro ni en plata, y solo aquello queda
«dubium eft,an argentum in aurum polfit mutariCqudd fieri pofle» — y lo que deja en duda es un solo caso, sobre el que se pronuncia por lo posible: si la plata puede mudarse en oro, cosa que estima que puede hacerse
«Creditum eft etiam quofdam id fediTe,ut apud lUulbiiTimum Ve* cetorum Principem paucis ante annis aftiftentibus lapientibus duitatis i quodam Taruifino pharmacopola, cuius rei adhuc manent ueftigia» — y el caso de una transmutación hecha lo consigna como creído, con corte, testigos y rastro: se cree que algunos lo hicieron, y que pocos años antes lo hizo ante el ilustrísimo príncipe de los venecianos, asistiendo los sabios de la ciudad, cierto boticario de Treviso, de cuya cosa aún quedan vestigios
«Rurfus,aurum tenuiilimum eft ac longe tenuius ^ omnibus alqs metallis, argentum nunc prartermitto, ignis uerd ucl non iftparando condenfat, aut fcparando attcnuat,quorum neutrum ad auri generationem conducit» — y contra el procedimiento del fuego arguye por dilema: el fuego, o condensa sin separar, o atenúa separando, y ninguna de las dos cosas conduce a la generación del oro
«Eft etiam ignibus ut dixi aurumnon obnoxium,qu6d pinguedine ca reattat feparare pinguedinem cum in qualibet parte metalli (it non opus eftignis,nam ab igne uritur,& cum ea fubftanria tota metalli» — y explica por qué el oro no está sujeto al fuego: carece de grosura, y donde la hay no hace falta fuego para separarla, porque el fuego la quema junto con toda la sustancia del metal
«enim omne pingue eft iblo auro excepto: hocein fuperius iam diximus» — y generaliza con la excepción dentro, señalando además que ya lo había dicho antes: todo metal es graso salvo solo el oro
«Ergo chymiftae pofiunt mutare colorem ac pondus/ubdlitatem ante S£ firmitatem mutare nequeunt» — y aquí fija lo que a los alquimistas les concede y lo que les niega, sin negarles el oficio entero: pueden mudar el color y el peso, y no pueden mudar la sutileza ni la firmeza
«Id uerd apertum efi, qudd fi argentum in aurum conuerti debcat,ab aqua in lutum prius conuerti oportere effi# cad.indc admotum lutum in aurum tranfire poteft» — y pone la condición del proceso en términos de su propia física: si la plata ha de convertirse en oro, conviene que antes se convierta de agua en lodo, y desde ese lodo puede pasar a oro
«Vt uerd argentum uiuum in aurum tranfmutetur, nccefiarium eff ut firmetur,ignibus^ refiffat,& tingatur» — y enumera las tres condiciones para transmutar el argento vivo en oro: que se fije, que resista a los fuegos y que se tiña
«modocunq;id contigerit,certum cft argentum uiuum non pofie in an# rum multoc^ minus in argentum commutari» — y aun así lo niega sin dejar resquicio: de cualquier modo que ocurra, es cierto que el argento vivo no puede mudarse en oro y mucho menos en plata
«Argentum uerd, tam&fi Argrui MOu xs colore, plumbum pondere, auro proximiora fint, attamen tenuitate fubftantiz & puritate & firmitate auro fimile aded cft, ut optimum ar* gentum fit aurum fubftantia imperfetfhim & colore defidens» — y define la plata por su distancia al oro, que es la fórmula con que cierra el asunto: es tan semejante al oro en tenuidad de sustancia, pureza y firmeza que la plata óptima es oro imperfecto en la sustancia y falto de color
«nam argento ut aurum fiat deiunt denfitas, ob quam ponderolius fieri oportet:& color, at haec metallo addi polTunt» — y dice qué le falta a la plata para ello, y por qué no lo tiene por imposible: le faltan densidad, por la cual debe hacerse más pesada, y color, y las dos cosas pueden añadirse al metal
«Verum inargentandi rado ars efi, & proban ab authoribus» — le reconoce estatuto de arte a la plateadura y añade quién la aprueba: es arte, y la aprueban los autores
«Media inter aurum &'argentum natura eleAri eft: funt & qui ele» — sitúa el electro por su lugar entre los dos metales nobles: su naturaleza es media entre el oro y la plata
«Aliud eA quod Ht, aliud quod nafdtur, fed naduo grana& uires» — y distingue lo hecho de lo nacido, que es la distinción sobre la que descansa todo su tratamiento del arte
«Audio tame aua« ridx& ignorantia uirium dum aurii ab argento feparanc eleArum eile» — y lo que le llega del oficio lo marca como oído y con su motivo: oigo que por avaricia e ignorancia de las fuerzas, al separar el oro de la plata, hay electro
«Argento limile ut dixi plumbum eA: illius autem quatuor ipedes» — y ordena el plomo en cuatro especies tras declararlo semejante a la plata
«DiAert album plumbum i Stanno, qudd album plumbum per fe oritur» — y separa el estaño del plomo blanco por su modo de venir a ser: el plomo blanco nace de suyo
«argento uelex centeiima additum Aagilia reddit ea» — y describe el daño del plomo blanco con la cifra de la dosis, que es lo que lo vuelve advertencia: añadida a la plata aunque sea una centésima parte, la vuelve frágil
«Nam aqux frigore cogitur ignis qui intus eft,humidumc^ innatu ferri celeriter abfumit» — explica el temple por dentro del metal: por el frío del agua se comprime el fuego interior y se consume rápidamente el húmedo innato del hierro
«Sed ferro nobilior chalvbs,duplex;naduus at» — y pone el acero por encima del hierro, distinguiéndolo en dos según sea nativo o hecho
«Si uerd aqua frigida ferru dum candet exdnguatur,& durum& minime duifiilc& fragile euadere necefle eft» — y da la consecuencia del temple en agua fría como forzosa, con lo bueno y lo malo juntos: el hierro sale duro, poco dúctil y frágil
«Nam expertum hoc Albertus fc refert. Contingit hoc cuius expcrimmtuad< huc extat,n chalybs immodice Oecus durusf:|; ac tenuis eo medicamenta Thorix np. reddatur» — y una noticia sobre el acero la respalda diciendo que Alberto la refiere como experimentada por él, y añade que aún queda experimento de ella
«inuenit Galeaz Rubeus amicus meus,ut ferreus thorax igneu fuiboc^ ret tormentu» — y adjudica una mejora a un amigo suyo con nombre y apellido: Galeazzo Rossi, amigo mío, halló algo mucho más útil, que la coraza de hierro resistiera al arma de fuego
«Suadet mihi regionem etiam aliquid addere praeter artem,qudd cu Virgilq tempore paiTim in lcalta,Germania, Hifpaniaf^ chalybs haberec,illc ume dixerim» — y admite que la región añade algo por encima del arte, apoyándose en el testimonio antiguo: en tiempo de Virgilio había acero por todas partes en Italia, Germania y España
«Gemmam uulgimorenuc ap> pellamus lapidem omnem nitentem,namra rarum at(p paruum:rantate lapilli omnes lictoris excludunmr : paruitate marmora quae nitent» — define la gema al modo vulgar y va excluyendo por cada nota: piedra que brille, rara y pequeña; por la rareza quedan fuera los guijarros de la orilla, y por la pequeñez los mármoles que brillan
«Nitere etiam diximus, nam Limadus acBorax parui lapilli funt,&: rari,non tamen gemmx,ne(5 nitent,aut fi nitcnt,pa* rum nitent» — y funda la necesidad de la tercera nota en dos casos que la fallan: la limadura y el bórax son piedrecillas pequeñas y raras, y con todo no son gemas, porque no brillan o brillan poco
«Gemmarum genera tria: perfpicuum ut Adamas, opacum ut Onyx cemurSgf pleruncy,mixtum ut Sardonyx& lafpis: quorum panes quxdam per* fpiaix,quxdam uerd opacx» — y divide las gemas en tres géneros con un ejemplo cada uno: transparente como el diamante, opaco como el ónice, mixto como el sardónice y el jaspe, cuyas partes son unas transparentes y otras opacas
«Caufa cur reddant gemmx imaginem efi nitor primum, inde durides, terdo opadtas, quano color dilutus» — y ordena por número las cuatro causas de que una gema devuelva imagen: brillo, dureza, opacidad y color diluido
«Refert Agricola in capi iecore inuentum lapidem candidum» — y una piedra blanca hallada en el hígado de un cabrito la trae con su autor declarado, Agricola
«Cattcru quf inter lapides^eneratur n5 pailiin,{ed habet unaqu^qt geitt tricn. ma fua matrice. Smaragdus Prailio innaia'tur,& laipidi quado(^,SiJici lafpis.Carbunailu ferunt Balaflio» — y adjudica a cada gema su matriz propia, cerrando la última con un verbo de referir: la esmeralda nace en el prasio y a veces en el jaspe, el jaspe en el sílex, y del carbunclo dicen que en el balaje
«Gemmarii uida plurima, alia tame coloris Ut. ^ ut fuiTius,umbra,nubecula» — y ordena los defectos de las gemas en dos clases antes de nombrarlos: unos de color, como el humo, la sombra y la nubecilla
«alia corporis,ut fcabricies,capillus,(al,pum «fium,fcobes,plumbago,fernigo,rubigo,uomica» — y los otros de cuerpo, con la lista entera del oficio: aspereza, cabello, sal, punto, limadura, plombagina, herrumbre, orín y vómica
«Capillus in fuperfide quali cxefus.ut linxa tatSus lapis uideatur.Sal obfcuru intus,glade» — y define cada defecto por su apariencia: el cabello, en la superficie como roído, de modo que la piedra parezca tocada por una línea; y la sal, oscura por dentro, que llaman hielo
«pura, modo ars afpeAu no dedpiat» — y al permitir el ornato de gemas, oro, plata, seda y púrpura le pone la condición que lo gobierna: con tal que el arte no engañe a la vista
«Smaragdus cu pulchritudine prfftadllima fit gcmmaru,ut duricix,&foliditate Adamas,gratia Saphy rus, alacritate Carbuculus, ac fpledore uarietate Opalus.nitorc» — reparte una excelencia a cada gema para situar a la esmeralda: ella la hermosura, el diamante la dureza y la solidez, el zafiro la gracia, el carbunclo la alegría, el ópalo el esplendor y la variedad
«ragdum in coitu quandot^ experimento comprehenfum dicut. ut ut res fe habcat,fragilior omniu gemmaru eft Smaragdus» — y separa lo que se dice de lo que él sostiene: dicen haberse comprobado por experimento algo de la esmeralda en el coito, y sea como sea, la esmeralda es la más frágil de todas las gemas
«Lapis hic colore coeli colpicuus eft, nitetl» — y describe el lapislázuli por el color con que se le conoce: es notable por el color del cielo, y brilla
«Manileftu eft igitur quatuor modis exdtari fomnia a lapidibus» — declara manifiesto que los sueños se suscitan de cuatro modos por las piedras, con lo que la virtud onírica de las gemas entra en el libro como cosa contada, no como duda
«Quaedam uerd alia permutadone fomnia mouent ut onyx,cuius nome uulgd Nicolus, nam fpiritu mutat& agitat: ucl pulchritudine alia id agunt ut carbucuh,opa« li.achates» — y adjudica el efecto a dos vías distintas: el ónice, que el vulgo llama nícolo, porque muda y agita el espíritu, y otras, como el carbunclo, el ópalo y el ágata, por su hermosura
«Ergo li quis interroget in gbus Adamas J Chryftallo difFcrt,cu utercp ^ niteat Sc caloris fit candidi uel potius aquei;* dicemus nitorem adamatis» — y plantea la pregunta como la haría un interlocutor antes de responderla: en qué difiere el diamante del cristal, si ambos brillan y son de color blanco o más bien acuoso
«Virides uerd gemmx no folu Smaragdusded &omnes afix,ut Praf* yiriJctffUh fius,& Topazius ignibus obnoxi» — y extiende a todas las gemas verdes lo que se decía de una: no solo la esmeralda sino todas las demás, como el prasio y el topacio, están sujetas a los fuegos
«Aureus e flauo& multa lua refulgente ac pura confiat» — y compone el color áureo por sus ingredientes: de amarillo y de mucha luz refulgente y pura
«Viridis (it duobus modis,autcum humidum multa feniiin excoquitur,Iuccmc^ recipit ut in arborum folqs» — y da el primero de los dos modos de hacerse el verde con su ejemplo: cuando lo húmedo se cuece poco a poco y recibe la luz, como en las hojas de los árboles
«Sed& cu humidum ni« grum ulterius excoquitur, ut fub impluuijs nigra terra, & in fuperfkk aquarum iiantium,pof(quam nigra; iam euaferint» — y el segundo, por cocción ulterior de lo húmedo negro, como la tierra negra bajo los aleros y la superficie de las aguas estancadas
«Alba (iunt humida aim putrefeut nec excoquuntur, aut etiam line putredine, unde folia qua; humi iacent herbaru& radices plarxi^ albae, quia in hu» — y funda el blanco en la putrefacción o su ausencia, con las hojas caídas y las raíces por caso
«Fiunt& alba ob defecfium alimenti, unde feni bus cantdes, & pueri albis funt capillis, quia non nutriuntur» — y le da al blanco una segunda causa que reúne canas y cabello infantil bajo la misma razón: se hacen blancos por defecto de alimento, porque no se nutren
«Niger fit color cum humidumaercum aut aqueu exuritur: unde nigerrima fiiUgo& fiimus olei ex quo fitatramentum pro typis, &carbones Si loca qu® aqua phi« uia madefeunt» — y da la causa del negro con ejemplos de taller: cuando lo húmedo aéreo o acuoso se quema, de donde el hollín negrísimo y el humo del aceite con que se hace la tinta de imprenta
«Cur autem animalibus quibu(Ham color pilorum m'grior fit ab ortu procedente xtate, caufa cft, quoniam calor ille in utero maiorem» — y busca en el útero la causa de que a ciertos animales el pelo les sea más negro de nacimiento que con la edad
«Sedeur pili nullis,ne(:^ capilli uirides,aut purpurei,uel uino(i,quonia pilus den» — y se plantea por qué a nadie le salen pelos verdes, purpúreos o vinosos, y empieza a responder por la densidad del pelo
«color pilorum albus, niger, ferrugincusepeft plcruncp, quandot^aute aureus ut dixi,quia fi (lauum paulo denfius excipiat lumen, in aureum tranfit» — y cierra la serie de los colores del pelo con la razón del áureo: si lo amarillo recibe la luz algo más densa, pasa a áureo
«Sapphyrus folo contaftu antraces curati optimum &grandem effe oponet,ac diu carni hxrerc iUum oportet» — consigna la virtud del zafiro de curar ántrax por solo el contacto, y le pone las dos condiciones que la hacen operativa: que sea óptimo y grande, y que se adhiera largo tiempo a la carne
«Hunc lapide cognouiiTc ac illius uires olim Rabbi AlxnEsra: G-equens eft apud nos,ac udis precrj.Egocum motus illius fxpius conGderaHem» — y adjudica el conocimiento de esa piedra y de sus fuerzas a un autor judío nombrado, Rabí Aben Ezra, antes de pasar a su propia observación repetida
«Heliotropium gemma eft uiridis lafpidi haud abGmilis, macula: aut guttae fanguinca:h3erent,at HeUotropium fanguineis uenis» — describe el heliotropo por su parecido y por lo que lo distingue: gema verde no desemejante del jaspe, con manchas o gotas sanguíneas, y venas sanguíneas propias
«Phnius Chryiblitus gemma eft aurei colorismicans ,atcp hzc ipla de noftro Topazio uulgari uera funt» — y hace equivaler la gema de Plinio con la de su tiempo, que es un trabajo de nomenclatura y no de historia natural: lo que él dice del crisólito es verdadero de nuestro topacio vulgar
«Plinius, quem palam eGprx* durum ede, ac tantx duridd ut Sapphwo , parum aut nihil cedat» — y sobre la dureza sigue a Plinio con una comparación graduada: cede poco o nada al zafiro
«Nam uelut in am'ma* libus muli ex afino& aequa, & Lydfca ^lupo & cane, ita & lapides quandoc» — y explica el mestizaje de las piedras por analogía con el de los animales: como el mulo del asno y la yegua y el licisco del lobo y el perro, así también las piedras alguna vez
«Quidam humanos oculos Leucophtalmi , quidam lupi» — y da los nombres griegos de las piedras oculares según el ojo que remedan, empezando por los humanos, leucoftalmos
«in aquam feruentem immiiTum illius ieruorem tollere» — y la virtud de quitar el hervor al agua hirviendo la trae con el autor que la línea nombra antes, Alberto, y no como cosa propia
«Nam cum obliqua fadefpeAaturhomo,& obliquitas ipfa non paruam aflequatur diuerfitatem, fit ut facies Cc uiik modo hanc modo illam imaginem referat» — y explica por la oblicuidad de la vista que un mismo rostro devuelva ahora una imagen y ahora otra
«Carterum gemmam eiTe ingenris frigoris cxiftimo, hoc argumento qudd fitim fub lingua pofiu febridtantium mitiget» — y su propia estimación sobre el frío de la gema la funda en un argumento de efecto: puesta bajo la lengua mitiga la sed de los febricitantes
«Onyx autem gemma eft mollis, ab unguis fimilitudine ita appellata» — y explica el nombre del ónice por la semejanza con la uña, tras declararlo gema blanda
«RefertAlbetis expenum efte,fi lapis hic c collo fufpendatur uires om* nes corporis roborare, quod haud eft incredibile» — y aquí junta la referencia y su propio juicio de credibilidad, sin hacerla suya ni descartarla: refiere Alberto haber experimentado que esta piedra colgada del cuello robustece todas las fuerzas del cuerpo, lo cual no es increíble
«Genus eft aliud cxruleum,pallen8 in fummo & opacum, |i imo autem nigrum.quod uocatur Nicolus» — y describe el nícolo por sus tres zonas de color: azul, pálido en lo alto y opaco, negro en lo hondo
«Sarda lapis eft rubei coloris, cuius fpcciesqua:diludoreft,& minus rubra uocatur Cameolus» — y separa la cornalina como especie de la sarda por ser de color más diluido y menos rojo
«ulmi,quidam caprae ^gophtalmi uocad» — y la serie continúa con los demás nombres del mismo cuño: los de cabra, llamados egoftalmos
«nam corpus omne quod fijplidebus redilineis drcuambimr,longitudineJaritudine,& alritudine diftinguiturtat hxccoftatfenis oppofitis fuperfidebus, quamobre fenas fugfides habet Cryftallus & reliqux huius generis gcmmx.ut Berillus» — deriva de la geometría el número de caras del cristal, en vez de dejarlo en dato: todo cuerpo ceñido de superficies rectilíneas se distingue en longitud, latitud y altitud, y eso consta de seis superficies opuestas, por lo que el cristal y las demás gemas de este género, como el berilo, tienen seis caras
«Sed Cryftallus ex aquea coftatfubftantia.atcp ideofadllim^» — adjudica al cristal sustancia acuosa, y la línea sigue diciendo que por eso se licua facilísimamente y pasa al punto a vidrio
«Sed cur qux ab alijs circundantur funt exagona forma, cum fphaerai quatuordedm Hmilibus fphxris,no autem fenis drcuambiaturCMelius igitur<rituim hanc in natura corporis referre» — y ante la objeción de que la esfera se rodea de catorce esferas y no de seis, declara mejor referir la causa a la naturaleza del cuerpo
«Sed cur non multum nicetCquia mollis .nulla enim gemma mollis m'tet» — y responde a su propia pregunta con la regla que la cubre: ninguna gema blanda brilla
«quia radios non omnes aut plurimos refleAit» — y da la causa física de esa regla: lo blando no refleja todos ni los más de los rayos
«quod Albertus Galeno &Auicenx adferibere nidtur:tenuis eft fub(hintix,& inter ea qux injnan conrrefcut eda tenuifiimx,ideoi^ coa firmat membra 6i fpirints temperat» — y una virtud ajena la trae con la cadena entera de quién se la atribuye a quién: Alberto intenta adscribírsela a Galeno y a Avicena; es de sustancia tenue y de las más tenues entre las que se cuajan, y por eso confirma los miembros y templa los espíritus
«Sed cu frequentiflimus Iit illius prouentus,optimi certe rarilTimus.Nam qux abundant fadle» — y separa la abundancia de la calidad: siendo frecuentísima su producción, la de los óptimos es rarísima
«Proprium rubei ac fynceri fiilgendsip ut Carbunculus, eft, qudd fi iigitofctndii. annedatur collo ut carnem tai^t, cum xgrotat homo aut breuifgro*- taturus eft,aut G ucnenum hauf^t, quod nondum fentiat, impalle^ere 8c nitorem amittere» — consigna la virtud del carbunclo de avisar la enfermedad y el veneno, con la condición de contacto y la señal: colgado al cuello de modo que toque la carne, cuando el hombre enferma, o va a enfermar en breve, o ha bebido veneno sin sentirlo aún, palidece y pierde el brillo
«Hx igitur nobiliores acmagis uulgares funt gemmx. Cxteru» — cierra la lista declarando cuáles son las gemas más nobles y más vulgares, y en la misma línea abre el asunto de las falsificaciones
«Horu aut primus eft uulgaris,ut interduas planas tabulas Cryftalli color cumgludne» — y describe el primer modo de falsificar, que llama el vulgar: entre dos tablillas planas de cristal se pone el color con cola transparente
«Sed illud mirum, quod quidam aiunt lateres codos grauiores elle, quim antequam in fornacem ponereturC Caufa eflc pot» — y una anomalía referida por otros la recoge con su verbo de decir y le busca causa: dicen algunos que los ladrillos cocidos son más pesados que antes de ponerlos en el horno
«re dum cogitur later grauioremillumcfFicit, quanquam humidumab' fumptum fit» — y da la razón con la objeción incorporada: la compresión lo hace más pesado, aunque se le haya consumido lo húmedo
«Maiore negorio Smaragdus confidtur.Teritur cryfraUus tenuiflinCi martiaco(fla St aerugo» — y describe la fabricación de esmeralda falsa por sus ingredientes: se muele cristal tenuísimo con marcasita cocida y cardenillo
«Ergo (i frigore concrefeunt lapides,gemmx autem ut duriores maiore, nihil mirum cll non generari gemmas in animalibus» — y saca del frío como causa de la concreción una consecuencia negativa: si las piedras se cuajan de frío y las gemas, por más duras, de mayor frío, no es de admirar que no se engendren gemas en los animales
«Senefdt celerrim:^ Margarita,necinhoclapidibuslimilis» — y separa la perla de las piedras por su duración: envejece rapidísimamente, y en esto no es semejante a las piedras
«Maxima laus ell in candore, Iplendore, ac romnditate» — y pone las tres notas por las que la perla se estima: blancura, esplendor y redondez
«Mittit Indicu mare borealeiux* ta CuMgua infulam,aullrale iuxti Terarequi, nafeutur& alijs pluribus lods» — y localiza las pesquerías por nombre y hemisferio: el mar Índico las manda junto a la isla de Cubagua por el norte y junto a Terarequi por el sur, y nacen en otros muchos lugares
«Seduiresnon noiii,aduerfus calculum ualere putant, ego incertus fum an prohibeat lapidis generationem, at omnino prohibere non po* teR,nc(p omnis,at uerd aliquis retardet dignum dubitatione eft» — y aquí declara su ignorancia y gradúa la duda en vez de resolverla: no conocí sus fuerzas, piensan que vale contra el cálculo, y estoy incierto de si impide la generación de la piedra; del todo no puede impedirla, ni toda, pero que retarde alguna es digno de duda
«Lapides omnes qui in cancris, limacibus ac pifdbus gignuntur, ut coruo, manari, alrjsfpplu* ribus , prohibent generationem lapidum in renibus , genitosi^ diilbl» — y consigna la virtud litotríptica de las piedras animales: todas las que se engendran en cangrejos, caracoles y peces impiden la generación de piedras en los riñones
«Ed& nigrum fplendidu ac m'tens,quo codat fepulchrn Cardinalis Carradoli, uiri lingularis probitatis & prxfulis prouindz nodrx,in xde nolba magna,ad dextram condimmm altaris» — y para el mármol negro brillante da como ejemplo un objeto que tiene delante, con dueño, dignidad y ubicación exacta: el sepulcro del cardenal Caracciolo, varón de singular probidad y prelado de nuestra provincia, en nuestra iglesia mayor, a la derecha del altar
«Sed qudd adduntmirum efi,non cote aut mola alterotie lapide,fed aqua ipfa acui» — y marca como admirable lo que otros añaden: que se afile no con piedra de amolar ni muela ni otra piedra, sino con el agua misma
«Bralauolus refert in capite illius animalis in« uenifre,elTeip os potius quim lapidem» — y a Brasavola le adjudica la corrección de que lo hallado en la cabeza de aquel animal sea hueso antes que piedra
«Duplex eR,cauus officj^ periimi* lis, colore fufco pallente,& alter qui in ofle Iapidem continet: uerum os capitis eft ut Brafauolus refert, quod uemRate concrefeit, quia terra ali» — y distingue dos formas de esa pieza y repite la adjudicación: es hueso de la cabeza, según refiere Brasavola, que se endurece con el tiempo
«mam Ariftotelis xuo, ii quid Alberto credendu ei), innotuit Magnetis, duo efle genera,alterum qudd ferrum ad boream dirigit, reliquum aute» — y la doctrina de los dos géneros de imán la fecha en tiempo de Aristóteles con una condicional que marca el crédito: si en algo hay que creer a Alberto
«Sed& illud cognitu ei) Alberti aetate Magnetis eife genus,quod uocantTheamedem,adnatum ipG Magneti, qudd abigat ferrum» — y otra noticia la fecha en la edad de Alberto: que hay un género de imán llamado teámedes, nacido junto al imán mismo, que ahuyenta el hierro
«quodfpuirtus eius corpora penetrat, utinterpoiita tabula etiam ferrum adfe allidat» — y explica por qué el imán obra a través de los cuerpos: su espíritu los penetra, de modo que atrae hacia sí el hierro aun interpuesta una tabla
«Refiat & Hieronymus FracaGoreus uidiGe qudd, fffftif, argentu traheret,generaliter aut argentu haud qua^ trahit» — y una observación singular la pone en boca de un contemporáneo nombrado, Girolamo Fracastoro, y en seguida la acota con la regla general: que la plata en general no es atraída
«Ergo iafti uires denud ferruginei Magneds aggrediamur,inde rado* CMpt notnii nes explicemus, initio abexperimetofado.Magnesigiturferru trahit, trahit & Chalybem» — y declara el orden de su método antes de aplicarlo: empezar por el experimento hecho, y de ahí explicar las razones; el imán atrae el hierro y atrae el acero
«Cum enim ille pluribus falGs quxdam ucra mifcuiilddadfum ef) ut uera eda Gde indigna haberentur» — y explica por qué una fuente pierde crédito entero por mezclar: habiendo mezclado algunas cosas verdaderas con muchas falsas, ocurrió que aun las verdaderas se tuvieran por indignas de fe
«Nec tame AriGotcli haec nota ftiifle credide rim de pyxide.aut qudd ferru ad boream diri^t.cu Galenus & Alexan* der Aphrodiiienlis» — y sostiene que Aristóteles no conoció ni la brújula ni la dirección del hierro al norte, apoyándolo en el silencio de Galeno y de Alejandro de Afrodisias
«Sunt qui affirment partem in eo lapide efle,qux ad orientem,& aliam qux rurfusad oeddentem ferrum impellat,de quo nihil cerd afime poC» — recoge lo que otros afirman sobre una parte de la piedra que empuja el hierro al oriente y otra al occidente, y de eso declara no poder afirmar nada cierto
«Accedit his tot prxclaris dodbus, qudd Magnes fub tabula politus, ferrum fuper tabulam in xquilibrio politum,quan^ interpofita tabula SMM qiu celerrimi dreumagit, non line leui affandum admiratione» — y describe la aguja en equilibrio movida por el imán bajo la tabla, admitiendo la admiración como parte del dato: no sin cierta admiración leve
«Itacpnon Magnes Magnetem trahit, fed fer* rum Magned haerens occulti» — y corrige la descripción del fenómeno cambiando el sujeto: no es el imán el que atrae al imán, sino el hierro escondido que se le adhiere
«Verum rado hxc haud fadshicit propter multa; Primum, qudd (cnfu percipiebamus uftp ad os penetrafle» — y rechaza una explicación propuesta declarando la primera de varias razones, y la primera es del sentido: percibíamos con el sentido que había penetrado hasta el hueso
«Ego undem ut tam incredibilis rei pcriculumiacerem, acum ipfam prius lapidi aflfrica* tam cud adiutorfj brachq intuli , fenGcp primo leuiflimam puiwftioni* imaginem, poG cum totum muiculum quaGdirecfli penetraret» — aquí está el experimento que hizo en su propio cuerpo, contado con su secuencia: para hacer la prueba de cosa tan increíble se metió en el brazo, con ayuda, la aguja frotada antes con la piedra, y sintió al principio la imagen levísima de una punzada mientras atravesaba el músculo entero
«Secudum,qu6d cum fub cute Gt pinguedo inter cutem& carneam» — y da la segunda razón por anatomía, que es la alternativa a la virtud de la piedra: bajo la piel hay grasa entre ésta y la membrana carnosa
«Sed cur nullum aliud metallum i lapide ullo alio trahiturC» — y se plantea por qué ningún otro metal es atraído por piedra alguna
«Quid ergo alid ducenda rado: docet ex* perimentum fepo illitam acum dolorem penetrando non excitare aut Icucni:an forfan in lapide illo uis erat piiiguior,aut aded frigida qux fen fura omnem ac fanguinis fluxum prohiberet,an illud propriumomnino huiclapidi,uelut&femigineo,qudd fenrum ut dixi ad eas partes quas iuxta polos funt dirigaturif an forfan prateantadoni locus» — y termina el caso enumerando cuatro hipótesis en fila sin escoger ninguna, que es la abstención más larga del tramo: que la fuerza de la piedra fuera más grasa, o tan fría que quitara el sentido y el flujo de sangre, o que fuera propio de esta piedra dirigir el sentido a las partes vecinas a los polos, o acaso hubiera lugar a preacción
«Ergo eadem rarione Sarcophagus confert,G quid aliud doloribus Po poJagrietri dagricorum humores extenuado : fed& acetum uerum quanto acrius,eo magis ut dolore ita& fenfu priuat» — y aplica la misma razón al sarcófago y al vinagre en la gota, con el efecto y su contrapartida: cuanto más acre, tanto más priva del dolor y también del sentido
«Viribus celebrantur, ^cophagus,Calamochus,Aldonium, Pumde, Sdrtofhdgfu. Smiris,Tripohs. Sarcophagus quafi carnes edcns,leuis,caildidus, fub* cinereus, friabilis» — y abre la lista de las piedras celebradas por sus virtudes, describiendo la primera por su nombre y su tacto: el sarcófago, como que come carnes, leve, blanquecino, ceniciento y friable
«Sic Belcnitcs forma eft fagittx, rimam habens intus fecundum lo^tua dinem, alium continet lapidem, qui aurea ei iungimr armatura» — y describe la belemnita por su figura de saeta, con la grieta a lo largo y otra piedra dentro, a la que se le junta una armadura dorada
«pluribus conflat Penacrinis,ruber lapis, nigro adnaftxns» — y el encrino por su composición: consta de varios entrocos, piedra roja adherida a negro
«Conchites conchx Gmilimdine, Uris incuruis,atcp aurea-decorus» — y el conquites por su semejanza con la concha, con líneas curvas y adorno dorado
«quidem in profundum qua pererrabat penetrare Tendebam , dolorem nullum penitus fenG,tunc(^ familiaribus quod in me fueram expertus credidi» — y el desenlace del mismo experimento es lo que le hace mudar de crédito, y lo dice en ese orden: no sintió dolor ninguno, y entonces creyó a sus familiares lo que había experimentado en sí mismo
«niamnullpm metallum aded frigidum eii quemadmodum fitmim,ncc^ forfan omnino efle nopotefl, ut metalla aha ab alijs trah^ur lapidibus» — y responde por el temperamento dejando abierta la posibilidad: ningún metal es tan frío como el hierro, y acaso no pueda haberlo, de modo que otros metales sean atraídos por otras piedras
«Omnes hos Hildesheimius Saxonixsradiusmittit:denilitfp vtlerimcor^-id Georgium Agricolam Valerius Cordus herbaru uir fdentiflimus» — y declara por dónde le llegaron esas piedras, nombrando el lugar y los dos intermediarios: Hildesheim de Sajonia las manda, y Valerio Cordo, varón cientísimo en hierbas, se las llevó a Georg Agricola
«Hic idem alios etiam detulit lapides,forma lingulari ac mirabili» — y de la misma mano vienen otras piedras que califica por su figura: de forma singular y admirable
«Pentagonus Exagonusm marginem habent,& in medio planidem» — y describe el pentágono y el exágono por lo que comparten: tienen margen y en medio una planicie
«Rhombites duorum eft generum; aUus fquammis conftat Rhombi (imilitudinem habentibus, i quibus nomen accepit» — y separa dos géneros de rombites, fundando el nombre en las escamas con semejanza de rombo de las que lo tomó
«Docuit autem nos primo hoc Hieronymus Guerinus ab oculis gemmarius , de quo fuperius mentionem fedmus» — y adjudica a un informante suyo del oficio, ya nombrado antes, la primera noticia de esto: Girolamo Guerini, lapidario
«Detulit ille idem lapides colore confpicuos, Amochryfum aurd co» — y del mismo informante recoge piedras notables por su color, empezando por el amocriso
«fquamofutn,cxquo arena fit aurei coloris, (itetis ficcandis aptaT: expertus fumfi in igne contineatur die una tota, u()crioretn arenx co< piam reddere, ac meliorem pulchrioremcj» — y una operación sobre esa arena la declara probada por él mismo y medida en tiempo: experimenté que, si se tiene en el fuego un día entero, devuelve más arena y mejor y más hermosa
«Silex autem no pel* lucet,quia terreus efttdillbluitur tamen,quia frigore concreuit» — y explica el sílex por dos rasgos encadenados: no traluce porque es terreo, y sin embargo se disuelve porque se cuajó de frío
«Nam rubus& filix n5 nili frigido coelo atep eo ubilxuiat» — y liga la zarza y el helecho al clima frío, que es su manera de explicar las plantas por el lugar
«Nam uehementer calida leminain frigis do aere cum tenuiflimx fint fubflandx adolefcere nequeunt» — y da la razón contraria: las semillas vehementemente cálidas, siendo de sustancia tenuísima, no pueden crecer en aire frío
«Sed ut facillimi concoquitur, iu edam eadem caula flicilius perit,manctin radicibus& truncis uelut aljja^ latho,Santhalum nos uocamus,nam terrea» — y hace de la facilidad de cocción la causa de la corrupción, con lo que la virtud se conserva en raíces y troncos: como el sándalo, que así llamamos nosotros
«Atqpearadonerefmint quidam j^UxMdmf^ Alexandro Ipiritu oL'm fuauem fuifle,quddcorpus licdus haberet» — y la fama del olor suave de Alejandro la trae en boca de otros y con la causa que ellos dan, sin hacerla suya
«Veru utad partes plantaru redeam, quxanimalibus (ingulxacilloru pknts pardbusrefpondet.Radices uentri,utcxiftimatTheophraftus,nostame podus ori illas a(Iimilamus,caudids uerd» — y en la correspondencia de las partes de la planta con las del animal se aparta de su autoridad diciéndolo: Teofrasto estima que las raíces son el vientre, y nosotros, sin embargo, las asemejamos más bien a la boca
«Netp uerd credatduefl odoratas plantas inodoros flores» — y advierte contra una inferencia falsa: que no se crea que las plantas odoríferas tengan flores inodoras
«Sed tame egregix tenuita cis eftSiliquaifru (eu piperids aut Indicupipcr» — y señala como de tenuidad egregia la silicua y la pimienta de Indias
«Myriftica uerd nux in infula Bandan Myrifit*nm nafdmr ut Cinamomu,in alia infula nomine Z» — localiza dos especias por su isla, que es el dato que su siglo compraba caro: la nuez moscada nace en la isla de Banda, y la canela en otra isla
«Calor enim Indix humorem cotrids concoquere optime poteft, Europx nequit: eft autem Cinamo* mum liber ftolonum detra(fhis,nam truncu non uiolant ne pereat arbor» — explica por el clima el reparto de las especias y añade la práctica del cultivo: el calor de la India puede cocer bien el humor y el de Europa no, y la canela es la corteza de los renuevos arrancada, porque no dañan el tronco para que el árbol no perezca
«Sed cur hgna in aqua no eretfla ad perpendiculum manent, (ed prona L(giu» — plantea como problema lo que parece obvio: por qué los maderos no quedan a plomo en el agua sino tendidos
«Hac ratione firmantur naues : anchora a b c fu« ne F naui alligata protjdtur in mare, ita ut imo b tangat fondum» — y de esa razón hace depender el fondeo de las naves, describiendo el ancla con las letras de la figura y su cable atado a la nave, hasta que toque el fondo
«Ergo fi tignum o e non adeflet,ratio ne propofita a c caderet femper xquidiftans fondo maris, quare ntinij^ figi poflet,necnauim retinere» — y arguye la necesidad de la cepa por lo que ocurriría sin ella: el ancla caería siempre equidistante del fondo del mar, y así no podría clavarse ni retener la nave
«Ergo thu ris arbor abies libanotis^ eiufdem funt generis, (ed regionum qualira« te& naturae robore differunt» — y reúne bajo un mismo género el árbol del incienso, el abeto y el libanotis, adjudicando las diferencias a la región y al vigor de la naturaleza
«Adnumeratur odoribus edamlignum a(palathi,quod fuaueefl,acre frigerat, non fecus ac rofa uaciniaf^p, atep ideo inter rara» — y cuenta entre los olores la madera de aspálato, que además refresca como la rosa y el arándano, y por eso la pone entre las cosas raras
«Qu^nnuis quxdam natura etiam frigidx,ut cicuta loco humido umbrofocp melius proueniat, uiribus edam efHcador» — y concede el caso contrario a su regla nombrándolo: alguna naturaleza fría, como la cicuta, medra mejor en lugar húmedo y sombrío y es aún más eficaz en fuerzas
«Sed caula qux Ipiritu diilbl* uit ut febris,uulnus,pleruncp ipfa dolorem affert» — y adjudica el dolor a la causa que disuelve el espíritu, con la fiebre y la herida por ejemplos
«Plutarchus in M. Antonrj uita,cum fopore graui iit,& iimillima eft ei qux in ultima cotingit fenera» — y una descripción de muerte por sopor la trae de Plutarco en la vida de Marco Antonio, comparándola con la que sobreviene en la última vejez
«Quo Ht ut non acerba mors accidat,uelut his qui aqua fuffocantur, multo uerd minus quam ffrangulatis» — y gradúa el modo de morir por lo que se siente: la muerte no resulta áspera, como a los que se ahogan en agua, y mucho menos que a los estrangulados
«Crediderim fi non cert^ ad omma, ad plurima ialtem id olei genus eile efficax» — y modera su propia afirmación con la fórmula del creer y no del saber: creería que ese género de aceite es eficaz, si no para todo, al menos para muchas cosas
«Quod in Hermogene Tharfenii fophiiia etiam Philo* ftrams animaduerdr» — y un caso lo respalda con quién lo advirtió: lo que en Hermógenes el sofista de Tarso advirtió también Filóstrato
«oportet autem prius cortice nudare eas,& paululum torrere.Hoc moflo plus contrahit uirium oleum,& minus comipdom obnoxium ht» — da el paso preparatorio con la razón de por qué mejora el producto: conviene desnudarlas antes de corteza y tostarlas un poco, con lo que el aceite recoge más fuerzas y queda menos sujeto a corrupción
«At tertius modus Roribus aptus non eft, (ed lignis & his qux» — y acota el tercer modo por la materia a la que sirve: no es apto para las flores, sino para las maderas y las cosas semejantes
«Gariophylis: in uitreo uafe a cotrita ponun tur,& quanto leuiore licet igne difbllanmr» — y da la destilación del clavo con la condición del fuego mínimo: molidos, se ponen en vaso de vidrio y se destilan con el fuego más leve que se pueda
«cui de more cannalis adiacet c^cui alter canalis uitreus adiungitur» — y describe el montaje del alambique por sus piezas y letras: al vaso le queda adyacente el canal de costumbre, y a éste se le junta otro canal de vidrio
«Aquarum uerd diflilado eodem modo fittfed longe melius 'o dorem rednet» — y compara los dos productos por lo que retienen: la destilación de las aguas se hace del mismo modo, pero retiene mucho mejor el olor
«Saliibrias omni zethoefTet antiquum oximeI,& etiam paulo carius» — y compara la bebida antigua con las de su tiempo por saludable y por precio: la oximiel antigua sería más saludable que toda cerveza, y también algo más cara
«Sunt & ali) potus iucundi& inebriantes,ut Mignol apud Senegam» — y consigna bebidas embriagantes de fuera de Europa con su nombre y su pueblo: el mignol entre los del Senegal
«Sed poftquam in palmarum mentionem inddimus,cum nulla arbor tot ufus prxftei.de illa referre tempeibuum erit» — y justifica por qué se detiene en la palma: como ningún árbol presta tantos usos, será oportuno referir de ella
«Fiunt& carbones ex exteriore cornee, ut ex intimodum netur uefies» — y enumera los usos de la palma por sus partes: de la corteza exterior se hacen carbones, y de la interior se tejen vestidos
«Et quamuis de morbi illius namra libros o<fto xdiderimus.fbtv mam tamen hic arboris deferiberepropofui» — y remite a su propia obra de ocho libros sobre la naturaleza de aquella enfermedad, declarando que aquí solo se propone describir la forma del árbol
«tiocatu.quod ex Indix oeddentaJis infuhs aduehitur, unde morbus eri3 irrepfit» — y liga la procedencia del remedio a la procedencia del mal: viene de las islas de la India occidental, de donde se coló también la enfermedad
«Sed cur Aloes cu amariflima Gt/olia habeat pinpuiifimafnam» — se pregunta por qué el áloe, siendo amarguísimo, tenga las hojas grasísimas
«Sunt& arborum uires etiamex umbra admirabiles : exidaks namc^ ut diximus Toxico,IugIandi,Tith)rmalo, adultae Ficuiiforbol^ Indicar» — declara admirables las fuerzas de los árboles ejercidas por su sola sombra, y abre la lista de los mortíferos: el toxico, el nogal, el titímalo, la higuera adulta y el serbal de Indias
«Sunt& cannaru Indicarum radices uarietate coloris ac nitore gratx» — consigna las raíces de las cañas de Indias por lo que las hace apreciadas: la variedad del color y el brillo
«Nam tignum eius leuifllmu eti, ferrx modicu6^tenuioris habens humidi plurimu» — y caracteriza esa madera por tres notas juntas: levísima, de fibra algo más tenue y con muchísimo húmedo
«Homines enim plerunq; fui tuur, homuKs cedi naturam fequuntur» — y liga la condición de los hombres a la del cielo del lugar, que es su modo de explicar las costumbres por la física
«tura fponte fua in immenfum xuum produdtur» — y adjudica a la naturaleza de los árboles, dejada a sí misma, una duración inmensa
«Vnde edam quercus lignum fub aqua illxfum perpetud manet.tantumodo^ denigratur,(olidum «m cxitiens.nec corrumpitur ab aqua,nec dum uiuit fadie abfumimr» — y da el roble bajo el agua con lo que le pasa y lo que no: permanece ileso perpetuamente, solo se ennegrece, no se corrompe por el agua ni se consume fácilmente mientras vive
«Tria ex arbore comoda habet: qudd plus ftercoris habeaq non enim plurimum in terra colligi poteft,qurid nec imbre, nec SoIe,ra« mis intedu fadle Ixditurrqtidd humore Soli no diluitur» — y cuenta tres comodidades que un cultivo saca del árbol, empezando por el estiércol y acabando por el abrigo contra lluvia y sol
«Sed neq^ cre« Aderis hanc conuerlionem totam folflicrj die fleri; propeem ad miracu* Ium res accederet; fed quod pauladm flu^m efl, dum perfide id totum ad tempus in quo perfedhim efl referunt mortales» — y le retira el carácter milagroso a un cambio atribuyéndolo a la manera de contar de los hombres: no creas que toda esa conversión se hace el día del solsticio, pues la cosa rozaría el milagro; lo que se hizo poco a poco, los mortales lo refieren al tiempo en que quedó perfecto
«Nihil autem prohibet ut in cam'bus,puflllas herbas ac morddnas cu uiuadbus acma^s arboribus fpede conuenire» — y admite que hierbas menudas convengan en especie con árboles vivaces y mayores
«Vertunt& arbores quxdam folia folflido, ut olea, diia, ulmus, afu uerd ad curfum Solis toto femidrculo (ingulo die,ut lupinus» — distingue las plantas que vuelven las hojas en el solsticio, como el olivo y el olmo, de las que siguen el curso del Sol por todo el semicírculo cada día, como el altramuz
«Caula huius couerlionis poflremz ik<$< cfl humidum tenue ad Solis calorem (e habens , ut corij ad ignem, nam & ipfum iuxta ignem politum infle(fdtur ad illum» — y explica el heliotropismo con un símil de taller y no con una simpatía: el húmedo tenue se comporta ante el calor del Sol como el cuero ante el fuego, que puesto junto a él se dobla hacia él
«Caufa igitur efl quod qux herba efl ob humidum copioflus in calidiore ac fledore, tum coelo tum folo in 'arborem uerdtur» — y adjudica al clima y al suelo la mudanza de hierba en árbol, por el húmedo copioso en lugar más cálido
«fic tanti edam miraculi Theophraftum teftem inuenio. Id uerd etiam can thelqsafinis contingere author eft Xenophon» — y para un caso que él mismo llama de tanto milagro nombra dos testigos, uno para cada mitad: Teofrasto, y Jenofonte como autor de que también ocurra a los asnos de albarda
«Et cert^ ut colore prxfiat uero fangui* ni draconis, qui tefie Diofeoride ^ fyderite excipiebatur herba, ita ufu incognita propemodum» — y sobre la sangre de drago junta el aval antiguo y la ignorancia presente: aunque aventaje en color a la verdadera sangre, y Dioscórides testifique que se recogía de la hierba siderita, su uso está casi desconocido
«At qux in terra fulphurea ac bimminofa nafomtur, fi aerea ac ignea fubftantia fint, parumfp terrx ac aqux contineant» — y clasifica las plantas de suelo sulfuroso y bituminoso por su composición, si son de sustancia aérea e ígnea y contienen poca tierra y agua
«herbam efle qux guftata fdem effidat, qii6d G fenGm» — consigna la hierba que gustada produce sed, y la línea empieza a poner la proporción entre la dosis y el efecto
«Nam & in animabbus omnia duplicata,ut recfte Ariftoteks «bdt.uiden* ter, Brgo ciun infummo cacuminis loco folium cilct ncccirarium,gemi* fta uerd hidnde in nodis cuilibet plantae unica fpinam habend» — y para el orden de las hojas parte de una regla que adjudica a Aristóteles y declara recta: en los animales todo está duplicado, y de ahí saca que en la cima del tallo fuera necesaria una hoja
«quod ut dixi fre< quenter contingit in plantis,foiiorum numerum in omnibus cera» — y sostiene que el número de las hojas puede recogerse en todas las plantas con razón cierta, remitiendo a lo que ya dijo de que ocurre frecuentemente en ellas
«At ut dixi putredo uia eftadjga iMier lum nem cummanet,talia uerd nonardent, quia iam putredo cedat» — y aplica su doctrina de la putrefacción al arder: tales cosas no arden porque la putrefacción ya ha cedido
«Multa funt, qu* ad hxc pertinent,non tamen funt ex his, de quibus ut fermo fit completus nunc dicendum erit» — y se abstiene expresamente de agotar la materia: muchas cosas pertenecen a esto, pero no son de aquellas de las que ahora haya que hablar para que el discurso quede completo
«des toto anno uirides in eo feruantur , frutflus uerd& caro non pauds diebus abfcp putredine» — y compara la conservación de la nuez con la del fruto y la carne por el tiempo que aguantan sin pudrirse
«aridi, ut quafi nuperdecerpti e planta.fi perforato cortice in» — y da la receta para que los frutos secos queden como recién cortados de la planta: perforada la corteza, colgarlos en un saquillo, que la línea siguiente manda meter en un pozo
«Simili modo & in Fru(ffibus:atcp ut i difficiliori fumafh exemplum, omnu nialapunica quarip pro fuo genere et qux ex eadem arbore naftuntur, certum granorum numerum retinent,quxdam nongena» — y toma la granada como el ejemplo más difícil de su regla de los números: las de un mismo género y de un mismo árbol retienen número cierto de granos, y empieza a contarlos
«Fumiterrac fuccusumen uel fic ex amaro in acerbu tran* ffc& acidum,quoniam pars terrea quae caufa eff amaritudinis defeendes fuccum infipidum relinquit,hic cum ab aere uidatur,tranfit in acidum,ut .. onnnia dulcia& infipida» — y explica el paso del amargo al acerbo y al ácido por la parte terrea que se va: causa del amargor, al descender deja el jugo insípido, y éste, viciado por el aire, pasa a ácido
«folia.quodputridum quidcondneancac dccum celerrime ardent» — y explica por qué ciertas hojas arden rapidísimamente, y lo atribuye a lo que contienen y a lo seco
«tftus arefeunt feruanturcp ut iuglandes auellanx(^,alq feruantur nec» — y ordena los frutos por su modo de conservarse: unos se secan y se guardan, como nueces y avellanas, y otros se guardan sin secarse
«Sed ferp€ntibns frigida obifabat,ob id non niG in calidifTimis regio» — y explica por el frío la distribución de las serpientes, que solo se dan en las regiones calidísimas
«At qui nequeunt crefccre calore wxiliante,necefIario Gcdilraa funt natura,atcp obidper* nicioGlIimi» — y liga la sequedad extrema a la ponzoña: los que no pueden crecer con ayuda del calor son necesariamente sequísimos por naturaleza, y por eso perniciosísimos
«Sed nihil mirabilius eo aranei genere quod uocant Tarantulam,quj demorfos morte per Idhargum occupat» — y declara que nada hay más admirable que la araña llamada tarántula, que ocupa de muerte por letargo a los que muerde
«Nam& icorprj,& bulFones,& aranea;,& cancrorum genera quxdam in India ocddentali,& formicarum nonnullx quamuit pedes habeant,non tamen ucneno carent,ut necp uelpp, & alia multa» — y da la lista de los animales venenosos incluyendo los que lo parecen menos: escorpiones, sapos, arañas, ciertos cangrejos de la India occidental, algunas hormigas que, aunque tengan pies, no carecen de veneno, y avispas
«igitur non fecus ac mulieres fpecula uitiant dum menGbus detinetur, homines ac animalia uoce uel intuitu ferpentum afbd poHiint» — y consigna la doctrina de la fascinación equiparando dos casos: así como las mujeres vician los espejos mientras están con la regla, hombres y animales pueden ser afectados por la voz o la mirada de las serpientes
«bus quippe,qui calicem quali depiifium habent in ironte,ftercus opdm^ olet*nam odor ut dixi bonus a (iccitate prouenit,at ierpentes ut dixi na« tura iicca funt, ideo Nereus eorum optimi concoquitur» — aplica su regla del olor a un caso extremo, recordando de dónde sale la regla: el buen olor viene de la sequedad y las serpientes son de naturaleza seca, por eso su excremento huele óptimamente
«magis mirum cremaram fencfta dum Luna plena luminibus in prima fam Arieds parte fucrit,dnercm^ colledum G infpergatur capiti» — y da una receta astrológica marcándola con una fórmula que vale por todo su método —la línea anterior la califica de menos verdadera y más admirable—: quemada una comadreja estando la Luna llena en la primera parte de Aries, y esparcida en la cabeza la ceniza recogida
«Verum cum dc harum generatione Ariftoteles fatis dubitet • conftat tamen nec mei nec cera alio ex animali gigni potuiflc» — y contra la duda declarada de Aristóteles sobre la generación de las abejas sostiene lo que sí consta: ni la miel ni la cera pudieron engendrarse de otro animal
«Veru quamuis Procopiusnarret.monachosexurbe Indix SerindaW fiiniano Imperatori oua uermiculorum quorunda attuliflc, attrita poli Ariftotelcm annis fermd d cccxi,,dicatfj Virgilius» — y la introducción de la seda la fecha por la cadena de sus fuentes: aunque Procopio narre que unos monjes llevaron al emperador Justiniano huevos de ciertos gusanos desde la ciudad india de Serinda, unos ochocientos y pico de años después de Aristóteles
«Ariflotcli ut dixi cognitum, fed incerta nutriendi ratione ihter« mortua difdplina,Seu qudd Pamphyla docuerit ddata ex India fila, d£ iam uicfloria Alexandri Magni cognita,non tamen tranflans ucntiibus texere» — y explica por qué un saber se pierde aunque se conozca: era conocido de Aristóteles, pero por incierta la razón de criarlos la disciplina murió entre tanto
«Verum ut Cxfaris huius ac materni aui benefido totus orbis innotuit , patuit apertd praeter hoc faid genus nuUu aliud efle» — y adjudica al beneficio de la navegación de su siglo el saberse ya que no hay otro género de seda
«Sunt qui uc ds illas ad nos ferri fupra mare non fponte ob mulutudinem& regionis «kftandamexiibment» — y una explicación de la llegada de esas plagas la deja en boca de otros: hay quienes estiman que se nos traen por mar no de grado, por la multitud y por la región
«Docet nos animantium genus hocjiquorcm fieri polle qui reluceat i«ochris:fit autem puerefeentibus hi$,qux candorem,Iucem ac perfpi* cuitatemfummam habent:fieri polle non dubito» — y de los animales luminosos saca una posibilidad de arte que declara no dudar: que puede hacerse un licor que reluzca en la oscuridad, a partir de cosas que tienen sumas blancura, luz y transparencia
«Mirabilis ell & generatio Pyrauflx , ut lumen Cicendulx : nam» — declara admirable la generación de la pirausta, poniéndola junto a la luz de la luciérnaga
«Ex recrementis igitur, in imo ignis& niuium generantur, Vtf^ uermes funt calidifiimi& ob id frigoris untipatientes,iupyraufiafrigidi(fima» — y explica esos vivientes por su temperamento contrario al medio: los gusanos se generan en lo hondo del fuego y de las nieves, y son calidísimos y por eso muy poco pacientes del frío, y la pirausta frigidísima
«Aduerfus humanum genus contraria radone Locufbeparatae uiden« LonfU o-n tur,non paflim abundanc» — y adjudica a la langosta un papel contrario al género humano, acotando su distribución: no abunda por todas partes
«Eadem ratione Ciccndulx,quas Italia mittitjmufcanim magnitudine exiliores tanto quanto longiores,xihuis noAibus uolantes ac micantes, pedes habentes (enos, alas duriores mufds, ^crabronumenimgenerc funt,uifcera candidiHima,cxteriore cute polita,adeo^p dum uiuit» — describe las luciérnagas que Italia da, con su anatomía y su vuelo en las noches de estío
«Robuila promufd’ de.ut natura Elephantem medicari dum hoc generat animal uideatur terebrat non humanam tantum camem,fed& equorum pellem hauriens fanguinem acri dolore» — y le adjudica a la naturaleza una intención médica al generar ese animal, que taladra no solo la carne humana sino la piel de los caballos sacando sangre con agudo dolor
«dcnte,ut in tenebris literas nonnunquam uelut candela ardente adiutus legerem» — y de esas luciérnagas da un testimonio propio que es el que fija el grado de la noticia: que en las tinieblas leía a veces letras ayudado de ellas como con una vela encendida
«Vulpis magnitudo,aliquanto longius,ore& ridu leporino, cum pilis longis,duobus^ dentibus pit%longis:fiquidem digiti humani» — describe un animal por comparación con el zorro y por sus dientes: con hocico y boca de liebre, pelos largos y dos dientes muy largos
«Ergo nunc Britannia inclyta ucllere ell.Nec mirum,cum nullum animal BrimnU uenenatum mittat,imd nec infertum prxter uulpem olim & lupum» — y explica la fama lanera de Britania por lo que allí no hay: ningún animal venenoso, y ni siquiera introducido salvo antaño el zorro y el lobo
«nue uerd exterminatis edam lupis» — y añade el estado presente de esa isla, con los lobos ya exterminados
«QuiddemumC nonne illudutadouiumhiftoriamrcdeam,mirabilius e* ucnicobregiones,quod in calidis regionibus uerueeum caudxquatuor» — y adjudica a la región la anomalía de los carneros de cuatro colas en las tierras cálidas
«Sed illud edam dignum admiradone, qudd ueruedbus quibulHam ^Mor cornt cornua.quorumCaliquos mihi uidere condngit» — y a los carneros de cuatro cuernos les añade el aval de su propia vista, que es lo que separa este caso del anterior: me tocó ver algunos
«pora gelladoms uteri conuenerint mifceri poiTunt,utin arboribus diAu ell,& dbus communis exdterit» — y da las condiciones bajo las cuales dos especies pueden mezclarse: que coincidan los tiempos de la gestación del útero y que el alimento sea común
«Hic uocem pugnantium retrahentium^ intelligebat,doAus& digito uel nomine demonftratos aggredi,laceme,trahere» — y describe lo que un perro adiestrado entendía, con la lista de lo que hacía: la voz de los que peleaban y de los que le retiraban, y enseñado, atacaba, desgarraba y arrastraba a los que se le señalaban con el dedo o por el nombre
«Sed ut reuertar ad canes,nuilum animal eft tam docile» — y pone al perro por encima de todos en lo que a él le interesa: ningún animal es tan dócil
«Commune omnibus canibus eft domu tueri oblatrare adiicnis.&perfcqui pauperes» — y da lo común a todos los perros por su conducta, con una nota social: guardar la casa, ladrar a los extraños y perseguir a los pobres
«In omnibus fame opus eft magiftra iuxta Perfianum illud» — y adjudica a Persio la sentencia de que en todo hace falta el hambre por maestra
«Semcftri fpado temporis fic canem erudiui:ut nec puer dodiior uiden' pofIet» — y el adiestramiento lo declara obra suya con el plazo puesto: en espacio de seis meses instruyó a un perro de modo que ni un niño podría parecer más enseñado
«Certa non eft ca num magnitudo,nec ingcnium.nec color unus,nec uox» — y niega que en los perros haya magnitud, ingenio, color o voz ciertos
«Alij boues fer* xquant magm'tudine,alij muribus non funt maiores,muti alij» — y da el rango entero de la especie por sus extremos: unos igualan en tamaño a los bueyes y otros no son mayores que ratones
«Robur ci parti incredibilc,facile enim arbores proftemit uno itflu quasuiginti homines G proftemere aggrediantur firuftratentauerint» — y mide la fuerza de la trompa del elefante por lo que veinte hombres no logran: derriba árboles de un golpe que veinte hombres intentarían derribar en vano
«FoeminxrobuGiores,iracundx magis ac crudeles, fed tamen mafculit minores funt» — y compara los sexos del elefante con la reserva final: las hembras más robustas, más iracundas y crueles, pero menores que los machos
«Solet promufeidi enGs duorum cubitorum ualidusalligari,quo& mortales& equos proflernunt» — y describe el uso bélico: suele atarse a la trompa una espada fuerte de dos codos, con la que derriban hombres y caballos
«Iracundum gcnuit,quiafordnimum,atc^ob naturam tam caliVlatu alternis diebus laborat morbo,quibus iacet profiratus & rugit,non to* tis diebus/ed fiatis horis» — y explica el carácter iracundo por el temperamento cálido, con un dato de conducta acotado en el tiempo: en días alternos padece de un mal en que yace postrado y ruge, no días enteros sino a horas fijas
«Zibethbna igitur finxit feli perfimilenx. fed maiortm, animal quod Hiipania miuic,dentibus armatum& ferum uaIde,quod nulla temporis longitudine mitefcat,piIo afperiore,ore oblongo,ut taxo animalirin hu ius tam maioili quim fccminx genitalibus folliculum genuit» — describe la civeta por comparación con el gato y por lo que la vuelve mercancía: mayor, armada de dientes y muy fiera, que ninguna longitud de tiempo amansa, y con un folículo en los genitales tanto del macho como de la hembra
«Quam eandem regulam in Mofcho etiam obfernauit: hoc mortuum untum ui» — y extiende la misma regla al almizcle, con la condición que la limita
«Sed Perfxobauaridam nullum fyncerumcaftoreum ad nos tte nire finunt» — y adjudica a la avaricia de los persas que no llegue a Europa ningún castóreo puro
«Fera omnia animalia cicurantur, fi ftatim ubi nata funtla(fle humano wriowntln laftcnturi mulierc.aut quod fitcilius eft canino» — y da la regla de la domesticación con la variante práctica: todos los animales fieros se amansan si en naciendo se les amamanta con leche humana, o lo que es más fácil, de perra
«Si formx rarx Ctrcopithecus,magnitudinc hominis.forma homi nis,cruhbus fiquidem.uirili membro, rade dicas hominem agrefiem, quia totus eft pilo obfitus: nullum animal perfeuerat plus ftando illo, homine folo excepto» — y describe el cercopiteco en términos que rozan lo humano y luego lo acotan: de la magnitud y la forma de un hombre, con piernas y miembro viril, de modo que dirías que es un hombre agreste, porque está todo cubierto de pelo; ningún animal persevera más de pie que él, excepto solo el hombre
«Sed ad alia tranfeamus,^ quibus eft canis leuis;animal hoc India oc ddentalis foliim mittit,magnitudineleporis,fed fermderaiTum utlongu, aded pinguefcit,crura tenuifiima habet, ut dum ambulatprx pondere uentrem trahat fuperhumum,necji enim grauiilimum corpus ab imbe# cilifTimis cruribus poteftfuftincri» — y describe el perezoso de la India occidental por la desproporción que lo define: tan gordo que al andar arrastra el vientre por el suelo, porque las piernas tenuísimas no pueden sostener un cuerpo pesadísimo
«pe pafilbus quinquaginta in fingiilos dies,audet tamen arbores afeende re.oculi$ et ore paruis,ob idfn haud mordicustfade rotunda ut bubonis, collo tereri undequacjjtquod uelut attonitum mouet in partes diuerfi» — y mide su lentitud en pasos por día antes de decir lo que aun así hace: cincuenta pasos cada día, y con todo se atreve a subir a los árboles
«Hxc omnia quamuis mirabi* lia non tamen i natura prorfus abfonauidentur» — y aquí pone el límite de lo prodigioso, que es la línea de la que depende todo su tratamiento: todas estas cosas, por admirables que sean, no parecen del todo disonantes de la naturaleza
«At quddaererore^ue id uideatur, quode^ node tota ferm^canat,fenis uodbus perpetuo» — y lo que sí llama milagro es el canto de ese animal: canta casi toda la noche con seis voces que descienden continuamente
«ergo natura glaucum oculum ac fulgentem dedit,ut noAe uidere poflet» — y adjudica a la naturaleza un fin al dar cierto ojo glauco y fulgente: para que pudiera ver de noche
«homini rado lumina monilrauit:ob id neglexit natura tanta uidendi curam» — y explica por qué el hombre ve peor de noche con un argumento de suplencia: la razón le mostró las luces, y por eso la naturaleza descuidó en él tanto cuidado de ver
«Sed ut ad feles reuertanuaria funt illius genera, aut quia (imilitudine omnia ferm^ animalia fxua d limilia funt,pantheraejyncei,pardi,& for« (an edam tigrides» — y agrupa panteras, linces, leopardos y acaso los tigres bajo el género del gato, declarando la razón: casi todos los animales fieros son semejantes por su semejanza
«Commune enim elf unguium magnitudo,& robur pellis didiii(fla,uer(icolor,ac pulchra,caput rotundum,facies breuis,cau da prolixa,agilitas corporis,(critas,& dbus,qui uenadone acquiritur» — y da la lista de lo común a ese género: magnitud y fuerza de las uñas, piel distinta y versicolor, cabeza redonda, cara breve, cola larga, agilidad, fiereza, y alimento adquirido por caza
«Crocodili ouis pluribus edids. Si Crocodilei lacerti muldplicareiv cncodUi. tur nimis:red non nili iuxta aquas uiuerc queunt, amphibia enim funt» — y acota la multiplicación del cocodrilo por su condición anfibia: no pueden vivir sino junto a las aguas
«Orcas uidetur,quae quaG uelitat fupra xquora alis duabus ingentibus» — y describe la orca por su modo de moverse, como si volara sobre las aguas con dos alas enormes
«Tartaruca, cuius co« rium uidiiTe fe refert Ludouiais Vertomanus centrum ac tres libras pondere aequans» — y para el cuero de la tortuga da su testigo con nombre: Ludovico de Varthema refiere haberlo visto
«Sturio,hunc quidam Hlurum dixerunt, os enim nullum habet, fed rotundum e.xiguum^ foramen, quo hudum fugit ,& tamen creidt ad bouis magnitudinem iunioris:nam qui centum & oduaginta libras excelTerint uidi,carne ell fuauiHima,caret» — y describe el esturión por lo que le falta y por lo que alcanza, con su propio testimonio de tamaño: no tiene boca sino un pequeño agujero redondo con el que chupa, y crece hasta la magnitud de un buey joven; vio los que pasaban de ciento ochenta libras
«Erudiri etiam dicunt,& difdpiin; efle capacem,agnoicerec^ familiares,& populum mugitu Romanum ac gedu quandocpfalutafre,utuideatur natura non fecus ac fortuna alijs omnia nega(Te,aIi7s conceflifle» — recoge en boca de otros que ese animal se instruye y saluda al pueblo romano con el mugido y el gesto, y de ahí saca una sentencia sobre el reparto: parece que la naturaleza, no de otro modo que la fortuna, a unos se lo negó todo y a otros se lo concedió
«nec Plinio credebatur.pilum eius in corio cinguli aut alterius omai> mend attolli crefeente mari,remitd decrefcentc.Nunc cum innotuerit in Indo mari,uocant» — y consigna que a Plinio no se le creía en lo del pelo que se alza al crecer el mar y baja al menguar, hasta que la cosa se supo en el mar de Indias: la rehabilitación de la autoridad va por la noticia nueva y no por la autoridad
«Neroni condgit,nec tamen exidimes non in multos Neronem fuille be* nedeum; itai^ pifces ob ingenii ruditate& incommodam tratdadonem uix manfuefeunt &parum» — y explica por qué los peces apenas se amansan: por la rudeza de su ingenio y por lo incómodo de tratarlos
«Pifces edam uolantes ibi nafcuntur,quo8 ego uidi: parui funt & alati» — y de los peces voladores da el aval que separa esta noticia de las demás: los vi yo, son pequeños y alados
«Verum hoc fignum ad regiones referri debet,non ad il ; ximm argu^ larum partes,efie enim potefi ut in ualle etiam abundentaues,& tamen ibi grauis erit aer,camporum& collium comparatione» — y acota el alcance de su propio indicio, que es lo que lo hace utilizable: ha de referirse a las regiones y no a sus partes, pues puede haber abundancia de aves en un valle y ser allí el aire pesado en comparación con campos y colinas
«Gregadmeunt,& cum oratis inimicitia intercedit, multi iuxta Bermu« dam feu Garzam infulam inueniuntur» — y localiza esas aves gregarias, enemistadas con otras, junto a la isla de Bermuda o Garza
«Verum uolantium apud nos maxima& quam cunftac timent,elf quila omiiibus nota, generoliffima,anfere edam multo cftmaior,tame maxime alis& cauda potius quam corpore iplbac pondere» — y describe el águila corrigiendo dónde está su grandeza: es mayor que el ganso, pero sobre todo por las alas y la cola antes que por el cuerpo y el peso
«Vnde alas ingentes auibus efle necelle efi,uelut 8C Oloribus,qui fola fw magnitudine ab anferedifiinguuntur,quamuis candidi tod fint,& «ter omnes aues fuauillime occinacuox tame,ut fapius audies cofidera ui,anferina efi» — y sobre el canto del cisne pone su propia escucha contra la fama: aunque sean todos blancos y entre todas las aves cante suavísimamente, la voz, como muchas veces ha oído y considerado, es de ganso
«iorat,in morte ucro dulce canit» — y consigna del cisne, al que la línea anterior dice que despedaza y devora a los suyos, la fama contraria: en la muerte canta dulcemente
«auium minima eft Regulus, qui per dumeta uolitat, paflmulo dimidio rtfftrwifctt minor» — y da la menor de las aves de su tierra con su medida: el reyezuelo, que vuela por los zarzales, menor que un gorrión en la mitad
«ob celeritate tu ob paruitate crabrone uolantc aut uefpa iare exiftimety pmis aureis uiridibusep alijsi^ ueriicoloribp omac,magninido ape paa' Io maior,ro ftro uelut acus eft tenuifIima,totp cu nido grana thdd xxiiti' uix pondere acquat» — y describe el colibrí por su vuelo y por su peso, midiéndolo en granos: quien lo viera volar lo tendría por avispón o avispa por la celeridad y la pequeñez, y él con su nido apenas iguala el peso de veinticuatro granos
«Sed Picuto ro^ ^ flrum maius efi toto corpotc,corpus autem coturnice paulo maius, ro* iirum iginu* longius,latum ubi capiti iungitur tribus digids,aduncum, quo terebratarbores» — y describe el pico por la desproporción del pico con el cuerpo y por lo que hace con él: taladra los árboles
«dum pedes intuecur,deformitacem eorum arpematur,caudain% in ro< tam erigit,exponit(:{i Soli ut pulchrior uideatur,gaudct^ hominumad miratione qui illam intuentur,ob id ufc^ ad lailicudinem eam continet» — y explica la rueda del pavo real por un móvil que le adjudica al animal: desprecia la deformidad de sus pies, alza la cola en rueda y la expone al Sol para parecer más hermoso, y goza con la admiración de los hombres que lo miran
«at contra gallinx quas egouidi Indicae noUris pulchriores funt,pcnm's^ pauonis decorantur,icd cauda ampla carent.quam nec in orbem crigunt:igiturnonicoloribus fedope rationibus ipfis fpecies animalium funt diiiinguendx» — y de ahí saca un criterio taxonómico, apoyado en lo que él mismo vio: las gallinas de Indias son más hermosas que las nuestras y se adornan con plumas de pavo, pero carecen de cola ancha y no la alzan en rueda; luego las especies han de distinguirse no por los colores sino por las operaciones mismas
«At Gallus norter exertam femper habet crifiam attp rubentc.nili ma< le ualeat,&fi rarum efict hocam'mal,non folum forma fed cantu admira* tione dignillimum cilet» — y sobre el gallo hace una observación que vale por una regla de la admiración: si fuera animal raro, sería dignísimo de admiración no solo por la forma sino por el canto
«Quodetiam profuitad pennarum generationem,& totius corporis le» — y liga la falta de dientes a la generación de las plumas y a la ligereza de todo el cuerpo, que es su modo de explicar el diseño del ave
«Sed dentium detrimento fubriituit alterum uentriculum,ut dura in illo fenGm concoquercntur» — y adjudica a la naturaleza una compensación deliberada: en lugar de los dientes puso otro ventrículo para que allí se cociesen poco a poco las cosas duras
«Sed auibus reliidis ad animal quod fub terra habitat tranfeatnus,alte rius generis.quod Talpam uocant» — y anuncia el paso al topo declarándolo de otro género, con lo que la clasificación va por el modo de vida y no por la figura
«Sed haec &fanguine carent proprii,& animal non parium fui gcneris,fed oua aut nihil» — y define a esos vivientes por dos carencias: carecen de sangre propia y no engendran animal de su género, sino huevos o nada
«Atcphxc de animalibus portentofioribusdiAafuffidant.Nuncillud fdendum.qudd lingulis animalibus pulfus Sc refpirationes differentes^'^ ac proprix funttuelut canibus &C capris,quos feu quas humanis nequa* quam limiles» — y cierra el tratado de los animales más portentosos declarando basta, para pasar a lo que hay que saber: que a cada animal le son propios y diferentes el pulso y las respiraciones, y que los de perros y cabras no son en modo alguno semejantes a los humanos
«Sedethancpulfus rationem Li.s.JepUc: membra quxdam retinent, quamuis rcludiante Ariftote» — y sostiene esa razón del pulso declarando expresamente contra quiénes: aunque se resistan Aristóteles y Galeno
«Pulchref^ me hercl^ Epicurus, dicens naturam omnia fecifie quaepotuit,fednianfilIe tantum qux uim aliquam excel* lentem habuerunt,qua ie tuerentur» — y elogia a Epicuro por su nombre antes de objetarlo, resumiendo su tesis: la naturaleza hizo todo lo que pudo, pero solo quedaron las cosas que tuvieron alguna fuerza excelente con que defenderse
«Sed duobus modis peccat Epicurusqmmd qtiia adhuc manet dubitadd cum ali® animalium formx creari potuiflent qu* manfifi«it,uelut lupi cum comibus,& canes unguibus acuds» — y le objeta en dos puntos con un contraejemplo concreto: aún queda la duda, puesto que pudieron crearse otras formas de animales que habrían permanecido, como lobos con cuernos y perros con uñas agudas
«Sednoneft Gc,unumquod(p enim-propter ie creatum cG, ncc coturnix ob aedpitrem minus quim animalia, propter, hominemfa^ dta funt» — y opone a la explicación por la utilidad ajena su propio principio: cada cosa fue creada por sí misma, y la codorniz no fue hecha por el gavilán como tampoco los animales por el hombre
«Nec tamen pro« * pter hos illosbe,fed perfetfiiilimos ac totam fpedtm humani generis,quf omnia illi concciTa bona condnet,homo creatus eft» — y con todo reserva al hombre un lugar aparte, definido por lo que reúne: perfectísimo y con toda la especie del género humano, que contiene todos los bienes concedidos
«Omnia igitur anima quadam muniuit,& qua meliore potuituiuenda fendenda'c^,demum edam intelligenda creando» — y ordena los grados del alma por lo que cada uno puede: vivir, sentir y por fin entender
«Verum fuprema uidetur mihi tanti opiGds fapieda in duo« bus,ut nihil inudle rdinqueretur» — y declara como parecer propio dónde ve la suma sabiduría del artífice: en que nada quedara inútil
«Apparebat autem necefliuium fore illi teru omnium cognidonem:quamobrem fenfus memorix ac prudendx» — y deriva los sentidos, la memoria y la prudencia de una necesidad puesta antes: que era necesario que aquél tuviera conocimiento de todas las cosas
«Quis non uidethxc ferm^ duobus modis repugnare C^ tamen omnia pr^Rabat» — y admite la repugnancia entre sus propios requisitos antes de resolverla, que es la forma en que aquí razona: quién no ve que estas cosas repugnan casi de dos modos
«Qux res cui tandem ufiii mufcaCutdeunouiliinmoatcp infolendiIi>i mo dicam animali» — y toma la mosca como el caso más bajo con que probar su principio, llamándola el más vil e insolente de los animales
«Homo utr6 ipfe propter quatuor facftus efi:primu ut diuina cogno* faOm fceretriecundum ut illis monalia medius exifiens conneefieret» — declara para cuántos fines fue hecho el hombre y da los dos primeros: para conocer las cosas divinas, y para, estando en medio, enlazar con ellas las mortales
«figna ac prodigia in horum interitu ac ortu Heri confueucrunt» — y es aquí donde el libro consigna la doctrina de los prodigios, y los liga a provincias, reinos y ciudades y no a personas: en la destrucción y el nacimiento de éstos suelen hacerse signos y prodigios
«Sed quoniam nuditas obnoxia erat periculis& minus Hrma,tribus illum armauit prxHdq» — y explica la desnudez del hombre por compensación y no por defecto: como la desnudez estaba expuesta a peligros y era menos firme, lo armó con tres defensas
«ceHariorum:rermoneadauxilium:manibus ad perfeAionem omnium ioiu frtticoru quxuel ingenio excogiu(Tet,uel Termone ab alrjs dididilet» — y nombra esas tres defensas por su oficio: el ingenio para inventar lo necesario, el habla para el auxilio, y las manos para perfeccionar todo lo que el ingenio hallara o el habla aprendiera de otros
«Net^ enim aliud animal uere loquitur, cum non ex mente proHd(caturuer« bum.necmanus habet,fed manibus aliquid» — y niega a los demás animales las dos cosas con su razón dentro: ningún otro animal habla verdaderamente, porque su palabra no procede de la mente, ni tiene manos, sino algo semejante a manos
«itac^ necelTaria primd inuenitradone,aedes,ueHes,arma,dbos:poH terram ac maria metiri» — y ordena la historia de las artes por necesidad decreciente: primero casas, vestidos, armas y alimentos, y después medir la tierra y los mares
«nec his contentus,planirphaeri)s,rcioterids, armillisi^p amplilTimam coeli molem.ac uix mente conceptam,euocauit in terram.in angulfum'c^ redi gcns,fub fenfu ac oculis pofuit» — y describe la astronomía como una operación de traer y reducir: con planisferios, relojes y armillas llamó a la tierra la vastísima mole del cielo, apenas concebida por la mente, y reduciéndola a lo estrecho la puso bajo el sentido y los ojos
«lnde naturalem philofophiam conmtuit reliquasl:^ fdentiastdemum ad leges.quibus cum pace uiuere multitudo pollet,animum applicuit» — y cierra la serie con el orden de las disciplinas: de ahí constituyó la filosofía natural y las demás ciencias, y por fin aplicó el ánimo a las leyes con que la multitud puede vivir en paz
«dam non minus quim belluae ab illis,lege, lingua , prouinctjs, moribus» — y da las cuatro causas de la discordia entre los hombres, con una comparación que es suya: no menos que las bestias respecto de ellos, disienten por ley, lengua, provincias y costumbres
«Neq^enim pluris eftapudMaumethi cultores Clmlbanus.necpapud u *]/«*«*• trofcB ludanis, impro^ ac uilillimo cane,irridemr,urget,uapuIat,rpolia tur,deni(p ocdditur» — y describe con crudeza lo que unos creyentes valen para otros y qué se hace con ellos: ni el cristiano vale más entre los seguidores de Mahoma, ni entre aquéllos el judío, que un perro vilísimo, y es escarnecido, acosado, golpeado, despojado y por fin muerto
«Si enim,inquit,plures dtj fuerint, inuicem infelb' erunt,nS regniproprium quoddam eft,utd pluribus abfcp annuladone admini» — y un argumento contra la pluralidad de dioses lo marca como dicho por otro con un inquit: si hubiera varios dioses, se serían mutuamente hostiles, porque es propio del reino no ser administrado por muchos sin anulación
«Alterum fundamentum eG& ab ipfo Maumethe, qudd ChriGicolse imagines ueneretur:uideanuu-ip deorum non Dei unius cultores» — y el segundo fundamento se lo adjudica expresamente a Mahoma: que los cristianos veneran imágenes, y sean vistos como cultores de dioses y no del Dios único
«Vulgati cft miraculum illud Mirathbegi.quem Amurathem uocant lanm',Prind pis Turearum,quo ex maximo& bellicofiilimo rege fiufhis eif facerdoa xcnobiocp fe fponte dauiit» — y un milagro lo consigna como divulgado, con nombre doble del personaje y su desenlace: el de Mirathbeg, a quien llaman Amurates, príncipe de los turcos, que de rey grandísimo y belicosísimo se hizo sacerdote y se encerró de grado en un cenobio
«Verum res ad arma tradu(!la efi, qwi« bus picruncp maior pars uindt meliorem» — y cierra la disputa religiosa con una observación amarga sobre cómo se decide: llevada la cosa a las armas, casi siempre vence la parte mayor a la mejor
«illud duru quexi Tmetrd per-Haitono refertur, ede in regno Goigianorum prouindam Hantem uocatam,ambitus drdter paiTuum centies milletquam fe uidiile aiErmat tenebrofamadmodum ut noedis indar,atcpea de cauta neminem audere ingredi,exaudiri tamen gallorum cantus,hinnitus equorum,& hominu damores» — y una maravilla geográfica la trae con su autor, su medida y su límite de crédito: refiere Hetum que en el reino de los georgianos hay una provincia llamada Hanten, de unas cien mil pasos de ámbito, que afirma haber visto tan tenebrosa como si fuera de noche, por lo cual nadie se atreve a entrar, y que con todo se oyen cantos de gallos, relinchos de caballos y clamores de hombres
«Potita dd haec regio in terria Alix tabula inter Antitaurum & Mofchicum montes,non procul ab urbe» — y a esa provincia le da coordenadas de mapa en vez de dejarla en fábula: en la tercera tabla de Asia, entre los montes Antitauro y Mósquico
«Solus homo ab homine non plus intell^tur quim i leone hirundo» — y hace de la lengua la tercera causa de la diferencia entre hombres, con una comparación que la agrava: solo el hombre no es entendido por el hombre más que la golondrina por el león
«lantji l^gua intra dentes,i lingua exerta,tum hacc duplex, ut in labijst & in palatoti gutture,& d peAorc» — y ordena las lenguas por el órgano que las forma —seis géneros simples, dice la línea anterior—: con la lengua entre los dientes, con la lengua sacada, de labios, de paladar, de garganta y de pecho
«num tamen fat eft Gabbarar magnitudinem fuifle mirabilem,cum ho nio magnus a-ium brachiorum longitudinem non expleat» — da la magnitud del gigante Gábbaras por comparación con lo que un hombre grande no alcanza: la longitud de sus brazos
«Sed 8C qui cum infente uerfantur plurimum faciunt admorum infti c^it infimk tutioncm,& ad oculorum fitum» — y adjudica a quienes tratan al niño mucho en la institución de las costumbres y hasta en la postura de los ojos, con lo que la crianza entra como causa física
«dico autem necefliuia omnia qux illi uelis indui* gete» — y precisa qué entiende por lo necesario que hay que concederle, para no dejar la regla en general
«Super omnia ne fur fit cauen: debes, hoc autem hac, arte paratur,mitte in loca diucrfa» — y da la precaución primera sobre el criado con la prueba que propone: que no sea ladrón, y para eso mandarlo a lugares diversos antes de encargarle el oficio de comprar
«Sunt& alia udlio ta& modico indigenda dilpendio,(ed tamen non aded facilia pauperri» — y advierte que otras cosas útiles piden poco gasto, y aun así no son tan fáciles para los pobrísimos
«Sed hoc Ipadum xqude cfiinteiiddo oculorum, ut trifariam diuifum fit,quod cA ab hyrco ad hyrcumdolicct duobus ociv lis& medio ipacio intercepto» — y da la proporción del rostro por partes iguales: el espacio de sien a sien dividido en tres, los dos ojos y el intervalo de en medio
«Nam i capillorum radice ad uerdeem quantum eA nafi longitudo» — y otra medida del mismo canon: de la raíz del cabello a la coronilla hay lo que la longitud de la nariz
«Nam hoc Ipadum xquale cA cum oris ambim» — y una tercera, que iguala ese espacio con el contorno de la boca
«apud Vitruuiumcumconibirenon poiHc nw vitriaiiUm do,ut differentia otflaux& dedmx partis addita fextx,implcat panem» — y hace notar que en Vitruvio ese canon no puede sostenerse, señalando dónde falla la cuenta de las partes
«autemmanibus aldtudo todus corporis ad un finem impletur» — y cierra el canon con la medida que sí le sirve: con los brazos se completa la altura de todo el cuerpo
«ac uibrantes, quales& Alexandro magno fuere,ut refert Adamandus Sophifia» — y un rasgo de la fisonomía de Alejandro Magno lo trae con su autor, Adamancio el sofista
«quam nobilem,qua quidamu%ad annum centeCmum peruenerun^Q modo quam icribit illa eft» — y una receta de longevidad, que la línea anterior adjudica a la corte de Federico III, la consigna con su efecto declarado: por ella algunos llegaron al año centésimo, del modo que ella misma escribe
«Delphinus uocem on-Mter tiu emittit,qu]a aerem refpirat,pirces qui aere non utuntur muti» — y explica por la respiración quién tiene voz: el delfín emite voz porque respira aire, y los peces que no usan aire son mudos
«Sed ut adrefpiradonis commoda raiertar; rcTpirant animalia omnia manifcftd ud occulti» — y generaliza la respiración a todos los vivientes con la distinción que salva los casos difíciles: respiran manifiesta u ocultamente
«VndeVirgilius: •Nn^ enm plusfcptmd ducitur eflas» — y apoya en un verso de Virgilio, citado por su nombre, la cuenta del tiempo que trae
«AlphonG quo<% Auaii quanquam medicamentis plurimis tum fale ac fabulo Gccatum wet cada uer,pinguedo tranfmeans plumbu in fubiecflas e loculo petras deddens eas fcedauit» — y un caso de embalsamamiento fallido lo cuenta con el personaje y el resultado: al cadáver de Alfonso, secado con muchos medicamentos, sal y arena, la grasa le atravesó el plomo y manchó las piedras de debajo del féretro
«Maxime igiturpara« mortiUmdo- jyj ueneri inter omnia animanda terrena homo cft,quia calidiffimuseG» — y adjudica al hombre el primer lugar entre los animales terrestres en cuanto a Venus, con la causa: porque es calidísimo
«Sed & ob calorem& humorem grauc futuru erathumanum corpus, &ob id carere alis neceflcfiiit.cum uolarenonpotuiG*et,quatuor igitur (f^houunut pedibus erat opus,red pronus iliilletcapite, ut igitur geminis tantum xinoi {wiMt flaret pedibus 8c ereftus& Gne auxiGo,maximis ac longiflimis pedibus opus fuit.Ideo^ nullum animal maiores homine pedes habet» — y deriva la forma del hombre de una cadena de necesidades: por calor y humor el cuerpo iba a ser pesado, por eso hubo de carecer de alas, y para estar erguido en solos dos pies y sin ayuda hicieron falta pies grandísimos, y por eso ningún animal los tiene mayores que el hombre
«Sed ut adhominis reuertar compoGtionetos capitis i pluribus fhiflis otetpitk fUr • conflare neceiTefuit.utturius elTet,nampartcfraAanoneft necefle tota t uidari,ut ucnx arterixl^ ingredi commodius poiTcnt.egredicp excreme^’ ta fuliginofa» — y explica por qué el cráneo consta de muchas piezas dando dos razones distintas: para que fuera más seguro, porque rota una parte no es necesario dañar el todo, y para que venas y arterias entren mejor y salgan los excrementos fuliginosos
«Sed & teflium auuIGo,pncter id qudd uenerem aufert.caluirium prohibet,et barba nafd.contrarios ferm^ alFeifhis producendottuetur & hominem» — y consigna los efectos de la castración con su paradoja declarada: además de quitar la venus, impide la calvicie y que nazca la barba, produciendo efectos casi contrarios
«Si autem caluitium aut cafus capGlorum pilorumiie alia rado ne condngatjoleum tartari opdme! mcdetur,& cadentes reflttuic,& qui non nad lunt nafd fadt» — y da el remedio con las dos cosas que le atribuye: el aceite de tártaro cura óptimamente, restituye los que caen y hace nacer los que no nacieron
«Sed cum multa tenuitatis experimenta in homine natura odenderic nihil tamen ad eam fubrilitatis rationem quar in fede uidetur accedit» — y compara los experimentos de tenuidad del cuerpo humano con lo que ve en un solo lugar, declarando que ninguno se le acerca
«iniirtpiubdtaliafontlndis Hifpaniolac, ut Gonzalus Fernandus Ouiedus reficrt, Um imifUmd a«p adcd dura,ut conienfu inter Hifpanos conuencrit, non cfle (bienda» — y una noticia de las Indias la trae con su autor español, Gonzalo Fernández de Oviedo, hasta el acuerdo que refiere entre los españoles
«Jofum ede reor,quod Herodotus faipcum reliquir,^thtopum calua« rias eradas ede» — y de un dato de Heródoto sobre los cráneos de los etíopes declara su propio juicio, que es de crédito y no de repetición
«mirum eft.quonam patSo Galenus dicere aufus fit,lpiritus tenuiores eli leuaporibus,culibereuaporesextraferani:',intusmanetibusfpiritibus» — y le objeta a Galeno por su nombre una afirmación que juzga admirable de sostener: que los espíritus sean más tenues que los vapores, cuando los vapores se llevan fuera quedando dentro los espíritus
«Sed ut paucitas fanguinis non redd uires & corpus alit,ita muki tudo edam eft oncrofa,tum per fe,tum qudd indicet corpus non autriri» — y pone el exceso y el defecto de sangre bajo la misma censura: como la poca no da fuerzas ni alimenta, así la mucha es también gravosa, de suyo y porque indica que el cuerpo no se nutre
«Dubitabit autem aliquis,cur denfiora tenuioracfed rado haud oblot* ra efi:tenuia probe cohp'ent,nec rimas aut filhilas adraittunt» — y responde a la duda de por qué lo más denso sea más tenue: lo tenue se cohesiona bien y no admite grietas ni fístulas
«Quippe mollitiemeffugere nonUcebat homini» — y adjudica al hombre una condición inevitable, de la que hace depender lo demás: no le era dado escapar de la blandura
«Britannia humidum habet aerem,atcp tepidum ac putredini obfalfedinem minime obnoxium» — y caracteriza el aire de Britania por tres notas, con la razón de la tercera: húmedo, tibio y poco sujeto a la putrefacción por su salobridad
«Nec tnirum cum Ariftoteles narret Syracufis fub terra foueri,in iEgypto ue* rd nullo auxilioprorfus» — y una diferencia entre lugares la trae con su autoridad nombrada: narra Aristóteles que en Siracusa se abriga bajo tierra y en Egipto no hace falta auxilio ninguno
«Quippe animalium corpora antequam perfici* por* pomui* anturpotentia funt adanimam» — y sitúa el alma respecto del cuerpo en términos de acto y potencia: los cuerpos de los animales, antes de perfeccionarse, están en potencia para el alma
«Sed rard ed abfc^ incora* modo magno perucnire conringittreferunt tamen Mofen ad» — y la longevidad extrema la acota antes de dar el caso: raras veces se llega a ella sin gran incomodidad, y de Moisés lo que hay es lo que refieren
«Diximus de potuum uarietate,pudeat niG de panibus etiam dicamus omitto quddpaucx gentes pane ex pifeibus Gccatis & mola triris,inde fubadis aqua ut mos efi utantur» — y al pasar de las bebidas al pan consigna un uso ajeno sin juzgarlo: pocas gentes usan pan de peces secados, molidos y amasados con agua, según su costumbre
«Ergo formx& naturx humanp& linis caufam reddidimus.Superefl ut de his qui ab ea delidunt contempIemur» — y anuncia el paso a la teratología declarando el criterio con que la ordena: dada la causa de la forma y la naturaleza humanas, queda contemplar a los que se apartan de ella
«Sed dices,cur6 communia Aint generalia hominum infiituta^guae cmiiot' fi tamc diuerfx funt,& uaria loquenm generafld contingit ex locorum na iM^nornm^r* tura,cum Itali uix pe(!k>re uocem poUint edere, Hebrxi bidllim^, nec nifi fmni cu quothun fonitu loqui poflunt,inde tranflatae uoces cu noa propiam afiequuntur pronundadonem degenerant» — y explica la diversidad de las lenguas por la anatomía y el lugar: los italianos apenas pueden emitir la voz desde el pecho y los hebreos hablan con cierto sonido de garganta, y las voces trasladadas, al no alcanzar su pronunciación propia, degeneran
«Sed ct uulgus dum fine cura prolm illas uidat& adulterat,unde linguarum uarieus j plebe femper dudt originem, uincente multitudine» — y adjudica el origen de la variedad de las lenguas al vulgo y no a los doctos: al pronunciarlas sin cuidado las vicia y adultera, y siempre saca origen de la plebe, venciendo la multitud
«Mutilos hos folemus uoca< Curmtilinu re,cxd,rurdi,firabi,daudi,fedigid,taliafpmonfira namrx qux morii bus prauis prxdia funt» — y ordena los mutilados como monstruos de la naturaleza dotados de costumbres depravadas, con la lista: ciegos, sordos, bizcos, cojos, de seis dedos
«Itacjp peilimi funt omnium gibbi,cum error Gt drea cor prindpium todus corporis : poft cxci Rrv bic:^,qu6ddrcacerebrum natura deliquerit» — y jerarquiza esos defectos por el órgano en que la naturaleza faltó: los peores de todos son los jorobados, por ser el error en torno al corazón, principio de todo el cuerpo, y luego los ciegos y bizcos, por ser en torno al cerebro
«Inde muti furdil|i,nam in minus nobili cerebri parte natura defedt» — y sigue la escala: luego mudos y sordos, porque la naturaleza faltó en parte menos noble del cerebro
«Inde daudi, hos fequucur qui in magno membro funt uidad, poli quos ledigid,& qui digitos habent iun(flos,nam in minus necelliuriisaberrauit» — y cierra el orden con los cojos, los dañados en miembro grande, los de seis dedos y los de dedos unidos, porque erró en lo menos necesario
«Sicut& glabrum locum elfidtG ipfum primo Qiwiiimiailri oleo linias,pofi madcGuflum linteu lixiuio,in quo calx & auripigmentii incocfla & dilToIuta Gnt:poteflenim hoc medicamentum radidtus pilos exdrpare,& niG oleo prxuettas ut dixi,aut edam diudus haereat medica mentum excoriat» — y da un depilatorio de cal y oropimente con su advertencia de daño: puede arrancar los pelos de raíz, y si no se unta antes con aceite, o si se deja mucho tiempo, el medicamento excoria
«Aqua etiam prima defiiladonis gypG& falis gemmx eiak idem fadt. Secunda acrior eft» — y compara dos destilados por su fuerza: el agua de la primera destilación de yeso y sal gema hace lo mismo, y la segunda es más acre
«Qudd procul magis,qudd plura.qudd exquifitius,qudd ederius, qudd lub pluribus difRred|s,qudd diuinius» — y pone la vista por el más noble de los sentidos externos enumerando en qué: porque más de lejos, porque más cosas, porque más exquisitamente, porque más deprisa, porque bajo más diferencias, porque más divinamente
«nullus fenliis adeo minutas rerum difFerendas comprehaidit ut ille, ce* lerrim^ ut cum lblusillico,nam auris fbniaduentumcxpe» — y sostiene la ventaja de la vista comparando el modo de recibir: ningún sentido comprende diferencias tan menudas ni tan rápidamente, pues el oído espera la llegada del sonido
«Itacp nihil mirumeft fi natura noS curhumj ad dmorem compulit in tenebris,ut potc opdmo duce deflimros» — y explica el miedo a la oscuridad como obra de la naturaleza y no como flaqueza: nos compelió al temor en las tinieblas, como a quienes van a quedarse sin su óptimo guía
«Eade.caura folum oculum natura muniuit palpcbris,ut folus tanquam rex nec|nu^ laborare cogeretur,nec cum noUct odari.fedad arbitrium uideret qux uellet, abiiinerctfi odiil^ ^tauris etiam qux nolit cogitur*audire» — y explica los párpados por una prerrogativa que compara con la realeza: solo al ojo lo guarneció la naturaleza con párpados para que no fuera forzado a trabajar ni a oler cuando no quisiera, sino que viera a su arbitrio, mientras al oído se le fuerza a oír lo que no quiere
«Ea uerd qux noti tanguntur occurrunt autem, ut fugere polio muscumdiretft^obuiantuifu pncutdentuncum autem ex obliquo,ae« rem mouere coguntur,attp lirepitum facere,cui auditus prxfidtur» — y reparte los oficios de los sentidos por la geometría del encuentro: lo que viene de frente lo advierte la vista, y lo que viene de través mueve el aire y hace estrépito, y a eso se le pone al frente el oído
«Hic fenTus inaqueo coUocamr,tum quia lucem & lumen in perfpiaia rc collocari necelTe erateat diximus aeremix tionem non ingredi,itac^ in fola aqua confiitui pocerat» — y localiza ese sentido en lo acuoso por eliminación: la luz y el lumen habían de colocarse en cosa transparente, el aire no entra, y así solo podía constituirse en agua
«Hac inuenta aldtudinent oculi tui ducito in diffandam iam inuenta rpenili ab imo turris,& hanc di uidc per diffantiam ipeculi & pedum tuorum in iecundo fitUi& exiens cft numerus ulnarum aldtudinis turris» — y da el procedimiento para medir una torre con un espejo por sus operaciones, en imperativo y con la división que devuelve el resultado en codos
«Sed mollis& afper ab inftrumend natura,Sunt& ra ri& fequentes acmedq» — y adjudica lo blando y lo áspero del sonido a la naturaleza del instrumento, y no al aire
«Homini enim proprium cft,no bene operam «ihcmriieiai dare duabus rebus fimul» — y declara propio del hombre no poder atender bien a dos cosas a la vez
«Sed commiimrio ueneremadiuuat,undeuim inferentibus prompta uenus,nam fpiritum dilaut& mouet» — y explica el efecto de la música sobre el ánimo por lo que hace al espíritu: lo dilata y lo mueve
«Sed ubifpes deeft,non Ik motus nec lachryma.Ob id in extremis timoribus auttri(bda.non la« chrymantur» — y liga el llanto a la esperanza con el caso que lo prueba por defecto: donde falta la esperanza no hay movimiento ni lágrima, y por eso en los temores o tristezas extremos no se llora
«Bene igitur poetas Nioben in morte liliorum lapideam fe <fiam linxerenon lacfarymantem» — y le da la razón a los poetas por haber fingido a Níobe hecha piedra y no llorando en la muerte de sus hijos
«luunt& prae gaudio lachrymx,quia& in illo fanguis extra fetur cum impetu» — y explica las lágrimas de gozo por la misma causa física que las otras: también allí la sangre se lleva afuera con ímpetu
«Omnes animi aife(flus imd & mores oculi ofendunt» — y adjudica al ojo la manifestación no solo de los afectos del ánimo sino de las costumbres
«Sunt Ibni diifeendae trium generum,acutus,grauis& medius: qui i celeri ucl tardo mediofie magnus&panius mediusi^ ab impetus magni» — y divide los sonidos en tres géneros —agudo, grave y medio— derivándolos de lo veloz y lo tardo y de lo grande y lo pequeño
«dtatus nec confonus admodum ad iramacprplia mouet, aded ut laciat obliuildhominem fuijpiius» — y describe el efecto del sonido grande, áspero, acelerado y poco consonante: mueve a la ira y a las peleas hasta hacer que el hombre se olvide de sí mismo
«Ob id reSd in pr^s tum maxime in inv rijsjtubis & tympanis obrtrepunt,& clamore fdunt milites» — y de ahí explica el uso militar del ruido: por eso en las batallas los soldados atruenan con trompetas y timbales y hacen clamor
«Nam fpiritum in quo animz opus elucefcir,aut bonus nutrit,aut aia lusdcHruic» — y hace del espíritu el lugar donde la obra del alma reluce, sujeto a lo bueno que lo nutre y a lo malo que lo destruye
«Nec tamen fecundum natt* ram impoifibile cft humanum cadauer recens non maK olere» — y sobre el cadáver humano reciente declara lo que no es imposible según la naturaleza, en vez de afirmarlo de hecho
«Sed carere odoratu mifbius fuiflet,quia erat necelliurius» — y gradúa la pérdida de los sentidos por la necesidad de cada uno: carecer del olfato habría sido más miserable, porque era más necesario
«Solus igitur hic fenfus animx& corpori cornu* nis efle uidetur» — y adjudica a ese sentido una condición aparte, que parece común al alma y al cuerpo
«Quoniam calida& Hcca cerebri temperies o! Kvaropro- faiftu pncftat,talisuerd ad uillim» — y liga el temple cálido y seco del cerebro al provecho de una operación, con lo que la fisiología explica la facultad
«caiiditatem,& imaginum tenax ob Gcdtatem eft» — y adjudica a la sequedad la tenacidad en retener las imágenes, que es la memoria explicada por temperamento
«Nam alleum obfonijs inditum deleAat eius odor per fe ma» — y toma el ajo puesto en los guisos como caso de que un olor deleite en compañía y no de suyo
«Sed& in qui< bu^am etiam magis poft diem,quoniam cralTa fubibuitia» — y explica que en algunos el olor sea mayor pasado un día por lo craso de la sustancia
«Sed quomodo uafa picari foIeant,docere oportettliquata pix effundi» — y declara que conviene enseñar cómo se empegan las vasijas, empezando por verter la pez derretida
«tamdiu enim fcruabuncur ficus quim diu uinum manebit incorruptum» — y ata la conservación de los higos a la del vino: se guardarán tanto tiempo cuanto el vino permanezca incorrupto
«dem ut dixi uinum incorruptum fupponimus» — y hace explícito el supuesto de esa receta, que es lo que la vuelve honesta: suponemos, como dijo, el vino incorrupto
«ob id in noi)ris regionibus non picantur uafa» — y consigna la práctica contraria de su propia tierra: en nuestras regiones no se empegan las vasijas
«Quo pa<flo infitx arbores falid, perficus, pinus,& qux nucleum ha« feruntur fine nucleo fdere fruftum» — y consigna que de los árboles injertados se cuenta que dan fruto sin hueso, con el verbo en boca ajena
«Cumip non fuillet^ corti* ce duriore proditura nili aciileata,ided fpina prodijt» — y explica la espina como salida necesaria de la naturaleza dada la corteza dura
«Sed frequendff* qiuuiJ^ fime inaliud quercus genus degenerat,quod tremulum uocatur» — y consigna la degeneración frecuente del roble en otro género que llaman tiemblo
«Quoniam in Omnibus krmi piatis amaris U^ea pars ubi in folia expuU lulatabundantia fucd, mollis & minus amara, gratiam laporisrctincr, quod guHui ingratum cll amittit» — y explica que la parte que brota en hojas sea menos amarga por la abundancia del jugo, con lo que el sabor queda referido a la parte y no a la planta entera
«Mirum quod oleo oliuarum oliux meliores multo euadant» — y marca como admirable que las aceitunas mejoren mucho con el aceite de aceituna, tomándolo por argumento insigne de la sequedad
«Hinc amicus noi)er bibliopola Nicolaus JLandrianus corio fi< «xpreflit imagines utex cyprio acre ftuSae uiderentiv» — y una técnica de estampar imágenes en cuero de modo que parezcan hechas de bronce la adjudica a un amigo suyo con nombre y oficio: el librero Nicolò Landriani
«Cum enim omnia aculeatarum plantarum genera uentriculo maxime proGnt,& renes purgent,uenenisl^reGlIant,miro tamen modo pcibkii tes morbos id genus cardui fanat,quod diuifam habet naturaliter radv cem» — y de la virtud común a las plantas espinosas —aprovechar al estómago, purgar los riñones, resistir a los venenos— separa el caso que le parece admirable: cierto cardo de raíz naturalmente dividida
«certum tamen eft nullum eHe fbdicias aucupium» — y declara cierto lo negativo antes de pasar a lo demás, que es su manera de acotar una técnica
«qudd ut philoibphus re diccbat,animaomnia eflc uide atur» — y una sentencia sobre el alma la trae en boca del filósofo y con verbo de decir: que parece que el alma es todas las cosas
«Differunt igitur in duobus maxime: Primum, qu6d intclleflus eftrcs ipfa inceIlc(fla,uoluntas uerO tantummodo illi limilis» — y separa entendimiento y voluntad por lo que cada uno es respecto de su objeto: el entendimiento es la cosa misma entendida, y la voluntad solo semejante a ella
«Bcd cur uerum Sc ex fallis & ex ueris Iequitur,f^fum autem nunquam ex licfisCHocidcd condngit,quohiam in fallo aliquid poteftcondneri ueri,ut in homine qudd Iit alinus,condnctuf qudd leii' dat:at in uerocum purum Iit,nihil poteft falli contineri» — y explica por qué de lo falso puede seguirse lo verdadero y nunca al revés: en lo falso puede contenerse algo de verdad, y en lo verdadero, siendo puro, no puede contenerse nada falso
«Non ergo ex falfo unquam uerum lequitur.fed ex ea ueri parte qux in fallo continetur» — y precisa la fórmula para que no se lea al revés: no se sigue nunca lo verdadero de lo falso, sino de la parte de verdad que en lo falso se contiene
«Affidtur autem intellecfhis ueri intw ligenda,non parua uoluptate,ob tres caufas:Prima,qu6d fblum hoc o* pus m nobis proprium eft» — y ordena en tres las causas del placer de entender la verdad, dando la primera: que solo esta obra es propia nuestra
«Tertia ob utiliutem, qux ex intellctflu fdentiai^p ueri confequitur» — y la tercera es la utilidad que se sigue del entendimiento y de la ciencia de lo verdadero
«At uerd obfcuritas qux intelligi feripa non patitur,ignorandp,ut moderata fapientixen ar gumentum» — y le adjudica a la oscuridad que no deja entenderse un valor limitado: es argumento de sabiduría moderada
«Dicendum eft igitur nunc de pauds animi afFedibus,ut eadem» — declara el método con que va a tratar los afectos del ánimo: hablar ahora de unos pocos
«ratur,& confirmatur ii robuRx fint uires» — y cierra lo que le pasa al espíritu llevado afuera con la condición que lo decide: se confirma si las fuerzas son robustas
«Sed amor cum odio contrarius fit.eritfurpedalxtida.nS fpdfu* fpido contrariaefttdico quidem firmx fpci» — y ordena los afectos por contrariedad con una precisión que él mismo añade: siendo el amor contrario al odio, la alegría lo será de la sospecha; y aclara que habla de esperanza firme
«Duplex efi rerum ac uerborum! alterae^ alteri prxfidio efi, un« de etiam duplex artifidofa memoria: rerum qux imaginibus confiar,o< liminuentatraditaf^piCicerone ac Qiiintiliano,qua uerba condncnturt & uerbonim» — y divide la memoria artificiosa en dos, adjudicando a Cicerón y a Quintiliano la que consta de imágenes de cosas, con la que se retienen las palabras
«Cum tamen lapidi atep huic inuento debeatur to* Mnnonsf^ tum quicquid cfi,prxtcr paiTiuam memoriam,qux in nobis uiget» — y separa lo que se le debe al arte de lo que es nuestro: a este invento se le debe todo cuanto hay, salvo la memoria pasiva, que es la que vige en nosotros
«Nam&ipiius fubtilitatis cum plura fuerint exempla ars quxdam etiam erit» — y declara la condición para que la sutileza misma llegue a ser arte: que haya de ella más ejemplos
«Qusrliconiundlam in fc haberent aliquam utilitatem, fumma dignum laude hominem arbitrarer,nunc uer6 tam operam irridere licet, qu|m etiam ingenium admirari» — y reparte su juicio en dos, que es lo que hace de esta línea una posición y no un desprecio: si esas cosas tuvieran alguna utilidad juntamente, tendría al hombre por dignísimo de suma alabanza; y así como está, es lícito reírse del trabajo tanto como admirar el ingenio
«De incerti generis aut inutilibus ; fubtilitatibus» — y lo dice ya en el título del libro, que es donde esta obra declara que trata también de lo inútil: de las sutilezas de género incierto o inútiles
«primum uoco eum annulum,qui liber ril in Lxiitj. uidbus,(i Gnc errore agatur nauicula in omnibua induditur annulis, uirgasc^ omnes indu fas continet in xxxi.alij in ultimam uirgam nauicula redigitur» — y describe el juego de anillos y varillas por sus movimientos contados, que es la clase de sutileza que acaba de calificar
«Quintam ftatuemus dedmamEucUdis per prxcedcnds modum Qim ac Ggnram demonftrata:fexta erit undcdma illius» — y numera sus propias proposiciones apoyándolas en las de Euclides, con lo que su geometría se presenta como continuación y no como sustitución
«Eudides etiam de non coniundis demonftrat» — y hace notar que Euclides trae también demostración sobre las no conjuntas
«Qudd G quis aded peruerfus Gt,ut nec admittat drculos alibi fe fecare,quam m angu» — y prevé al adversario que no admita que los círculos se corten en otro lugar que en el ángulo, con lo que la objeción entra en la demostración
«Euclidis fado trigono xquilate* ro iuxta drdni latitudinem eodem modo qub» — y construye el triángulo equilátero según la latitud del círculo del mismo modo que lo hace Euclides, declarando de quién toma el procedimiento
«locum centri ut Euclides: perGcere drculumnon eGpo(« Gbile cum repugnet iam promifIis» — y declara imposible lo que su propio planteamiento no permite, en vez de forzarlo: hallar el centro como Euclides y perfeccionar el círculo no es posible, porque repugna a lo ya prometido
«iUa tamen utemur,quia non eft opus niG in dreumferibendis aut inferibendis circulis,niG centri inuentioneuc demonGrabimus» — y aun así se sirve de ello con su razón declarada: porque solo hace falta al circunscribir o inscribir círculos
«ne dedimetercix fexti eIementorum,qua Euclides udtur» — y remite el paso a la proposición de los Elementos que Euclides usa, citándola por libro y número
«ergo erunt hx nobis locotrigeGmxoiGaiix& trigeGmaenonx,Ge cutuidma Texti elementorum pro quadrageGma» — y ordena sus propias proposiciones haciéndolas ocupar el lugar de las de Euclides, con lo que su tratado queda cosido al de aquél
«Id prius auxilio trigeG mxquartxtertq,quxabrc^ trigeGmaterda demonGratur in propoGto tuodrculoabfoIuemus» — y declara con qué auxilio previo resolverá el problema en el círculo propuesto
«PoGdemonGrabimus primam quardelementorum,hxc erit nobis quadrageGmaprima:perduodedniam Texti elementorum conGitua,ut Gtladtudinisdrdnipropo* Gd ad A Iineam,ut (dnidiametri drculi,in quo eG linea inTcribenda ad Ii* neam tnfa'ibendam,inde collocata a in drculo mihi pcrmiGb,expleo tri* gomim duum pqualiu lateru,& angulo in centro dreuh' pcrmifli,que Gib tendit linea A xqualem, ex uigeGmaquinta fadoin propoGd drculi» — y numera la que será su cuadragésima primera, construyéndola con la duodécima del sexto de los Elementos
«igitur trigonus ea «confiat ex tribus lineis aequalibus D E,EF,FG,igiturproporrionatisABc:fiantigiturfupcr A.anguliae*^ quales A & B» — y cierra el triángulo por la igualdad de sus tres líneas y la proporción de los ángulos
«erit igitur haec linea minor dimniente drculi concedii quare ex quadrageGmaprimii collocabimus eam intra circulum conplebimus» — y de que la línea sea menor que el diámetro concedido saca el paso siguiente: colocarla dentro del círculo
«ru quod illi infcribitur> duos angulos ex aduerfo coUocatosiduobus re ifhsxquales fempcrhabet» — y da la propiedad del cuadrilátero inscrito con el adverbio que la vuelve teorema: tiene siempre dos ángulos opuestos iguales a dos rectos
«ucnire,qu® ex centro extra hyperbolen poGto.femper euadent lateribui hypcrbolis propinquiores,& nunquam tamen ea contingent» — y da el primero de los dos privilegios propios de la hipérbola, que es su asíntota descrita sin nombrarla: dos líneas desde un centro puesto fuera de la hipérbola que siempre salen más cercanas a sus lados y nunca, con todo, los tocan
«Terdum, qudd fi in ea pundus prxter axem fignetur,ab hoc contingens ducatur, huic uerd «quidifiantes plurim® d dreumferenda ad circumferendam duda ex eo dem pundo condngenti® acquidifians axi, omnes lineas xquidiflanKS contingenti dudas per xqualia fecabit» — y da el tercer privilegio de la figura como propiedad de corte: la tangente equidistante al eje cortará por partes iguales todas las líneas equidistantes trazadas a la tangente
«Primum.ratio axis par# pitegid r. ^ tiu,in ea eG Ut dedudaru cx iplis pundis perpendiculariu ad paraboles dreumferentiam duplicata» — y da el primer privilegio de la parábola como razón entre el eje y las perpendiculares duplicadas a la circunferencia
«Secundum,cufueric ipfa perpendicularis as* qualis axis parti,qu® ad uerdeem ab extremo eiufdem perpendicularis terminabicur,uocabitur ipfa perpendicularis latus redum paraboles» — y el segundo introduce el nombre técnico: esa perpendicular se llamará lado recto de la parábola
«Spiralis autem linex priuilegia lex edam liint.Primum quidem qudd du(ffacondngens ex Itne illius occurrit perpendiculari» — y cuenta seis privilegios de la línea espiral, dando el primero por el encuentro de la tangente con la perpendicular
«Vnde patcr,quddpordoprimxlpiraliscxpcrpendiculari,erit xqualis perifo rixprimi circuli,& portio perpendicularis ex fecunda Ipirali dupla dr* culi fecundi perifcrix,&: pordo ex terda Ipirah' tripla drcuU terdj peiv ferix, atep ita deinccps» — y de ahí saca la serie de proporciones espiral por espiral, en progresión declarada: la primera igual a la periferia del primer círculo, la segunda dupla de la del segundo, la tercera tripla de la del tercero, y así en adelante
«Omnibus figuris rc<Mincis,hoc unum eft comune, qudd protnufHs fingulislateribusjoctcrioresomncsanguliparitcr accepti,cdam fi mille priui c fderinr,quatuor redis angulis iiint xquales» — y da como común a todas las figuras rectilíneas, con la hipérbole del caso extremo, que los ángulos exteriores sumados son iguales a cuatro rectos aunque los lados fuesen mil
«Sed fphaeroidalium priuilegia quatuor funt: cum enim plano» — y cuenta cuatro privilegios de los esferoides, empezando por lo que ocurre al dividirlos por un plano
«Inde cylindri priuilegiaduo.Cylindrus cono triplus eft,aldtudinem eandem ac balim habenti» — y da los dos del cilindro empezando por la razón con el cono: el cilindro es triple del cono que tiene la misma altura y la misma base
«Hae igitur funt fexaginta proprietates,nobilitate& pulchritudine 8C ad* miratione praeGantiores» — y cierra la cuenta declarando por qué eligió éstas: son sesenta propiedades, las más aventajadas en nobleza, hermosura y admiración
«Quandoquidem non me praeterit,eas pene ede infi nicas,fed cum his elegantia non poilunt conferri» — y declara expresamente que no se le escapa que son casi infinitas, y que con éstas no pueden compararse en elegancia
«Verum haec fdentia optica media uidetur inter mathemadcas &pub cherrimam naturalium rerum (dentiam,quam uocamus philofbphiam, GuinS ambitus latiffimil patet» — sitúa la óptica como ciencia media entre las matemáticas y la filosofía natural, a la que llama la hermosísima ciencia de las cosas naturales, de ámbito amplísimo
«Ventorum Ggnaex naturalibus decretis ita habcltur: Tuber quidam ventonm fU Lunseiun(flus,quemego cum uidiilem Ibttimfiibfecutuseiluentus uali didimus» — y en los signos de los vientos mete su propia observación entre los decretos naturales: cierto tubérculo junto a la Luna, que cuando él lo vio siguió al punto un viento validísimo
«Tempedatum ligna melius quim poeta tuus explicare me polTe non conSdottametli mim libera Iit oratio,Virgilij uerd numeris ueluticom# pedibus contineatur» — y mide su ventaja sobre su fuente con una reserva a favor de ella: no confía en poder explicar los signos de las tempestades mejor que el poeta, aunque su prosa sea libre y los números de Virgilio queden como en grillos
«Illud etiam certo (igno adiedt,quod obferuatione dignum elL» — y marca cuál de los signos del poeta tiene por digno de observación, con lo que separa lo que hace suyo de lo que solo transmite
«Nihil igitur mirum G caufas ipe^s Nam no niG in magnis uentoru motibus ilta contingunt» — y acota el fenómeno para que la causa no se pida donde no toca: estas cosas no ocurren sino en los grandes movimientos de los vientos
«Quamobrem & Reipubttempore hatc erant frequcntiatqudd frequentius etiam uenti ualidiflimi Gerent» — y explica por qué en tiempo de la República esos prodigios eran más frecuentes: porque se hacían más a menudo vientos validísimos
«enim caufauentorum horum ex aGrisfumpaeG,Mercurii&Mards» — y adjudica la causa de esos vientos a los astros, nombrando a Mercurio y a Marte
«Plebs autem plerunm ta« lia habet capita obparuam experiendam rerum &intemperanda» — y explica la credulidad del vulgo por dos causas que no son doctrinales: la poca experiencia de las cosas y la intemperancia
«(omnefolet appellare Cicero genus id hominum)laudare ingenium,& inter urbis ruinas Syracufip ac Jentes fcpulchrum quaerere dedignatus eft» — y contrasta la alabanza del ingenio con la desatención: Cicerón suele llamar así a ese género de hombres, y desdeñaron buscar entre las ruinas de Siracusa el sepulcro
«Euclides.Eius uerd funt dux prxdpuf laudestinconcufTa dogmatum& nutas,librielementonim,perfe(fliDipadedabfoluta,utnullum opus iu* re huicaliud comparare audeas, quibus fit ut aded ueritads lux in eo re fiilgeat» — y le adjudica a Euclides dos alabanzas principales: la firmeza inconcusa de sus dogmas y los libros de los Elementos, obra tan absolutamente perfecta que no se osaría comparar ninguna otra, de suerte que en él resplandece la luz de la verdad
«lamucrd his quan^ opifex claris uiris Vitruuius adnumeretur,qui vUniOilM, G propria non aliena inuenta confcripfilIet,inter primos adnumerari po terat» — y a Vitruvio le pone una condición para contarlo entre los primeros, que es a la vez una acusación medida: si hubiera escrito inventos propios y no ajenos
«Eminent aut quxdam in Gngulis,ut in Archimede xqualitas fphx taecumcylindro,fepulchrofuom» — y señala en cada uno lo que sobresale, con Arquímedes y la igualdad de la esfera con el cilindro grabada en su sepulcro
«qui Euclidem habent femiharem. Megara ftiit oriundus» — y consigna la patria de Euclides como dato de quienes lo tienen por familiar: fue oriundo de Mégara
«Sed aded uerborus,& (hidio contradicendi tpdu his,ut alterum uix ferre queas» — y le objeta a un autor su verbosidad y su afán de contradecir, hasta decir que apenas se le puede soportar
«Sed poG^ ad artihee uentu eG,profequamur& artes,qtix aded ptate noGra inclarMerunt,ut qux hic fcripli» — y anuncia el paso a las artes declarando que en su edad se hicieron tan ilustres que lo aquí escrito queda corto
«Sed G quis (ecu exiltimet,unaquamcp ptate fua habuit miracula» — y relativiza esa admiración con una regla que sirve para todo el libro: cada edad tuvo sus propios milagros
«Sed quoniam colores arti necediuios diximus, par ede puto ut iHo* rum hidoriam rubtexam,qux d d rebus ipds fumatur ac exempIo,mini> ime confuiionem illam antiquorumpariettoperppredum igimr (adhirus uideor,^ non omnes attamen nobiliores eorum differendas attigero» — declara el criterio y el límite con que trata los colores: tejerá su historia tomada de las cosas mismas y del ejemplo, evitando la confusión de los antiguos, y no tocará todas las diferencias sino las más nobles
«Nec doceo quomodo colorum nond* na ab antiquis feripta intdligas,immen(i enim operis res hpc ed,(ed quo modo illos reid^ clarefp appellare podis ac docere» — y separa lo que no se propone de lo que sí, que es lo que vuelve manejable el capítulo: no enseña a entender los nombres de los colores escritos por los antiguos, obra de trabajo inmenso, sino a llamarlos y enseñarlos rectamente
«Sed ad artes reuertor: quarum nobifaores qu^^^ferro^ latcnt» — y al volver a las artes declara que las más nobles están ocultas, con lo que su tratado se presenta como incompleto por la materia y no por el autor
«proprietates ignotas adhuc,mm quia fubdliori inuendone indi» — y da dos causas de que las artes más nobles queden ocultas: propiedades todavía ignotas, y que necesitan una invención más sutil
«Vindus, dequo fupra diximus,tcntauit& friiffra: hic pitflor fiiit egregius» — y consigna un intento fallido con nombre y oficio: Vincio, de quien habló arriba, lo intentó y en vano, y fue pintor egregio
«Quadrigaolim opus Myrmecidis quam mufea integeret:Aut Callicraddis ex ipfo ebore formicp» — y trae las miniaturas antiguas con sus autores: la cuadriga de Mirmécides que una mosca cubría, y las hormigas de marfil de Calícrates
«Nec fabulofa hiAoria,cuius meminit grauis author Cornelius Ta^ dtus.et Strabo audiAe illum refert» — y niega que esa historia sea fabulosa apoyándose en el peso de quien la recuerda: el grave autor Cornelio Tácito, y Estrabón, que refiere haberlo oído
«Non ignoro rae fuperiusjquod hic,in trigioa Artff HeUUo’ ^cies,in feptem genera difiinxifle» — y hace notar él mismo la discrepancia entre dos clasificaciones suyas, en vez de dejarla sin señalar
«Chymillica ars habet admirabilia plura, mulca inania, dubia longe pIura,pulchranonpauca,nonnullafalutaria,eificada quxdam,alia qua fidiuina,plurimamomentinullius,aliamagnxipei,aliatandem quxeae <eris omi^us numero pradlant maioris iacfhirx» — y aquí está el juicio de la obra sobre la alquimia, que no es de condena ni de aval sino un reparto contado: tiene muchas cosas admirables, muchas vanas, muchas más dudosas, no pocas hermosas, algunas saludables, algunas eficaces, otras como divinas, muchísimas de ningún momento, otras de gran esperanza, y otras en fin que aventajan a todas las demás en número por su mayor pérdida
«Sunt ucr6 Chymica in chfmcdm ucnta,uitrum ducere in longiflimas lineas,tenax autprxdurum efficere» — y de los inventos que sí le adjudica a la química da los que puede nombrar: llevar el vidrio a líneas larguísimas y hacerlo tenaz o durísimo
«Docuit hax edam uafa pro liquandis metallis confkereai^ ex ane ds corrabus prxdpu^ fummitate,& offibus incinere redacSis» — y le reconoce a esa arte una enseñanza práctica con su receta: vasos para fundir metales hechos sobre todo de cuernos y de huesos reducidos a ceniza
«Sed inuenta huios artis minima pars funt eorum qua: imieniri pop compoAtio» — y acota el alcance de lo hallado frente a lo hallable: los inventos de esta arte son parte mínima de los que pueden inventarse
«Verum cauc ne ^tile opus obiter trabes» — y advierte contra tomar de paso una obra sutil, que es su regla de trabajo dicha en imperativo
«Igitur excalcfado lapide nec liccato,ob continentem humoremtandem fttpcraucAo igne,metallum ipfumquod lapidi inhiet liquari neceilccll» — y da la condición del proceso como forzosa: calentada la piedra y no secada, por el humor que retiene, aumentado al fin el fuego, es forzoso que el metal adherido a la piedra se licue
«Tanta uerd eft ards iblerda.ut edam in carbonibus praeter ea quae fu» — y celebra la industria del arte hasta en materia tan baja como los carbones
«Sericum ficedam fiimo fulphuhs dealbaturtiramodic^ enim ficcat,in# Quomodo feri terfbnguit edam florcs,tum prxdpu£ rolas» — y da el blanqueo de la seda con humo de azufre, extendiendo el mismo procedimiento a las flores y sobre todo a las rosas
«Subdiior fed minus utilis rado amphitheatri,cuius menunit Plinius,ea (ic (c habet.Cu filius M.Scauri funebres ludos patri fditurus,pom pamCurdj aequare non poiIct,qu6d ille fummo fumptu eos gdi« diflec,diuidjs longe pr^ns,induflri a fuperare tentauit» — y gradúa la máquina del anfiteatro antes de contarla, adjudicando la memoria a Plinio: más sutil pero menos útil, y su ocasión fue que el hijo de Marco Escauro, no pudiendo igualar en gasto la pompa de Curión, intentó superarla con industria
«quibus tou di< nkdens eft i zo,ut Vitruuius docet,qua arte fieri poflit,ut immota fce^ na ambo Theatra in unum coeant arophitheatru» — y remite a Vitrubio el arte con que los dos teatros, sin mover la escena, se juntan en un anfiteatro
«Sed hic pons ftabiliseft,omnii^onerifufficiens,nec conuellendus» — y califica el puente que describe por lo que aguanta: estable, suficiente para toda carga y que no se desbarata
«At celerem fabris explicabunt folx funes & ergatx, aut pelles inflatsc,aut dgna iunda» — y para el puente rápido remite a los operarios y a tres materiales: solo sogas y cabrestantes, o pieles infladas, o maderos unidos
«Nam pondus quali per rousdiffribuitur unde fit additio propordoou illarum non multiplicatio» — y corrige la cuenta del efecto de las ruedas: el peso se distribuye por ellas, de donde resulta adición de las proporciones y no multiplicación
«Sed ad rotarum hiftoriam redeamus. Gemmae cplan turac terebrantur mira arte, haec autc cft.-Roa magna lignea funiculo dreuambitur, eodei^ rurfus parua qup magnxfuperftatea radone qua a latere deferiptas ui» — y describe la máquina de tallar y taladrar gemas por sus dos ruedas, la mayor y la pequeña ceñidas con un cordel, remitiendo a la figura del margen
«Cum igitur tanta portio a b c,qux Gt AB,quanta eft D Er tou dreumagitur, uerdtur g, parua rota, quoties igitur A B condnetur in a b c, todes in una conuerGone rotx maioris qux uocetur H,parua rota oef drcuuer» — y da la relación de vueltas entre las dos ruedas como proporción contada, que es lo que vuelve calculable la máquina
«Sed cur enfis in uenice ferit roaximeCquia motus centrum eft ipfa manus, periferia in luUd^^ua cufpide,ita interuallo ifto etiam arma & caftides diuiduntur» — y explica por qué la espada hiere más en la punta con la geometría del giro: el centro del movimiento es la mano y la periferia la punta, y en ese intervalo se parten también armas y celadas
«Subtilior cft dauium rauo,fed tamen ciufdem generis, nam cum le< sa-t quomoJa eundum ladrudinemdiuiduntur,uncinusbreuis lolum poteft immitd, unde cum axe parum dilfet non poteft repamlum retro agi,longus eda uncinus ac ftricftus uim& robur non habet» — y pone la llave dentro del mismo género de sutileza, con el dilema del diseño: el diente corto solo puede introducirse y no mover el pestillo, y el largo y estrecho no tiene fuerza ni robustez
«Duriora tamen repagula& plura fepds diftincfta tudora aduerfus undnos.Seairiftima fera,qu^ obi cem habet,alteradauis parte tollendum ,altcra repagulum, fepto inter obicem ac repagulum intercedente» — y describe la cerradura más segura por sus piezas: la que tiene obstáculo, con una parte de la llave para levantarlo y otra para el pestillo, mediando un tabique entre ambos
«Quare fxpius maioris rotx radone repedta tum axis fiet motus ederrimus attp uiolentiGimus .lu tamen tum ut iiis mm m uioUnqux prima mouet robuftiftima Gt,rotxi^ IcuiGimx» — y da la regla del tren de ruedas con su condición: repetida la razón de la rueda mayor, el movimiento del eje se hace velocísimo y violentísimo, con tal que la primera que mueve sea robustísima y las ruedas levísimas
«Vitruuius exiftimat metam hanci fbno dedud debere» — y consigna como estimación de Vitrubio, no como suya, de dónde debe deducirse esa meta
«Quaedam fiint tamen qux non adunum artis genus reducuntur &1? fubtilitate condent mira,uelut G libram in ordinem bitui redfgere» — y abre un apartado para lo que no cabe en un solo género de arte y con todo consta de admirable sutileza
«Cuius exemplo uidifie quendam memini me, quicum brachqs omnino careret,dextro pede hafto uibrabat coUimabatfy, fuebat uefte, edebat» — y el ejemplo lo da como recuerdo propio de algo visto: uno que, careciendo del todo de brazos, con el pie derecho vibraba la lanza y apuntaba, cosía la ropa y comía
«Verum iani ad artes reuerton fubtilicas in contextis» — y anuncia el retorno a las artes por donde la sutileza está en lo tejido
«nam quanto grauius fuerit corpus eo magis no finuabitur, anfliusf^ conllringetur funis i fbrdpc» — y da la regla del aparato de descenso por proporción: cuanto más pesado el cuerpo, menos se combará y más estrechamente ceñirá la soga en la mordaza
«Igitur ad deTcenfum facillimum excogitauitmo I dum.CxKhlea i chalybe,palmi longitudine, intus inan{s,ita ut fiinem h o polfit excipere, uocetur a b , drea eam leuis ex au* richaIcocaprulafupra& infra perforata, in imo eius appendi CCS duo,in quibus funiculi c& o ferreum fullinentes baculum E F.cui cum defccnnirus infcderit.celerrim^ defcendet» — y declara haber ideado él mismo el aparato, describiéndolo pieza por pieza: un tornillo de acero hueco de un palmo que recibe la soga, una cápsula de latón perforada arriba y abajo, dos apéndices con cordeles que sostienen un palo de hierro donde se sienta el que baja
«De Artibus artifidofisc^ reb, m corporis partes diftribuuntur» — y ordena la materia del libro de las artes repartiéndola por las partes del cuerpo
«Sic ab humidis fio ca,i^ i Ccds humida, pari^ ratione qualitatibus fecundis ac tertijs» — y extiende el paso de lo húmedo a lo seco y al revés a las cualidades segundas y terceras, con lo que la regla sube de nivel
«Primus,cumobfcurd ipfa qualitas perdpitur» — y ordena los grados de la cualidad empezando por aquel en que apenas se percibe
«Sed Sc iu Gmplicium medicamentorum eleAiooe*non leui cura uten» — y exige cuidado no ligero en la elección de los medicamentos simples, que es donde pone el peso del oficio
«Sic em'm optimi medicamentum conftructur,cumin iuuando fuerit t,*. ualidiflimum,qux nocere debent ex toto fopiuntur» — y define el medicamento óptimo por la doble condición: que sea validísimo en ayudar y que lo que debe dañar quede del todo adormecido
«Sedfunt& aha in alrjs.cjux placeant& digna admiradone; ut nubium natUra fitus» — y admite que hay en otras cosas materia digna de admiración, poniendo por ejemplo la naturaleza y el sitio de las nubes
«altilTimi uidcntur:cuucrd oriuntur aut occidunth{rere terrae,non quod^^^^ defeendant aut afcendant,imd retfla feruntur xquidillantes plano terrae» — explica la apariencia de los fuegos que corren por el cielo negando el movimiento que se les atribuye: parecen altísimos, y al salir o ponerse pegados a la tierra, no porque desciendan o asciendan, sino porque van rectos y equidistantes del plano de la tierra
«Sunt& fubdliatis opera in di(!lionibus, in acetntu, in oradonel^. In vm didionibus Zephyrus tribus modis quid dulce fonattprimd qudd z ha bet,recundd y,quas ladni non habent» — y lleva la sutileza a la lengua misma, con un ejemplo de fonética: Zephyrus suena dulce de tres modos, primero porque tiene la zeta y segundo la ípsilon, que los latinos no tienen
«In lingulari cenami orosrOo. iic uerbulum imprudenter efhidtum , opdonem uidoriamip inimico lar gimr,profercnti necem ,& uituperationem.ln legadone infblenda,teme o* ritas» — y ordena por situaciones los daños de la palabra imprudente: en el duelo entrega al enemigo la opción y la victoria, y a quien la profiere, la muerte y el vituperio; y en la embajada, insolencia y temeridad
«Sextus e(l ex genere in genus tranCtus^ut cum cochlea haurire aqua do* cemus, quia dum dreumuoluiturpars inanis inferior reddimr plena» — y da el sexto modo de paso de género a género con el ejemplo del tornillo de agua: al girar, la parte vacía de abajo queda llena
«Septimus eG ex lege abfblutus,non Gt,qui dimidium non obtinet fufini giorum damnatus non Gt,qui duas partes e tribus ex fufRragfjs non ob« dnuenc» — y el séptimo lo saca de una ley y de la aritmética de los sufragios, que es donde la sutileza se hace jurídica
«Ouodedm funt iudices,quidam damnantr i feptem.abfbluitur i quint^ Si ofto damnaflcnt» — y plantea el caso con las cifras puestas: doce jueces, uno es condenado por siete y absuelto por cinco, y si ocho hubieran condenado
«At Rex cum prumnas,feruitutem, pericula, quodfp omnia amilTurus eft breui recc^nolat, incertus & anxius,tum ad om« nes cafuspauidus ac trepidus uluet» — y describe la condición del rey por lo que le espera, no por lo que tiene: al recordar los tormentos, la servidumbre, los peligros y que en breve lo perderá todo, vivirá incierto, ansioso y medroso ante todos los casos
«Sed mihi maior utdetur de membris difticultas,cum linguam non manusloquendicaufa, ambulandi grana pedes non caput moue# ant bellux.iterum uidetur& hoc ab eadem contingere caufa, nam cum catulum in aquam nuper natum proieceris» — y declara mayor la dificultad de los miembros que la anterior, con el experimento que la plantea: por qué las bestias no mueven la lengua para hablar ni la cabeza para andar, y qué pasa al echar al agua un cachorro recién nacido
«Ergo uer< fapiens long^ beador efl : nam cu fapiens ea quf nouit fecum» — y adjudica al sabio la mayor felicidad por lo que lleva consigo: las cosas que conoce
«Sdi non ad amu(Tim,qualis fit ratio capadtads fphaenc ad reliqua corpo ra» — y declara que no sabe con exactitud cuál sea la razón de la capacidad de la esfera respecto de los demás cuerpos, que es una ignorancia declarada dentro de una cuenta
«Igitur Cylindrusfiipermaiorem drculum erit quali cxxxij.fit enim ex d'me« dente in ba(in:at Cylindrus fuperdrculum maximum fphatnrex Archi< mede eft fefquialter illitigitur cum Cylindrus fit» — y hace la cuenta apoyándose en Arquímedes, a quien nombra: el cilindro sobre el círculo máximo de la esfera es sesquiáltero de ella
«De Mirabilibus,6c modo rcpraefen tandi res uarias praeter fidem» — y el título mismo declara de qué trata este tramo del libro: de las cosas admirables y del modo de representar cosas varias más allá de lo creíble
«MINI enim cumCaroIiis Quintus.Catfarfodidflt* uSjMcdioIanum uaiiiret,Duce Frandfco Sforria,duf iominisrecundo» — y fecha y sitúa lo que va a contar con la corte entera delante: cuando Carlos V vino a Milán siendo duque Francisco Sforza segundo de ese nombre
«Nec takm ut inteUexinodra iecula autantiqutoramul td uiderunt.nam inaudita& incredibilia £ackbat» — y gradúa lo que vio comparando siglos: según entendió, ni nuestros siglos ni los antiguos vieron muchos tales, porque hacía cosas inauditas e increíbles
«Cuneatam mirabiltf iit Iwc ars,attamen nullo in predo habetur» — y separa lo admirable de lo estimado, que es de sus distinciones más útiles: es arte admirable y con todo no se tiene en precio alguno
«qudd diuinitads olim prsciidio iraiiteremr.nunc defbtnta iit» — y explica la caída del oficio por su historia: antes se protegía con el prestigio de lo divino y ahora está desnudo de él
«cedit qudd legibus damneturtquodcp decepti olim Principes» — y añade dos causas de esa caída, una jurídica y otra política: que las leyes lo condenan y que en otro tiempo engañó a los príncipes
«Na qui uorant illum,prins ooll^a fub lingua iwua ex tinguunt:qui efflant,cono& ibipp inuoluunt» — y desarma el prodigio describiendo la maniobra: los que se tragan el fuego lo apagan antes bajo la lengua, y los que lo soplan se envuelven con el cono
«Audadz potius haeciunt portenta quaingenrj.1ntinita iunt huius artis inuenta,transferrc, occule» — adjudica esos portentos a la audacia antes que al ingenio, y declara infinitos los inventos de esa arte, empezando la lista por trasladar y ocultar
«Puerum(inecapite,caput (ine puero o* ftendunt,uiuunt tamen omnia,& nihil detrimend puer padmr» — y describe la apariencia junto con lo que de hecho ocurre: muestran un niño sin cabeza y una cabeza sin niño, y todo vive y el niño no padece daño alguno
«Nam ludunt,pugnant,uenanmr,ultant,tuba ct nunt.coquinariam exercent artem, atep haec omnia ut mirabiUa liint, ita nullius ut dixi udlitads» — y da la lista de lo que esas figuras hacen —juegan, pelean, cazan, saltan, tocan la trompeta, ejercen el arte de cocina— para rematar con su juicio: todo ello es admirable y, como dijo, de ninguna utilidad
«nec fi te docere uelint precario digneris difcere» — y cierra con una regla de conducta hacia esos hombres: ni aunque quieran enseñarte de favor te dignes aprender
«Vnde alijs temeritatem fblum fine auxilio addunt,hisf]^ exemplis egregii fimph'ci« bus uiris tum pueris nocent,exponuntip periculis, unde iure circulato* res fycophantacf^ tc impoftores dicuntur,& infames habentur» — y funda en el daño la calificación que reciben: añaden temeridad sin auxilio, dañan con esos ejemplos a hombres sencillos y a niños y los exponen a peligros, de donde con razón se les llama charlatanes, sicofantas e impostores, y se les tiene por infames
«Simih' radone dicunt E(fmrS ftitt equi pedcs,fi diu ucAigia lupi fequantur,obfiupelcere,nam fireemda^P'^*'^^ fint ue/bgia odore uexatur» — y una creencia sobre los caballos que siguen las huellas del lobo la consigna con verbo ajeno, y le busca causa en el olor
«fdt ut crediturhomo fi cum priorlupus uiderit, unde Virgilianu illud» — y la creencia de que el hombre enmudece si el lobo lo ve primero la marca con un se cree y la remite al verso de Virgilio
«Caetcrum hocquandocp uerum fiii/lecx peni /iimusmon omnino obmutelcunt,ledraud euadunt» — y aquí gradúa el hecho en vez de aceptarlo o negarlo: hemos experimentado que alguna vez fue verdad, no enmudecen del todo, sino que quedan roncos
«Habet enim quid homini aducrfum,quo lpirituscohihetur:necpotefl fieri uiolenta illa (piritus exfufflado qup ad uocem neccllaria eff» — y da la causa natural del efecto: el lobo tiene algo adverso al hombre con que se cohíbe el espíritu, y no puede hacerse aquella expulsión violenta del espíritu que es necesaria para la voz
«Sed gal linae cerebrum ingaiium& memoriam iuuat,aded ut aliquos qui deli» — y consigna la virtud del seso de gallina sobre el ingenio y la memoria, hasta lo que dice de algunos que deliraban
«Dicunt qudd lapis i cane morfus in potu fumptusjhidt hominem clamare» — y una virtud de piedra la abre con el verbo que la sitúa: dicen que la piedra mordida por un perro, tomada en bebida, hace clamar al hombre
«Sed ad ITmix cor reuertonhoc dicunt dormienti fuppofitum,(erat per /otho fomniim ortendere» — y del corazón de mona consigna lo que dicen: puesto bajo el que duerme, le muestra sueños
«Eritif feu Eri’ hoc^ rcccptum efi i medids . Ad illius pinguedinem pulices congregat» — y una receta de recibo entre los médicos la trae como tal: a la grasa de ese animal se congregan las pulgas
«Inueni ad hyrd fanguinem in fouea pofitum congregari pulices» — y esa noticia la pasa por su propia prueba, que es lo que la distingue de la anterior: hallé que a la sangre de macho cabrío puesta en un hoyo se congregan las pulgas
«Sed fulphur illas prohibettere lA *.Jeh'lb’ odoris magnitudine& prauitate» — y da el remedio contrario con su causa: el azufre las aparta por la magnitud y la maldad de su olor
«Arifioteles tradit illas aroeri origano cum fulphuremixto,nam hoc ratiom'congruit,quoniaiit utrunqt uehemenier& grauiter» — y una receta la adjudica a Aristóteles y la admite por razón y no por autoridad: orégano mezclado con azufre, porque eso conviene a la razón, siendo lo uno y lo otro vehemente y grave
«Nec mirum,dicebat Symeon oleum cum triplid pons nim mhutur dere aqux,(i in eo donec aqua abfumatur tota» — y una preparación con aceite la pone en boca de Simeón, con el término del proceso puesto: hasta que se consuma toda el agua
«Sed quia id narrauimus in fecundo contradicendir,ided aliud cxColbmrinoexem ^ plu referl.inquit» — y remite a otra obra suya lo ya narrado antes de traer otro ejemplo, marcándolo con un inquit
«Ita leonis pinguedine peruncGos quod mirum elf,tutos efle aferis,cum odorem illum fcuuiuctis,feu tui cxpaucfcant.Hocautem maxime» — y la protección que da untarse con grasa de león la califica de admirable y le ofrece dos causas alternativas sin escoger: que las fieras teman el olor o teman al león
«Nam muGelf& fciuri alleo dentibus tcntato,in poGerum mordefe uix audenn» — y explica un remedio doméstico por el escarmiento del animal: probado el ajo con los dientes, comadrejas y ardillas apenas se atreven a morder en adelante
«Quid abfurdiustinucnio apud Agrippa duo nuds experim^ inter il Msrfi imm lius» — y aquí nombra a Agripa para calificar lo que le encuentra: qué cosa más absurda, y halla en Agripa dos experimentos de la nuez
«nux pullo indufa,Glum longe celerius coqui fadt» — y da uno de esos dos experimentos por su enunciado: que la nuez metida en el pollo hace que se cueza mucho más deprisa
«uidetur hoc mihi fane contingere, q> motus aer in neniis fonu fem* per exdtat,quamuis non audiatur» — y ofrece su propia explicación marcándola como parecer: el aire movido en las cuerdas suscita siempre sonido, aunque no se oiga
«Hoc minus habet ueritads,quia non femper accendinir,at line oerniad «qualitatem duAi,rcmper paleam mouent,& tamen hocde lapide eui« dentem fui efFetflus cauiam magis habet» — y gradúa dos hechos por su verdad y por su causa: éste tiene menos verdad porque no siempre se enciende, y aquello de la piedra tiene causa más evidente de su efecto
«Refert Agrippa infuode uenefidjs.acexperj» — y una noticia sobre maleficios la adjudica por su nombre a Agripa, en su libro, sin hacerla suya
«Herculei lapidis uncia,coquuntur trita in olla GifUli lateribus coodula,iiide fepelitur in oleo laurino per dica xv» — y da la preparación de la piedra de Hércules por sus pesos, su vasija y su plazo: se cuece molida en olla sellada, luego se entierra en aceite de laurel por quince días
«non ignoro& lapides & ov caOonem fculptunc prohccrc, figuram autem nihil» — y reparte crédito entre la materia y la imagen, que es su posición sobre los sigilos: no ignora que las piedras y la ocasión de la escultura aprovechan, pero que la figura nada
«ut cum Pyro f?t>ffl4nophii|](n lapidem uolumus facereSanguinis humani libras duas» — y consigna una receta de piedra hecha con sangre humana con su peso declarado
«Quarda quide magis uidentur qudm (int,qua:dam autem magis uera funtquim uideantur» — y cierra el tramo con la fórmula que ordena todo su tratamiento de lo maravilloso: algunas cosas parecen más de lo que son, y otras son más verdaderas de lo que parecen
«Innumera in hoc genere referre pollem, quorum origo ignoa parit» — y declara por qué no sigue enumerando en este género, poniendo el desconocimiento de la causa en el origen
«Si uerd celfet antequam expergifoiair, ucl dum expergifdtur,eire poterit ut in periculo tantum horum fit» — y acota el caso por el momento en que cesa: si cesa antes de despertar o mientras despierta, podrá ser que solo en el peligro ocurra alguno de éstos
«At uerorum cum anima ex fpedebus iam feruads in fptri4 tjerorm ctu- tibus elicitquod ei opportunum eif,adiuuante ccsleffi imagine» — y explica el sueño verdadero por una operación del alma sobre lo ya guardado: de las especies conservadas en los espíritus saca lo que le es oportuno, con ayuda de la imagen celeste
«Sunt tamen qui dicant illos fraude commentos hoc uaticini um.qudd rei eflent interceptae pecunix haud contemnendx» — y consigna la lectura contraria en boca de otros, con su móvil: hay quienes dicen que aquéllos fingieron con fraude ese vaticinio, porque las cantidades interceptadas no eran de despreciar
«Fiunt& technx non Icues in hoc gcnere:uelut qui ouo inferibunt» — y consigna que en este género se hacen tretas no ligeras, poniendo por caso a los que escriben en un huevo
«Inde per totum uarix ac noux diiputationes admodum efegantes:& de rebus ueris:candorem lingux haud mediocri,cum quadam> grata obfeiritaic» — y valora un escrito por sus cualidades, con la última puesta como mérito y no como defecto: disputas varias y nuevas muy elegantes, sobre cosas verdaderas, con candor de lengua no mediano y cierta grata oscuridad
«no perueniet I&cr ille,nam uoluptatem fentire etia futurorum bonorum his» — y acota a quién no alcanza ese provecho, que es el modo en que reparte los efectos
«An Ibrlan quod futurum eil,ut uir dariore ingenio haccnofea in» — y deja la cuestión en pregunta abierta, remitiéndola a un varón de ingenio más claro que la conozca
«Vis igitur lomnij mulus modis admiratione digna eft» — y declara digna de admiración de muchos modos la fuerza del sueño, dejándola además por oculta
«Nam necp cum mulds alijs aeddant haec,ad Deum aut» — y abre su posición sobre las visiones de los eremitas por la negativa: como estas cosas no ocurren a muchos otros, no es lícito trasladarlas a Dios ni
«edam nobis inuids omma qux uelint, nec^ tot pro« bos, quif|{ toum» — y esa concesión la extiende hasta donde llega: aun contra nuestra voluntad, todo lo que quieran
«bos, quif|{ toum uitam tam aTperis laboribus ac folitudini deuouerum mendri tam pania de cau(acrediderim» — y la razón por la que no atribuye fraude a los eremitas es de crédito personal: no creería que tantos varones probos, que consagraron toda su vida a trabajos tan ásperos y a la soledad, mintieran por causa tan pequeña
«Sed foGtudo ipfa mensf^ $^ra laboribus ac iciuntjs,tum temperatura dbis muuta agreAibus, qudd hu mor poterat in illo, melancholicusrepraefentabant» — y da entonces la causa que sí adopta, que es fisiológica y no demonológica: la soledad misma, la mente enferma por los trabajos y los ayunos, y el temple mudado por los alimentos agrestes, representaban lo que el humor melancólico podía en aquél
«monas transferre licet,prxferdm cum dicam poiTe eos per» — y a los demonios, con la concesión puesta en la misma frase: sobre todo diciendo él mismo que ellos pueden representar por la imaginación
«Nam uix echo credi poteft,aded clar^^ded expeditd, aded fiepe ac ordine cerro uoces omnes exaudiuntur» — y del eco dice que apenas puede creerse, que es la fórmula con que este tramo del libro introduce lo asombroso sin salirse de lo natural: tan claramente, tan expeditamente, tan a menudo y con orden cierto se oyen todas las voces
«Hacc quidem B.Anto nius qui hac in parte admirabilis fuit nos edocuit, t^lobis eade de exi* dalibus ac l^udleris animi praclagqs differenda inConcufla manebit: eri am fi ui naturae hxcipfafblum fieri contendamus» — y sobre los presagios del ánimo declara que la doctrina queda inconcusa aunque él sostenga que se hacen solo por fuerza de la naturaleza, con lo que separa la explicación de la creencia sin derogar la segunda; la enseñanza se la adjudica a Antonio, admirable en esta parte
«Nam fipro angelis ac daemonibus fidutariaacinfenfaaftrafupponantur, eaderario^gnacp ea dem in utriftp militabunt» — y equipara las dos explicaciones por su forma lógica: si en lugar de ángeles y demonios se suponen astros favorables y adversos, la misma razón militará en uno y otro caso
«Annulumdicunt,quem ego uidi,fi conficias com>(i<Umor aigcteu,hocmodoinmsinlcriptu,+Dabi + Habi + Haber+ Hebr» — y un anillo mágico lo consigna con su propio testimonio de haberlo visto y copia la inscripción con las cruces puestas, sin decir si obra
«Odores quotstetros &{bnitus inconditos panunt, autrelinquunt,(u(pido mametpon recefliun aut delperano , ut de Brud genio legit :at alRatus diuiniji^u auigelus quilpiam occurrat, no nifi bo naialtem mente praedids fe ofRrt, ac fine ftrepitu ullo lenfimcp accedit, animam exhilarat,ac fiduciam pracftat opdmamc^ (pem» — y da los signos por los que se conoce la calidad de la presencia, en dos series opuestas: olores fétidos y sonidos desordenados dejan sospecha y desesperación, y el ángel que sale al encuentro se ofrece solo a mente buena, se acerca sin ruido alguno y poco a poco, alegra el alma y da confianza y óptima esperanza
«puer affirmat fe uidere equitem afium Daemonem, longe primis proceriorem.cum tricufpide» — y un caso reciente lo consigna en la voz del testigo, que es un niño: afirma ver un jinete, demonio, mucho más alto que los primeros, con un tridente
«Ob id uerifimilius elH Dsemone fanatam cile: Dannonasi^ ipfos ede ac uagari» — y aquí está la conclusión del libro sobre la existencia de los demonios, dada como lo más verosímil y no como cosa probada: es más verosímil que fuera sanada por un demonio, y que los demonios mismos existen y vagan
«Mira uerd funt quae ad condiman dam hanc opinionem recitantur i Plutarcho in initio uitx Cimonis» — y abre la serie de testimonios antiguos que reunió para asentar esa opinión, empezando por Plutarco al principio de la vida de Cimón
«tum 4 Plinio in fepdmo epidolanim libro, de phannfmate,quod in domo Athenis perpetud uidebatunde pueris» — y sigue con Plinio en el libro séptimo de sus cartas, sobre el fantasma que se veía continuamente en una casa de Atenas, y sobre los niños a los que la línea siguiente dice que cortaban el pelo sin autor ninguno
«Rurius apud Suetoni um in Caligula occifo,cuius domus per multos annos odends inquieta* ta ed,donec incendio abfumpta fiiit» — y con Suetonio sobre Calígula muerto, cuya casa quedó inquieta muchos años hasta que la consumió un incendio
«RefertM. Paulus Venetus, Tana* ros(hiuoluntedeScythas^aded pollere Da;monumpncdigijs,ut tene* bras cum uelint& ubi uelint inducant, (emelcp 4 latronibus hac arte dr* cumuentu,aixeuafifle» — y una noticia de prodigios demoníacos la trae con su autor moderno: refiere Marco Polo veneciano que los tártaros, a quienes él quiere que sean escitas, pueden tanto con los prodigios de los demonios que inducen tinieblas cuando quieren y donde quieren, y que él mismo, cercado una vez por ladrones, escapó con esa arte
«Cuirdtedisaccedituir grauis Haitorius,in fua Sarmatarum hidona,qui prxlio edam inclinaram adem Tartarorum ue xillarrj praecantadonc,du tenebras cifunderctobfcundimas,reditutan{ & uiAricem fatflam literis prodident» — y añade un segundo testimonio que califica de grave, Hetum en su historia de los sármatas, que dejó por escrito que el abanderado de los tártaros, con un encantamiento que derramó tinieblas oscurísimas, restituyó y volvió vencedora una línea ya inclinada en batalla
«Verum omnibus hidorijs magis admirabilem hic rubrjdam» — y anuncia el relato de su padre poniéndolo por encima de todos los anteriores: más admirable que todas las historias
«mum cum illius feripta requirerem,quddfaepius audieram,ita Uteris mcmorixmandatuminiieni» — y declara cómo llegó al texto que copia, que es el dato que sostiene toda la transmisión: al buscar por fin los escritos de aquél, lo que había oído muchas veces lo halló así confiado a las letras
«ue(bbus,pallio quafi Grxco.caligis ut uidebamr purpureis. SubucuU tlioracibus fplendentibusacrubetibus,ut4chermefino elleuiderenmr, forma auguAiore qu4m communi,& confpicua admodum» — y describe el atuendo de los siete: palio como griego, calzas al parecer purpúreas, bajo corazas espléndidas y rojizas como de quermes, de forma más augusta que la común y muy notable
«iorum alterum,qui procerior erat& rubicundus, duo ali) uquebantur Comites:alterum qui paUidior ellct ac minor corpore,trcs alq» — y da la jerarquía interna con los acompañantes contados: al más alto y rubicundo lo seguían dos compañeros, y al más pálido y menor de cuerpo otros tres
«lira efle longe diutumiorem,ut quae ad annos ccc.extenderemr» — y la duración que se adjudican, que en el latín va como corrección de lo anterior: que su vida es mucho más larga que la nuestra, hasta extenderse a trescientos años
«Interro gand de animx immortaUtate n<mrx,nihil quod cuiqi proprium efl« fu perefle affirmarunt» — y aquí está en latín la negación que las traducciones inglesas transmiten: preguntados sobre la inmortalidad de nuestra alma, afirmaron que no sobrevive nada que sea propio de cada uno
«Iplbs diuis cfleconiuntSiores multo humano gene» — y el lugar que se dan a sí mismos en la escala: estar mucho más unidos a los dioses que el género humano
«re, fed tamen ab illis infinito pen^ dilfare interuallo» — y en la misma frase la reserva que lo acota: que con todo distan de aquéllos por un intervalo casi infinito
«bis,aut beadores cire,aut mitoorcs,ac nOs ipGs fumus bclIuis» — y la comparación con que sitúan su relación con nosotros: no de otro modo son ellos más felices o más miserables respecto de nosotros que nosotros mismos respecto de las bestias
«tere abditarum renun,ut neclibros,aut pecunias,infimam^ illohim cof luuiciocire genios uiroiwnnobilifitnionin» — y lo que se atribuyen de saber y de rango: que nada de lo escondido se les oculta, ni libros ni dineros, y que la ínfima gavilla de ellos son los genios de los varones más nobles
«Sed nccMichael latina efidi(fHo,necimicocompofita» — y una nota de lengua sobre un nombre angélico: ni Michael es palabra latina, ni las compuestas a su modo
«uem Hierarchias difpofuit:Anulos,Archangelos,Thronos, Domina* nones» — y la disposición de las inteligencias en nueve jerarquías, que la línea anterior adjudica a Dionisio Areopagita, la da por su lista: ángeles, arcángeles, tronos, dominaciones
«Nam mortaliii medidna,eft fenfus cum intellc(ffu,quibus uirtutes in no bis coparatur» — y define lo que en los mortales hace las veces de aquello: el sentido con el intelecto, con los que se nos procuran las virtudes
«At fupremi i)Ii clari, certi, fyn^ ceri,pcrpetui,a^Iidue^p in opere beato manent» — y describe a las inteligencias supremas por cuatro notas y un estado: claras, ciertas, sinceras, perpetuas, y permanecen asiduamente en obra beata
«Hic quide rcifert intellediu noftrum, obfcure nim nouit dubitat<:{t,ac umbram fola rerum habet» — y por contraste describe el nuestro sin adornarlo: conoce oscuramente, duda, y solo tiene la sombra de las cosas
«At Deus meliorem efficere nequiuit, non quia no potuerit, fed quia talem efle debere melius cxiftimauit» — y salva la omnipotencia con una distinción declarada: Dios no pudo hacerlo mejor, no porque no pudiera, sino porque juzgó mejor que fuese tal
«loit ut horu intellecftuu cognolcamus natura,corporu qux per iplbs iittVigmtitrS reguntur uires (cire oportebit» — y ordena el método: para conocer la naturaleza de esas inteligencias habrá que saber las fuerzas de los cuerpos que por ellas se rigen
«Luna igitur ipla gubernat elemcta 8i cor» — y adjudica a la Luna el gobierno de los elementos y de los cuerpos
«Mercurius intclletfhii ac fenfibus omni bus prfeft,Virtut<sMercurio:uirtutibus Raphael,id eft,Dei medidna» — y ata cada planeta a su facultad y a su ángel, traduciendo el nombre: Mercurio preside el intelecto y todos los sentidos, a las virtudes Rafael, esto es, medicina de Dios
«Sed Saturnus firmitate dattidcmip ac folus ferm^ humidu& calore alio« rum temperat,crcdinirc^ob frigiditatem ac ficdtatem mortis ac» — y a Saturno le adjudica firmeza y el temple del húmedo y del calor de los otros, y marca como cosa creída, no afirmada, lo que sigue sobre su frialdad y sequedad y la muerte
«Sed dices^r fi Ekus oim eft auchor,mala boms pr^fiat.tum celeritate, frtfha. facilitate,(requetia,magnitudineCHora.imd momcto pefilim imus& in* firmamunut diRmur,ut fiuiemur,Iongo tempore opus cfi» — y pone en boca del lector la objeción más dura del libro, con la desproporción medida en tiempo: si Dios es autor de todo, por qué los males aventajan a los bienes en celeridad, facilidad, frecuencia y magnitud, pues en un momento, y aun en un instante, somos destruidos y enfermamos, y para sanar hace falta largo tiempo
«qux uoluptas cnidatui, qux fpcs timori,qux foelidcas orbitati,qux iucunditas carceri, qux fa« nius morbo,autquxdiuitigpauperutis incomodis:quis honor uitupc iationi coxquari potefifDcnitp efi illa reruomniu extrema mors,cuius cogitationi (olp nec gaudia mille uitaru conferri pofTunt; habet tamc hoc bom',qudd reliquos finiat moerores» — y refuerza esa objeción con una serie de comparaciones imposibles y remata con la muerte, concediéndole un solo bien: que pone fin a los demás pesares
«Tot denic^ in fbrtunia,luiffus,dolor,morbus,infamia,amor irritus, timor, paupertas, unu aut fblu bonu non indigere» — y da la lista de los males —infortunio, luto, dolor, enfermedad, infamia, amor sin fruto, temor, pobreza— frente a un solo bien: no necesitar
«Deus tamc no cft intd lc<fhis,fed aliquid intelletfhi longe melius, beatius, potetius, dignius» — y niega que Dios sea intelecto para ponerlo por encima: es algo mucho mejor que el intelecto, más beato, más potente, más digno
«Gimnnt nobis cognitisiintelhgctias uerd naturacp earum* multo magis& Dei fublimis incognita intelleftuinoftro omni exparte elTe docuimustigiturquonam paAointeUigentqs aut Deo nome ullum erit,aut imponere lieebitf» — y de la incognoscibilidad saca una consecuencia sobre los nombres, que es donde el libro se detiene: siendo desconocidas del todo a nuestro intelecto las inteligencias y su naturaleza, y mucho más el sublime Dios, de qué modo habrá nombre alguno para las inteligencias o para Dios, o será lícito imponérselo
«At ncqp intelligetiaruaiecp enimDeo UpmU noni nome eftuUu,aut inteUigcntijs:fedimpoGds nominibus ab imaginatio» — y responde negando el nombre propio y adjudicando los que se usan a la imaginación humana: ni a las inteligencias ni a Dios les corresponde nombre alguno, sino nombres impuestos
«Tuigit altiiTime Deus,i quo omniabona ^fluunt,cuiusnutu cunifta» — y con esa invocación cierra el tratado: altísimo Dios, del que fluyen todos los bienes, a cuyo asentimiento todo
About the work
30 entries — what the apparatus and scholarship say about it«Source: Jerome Cardan, De Subtilitate Rerum Libri XXI (Nuremberg, in-folio 1550), XIX.» — la procedencia completa: ciudad, formato, año y libro.
«13 August 1491, Milan, Italy: Summoning the Aliens» — así encabeza la fuente el caso que toma de esta obra.
«Seven "men" appeared before Philosopher Facius Cardan (Fazio Cardano) in his study. According to his son Jerome the story left by his father, a mathematically-gifted lawyer and friend of Leonardo da Vinci, read as follows» — la cadena de transmisión declarada: el padre deja el registro, el hijo lo publica.
«When I had completed the customary rites, at about the 20th hour of the day, seven men duly appeared to me clothed in silken garments resembling Greek togas, and wearing, as it were, shining shoes.» — el rito previo, que es lo que sitúa esta obra dentro de nuestro dominio y no en su margen.
«The undergarments beneath their glistening and ruddy breastplates seemed to be wrought of crimson and were of extraordinary glory and beauty.» — la descripción del atuendo.
«The taller of them who was of ruddy complexion was attended by two companions, and the second, who was fairer and of shorter stature, by three. Thus in all there were seven.» — la jerarquía interna del grupo: dos de rango superior con sus acompañantes.
«They were about forty years of age, but they did not appear to be aboV$2 thirty.» — la línea trae un número incrustado por la capa de texto; se cita con la corrupción puesta.
«When asked who they were, they said they were men composed, as it were, of air, and subject to birth and death.» — la autodefinición de los comparecientes: aéreos y mortales.
«It was true that their lives were much longer than ours, and might even reach to three hundred years' duration.» — la duración que se adjudican.
«Questioned on the immortality of our soul, they affirmed that nothing survived which is peculiar to the individual...» — la doctrina que niegan; los puntos suspensivos son de la transcripción.
«they answered that it was forbidden by a peculiar law under the heaviest penalties for anyone to communicate this knowledge to men» — la prohibición sobre los tesoros: hay ley y hay pena.
«They remained with my father for over three hours.» — la duración de la comparecencia.
«But when he questioned them as to the cause of the universe they were not agreed. The tallest of them denied that God had made the world from eternity. On the contrary, the other added that God created it from moment to moment, so that should He desist for an instant the world would perish.» — el pasaje más citado de la obra: los propios comparecientes discrepan sobre la creación.
«Fig. 10: Jerome Cardan (Girolamo Cardano, 1501-1576)» — el pie del retrato en el cuerpo del libro; la lista final de figuras lo da solo como «Girolamo Cardano, portrait, 16th century: unknown artist».
«mathematician Facius Cardan, Sir H. Sloane (president of the Royal Society), Charles Messier, Cromwell Mortimer» — al padre lo listan entre observadores de rango, contra la frase de Hawking sobre «cranks and weirdos»; aquí lo llaman *mathematician*, y en la p. 157 *Philosopher* y «lawyer».
«The Seven Visitors of Facius Cardan» — cruce con ficha existente: es el encabezado con que *Dimensions* abre su tratamiento de esta obra.
«Paracelsus was probably born in 1493, and only two years earlier Facius Cardan had recorded his observation of seven strange visitors directly related to the creatures of the elements» — *Dimensions* la pone en serie con Paracelso y con los Elementales, y fecha esa serie.
«In his book De Subtilitate, Cardan explains that he had often heard his father tell the particular story and finally searched for his record of the event» — dato sobre la COMPOSICIÓN de la obra: el hijo la oyó muchas veces antes de buscar el registro escrito. Solo lo da esta fuente.
«August 13, 1491. When I had completed the customary rites, at about the twentieth hour of the day, seven men duly appeared to me» — la misma frase, con otra fecha delante y «twentieth» en letra donde la otra fuente pone «20th»: son dos transcripciones distintas del mismo pasaje.
«He left no record as to whether their heads were covered.» — frase que la transcripción de *Dimensions* trae y la de *Wonders* no. La divergencia se consigna; no se decide cuál es completa.
«When my father asked them why they did not reveal treasures to men if they knew where they were» — *why* aquí, *if* en la otra transcripción («if they did not reveal treasures»): las dos versiones se conservan. «vallee-dimensions · EPUB p. 28»
«that astonishing little remark made by a sylph to Facius Cardan, which antedates quantum theory by four centuries» — *Dimensions* llama sylph al compareciente; `--buscar "sylph"` sobre *Wonders* da 0 páginas. Las dos nomenclaturas se consignan sin unificar.
«As Jerome Cardan says, "Be this fact or fable, so it stands."» — la reserva que *Dimensions* adjudica al autor de la obra sobre su propio relato.
«The remarkable story of Cardan's dialogue with the two sylphs who disagreed about the nature of the universe summarizes the problem well.» — «two sylphs» donde el relato dice siete varones de los que dos eran de rango superior; y aquí «Cardan» sin nombre de pila, así que no se puede saber a cuál de los dos adjudica el diálogo.
«The other sylph expressed a theory closer to Islamic occasionalism: the universe is a world of events.» — la adscripción doctrinal que *Dimensions* propone para el pasaje.
«Both Cardan and Paracelsus write, like Kirk, that a pact can be made with these creatures and that they can be made to appear and answer questions at will.» — *Dimensions* le adjudica a esta obra una doctrina del pacto, y la pone junto a Paracelso y a Robert Kirk.
«One fascinating case of transmission of knowledge dates from the year 1491, when the Milanese mathematician Jerome Cardan found himself involved in a visitor encounter.» — tercer cruce, y trae una adjudicación divergente: aquí el compareciente es el HIJO, no el padre; `--buscar "Facius"` sobre esa obra da 0 páginas. No se corrige.
«Far from being a fifteenth-century idea, it is an eleventh-century Arabic idea. Did it get to Dr. Cardan via the sylphs, or was it transmitted by more conventional means?» — la misma obra propone otra filiación para la doctrina del pasaje, y también los llama *sylphs*.
«There is no other record of it in European scientific and religious literature of the period.» — la razón por la que esa fuente considera el pasaje singular.
«what would have been his motive for risking his life to the Inquisition by admitting communion with the sylphs, who were viewed as demons?» — la lectura de riesgo que esa obra hace de la publicación misma del pasaje.
Concepts treated
Evocación (llamar y constreñir espíritus) — Según lo transcriben sus lectores, el libro XIX abre el relato con un rito previo —«When I had completed the customary rites»— y sitúa la comparecencia en el estudio del padre
Daimon (entidad intermedia, ni ángel ni demonio) — Los siete se declaran compuestos de aire, sujetos a nacimiento y muerte, con vidas de hasta trescientos años, y niegan que sobreviva nada propio del individuo; discrepan además entre sí sobre la creación del mundo
Cuatro elementos (fuego, aire, agua, tierra) — *Dimensions* lee a los comparecientes como criaturas de los elementos y los llama *sylphs*, nomenclatura que la otra fuente no usa