El Breviario
Le Bréviaire de Flamel
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Abre con la fórmula devota — «Que en nombre de Dios sea hecho, Amén.» «El Breviario (atribuido a Flamel) · p. 5» — y con el temor de Dios como primer paso de la sabiduría, el mismo incipit que abre el Testamento flameliano. Flamel afirma haber recuperado el libro del judío Abraham y extraído de él el secreto «El Breviario (atribuido a Flamel) · p. 5»; el texto se sitúa bajo Carlos VI (1414), recuerda a Perrenelle como coautora del secreto y destina el manuscrito a la iglesia de Saint-Jacques «El Breviario (atribuido a Flamel) · p. 5». Su voz magisterial se dirige al sobrino con el reclamo del testigo: «Haz como me has visto hacer.» «El Breviario (atribuido a Flamel) · p. 20».
77 claims · 1 source · 3 attributions
Attribution
recorded, never asserted«El Breviario (atribuido a Flamel) · p. 2»
«Priesner & Figala — Alquimia (enciclopedia) · p. 108»
«Principe — The Secrets of Alchemy (2013) · p. 11»
The chain of the work
the processed witness, in emeraldClaims
77 entries — the work's own voice, with its passage«Que en nombre de Dios sea hecho, Amén.» — el incipit devoto; el digest conserva también su forma francesa: *Au nom de Dieu soit fait Amen. Le premier pas dans la Sagesse est la crainte de Dieu.* — el MISMO arranque que abre el Testamento del corpus.
Flamel afirma haber recuperado el libro del judío Abraham y extraído de él el secreto alquímico.
El texto se sitúa bajo el reinado de Carlos VI (1414) y recuerda a Perrenelle — el digest la consigna «coautora del secreto», no mera compañera.
La iglesia de Saint-Jacques figura como destino original del manuscrito — el ancla topográfica parisina de la leyenda.
«La ciencia de convertir cuerpos metálicos en la perfección del oro y de la plata.» — la definición de la Alquimia en boca del texto.
«La prime est entendement droit et avoir l intelligence des choses que te dirai.» — segundo residuo francés del digest; el *te dirai* fija el tú del destinatario.
La obra advierte que el arte es «mortífero para quien no conozca bien el agente o medio de fortificar el Mercurio»: sin él, «el mercurio se mantiene frio, hidrópico y terroso, sin la fuerza suficiente».
«Entonces no te apartes, del recto camino y dirígete a mis otras explicaciones.» — la voz magisterial al sobrino.
«Haz como me has visto hacer.» — el reclamo de testigo presencial: la frase que más carga la ficción autobiográfica.
«Desposarás, entonces, al joven Mercurio, o sea la plata viva (azogue), con aquel que es el mercurio filosofal Saturnial.»
«Debes tomar X partes de oro fino, limpio y purgado 9, 10 a 11 veces solamente por el Lobo voraz»
«ha comido un poco del cuerpo del Rey y que tendrá ya mucha más fuerza para disolver al otro»
«Es el maravilloso caduceo que mencionan todos los sabios en sus libros, afirmando que tiene el poder de hacer todo por si, de realizar toda la obra filosofal» — con la correspondencia caduceo ↔ raíz de todo metal.
«En cuanto llegue al rojo púrpura, recógelo, pues está elaborado el polvo alquímico.»
«Cuece tanto, para que el oro y el mercurio no suban y no desciendan más.»
«con el fin de hacer elevar (leudar) la pasta filosofal»
«Puedes hacer todavía una otra cosa, a saber, si deseas flores y frutos en el frío del invierno, has disolver 6 grados del referido polvo rojo.» — el polvo que hace florecer en invierno.
«verás en el fondo un vidrio rojo, que es el oro»
Las figuras del libro de Abraham: las dos serpientes entrelazadas alrededor de una vara de oro (la séptima hoja, p. 16) y el Rosal — con base en un roble y vinculado a la Saturnia — como modelo del agua doble o triple (p. 18).
La cuarta figura muestra al joven Mercurio con el caduceo y serpientes alrededor de una vara de oro.
Correspondencias declaradas: mercurio ↔ agua del rosal floreciente y sangre de los inocentes; el Mercurio hermafrodita, masculino y femenino; y la Saturnia como «hierba real triunfante» que equivale a la Luna.
La invocación trinitaria acompaña la receta final: «en nombre del Padre Eterno, del Hijo Redentor y del Espíritu Santo Iluminador».
El bestiario operativo del tratado: el Lobo voraz (p. 21), el Rey devorado (p. 23), el dragón saturnino (p. 26) y el dragón viejo (p. 20).
«Yo, Nicolás Flamel, escribano de Paris, en este año de 1414 del reinado de nuestro príncipe bendito Carlos VI, al cual Dios ha querido bendecir, y después de la muerte de mi fiel compañera Perrenelle, me he llenado de fantasía y de satisfacción, recordándola a ella para escribir en tu favor, querido sobrino, toda la maestría del secreto del Polvo de Proyección o Tintura Filosofal, que Dios ha querido dispensar a su humilde servidor, que lo ha obtenido como tú lo harás si operas como te diré.» — El tratado se data y se firma a sí mismo: escribano de París, año 1414, reinado de Carlos VI, viudez de Perrenelle. Es declaración del texto, no adjudicación externa; la historiografía trata el corpus flameliano como pseudoepígrafe. Lo que promete es un objeto único, el Polvo de Proyección o Tintura Filosofal, y lo condiciona a operar según se le diga.
«Sigue, por lo tanto, con recto ingenio y entendimiento las recomendaciones (los sermones) que los Filósofos han escrito del secreto, pero no tomes sus escritos al pie de la letra ya que no te serian provechosos, ya que deben ser entendidos según la Naturaleza.» — Su regla de lectura de la tradición: los filósofos escribieron del secreto, pero su letra no rinde provecho y hay que entenderla según la Naturaleza. Con eso justifica de antemano el lenguaje figurado del propio tratado.
«he escrito este libro con mi propia mano, y lo he destinado a la iglesia Saint-Jacques, y ha permanecido en dicha parroquia, desde que he recobrado el citado libro de Abraham el Judío, y no he querido venderlo por plata» — Ancla el manuscrito en una topografía parisina concreta, la iglesia de Saint-Jacques, y declara su negativa a venderlo. El rechazo del dinero funciona aquí como prenda de que el secreto no es mercancía.
«Entonces haz todo como lo yo he hecho hasta ahora que tengo una avanzada edad decrépita, debes hacer todo en honor de Dios y de la Iglesia, ayudar a los pobres necesitados, a las viudas y a los huérfanos, y como yo que he fundado albergues y hospitales y he decorado veintidós casas de Dios en piedad y fidelidad.» — Impone un destino a la riqueza que promete —honra de Dios y de la Iglesia, socorro de pobres, viudas y huérfanos— y da la cuenta de sus propias fundaciones como medida. La caridad no es adorno del método: el texto la pone dentro de él.
«he prometido dejarte antes de mi muerte para que nos recuerdes y cuando estés próximo a morir haz de poner este libro en tus cenizas: para que el mundo no sufra daño, ya qué tú y yo seríamos nocivos y el orden mundano no existiría y todos creerían ser maestros y por ello estaría todo perdido.» — Manda quemar el libro con el cuerpo y razona por qué: si todos se creyeran maestros, el orden mundano no existiría. El secreto se argumenta como cuidado del mundo, no como avaricia.
«a través del cual se hace un cuerpo medicinal universal convirtiendo a Saturno, Marte, Júpiter, Luna y Mercurio en puro Sol (Oro) claro, brillante, límpido y del color del propio mineral» — Nombra por planeta los metales que entran en la conversión y fija el término único en el Sol. El producto no se describe como oro a secas sino como cuerpo medicinal universal: transmutación y medicina son aquí lo mismo.
«Tal arte y maestría se consigue por el ingenio de la Naturaleza, por el secreto del régimen de fuego y por la habilidad del operador.» — Enumera los tres factores de los que hace depender el éxito. Al declarar secreto el régimen de fuego reserva de entrada la parte que ninguna receta posterior detalla del todo.
«Así mismo, estuve detenido por más de veintitrés años y medio manipulando sin conseguir aparear (fusionar) la luna, que es el azogue (plata viva), con el sol, y expurgar las escorias del sol (Oro) y la luna seminal (Plata seminal), un veneno» — Confiesa más de veintitrés años y medio detenido por no saber unir luna y sol ni expurgar sus escorias. El relato del fracaso propio le sirve de argumento: sin el agente que introduce en seguida, el trabajo se queda ahí.
«Es por esta razón, que la segunda intención es de saber cómo se debe fortificar este mercurio a través del agente metalífero, sin el cual no es posible, de otro modo, alcanzar lo íntimo del sol y de la luna, los cuales, al ser duros, no pueden ser abiertos, a no ser por el espíritu sulfuroso del oro y de la luna.» — La segunda intención del arte es fortificar el mercurio con un agente metalífero. La razón que da es la dureza de sol y luna, y el único abridor que admite es el espíritu sulfuroso del oro y de la luna.
«Obrando así, lo primero de todo es que permanezcan juntos con el agente metalífero, a saber, la saturnia real y luego se agudiza pues el mercurio por ingenio filosofal» — Nombra el agente, la saturnia real, y prescribe un orden: primero juntar, después agudizar. De ese orden hace depender que el mercurio disuelva más tarde el sol o la luna.
«Entonces es en ese estado, penetrando en el vientre de ellos tomando vida astral, crecimiento y vegetación, que se tornan vivos, tal como estaban en las rocas de las minas.» — Piensa la transmutación como revivificación: los metales recobran en el vaso la vida astral, el crecimiento y la vegetación que tenían en la mina. El modelo del que deriva la operación es vegetal, no de fabricación.
«De este modo se realiza el matrimonio (la unión) del sol, de la luna, y del mercurio (los tres) filosofales, no los vulgares.» — Llama matrimonio a la unión de los tres principios y marca en la misma línea su límite: los filosofales, no los vulgares. La distinción recorre el tratado entero y es la que vuelve inútil leer sus nombres como sustancias de droguería.
«Cree firmemente que todo el ingenio de la industria reside en la preparación del mercurio filosofal, ya que en él está todo lo que pretendemos, lo que siempre han querido los antiguos sabios y que nosotros, tal como ellos, sin él no podemos preparar nada con el Oro (sol) y la Plata (luna), pues, aparte de él no existe nada en toda la esfera (orbita) mundana que pueda producir dicha tintura filosofal y medicinal.» — Concentra el arte entero en un solo punto, la preparación del mercurio filosofal. De ahí sale la desproporción del volumen: casi todas sus planas operativas van a ese preparado y muy pocas a la proyección.
«Esta simiente es la materia tan venerada por los sabios en sus escritos y libros, en los cuales afirman, que la materia de la tintura transmutativa de los metales en oro es solo una y disuelve verdaderamente todo, sin falacias ni trampas, de ahí que nada digan de cómo prepararla.» — Recoge de los sabios la tesis de la materia única y señala el hueco que dejaron: dijeron cuál es y callaron cómo se prepara. Ese silencio es lo que el libro dice venir a llenar.
«Ella actúa, pues, en estas tres solamente, no en otros, porque los otros cuerpos metálicos poco tienen de bueno, ya que están viciados y deteriorados, mientras que estas, son puras, enteras y auténticas.» — Restringe la materia a tres cuerpos y excluye a los demás por viciados y deteriorados. La restricción es sustantiva y no ornamental: los otros metales reaparecen luego como sujetos de la proyección, nunca como simiente.
«Ahora, reflexiona sobre que especie de mineral es un ladrón que come todo excepto el oro y la luna, que deviene bueno este ladrón, cuando lo tienen en su vientre, entonces está apto para preparar el azogue» — Introduce por acertijo al mineral ladrón, que devora todo salvo oro y luna y solo entonces sirve para preparar el azogue. Da la propiedad y calla el nombre: el enigma es la forma en que este texto cumple el secreto que se impuso.
«Procurarás, en primer lugar, tomar al primogénito de Saturno, que nada tiene que ver con el vulgar, nueve partes, del sable de acero del Dios guerrero, cuatro partes.» — Abre la práctica con la única proporción de la primera operación, nueve partes contra cuatro, y advierte de paso que ese hijo de Saturno no es el vulgar. La advertencia desactiva la lectura literal del nombre planetario.
«lo que estará bien hecho, cuando veas un signo astral en forma de estrella encima del régulo.» — Da un criterio de término que se juzga a ojo, la estrella sobre el régulo. Es el único control que el tratado ofrece para cerrar esta fase, y es visual.
«Entonces del oro se hace la llave y el cuchillo que abre y corta todo metal, sobre todo al Sol, la Luna y Venus a todos los cuales se come y guarda en su vientre.» — Del oro sale el instrumento del arte, llave y cuchillo a la vez, y su alcance declarado incluye a Venus junto al Sol y la Luna. La imagen es de corte y de ingestión al mismo tiempo.
«Habrás hecho entendimiento correcto y camino fructuoso si trabajaste como es oficio, porque este elemento saturnal es la hierba real triunfante pues ella es la Luna» — Iguala el elemento saturnal con la hierba real triunfante y con la Luna, a la que llama enseguida pequeño rey imperfecto promovido a reina. La cadena de equivalencias es su manera de decir que un mismo cuerpo cambia de nombre según su grado; el nombre de la hierba sigue pendiente de cotejo con el facsímil.
«Pero se encuentra aquí una espina angustiosa, con la cual es imposible así mismo obrar si Dios no revela el referido secreto o el maestro no lo transmite, porque el mercurio no se desposa con la Saturnia real sin una cosa que está oculta en el correcto ingenio de examinar cómo se hace y se trabaja (labora), porque si no conoces el artificio de como se hace la lucha y la paz con la citada plata viva (azogue), no encontrarás nada que valga.» — Reconoce un punto que su propia escritura no cubre: sin revelación de Dios o entrega de un maestro, el mercurio no se desposa con la saturnia real. El tratado declara así el límite de su utilidad como libro.
«Aquí lo he escondido bajo el sigilo del secreto de la conciencia, por el aprecio que siento hacia ti.» — Cierra el capítulo del secreto con la fórmula que hace del texto un depósito confesional. El afecto por el destinatario es lo que autoriza la excepción a la prohibición de escribir que acaba de dictar.
«¿Cómo se debe, entonces, dar de comer el oro a nuestro viejo dragón? Mantén en vista la correcta manera, con buena razón, porque si das poco oro a la Saturnia fundida, quedara muy abierta, pero el azogue (plata viva) no tendrá vida; es una cosa incongruente que no será provechosa, yo he trabajado mucho» — Plantea el problema como dosificación: poco oro deja la saturnia muy abierta pero el azogue sin vida. La razón que da para la regla es su propio trabajo perdido en tristeza, no una autoridad.
«Acopla un receptor a la retorta durante dos horas como manda el Arte y, después, aumenta el fuego en tanto que siga pasando el mercurio para dicho receptor, este es el mercurio o agua del rosal floreciente, o sangre de los inocentes asesinados en el libro del Judío Abraham, pues es el agua del Oro y de la Plata» — Da tiempo y régimen —dos horas y luego fuego creciente— y nombra lo que sale por el receptor con los nombres de las láminas: agua del rosal floreciente, sangre de los inocentes. El destilado y el emblema son aquí la misma cosa.
«Toma ya las heces de la retorta, fúndelas en un crisol con fuego fuerte, extrae de ellas todo el humo saturnial y, cuando el Sol (oro) en fusión estuviere purificado, introdúcele, como en la primera vez, dos partes de Saturnia.» — La rueda se cierra sobre sus propios residuos: las heces de la retorta vuelven al crisol y el oro ya purificado recibe otra vez saturnia. Nada se descarta, todo reentra.
«Razona, querido sobrino, los grados de ingenio de la Naturaleza y de Razón, para que subas por peldaños a la más alta parte (al más elevado nivel) de la Filosofía, que es, sobre todo, el curso de la Naturaleza y que jamás encontrarías si no te transmitiese esta maestría.» — Convierte la escalera del laboratorio en escalera de conocimiento: los peldaños del vaso son los grados de la Filosofía. Y repite el límite de siempre, que sin la maestría transmitida no se hallarían.
«Haz y opera todavía como venías haciendo, echando al hijo de Saturno en peso idóneo, esto es, poco a poco y obrando con ingenio ni más ni menos, como has obrado al principio, hasta que estés en el décimo grado de la escalera y, entonces, descansa.» — Da el número de vueltas del ciclo, diez, y el punto en que se para. Es la indicación más concreta que el tratado ofrece sobre cuánto durar.
«Posees ya dicho mercurio ígneo agudizado engordado completamente, gordo el azufre macho y el vigor de la sal astral, que procede de las más profundas cavernas y vísceras del oro y de nuestro dragón saturnino, y créeme que aquí he escrito cosas que nunca ningún filósofo ha dicho ni ha escrito.» — Describe el producto del décimo grado —mercurio ígneo con azufre macho y vigor de sal astral, sacados del dragón saturnino— y reclama para sí una novedad absoluta frente a toda la tradición. Es la afirmación de originalidad más fuerte del texto.
«Coloca esta confección como la gallina pone los huevos, deja al Mercurio así preparado para que siga su curso durante algunos días, por 40 o 50 días, hasta que veas nacer en el frasco un azufre blanco o rojo de sublimado filosofal» — Fija el plazo de incubación entre cuarenta y cincuenta días y el signo de término, el nacimiento de un azufre blanco o rojo. El modelo vuelve a ser de generación: el vaso empolla.
«Esto es muy verdadero si ellos conociesen los pesos y el régimen de fuego correctamente, no tendrían que esforzarse mucho y no podrían fallar, aunque lo quisiesen, pero en este arte es este el modo de obrar.» — Reduce a dos cosas todo lo que le falta al que fracasa: los pesos y el régimen de fuego. Son justamente las dos que el tratado guarda con más celo.
«Toma ahora estos azufres blancos y rojos, tritúralos en un mortero de vidrio o mármol, humedeciéndolos con la tercera parte de su peso de mercurio, de donde ha sido extraídos por sublimación» — Abre el giro de rueda devolviendo los azufres al mercurio del que salieron, en un tercio de su peso. La rueda es literalmente eso: el producto vuelve a su origen.
«tu mercurio, que es el viento filosofal, sube y desciende sobre el cuerpo del oro, que lo devora poco a poco y que lo transporta en su vientre.» — Llama viento filosofal a la circulación del mercurio dentro del vaso y describe el reflujo como devoración lenta del oro. Es la lectura que da al ir y venir del destilado.
«Ahora tendrás tu vaso con un aspecto negro, tal como la pez = (pez brea) fundida que es la marca de muerte.» — Registra la fase negra como marca de muerte: un signo que se espera y no se teme. La capa de texto arrastra aquí un signo de igual suelto que no es del original.
«La putrefacción del oro es la llave de toda la maestría.» — Enuncia en una línea la tesis operativa del tratado: sin putrefacción del oro no hay obra. Es lo más cercano a un axioma que el texto llega a formular.
«Hazlo resucitar y regenerar, cociendo durante 40 días, no te engañes, luego aparecerán diversos cambios, tales como el color negro, ceniza, verde, blanco, anaranjado y por fin rojo como la sangre o amapola carmesí.» — Da la serie de colores y el plazo de cuarenta días, y describe el proceso con verbos de resurrección. La escala cromática funciona como reloj del vaso.
«No te referiré el momento justo, pues esto dura en función de la habilidad de obrar (trabajar), con todo, no podrás fallar si hicieres lo que te he enseñado.» — Se abstiene de dar el tiempo exacto y traslada la variación a la habilidad del operador. La abstención es deliberada y el texto la declara como tal.
«En mucho menos tiempo se habrá realizado la segunda vuelta de la rueda filosofal, entonces el polvo adquiere diez veces más poder que en su primer nacimiento.» — Cada vuelta de rueda acorta el tiempo y decuplica el poder del polvo. La progresión que describe es geométrica y sin tope declarado.
«Tendrás el tesoro que concede toda la felicidad mundana y que yo, pobre rural nativo de Pontoise, he hecho y he realizado por tres veces en mi casa en la calle de los» — Reclama tres realizaciones efectivas y las localiza: nacido en Pontoise, operando en su propia casa. La cita se corta al pie de plana y la dirección sigue en la siguiente.
«Escribanos (rue des Ecrivains), muy próxima de la capilla» — Continúa la dirección de la plana anterior: la calle de los Escribanos, junto a la capilla de Saint-Jacques-de-la-Boucherie. El tratado sí trae los topónimos parisinos de la leyenda flameliana, y con la calle del oficio que se atribuye el narrador.
«Tomarás tres partes de oro fino en polvo y seis partes de mercurio animado con una parte y media de azufre rojo.» — La única fórmula del fermento, con sus tres pesos. El oro entra aquí como levadura de la pasta y no como materia a transmutar.
«He aquí completado el arte alquímico filosofal, un milagro tan grande que es difícil acreditar.» — Cierra el arte llamándolo milagro y anticipando la incredulidad del lector. El propio texto pone en duda que se le crea.
«has disolver 6 grados del referido polvo rojo al salir del vaso en 10 pintas de agua de rocío tibio» — La receta de vegetación invernal con su dosis y su vehículo: seis grados de polvo en diez pintas de agua de rocío tibia. Es la promesa de la teoría vuelta cantidad.
«esto es, disolver algunos granos en vino blanco o aguardiente (agua-de-vida), hasta que el vino quede teñido, dorado apenas, pues esta es la marca cierta (justa, exacta).» — La medicina se dosifica por el color del vehículo, apenas dorado. Vuelve aquí el criterio visual como único control, igual que la estrella sobre el régulo.
«No temas suministrar al enfermo 12 o 15 gotas en vino, caldo u otro licor, y luego quedará curado como por milagro.» — Da la posología para el enfermo, doce o quince gotas, y promete cura milagrosa. El tratado pasa de la metalurgia a la práctica médica sin cambiar de registro ni de autoridad.
«o sea, e 22 de Marzo, 22 de Junio, 22 de Setiembre e 22 de Diciembre, en el licor que prefieras.» — Ata la toma de mantenimiento al calendario solar, en los cuatro días de solsticio y equinoccio. La medicina se administra según el año astronómico y no según la dolencia.
«No te jactes nunca de ello, porque los hombres son malvados e envidiosos, cuando son incapaces de hacer lo mismo que los otros.» — Suma al secreto una razón prudencial —la envidia ajena— distinta de la razón cosmológica del prólogo, donde el libro se quema para que el orden del mundo no se disuelva.
«De este modo. Has fundir en un crisol 10 onzas de oro fino y lanza dentro, sobre el oro fundido, una onza del polvo rojo.» — La proporción de la proyección: diez onzas de oro fino por una de polvo rojo. Es el paso que convierte el elixir en polvo de proyección y el que da título al capítulo.
«Cuando deseares fabricar oro a partir del plomo, estaño, latón, plata o mercurio, hazlos fundir en un crisol y púrgalos, excepto la luna y el mercurio.» — Lista los metales sujetos a la proyección y exceptúa de la purga a luna y mercurio. Aquí sí entran los metales que la teoría había descartado como materia primera: entran como sujetos, no como simiente.
«Júpiter, Marte o Sol, Mercurio y Luna quedarán finalmente suavemente coloreados como conviene.» — Cierra la proyección con el resultado nombrado por planeta. La letra castellana parte la lista en el corte de plana y arranca en Júpiter, mientras la francesa de la misma plana empieza en Saturno.
«Una de la segunda, mil partes de la tercera, diez mil de la cuarta, cien mil, siempre más y más fuerte, cosa que no podrás comprender si no lo vieres con tus propios ojos.» — Escala las imbibiciones por potencias de diez hasta cien mil y declara la progresión incomprensible sin verla. La apelación al ojo sustituye aquí a cualquier demostración.
«Así, si pretendes hacer mucho oro, querido sobrino, lo que nunca es aconsejable por lo que puede haber de inconveniencia y de prejuicio, pon cien mil onzas de plata viva (azogue) en un gran caldero de hierro, a fuego fuerte, y cuando estuviere caliente y humeante, ten ya preparada una onza de polvo carmesí de la cuarta imbibición, envuélvela con cera como una pequeña bola y lánzala sobre dicha plata viva (azogue)» — Desaconseja la producción masiva antes de describirla, y aun así da la cifra: cien mil onzas de azogue y una onza de polvo de la cuarta imbibición envuelta en cera. La reserva moral y la receta conviven sin resolverse.
«Mas no produzcas oro sino poco a poco, es decir con prudencia, sin decir palabra alguna y sin fiarte en los otros.» — Impone la discreción como parte del método: producir despacio, callar y desconfiar. Es el corolario práctico del deber de secreto que el prólogo enunció.
«Lo que te he develado, es a saber el tesoro de todos los tesoros de este mundo, que he poseído y he hecho por mis propias manos con mi tan querida y bien amada compañera Perrenelle.» — Cierra atribuyendo la obra a cuatro manos, las suyas y las de Perrenelle. La coautoría es afirmación del propio texto y no lectura posterior.
«Usa, pues, de este tesoro en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, para que vivas sin preocupaciones, rico en este mundo, y alcances la palma de le gloria en el Reino de Dios, es lo que te deseo.» — El deseo final junta bajo la fórmula trinitaria los dos órdenes que el tratado nunca separa: riqueza sin cuidados en este mundo y palma de gloria en el otro.
About the work
10 entries — what the apparatus and scholarship say about itDenis Molinier figura como copista o comentarista que añade notas al texto.
La propia edición remite su texto al Mellon MS 100 de la Beinecke Library (Yale) — el testigo manuscrito declarado —, con la nota francesa «Note que la prime imbibition d'icelle poudre rouge une part mue cent parts.» atribuida a ese manuscrito.
El Testamento del corpus cita al Breviario como obra propia anterior, tres veces: sobre el Saturno regio y el agua regia, sobre los «humos saturninos» de la retorta, y sobre el capítulo de la Multiplicación.
El PDF cierra con una cola moderna de otra mano — «destilar la amalgama en una retorta desmontable de acero inoxidable» y «Traducción hecha de libros que he heredado de mi padre» — paratexto del editor/traductor, jamás la voz de 1414.
«Esta es la primera parte de la obra de Flamel: hacer un regulo solar y reducirlo a polvo y enseguida amalgamarlo con el azogue y destilar la amalgama en una retorta desmontable de acero inoxidable.» — Nota final de otra mano: resume la obra en tercera persona, hablando de Flamel, y prescribe un aparato imposible en 1414. Es paratexto del editor o traductor moderno y no voz del tratado, que en todo lo demás habla en primera persona a su sobrino.
«Traducción hecha de libros que he heredado de mi padre.» — La línea que cierra el volumen declara una transmisión familiar de los libros de los que sale esta versión. El yo de esta frase es el del traductor moderno, no el del prólogo de 1414; el digest los confunde y atribuye ambos a Flamel.
«GLOSARIO Medidas de peso y capacidad Escruplo - Medida de peso antigua corresponde a 1,296g (20 graos).» — El volumen cierra con un glosario de medidas antiguas convertidas al sistema métrico y referidas a la libra inglesa. Es aparato del editor, añadido para volver operables las cantidades del tratado, y no forma parte de él.
El nombre de Denis Molinier no aparece nunca dentro del cuerpo del tratado. En la capa de texto es una línea suelta —dieciséis veces sobre quince planas—, siempre en las que llevan lámina y casi siempre junto al crédito del Mellon MS 100; nueve de esas planas no traen otra cosa. Que sea copista, comentarista o dibujante lo infiere el digest: la fuente solo imprime el nombre, todavía pendiente de cotejo con el facsímil.
Desde la sección PRÁCTICA en adelante la edición encierra el texto del tratado entre comillas angulares, plana tras plana, como si lo citara de un testimonio: la voz que instruye al sobrino va entrecomillada y los créditos quedan fuera. Es rasgo de la edición y no del tratado, y explica que tantos pasajes empiecen y acaben en comilla.
El volumen es bilingüe por yuxtaposición: cada tramo castellano va seguido de su original francés entre corchetes, y el OCR desplaza las apóstrofes a renglón aparte. Los residuos franceses que esta ficha cita son esa segunda columna, no variantes ni glosas.