«la edición más completa sigue siendo la de Paltemus, de 1603, en latín, que ha sido y es, por otra parte, la más constantemente consultada y referida por los sucesivos traductores, comentaristas y» — exégetas — la grafía *Paltemus* es la del impreso; se lee Palthenius.
El corpus corre editado bajo el nombre completo — Aureolus Philippus Theophrastus Bombastus von Hohenheim «Paracelso — Obras completas, trad. castellano · p. 1» — y la edición de Palthenius (1603) es consignada como la más completa y la constantemente consultada por los traductores posteriores «Paracelso — Obras completas, trad. castellano · p. 7». En él, el Paragranum declara los cuatro pilares del arte médico y el Opus Paramirum el origen de la enfermedad y el arqueo «Moran — Distilling Knowledge (2005) · pp. 81, 82, 85».
Su estratigrafía se adjudica pieza a pieza: el De natura rerum — el del homúnculo — es pseudo-Paracelso de autenticidad debatida, mientras el De homunculis se tiene por genuino «Newman — Promethean Ambitions (2004) · pp. 215, 234».
1268 afirmaciones · 3 fuentes · 1 atribución
Atribución
se consigna, jamás se afirma«Paracelso — Obras completas, trad. castellano · p. 1»
Cadena de la obra
el testimonio procesado, en esmeraldaAfirmaciones
1268 entradas — la voz de la obra, con su pasaje1268 pasajes
Moran cita con locator cinco obras del corpus paracélsico (por la edición Sudhoff): Great Surgery y Concerning the Nature of Things (la transmutación como pérdida de forma y nueva virtud), Archidoxis, Paragranum —«The Paragranum described the discipline of medicine as resting on four pillars, namely, philosophy, astronomy, alchemy, and the virtue of the physician»— y Opus Paramirum (el origen de la enfermedad y el arqueo).
Newman consigna la estratigrafía de atribuciones del corpus: el De natura rerum (el del homúnculo, publicado por Bodenstein en 1572) es de autenticidad debatida —«Sudhoff rejected the authenticity of the De natura rerum in its present form, though he suggested that it might contain some genuine material»— mientras el De homunculis se tiene por genuino.
La castellana declara su método y su deuda: «siguiendo la línea de concepto — no de texto, pues la haría a menudo incomprensible en castellano— de la traducción francesa de 1912, de Grillot de Givry».
El título del tomo: «OBRAS MÉDICO-QUÍMICAS O PARADOJAS del muy noble, ilustre y erudito Filósofo y Médico AUREOLUS FILIPPUS TEOFRASTO BOMBASTO DE HOHENHEIM, llamado PARACELSO».
La edición declara sus huecos, y son del original, no de la traducción: «El primero de los libros paramíricos, el de la generación de las cosas sensibles y los tres últimos capítulos del V Tratado del segundo libro paramírico, se han perdido».
«He aquí, Excelentísimo Señor de Wadt, cómo no me ha sido posible dejar de publicar este primer libro de mis obras paramíricas (liber meorum Paramirorum operum), en el cual y luego de largos estudios, pacientemente proseguidos día y noche, he aspirado a instruir e informar a mis oyentes en los secretos de la Ciencia Médica. Creo que esto ha de procurarles mayor provecho del que ahora pudieran imaginar, por más que no falten los que me acusen por ello del pecado de soberbia.» — Dedicatoria del primer libro paramírico a Joaquín de Wadt: Paracelso declara publicarlo tras largos estudios para instruir a sus oyentes, y anticipa la acusación de soberbia
«Sepa el corrompido por los Filósofos que ello le incapacita ya para mi ―Monarquía‖. Tampoco espero el menor elogio de los Humoristas ni de los Augures, así como de los aficionados a la Astronomía. Bien sé qué dirán que mi Física, mi Cosmología, mi Teoría y mi Práctica son singulares, nuevas, sorprendentes y aún absurdas. ¡Cómo podría ser de otro modo si ninguno se ha vestido como yo sobre la faz de la tierra!» — En la misma dedicatoria Paracelso excluye de su Monarquía a los corrompidos por los filósofos y da por descontado que humoristas, augures y aficionados a la astronomía llamarán absurdas su física y su cosmología
«No me asustan, puedo decirlo, las multitudes de sectarios, sean de Aristóteles, de Ptolomeo o de Avicena. Mucho más me preocupa la mala voluntad, el derecho injusto, la rutina, el orden pre-establecido y el llamado hábito de la Jurisprudencia.» — Paracelso dice temer menos a los sectarios de Aristóteles, Ptolomeo o Avicena que a la rutina y al orden preestablecido
«Pues en verdad os digo que nadie posee otros dones que aquellos que ha sabido ganar o adquirir.» — El principio con que cierra el argumento de la dedicatoria: los dones no se reciben, se ganan
«Sea, pues, Dios con nosotros, protector y preservador nuestro en la Eternidad.» — La fórmula con que Paracelso cierra la dedicatoria a Wadt
«Conviene que sepas previamente, amigo lector, que todas las enfermedades tienen, universalmente, cinco tipos de tratamientos diferentes y fundamentales.» — Apertura del Libro de los Prólogos: la afirmación de que toda enfermedad admite universalmente cinco tratamientos
«Empezaremos pues el estudio de nuestra medicina por el tratamiento (curatio) y no por las causas, ya que la debida aplicación de los tratamientos nos conducirá como de la mano a desentrañar el origen mismo de las dolencias (ex juvantibus). El punto esencial y primer argumento de nuestro libro será la afirmación de estos cinco tratamientos (curationes quinque), lo que deberás aceptar como si fueran cinco ciencias en Medicinas cinco artes o cinco facultades del entendimiento.» — El orden de exposición que Paracelso elige —tratamiento antes que causa, porque la curación conduce al origen— y la equivalencia de los cinco tratamientos con cinco ciencias, artes o facultades; los términos latinos entre paréntesis son la convención de esta traducción
«Cada una de ellas es capaz por sí sola de constituir un medio terapéutico completo para la curación de todas las enfermedades (facultas medicinæ) en manos de un médico hábil, competente y experto, el cual sin embargo deberá saber cuál es el mejor (insígnito) y escogerlo así para cada caso.» — Cada uno de los cinco tratamientos basta por sí solo para curarlo todo en manos hábiles, con la condición de saber cuál conviene a cada caso
«Será bueno de esta manera que cada médico se esfuerce en un estudio cotidiano y constante para alcanzar la máxima ciencia y experiencia en cualquiera de los cinco métodos, sin olvidar que tanta o más importancia tiene alcanzar el conocimiento del alma que el del cuerpo de sus pacientes. Asimismo poseerá sólidos fundamentos en sus estudios y aún en otros, más allá de la estricta medicina. La base de su ciencia estará en él mismo y no en esta o aquella subjetividad extraña» — Paracelso pide al médico estudio cotidiano en los cinco métodos, iguala o antepone el conocimiento del alma al del cuerpo y sitúa la base de la ciencia en el médico mismo, no en autoridad ajena
«El que quiera ser médico debe tener presente por lo pronto, que la medicina es doble: Clínica o Física y Quirúrgica, lo que no quiere decir que tenga dos orígenes distintos sino más bien dos expresiones; se trata de una división puramente específica que encierra en sí misma su propia razón de ser. La fiebre y la peste, por ejemplo, aun proviniendo de la misma fuente, tienen, según es notorio, manifestaciones propias y diferentes. Cuando esa fuente, o causa mórbida, expresa una putrefacción interna se produce la fiebre; que en ocasiones obliga a guardar cama (clínice) y en otras se termina en peste, es decir, abandona el centro y se manifiesta en la superficie externa del cuerpo» — Prólogo segundo: la medicina es doble, clínica y quirúrgica, pero la dualidad es de expresión y no de origen; fiebre y peste salen de la misma fuente y se separan según la putrefacción interna quede dentro o gane la superficie
«Toda afección que va del centro a la periferia debe considerarse como física (clínica) y toda aquella que, por el contrario, gana el centro partiendo de la periferia, será tributaria de la Cirugía6. Aclarando esto, debe considerarse que todo lo que se resuelve por los emunctorios naturales del cuerpo, por propia secreción de la natura1‘a, es enteramente físico. Y quirúrgico, en cambio, todo lo que haga irrupción por emunctorios no naturales.» — El criterio con que Paracelso reparte las dolencias entre física y cirugía: la dirección del movimiento y la vía de salida, natural o no
«De la misma manera, todo lo que pueda ser visible en la superficie del cuerpo debe ser considerado como una herida, propio de la cirugía, y de orden físico por el contrario, si permanece escondido.» — La regla se completa por la visibilidad: lo que aflora es herida y toca a la cirugía; lo escondido es de orden físico
«En fin, si como queda dicho, debe conocer cada secta todos y cada uno de estos cinco orígenes —lo que podría dar lugar a su vez a cinco sectas distintas para cada uno de los dos grandes grupos o especialidades—, no es menos cierto que en último término sólo, existe una secta para el verdadero conocimiento e intelectualización de las causas.» — Aun repartidos en dos grandes grupos y cinco orígenes, Paracelso sostiene que para conocer de verdad las causas hay una sola secta
«I. — Medicina natural: Concibe y trata las enfermedades como enseña la vida y la naturaleza de las plantas, según lo que convenga en cada caso, por sus símbolos o concordancias. Así curará el frío por el calor la humedad por la desecación, la superabundancia por el ayuno y el reposo y la inanición por el aumento de las comidas. La naturaleza de estas afecciones enseña que las mismas deben ser tratadas por rechazo de acciones contrarias. Los defensores y comentaristas de esta secta fueron, entre otros, Avicena, Galeno, Rasis y sus discípulos.» — Primero de los cinco modos de curar: la medicina natural trata por contrarios —frío con calor, humedad con desecación— y Paracelso le adjudica como defensores a Avicena, Galeno y Rasis
«II. — Medicina específica: Los que pertenecen a esta secta tratan las enfermedades por la forma específica o ―Entidad específica‖ (Ens specificum). El imán, por ejemplo, atrae el hierro no por intermedio de cualidades elementales sino a través de fuerzas y afinidades específicas. Los médicos de esta secta curan las enfermedades por la fuerza específica de los correspondientes medicamentos.» — Segundo modo: la Entidad específica cura por afinidad y no por cualidades elementales, como el imán atrae el hierro
«III. — Medicina caracterológica o cabalística: Los que la profesan curan las enfermedades, según lo que sabemos a través de sus libros y escritos, por el influjo de ciertos signos dotados de extraño poder, capaces de hacer correr a aquel a quien se le ordena o darle o sustraerle determinados influjos o maleficios. Ello puede lograrse también por la acción de la palabra, siendo en su conjunto un método eminentemente subjetivo. Los maestros y- autores más destacados de esta secta fueron: Alberto el Grande, los Astrólogos, los Filósofos y los dotados del poder de hechicería.» — Tercer modo: signos y palabra con poder de dar o sustraer influjos y maleficios, método que Paracelso llama eminentemente subjetivo y cuyos maestros adjudica a Alberto el Grande, los astrólogos y los dotados de hechicería
«IV. — Medicina de los espíritus7: Sus médicos cuidan y curan las enfermedades mediante filtros o infusiones en los que aciertan a coagular (cogere) el espíritu de determinadas hierbas o raíces, cuya propia substancia ha sido responsable anteriormente de la enfermedad (similia similibus curantur). Ocurre de la misma manera que cuando un juez, habiendo hecho encadenar un reo, resulta luego el solo salvador de aquel condenado, al que únicamente su poder y su palabra serán capaces de devolver la libertad. Los enfermos que se consumen de estas dolencias pueden curar gracias al espíritu de esas hierbas, según el arte que se expresa en los libros de esta secta, de la que formaron parte gran cantidad de médicos famosos, como Hipócrates y su escuela.» — Cuarto modo: coagular el espíritu de la hierba que causó el mal, con el símil del juez que encadena y luego libera al reo; Paracelso adscribe a esta secta a Hipócrates y su escuela
«La fe resulta aquí el arma de lucha y de victoria contra las enfermedades; fe del enfermo en sí mismo, en el médico, en la favorable disposición de los dioses o en la Piedad de Jesucristo.» — Quinto modo: la fe como arma, repartida en cuatro depositarios —el enfermo, el médico, la disposición de los dioses y la Piedad de Jesucristo—, con la vida de Cristo y sus discípulos por ejemplo
«Entretanto y antes de comenzar los cinco libros prometidos hemos de daros ¡oh, médicos de cada secta! una advertencia nueva y distinta, que es lo que vamos a llamar ―Paréntesis médico‖.» — Paracelso anuncia el Paréntesis médico como advertencia previa a los cinco libros, dirigida a los médicos de cada secta
«A vosotros, médicos y cirujanos que leáis este Paréntesis, con cuyo provecho os será dado alcanzar la categoría de verdaderos médicos, debo deciros para empezar, que no debéis considerarme inhábil o ignorante en vuestros libros sólo porque marchemos por diferentes caminos.» — Apertura del Paréntesis médico: Paracelso pide a médicos y cirujanos que no lo tengan por ignorante de sus libros solo porque su camino sea otro
«No es la rareza de vuestras curaciones milagrosas ni la abundancia de los enfermos que, habiéndose sometido a vuestros cuidados, os han abandonado luego, lo que menos nos asombra, sino que a pesar de ello sigáis glorificando más allá de toda medida a vuestros maestros Caldeos, Griegos y Árabes.» — Lo que dice asombrarle no son los pocos éxitos ni los enfermos que abandonan el tratamiento, sino que aun así se siga glorificando a los maestros caldeos, griegos y árabes
«Sin embargo, no nos expresamos nunca de ese modo más que cuando hablamos de los métodos de la Medicina natural, en la que vosotros pretendéis con notoria insolencia ser considerados como sabios eminentes.» — Paracelso acota el alcance de su ataque: solo habla así de la medicina natural, donde dice que sus adversarios pretenden pasar por eminentes
«A pesar de lo que afirmáis, os diré también que Hipócrates ha estado mucho más cerca de la secta espiritualista que de la Medicina natural, por más que no haya hecho mención de tales diferencias en sus escritos;» — Paracelso reasigna a Hipócrates: lo tiene por más cercano a la secta espiritualista que a la medicina natural, y concede que Hipócrates no consignó tales diferencias
«La verdad es que ni esos libros debilitan los nuestros, ni sus métodos (de los que en realidad no tenéis la menor idea) impugnan ni destruyen los que nosotros practicamos.» — Paracelso niega que las doctrinas rivales debiliten la suya y les imputa desconocer los métodos que atacan
«Igualmente os diré que si bien es cierto que los Secretos, Misterios y Fuerzas sobrenaturales (Facultates) pueden ser considerados a justo título como ―Magnalia artis‖, en la mayoría de los casos permanecen ocultos o escondidos (supprimuntur),» — Los secretos y fuerzas sobrenaturales merecen el nombre de magnalia artis pero suelen estar ocultos, así que Paracelso recomienda la vía lenta, la observación repetida y comparada
«En este Paréntesis vamos a explicaros los fundamentos universales de la ciencia médica, que podéis reconocer lo mismo en Avicena y en Rasis que en Averroes, Hipócrates o Galeno.» — Paracelso presenta los fundamentos del Paréntesis como reconocibles en Avicena, Rasis, Averroes, Hipócrates y Galeno: la continuidad con los clásicos la afirma él mismo, no un comentarista
«Explicaremos ahora brevemente el contenido de este Paréntesis. En él vamos a ocuparnos de las Entidades (Ens) como orígenes engendradores de todas las enfermedades, separadas en los cinco grupos clásicos, desde cada uno de los cuales pueden producirse todos los males pasados, presentes o futuros.» — Las Entidades quedan definidas como orígenes engendradores de toda enfermedad, y cada uno de los cinco grupos basta por sí solo para producirlas todas
«Un ejemplo aclarará lo que acabo de decir: supongamos el caso de la peste y preguntémonos de dónde proviene. Los adictos a la Medicina natural me diréis que de la disolución de la Naturaleza; los afiliados con los astrónomos preferiréis considerarla como consecuencia del movimiento del cielo y del curso de los astros. ¿Cuál de los dos estará en lo cierto? Pues yo digo que los dos y que cada cual lleva su parte de razón, e incluso que hay además otras razones, ya que la Naturaleza es una Entidad y los Astros otra Entidad...» — El caso de la peste: contra quien la deriva solo de la disolución de la naturaleza y contra quien la deriva solo del curso de los astros, Paracelso da la razón a los dos y añade que hay más razones
«Debe saberse que existen cinco pestes, no distintas por sus géneros, esencias, formas o especies, sino por los orígenes de donde provienen. Diremos, por lo tanto, para terminar, que nuestro cuerpo está sometido (subjectum) a cinco entidades, cada una de las cuales posee en potencia todas las enfermedades. Y que deberán considerarse cinco hidropesías, cinco ictericias, cinco fiebres, cinco chancros y así sucesivamente.» — La consecuencia del reparto: las cinco pestes no difieren en género ni en especie sino en origen, y lo mismo vale para hidropesías, ictericias, fiebres y chancros
«La Entidad es la causa o cosa que tiene el poder de dirigir (regendi) el cuerpo.» — Definición de Entidad en el Prólogo tercero del Paréntesis
«Cuando habláis tendenciosamente contra nosotros y afirmáis que la peste proviene de humores cuya malignidad está mantenida latente en el interior del cuerpo, sentáis una notoria falsedad. En vez de entreteneros en ver cómo está el cuerpo cuando se halla atacado de infección, deberíais ocuparos en averiguar cuál es o qué es el veneno que lo contamina.» — Paracelso llama notoria falsedad la explicación de la peste por humores latentes y desplaza la pregunta del estado del cuerpo al veneno que lo contamina
«De esta manera veremos cómo cinco fuegos invaden y surgen del organismo toda vez que cada una de las Entidades lo alcanza con su tremendo poder aflictivo (afficere).» — Los cinco fuegos que invaden el organismo cuando cada Entidad lo alcanza con su poder aflictivo
«Con lo cual os diré que el médico que no llegue a precisarlas y poseerlas completamente, está verdaderamente ciego y no logrará jamás la curación de ninguna otra enfermedad.» — La consecuencia práctica ante un paralítico es examinar cuál Entidad produjo el mal; quien no las precise queda ciego
«Continuaremos aquí con el estudio de la naturaleza de las Entidades. Previamente diremos que en los escritos de gran número de nuestros antepasados y predecesores se encuentran alusiones e ideas plenamente acordes con nuestro concepto de la medicina, cuyo principio quíntuple condensaban ellos en uno solo, que llamaban ―soplo vital‖.» — Paracelso reclama antecedentes: adjudica a los predecesores un principio quíntuple condensado en uno solo que llamaban soplo vital, y dice no menospreciar sus recetas
Sobre la obra
172 entradas — lo que el aparato y la investigación dicen de ella172 pasajes
«En la actual edición, primera traducción castellana, incluirnos, pues, los cuatro primeros Tratados del 2º “Paramirum”, los dos primeros capítulos del V Tratado, el “Libro de los Prólogos” y el de las “Entidades”, aparecidos estos dos últimos por primera vez en la edición alemana de Estrasburgo, de 1575.» — Nota del traductor: Lluesma Uranga declara qué contiene esta selección castellana —cuatro tratados del segundo Paramirum, dos capítulos del quinto, el Libro de los Prólogos y el de las Entidades— y de qué edición alemana proceden los dos últimos
«A pesar del cansancio de la jornada, sus pies y el largo báculo de borlas que distinguía su calidad se aferraban ágilmente al camino empinado que conducía a la Ermita de Einsiedeln, esquivando a su paso los ya extensos manchones de nieve y haciendo rodar cuesta abajo innúmeros guijarros y piedrecitas de montaña.» — El estudio preliminar de Lluesma Uranga abre con una escena novelada: el padre de Paracelso subiendo a Einsiedeln en noviembre de 1493, no con una exposición doctrinal
«Su influencia en Paracelso fue perdurable y aunque al cabo de algún tiempo el discípulo decidiese separarse del maestro, disconforme con ciertas prácticas de Magia y Nigromancia, no cabe duda que fue mucho lo que su sed se calmó en tales fuentes.» — Lluesma Uranga adjudica a Tritemio una influencia perdurable sobre Paracelso y consigna que el discípulo se separó del maestro por desacuerdo con ciertas prácticas de Magia y Nigromancia
«y declararía la guerra sin cuartel al intocable trío que veneraban sus contemporáneos: Celso, Galeno y Avicena.» — El biógrafo castellano resume así el programa polémico que atribuye al joven Teofrasto: guerra sin cuartel a los tres nombres que sus contemporáneos veneraban
«La época pesaba y gravitaba sin embargo inexcusablemente sobre las inteligencias del siglo y Paracelso no pudo sustraerse a ella.» — Lluesma Uranga acota su propio elogio: la época gravitaba sobre las inteligencias del siglo y Paracelso no quedó al margen de ella
«en todas partes, con los alquimistas, con los quiromantes e incluso con los simples barberos, conviviendo con los mineros y compartiendo el pan de la gente del pueblo, a cuya relación ayudaba con su idioma, simple jerga tudesca — nunca el latín— y con su atuendo personal, desprovisto de los consabidos ornamentos.» — El biógrafo castellano señala que Paracelso enseñaba con alquimistas, quirománticos y barberos y en jerga tudesca, nunca en latín
«Sus observaciones de esta época, sobre las enfermedades de los mineros y sobre las virtudes de algunos metales fueron notabilísimas; las que señalaron al mercurio como específico para curar úlceras sifilíticas, por ejemplo, pueden contarse como definitivas adquisiciones.» — Lluesma Uranga cuenta entre las adquisiciones definitivas de Paracelso el señalamiento del mercurio como específico contra las úlceras sifilíticas
«Hoy, por encima de sus impugnaciones y calumnias, está fuera de duda que Paracelso poseyó una gran cultura, un gran amor al estudio, un riguroso espíritu crítico y unas costumbres presididas por una sobriedad y castidad absolutas.» — El biógrafo contrapone las calumnias de sus detractores —entre ellos Oporinus, discípulo predilecto vuelto enemigo— a lo que da por fuera de duda
«Otros refirieron y propagaron la especie de que Paracelso, seguido por matones profesionales, a sueldo de los médicos de Salzburgo enemigos suyos, fue asesinado o envenenado alevosamente, lo cual, más humano y propio de la época, ha sido desvirtuado a la luz de las exégesis modernas.» — Lluesma Uranga consigna la versión del asesinato a sueldo de los médicos de Salzburgo y la da por desvirtuada por las exégesis modernas
«Hoy, en efecto, parece perfectamente establecido el interesante proceso de su tránsito, henchido de dignidad y exhumado y reconstruído según los testimonios, indiscutiblemente exactos, recopilados por el doctor Aberle.» — El biógrafo se apoya en los testimonios recopilados por el doctor Aberle para dar por establecido el proceso de la muerte
«El último día de aquel verano, ante escribano y testigos, dictó su testamento, preparó su sepelio, repartió sus bienes, eligió los salmos I, VII y XXX para que fueran entonados en el momento del gran viaje de su alma, y dispuso que su cuerpo fuese llevado y enterrado en la iglesia de San Esteban.» — El relato del testamento dictado ante escribano, con los salmos elegidos para el sepelio y la iglesia dispuesta para el entierro
«Medio siglo después, sus huesos fueron sacados de la tierra del jardín de la iglesia y depositados en un nicho empotrado en el muro, bajo el cuidado de su albacea Miguel Setznagel.» — La traslación de los restos al nicho del muro, medio siglo después, bajo el cuidado del albacea
«El hueco fue cubierto con una gran placa de mármol rojo y en ella, borroso por los siglos, pero aún perceptible, el cándido elogio de una leyenda grabada a escoplo de cantero, demasiado breve y sencilla para el compendio de una vida semejante:» — La lápida del nicho, según el relato del estudio preliminar; la leyenda que reproduce a continuación llama a Paracelso famoso doctor en Medicina y le adjudica curaciones de heridas, lepra, gota e hidropesía
«El perfil psicológico de este hombre gigantesco, es esencialmente el de un gran apasionado, un gran rebelde y un gran curioso. ―El saber no está almacenado en un solo lugar, sino disperso por sobre toda la superficie de la tierra‖, decía» — Lluesma Uranga abre el capítulo LA OBRA con un perfil psicológico y una sentencia que pone en boca de Paracelso sobre el saber disperso; las comillas dobles del impreso salen del OCR como barras horizontales
«Siendo inútil pensar, por otra parte, que sus fustigados contemporáneos pagasen en distinta moneda su violencia, se volvió al pueblo y les explicó la Medicina en su propia lengua plebeya, con no poco escándalo ―de los contempladores de orinas y de los académicos‖, como él decía.» — El biógrafo explica el paso a la lengua vulgar como respuesta al desprecio de los colegas, y cita el mote que atribuye a Paracelso para los médicos oficiales
«El sobrenombre de ―Lutero de la Medicina‖, que le ha sido dado, encierra un fondo de exactitud imposible de desestimar y lo define con todo derecho y honor como el promotor de la gran revolución científica del siglo XVI.» — Lluesma Uranga acepta el sobrenombre de Lutero de la Medicina y llama a Paracelso promotor de la revolución científica del XVI
«Una Alquimia de especial dignidad, antecesora venerable y honesta —aunque un tanto pintoresca, como es natural— de la actual Química Biológica, fue otro de sus» — El biógrafo lee la alquimia de Paracelso como antecesora de la química biológica moderna, y acota el elogio llamándola un tanto pintoresca
«El principio vital fue llamado por él, ―elemento misterioso, ignoto o Arcano‖, cuya acción, espontáneamente favorable, debía ser favorecida, manteniendo al enfermo en una higiénica expectativa, exhumando el viejo aforismo de ―primum non nócere‖, con calmantes —como el láudano—, dietas y cantáridas y la proscripción de vomitivos, sangrías y demás medicaciones violentas, tan estimadas por los galenistas.» — Lluesma Uranga resume el principio vital paracélsico con los tres nombres que le adjudica —elemento misterioso, ignoto o Arcano— y lo enlaza con el aforismo del primum non nocere, el láudano y las cantáridas
«Cuando Claudio Bernard dijera siglos más tarde, que "los venenos eran los mejores escalpelos para ahondar en el estudio de la fisiología de los órganos", no haría sino rubricar para la posteridad otro de los postulados de Paracelso.» — El biógrafo lee la sentencia de Claudio Bernard sobre los venenos como confirmación tardía de un postulado que adjudica a Paracelso
«El polvo que empañaba sus buenas monedas no estaba tanto en el encono, envidia y rencor con que las cubrían sus vapuleados colegas contemporáneos, sino en su intrincado y a menudo incomprensible estilo dialéctico y en su lenguaje escolástico, empedrado de neologismos insólitos y extravagantes.» — Lluesma Uranga sitúa el estorbo mayor no en la envidia de los colegas sino en el estilo dialéctico y los neologismos del propio Paracelso
«Esto contribuyó en no poco, unido a su pertinacia de no emplear el latín, a la fama de Mago, Astrólogo y loco de remate, con que cómodamente lo catalogaron sus inmediatos sucesores.» — El biógrafo adjudica a los sucesores inmediatos la fama de mago, astrólogo y loco, y la explica por la negativa de Paracelso a emplear el latín
«Al lado de esto hay, sin embargo, algunas cosas ciertas, como ser la imputación de tratar de ocultar conceptos o medicamentos bajo palabras estrafalarias — alambicaciones latinas generalmente—, cuya traducción debía lograrse con una clave especial, que hacía inservibles y misteriosos en cierto modo, los principios de la Medicina paracelsiana, como si quisiera sustraer su conocimiento a los demás.» — Lluesma Uranga concede como cierta la imputación de ocultar conceptos y medicamentos bajo latinizaciones que exigían clave
«Pero Paracelso, a pesar de todos los errores y aberraciones a que la época lo empujó, que son como el ramaje que ocultaba sus espléndidos frutos y como la ganga mineral que tapaba y ensuciaba el brillante en bruto del precursor, ha dejado de ser el ocultista ilegible y tenebroso que afirmaron sus contemporáneos impugnadores.» — El biógrafo declara superada la lectura de Paracelso como ocultista, sin negar los errores y aberraciones que atribuye a la época
«Y hoy es y se lo considera, sin ningún género de dudas, como un clásico: fundador de la terapéutica moderna y sembrador de la medicina experimental.» — El juicio con que la edición castellana lo presenta: clásico, fundador de la terapéutica moderna y sembrador de la medicina experimental
«Daremberg ha llegado a decir que todo esto constituyó el ―Arcano de Alemania‖, prototipo de la esencia intelectual del siglo, cuya representación adjudicó a Paracelso.» — Lluesma Uranga recoge de Daremberg la fórmula del Arcano de Alemania como prototipo intelectual del siglo, adjudicado a Paracelso
«Un hecho sorprendente es la actitud de Erasmo de Rotterdam, ferviente defensor y amigo de Paracelso durante su vida y vuelto contra él y contra su obra después que murió.» — El biógrafo consigna como hecho sorprendente el giro de Erasmo de Rotterdam, defensor en vida y adversario después de muerto
«El único que, al parecer, le guardó plena fe y consideración, aun no siendo su discípulo —o acaso por eso mismo— fue el cónsul de Saint-Gall, doctor Joaquín de Wadt, por quien Paracelso mostró siempre un gran afecto y gratitud y a quien finalmente dedicó varios de sus escritos.» — El único que le guardó fe, según el biógrafo, fue el cónsul de Saint-Gall Joaquín de Wadt, dedicatario de varios escritos
«De sus inmediatos seguidores en el tiempo, merece destacarse el gran Van Helmont, cuya afirmación de que ―la mujer es todo útero‖, tan traída y llevada por los sexólogos modernos, es de la más pura cepa paracélsica.» — Lluesma Uranga adjudica a Van Helmont, seguidor inmediato, una sentencia sobre la mujer que declara de pura cepa paracélsica
«Lo cierto es que, agotado por el encono y el menosprecio, el recuerdo de Paracelso pareció hundirse en el olvido, a salvo del interés con que algunos eruditos de primer plano, como Descartes y Montaigne, lo comentaron.» — El biógrafo da por hundido en el olvido el recuerdo de Paracelso, salvo por los comentarios de Descartes y Montaigne
«Siglos más tarde todavía encontramos, por ejemplo, el caso del fórceps, instrumento mágico, cuyo secreto fue celosamente guardado durante muchos años, de padres a hijos, en el seno de una misma familia.» — El caso del fórceps le sirve al biógrafo para ilustrar el secreto de oficio guardado de padres a hijos en la medicina de la época
«En el siglo XVIII Paracelso desaparece de la escena, pero la calma del olvido injusto, ante la tempestad de la rehabilitación entusiasta, va a terminar bien pronto.» — Lluesma Uranga fecha en el XVIII el eclipse de Paracelso y anuncia la rehabilitación que reseña a continuación
«Preu (Das System der Medicin das Theophrastus Paracelsus. Berlin 1838), Lessing, con su magnífica biografía (Paracelsus, sein Leben und Denken. Berlin 1839), Marx (Zur Würdigung des Teophrastus von Hohenheim. Gœttingen 1840-41) y Locher (Teophrastus Paracelsus. Zürich 1581); Mook (Teophrastus Paracelsus, eine kritische Studie. Würzburg 1874), Schubert (Paracelsus Forschungen. Frankfürt am Main 1887) y Sudhoff (Versuch einer kritik der Echtheit der Paracelsischen Schriften. Berlin 1894. Reiner ed), reclaman para Alemania las primeras exégesis triunfales, homenaje lógico al primer hombre que, aunque suizo, consagró la intención de hacer del alemán un idioma de cultura.» — La nómina de la exégesis alemana que el estudio preliminar levanta, con títulos y pies de imprenta; la fecha de Locher sale del OCR como 1581 donde el contexto pide un año del XIX
«En Francia el interés y la exégesis de la obra de Paracelso cubren las mismas etapas, aproximadamente en el mismo plazo, aunque con un sensible y natural retardo respecto a los países germanos.» — El estudio preliminar mide la recepción francesa como paralela a la germana pero retardada
«A pesar de todo, su popularidad es mucho menor y, salvo los eruditos, sólo llega al público en los reducidos núcleos devotos de las ciencias ocultas, que sentaban sus reales en los areópagos curiosos, exquisitos y "dilettantes" del Boulevard Saint-Michel, en el barrio latino.» — Lluesma Uranga localiza el público francés de Paracelso fuera de la erudición, en los círculos de ciencias ocultas del barrio latino
«Daremberg considera de hecho a Paracelso como alemán y lo trata en enemigo; él es el creador de la frase de que Paracelso personifica el "Arcano de Alemania" y evidentemente se complace en descargar sobre él todo su rencor de viejo patriota.» — El biógrafo adjudica a Daremberg tanto la fórmula del Arcano de Alemania como el rencor patriótico que la explica
«Una autora de exquisita sensibilidad y agudo juicio ha dicho recientemente que las traducciones se parecen a las mujeres en que no pueden admitirse más que absolutamente fieles o tan bellas, que hagan perdonar y olvidar sus pequeños deslices.» — Lluesma Uranga cita, sin nombrarla, a una autora contemporánea para plantear el dilema fidelidad-belleza de toda traducción
«Declararemos que nuestra ambición ha sido aquí, lograr y confundir estas dos virtudes; belleza y exactitud.» — La declaración de método del traductor castellano: no elige entre las dos virtudes, dice buscar confundirlas
«Por último, hemos incluido entre pequeños paréntesis; después de las palabras o ideas dudosas o de varia interpretación, la palabra latina, copiando —aunque no siguiendo siempre— la línea de la traducción francesa.» — El traductor castellano declara la convención tipográfica con que resuelve los términos dudosos, tomada de la francesa de Grillot de Givry pero no seguida siempre
«En los libros originales de Paracelso, esta dedicatoria figura como epílogo de sus dos primeras obras. Nosotros hemos preferido colocarla al principio de todo, en procura de una mejor armonía del conjunto.» — Nota del editor castellano que declara haber movido de sitio la dedicatoria: en los originales cerraba las dos primeras obras y aquí abre el volumen
«La notabilísima pieza de esta dedicatoria, expresa mejor que nada, como muy bien ha dicho el traductor francés Griliot de Givry, la noble y elevada finalidad que persiguió Paracelso a lo largo de su obra.» — La nota del editor castellano se apoya en el juicio de Grillot de Givry sobre la dedicatoria; el apellido del traductor francés sale del OCR como Griliot
Conceptos tratados
Ens — Los cinco principios engendradores de toda enfermedad, cada uno con potencia para producirlas todas; la Entidad se define como la causa que tiene poder de dirigir el cuerpo, y también como directora, moderadora y reguladora.
Ens Astrorum — Primera Entidad, identificada con el aire: cosa indefinida e invisible que fluye de los astros y mantiene la vida sin ser causa determinante; su influencia se declara intrínsecamente saludable.
Ens Veneni — Segunda Entidad, siempre perturbadora y violenta; el cuerpo fue dado exento de venenos y la toxicidad entra con el alimento tomado del exterior.
Ens Naturale — Tercera Entidad: la que debilita y desgasta el cuerpo por el simple hecho de vivir, agravada por el abuso o la complexión deficiente.
Ens Spirituale — Cuarta Entidad: potencia perfecta cuyo fin es maltratar el cuerpo entero; el espíritu que la ejerce lo engendra la voluntad y no la razón, y de la razón nace en cambio el alma.
Ens Dei — Quinta Entidad, la de Dios: obra aun cuando las otras cuatro sean favorables, y en ella se pone la razón de todas las enfermedades.
Ens Seminis — Entidad del Semen: única de las dos influencias estudiadas con potencia de causa determinante, frente a la astral.
Ens Virtutis — Entidad de la Potencia, extraída del alimento por el Alquimista interno; bajo ella el hombre se hace sano y fuerte.
Curationes Quinque — Los cinco tratamientos que la obra afirma como su primer argumento, equivalentes a cinco ciencias, artes o facultades: natural, específica, caracterológica o cabalística, de los espíritus y de la fe.
Tres Primeras Substancias — Azufre, Mercurio y Sal, ocultos durante la vida y manifiestos con la separación; en ellas asienta la razón de las enfermedades y no en los cuatro elementos ni en las cualidades.
Azufre (principio sulfúreo) — Dispone el crecimiento del cuerpo, se consume en un fuego invisible y se reparte en volátiles —sangre, carne, médula— y fijos, los de los huesos; solo él arde.
Mercurio — Llamado también licor: da congelación y compacidad, sublima en humo sin llegar a arder y necesita la influencia solar para sublimarse, conservando siempre una esencia única.
Sal — Obtiene la aglutinación del cuerpo y sin ella nada es tangible; alcanza cuatro modos de transformación, resolución, calcinación, reverberación y alcalinización.
Materia prima — Llamada Fiat; en el microcosmos resulta de la coagulación de las tres substancias y los cuatro elementos en el limbo, y la obra se abstiene de tratarla por ser materia de filosofía y no de medicina.
Ultima Materia — Coagulación en que acaban todas las cosas y cuya expresión es el cálculo; se rompe y corrompe por sí misma, y en ella hay que buscar las causas de la enfermedad.
Limbo — Materia de la que el hombre fue formado y a la que nada toma de sus ascendientes; el esperma es el Limbo y está en los cuatro elementos, con sus fuerzas nombradas Impresiones.
Tartaro — Excremento de bebidas y comidas coagulado por el espíritu del hombre; enfermedad extraña y exterior, presente en todos los hombres y repartida en tártaro de la tierra y tártaro viscoso.
Espiritu de la Sal — Único agente capaz de coagular en piedra las materias lapidarias, tanto más duro cuanto más lejos de la boca actúa; también puede disolver el Tártaro que coaguló.
Arcano — Virtud de las cosas que cura sin intervención de complexión alguna; los Arcanos están en la vida nueva y no en la primera ni en la media, y no son cosas antiguas sino concebidas hace poco.
Ignis Essentiae — El fuego de la Esencia que consume las substancias volátiles, sin el cual la obra declara que no existe medicina.
Alquimista — El que Dios colocó en cada criatura para separar el veneno del alimento; cada animal tiene el suyo, y el del cerdo se declara más sutil que el del hombre.
Emunctorios — Vías por las que el Alquimista expulsa cada veneno, con un reparto fijo por órgano; su debilidad retiene la eliminación y desata las enfermedades que dependen del veneno.
Putrefacción (putrefactio) — Lo que queda libre cuando la digestión perturbada vence al Alquimista; su rapidez es proporcional a la de la curación, y lo que la impide se opone a la salud.
Contuitio — Visión interior por la cual el médico percibe las tres substancias donde el aldeano solo ve la madera.
Anatomia — Imagen o efigie que toda cosa posee, incluida cada enfermedad; se reconocen tres, la local, la material y la de la muerte.
Luz de la Naturaleza — Criterio último de la obra: ninguna verdad fundamental sobre la enfermedad o el hombre existe sin recibir de ella su luz, y solo bajo ella debe escribirse.
Microcosmos (el hombre-mundo) — Nombre que la obra acepta y cuya interpretación corriente rechaza por confusa: el hombre lleva dentro un firmamento propio, libre de toda obediencia.
Macrocosmos — El gran mundo, cerrado exteriormente de tal manera que nada puede salir de él, y primer término de la doble anatomía que el médico debe recorrer.
Matriz — Tercer mundo o mundus minimus, distinto del macrocosmos y del microcosmos; todo el cuerpo de la mujer es Matriz y de ella se hacen venir tres, el agua primordial, la tierra de Adán y la mujer.
Monarquia — Reparto que la obra impone entre hombre y mujer, cada uno con su teoría, su física y su medicina propias, contra el uso de remedios que llama hermafroditas.
Purgatorio — Toda enfermedad es un purgatorio, y ningún médico cura si Dios no ha dispuesto que ese purgatorio termine.
Hora Messis — La hora de la recolección, de orden divino: antes de ella ningún enfermo puede ser curado.
Magnum Compositum — La Gran Farmacopea o verdadera medicina, que reúne las virtudes de todos los elementos del cielo y de la tierra encerrando el mundo entero en una gota.
Fe — Fuerza muy superior a la de carne y sangre, capaz de enfermar y de curar, que obra en los buenos para el bien y en los malos para el mal; su empleo queda limitado por la Voluntad de Dios.
Necromancia (nigromancia) — Arte que la obra dice capaz de crear figuras inexistentes con todos los atributos de la realidad, y que solo hiere el cuerpo de quien antes dañó a otro espíritu; el impreso escribe Nigromancia.
Mumia — Lectura que el aparato de esta edición propone para la letra M, principio de conservación del universo; Dorn extiende el nombre a toda carne muerta dotada de virtud curativa.
Caquimia — Término que el aparato define con Castelli como los cuerpos metálicos imperfectos o inmaduros, repartidos en sulfurosos, mercuriales y salinos.
Realgar — Humo de los minerales según el Onomasticon de Toxites, referido a la naturaleza corrompida del cuerpo humano; Dorn lo reparte por elementos en el aparato de esta edición.
Atanor (el horno de fuego constante) — Palabra que el anotador castellano declara incomprensible dentro de la filología paracélsica y para la que ofrece tres lecturas posibles sin decidir.