Atalanta fugiens
La Fuga de Atalanta
La obra declara su forma para tres sentidos: cada emblema combina palabra (lema) y figura (icono) con texto explicativo, y una fuga musical a tres voces sobre una melodía simple «De Jong — Atalanta Fugiens: Sources (1969) · pp. 5, 9» — cincuenta piezas de música junto a las imágenes, los poemas y la discusión «Maier — Atalanta fugiens (1617), trad. castellano · p. 212». La alegoría del título va enunciada: Hipómenes es la fuerza del azufre, la virgen es el Mercurio fugitivo, y el macho vence a la mujer «Maier — Atalanta fugiens (1617), trad. castellano · p. 3».
Su método es doctrina: que la Naturaleza sea la guía y que el arte la siga paso a paso; los cuatro pilares del artista — la Naturaleza como guía, la Razón como bastón, la Experiencia como anteojos y la Lectura como lámpara «Maier — Atalanta fugiens (1617), trad. castellano · p. 176». Y da la clave mitológica de toda la obra: el Sol es Osiris, Dionisos, Júpiter, Perseo; la Luna es Isis, Venus, Atalanta «Maier — Atalanta fugiens (1617), trad. castellano · p. 186».
Maier era médico consejero del emperador Rodolfo II al publicarla «Maier — Atalanta fugiens (1617), trad. castellano · p. 5»; las cincuenta láminas de cobre fueron grabadas por Matthaeus Merian y la obra va dedicada al Consistorio Imperial «De Jong — Atalanta Fugiens: Sources (1969) · pp. 362, 14».
609 afirmaciones · 2 fuentes · 1 atribución
Atribución
se consigna, jamás se afirma«Maier — Atalanta fugiens (1617), trad. castellano · p. 5»
Cadena de la obra
el testimonio procesado, en esmeraldaAfirmaciones
609 entradas — la voz de la obra, con su pasaje«El hombre, cándido lector, es, en opinión de todos, un compendio del universo» — la apertura del prefacio: el microcosmos.
Los arcanos son misterios ocultos en la naturaleza «infinidad de arcanos que se extraen, como el fuego del sílex»; los secretos químicos son los más preciosos.
«La música es una diversión agradable y muy honorable, muy digna de espíritus liberales» — La teoría de los modos que sostiene las fugas: el frigio belicoso, el jonio que despierta amor; Pitágoras ordenaba con conciertos los espíritus de sus discípulos.
Maier era médico consejero del emperador Rodolfo II al publicarla, y ruega a sus dedicatarios: «Yo os ruego autorizarme a llamaros los patrones protectores de esta pequeña obra».
«El Mercurio es llamado y visto como el mensajero, el intérprete de los otros dioses.» — Lee el feto del viento por las cuatro disciplinas: raíz del cubo en aritmética, doble octava en música, punto que inicia la línea en geometría, centro planetario en astronomía.
«Nuestro niño debe nacer en el aire, es decir, en el vientre del viento.» — vía Ripley, octava puerta; Calais y Zetes destruyen a las Harpías, que son «el azufre corruptor».
«Se dice que Rómulo mamaba de una loba salvaje, Júpiter, de una cabra» — la nodriza determina la naturaleza: base del «Nutrix eius terra est».
«El hermano es ardiente y seco y, por esta razón fuertemente colérico.» — «La naturaleza metálica que sin embargo por sí misma, posee más que toda la similitud y homogeneidad de»; el poculum amoris se llama Filotesia, que quita esterilidad e impide el aborto.
«Platón dice que la ciudad se compone, no de médicos y medicinas, sino de médicos y agricultores.» — De ahí: «La Química es enteramente paralela a la agricultura, ella es su sustituto».
«Quien tiene en su ánimo el deseo de la cebada, siembre precisamente la cebada, pero es en el oro que está la semilla del oro»
«Marte debe venir en ayuda de Vulcano; va a nacer un pajarillo vencedor y del hierro y del fuego.» — la espada de fuego del emblema VIII; las dos simientes del huevo: la amarilla masculina forma raíz y órganos, la blanca femenina aporta la materia.
«Se debe, hombres sabios, que antes que nada la humedad sea quemada a fuego lento, como un ejemplo de lo que nos proponemos en la generación del polluelo.» — vía Morfoleus; la circulación en el huevo: el agua se cambia en aire, el aire en fuego, el fuego en tierra.
«La lámpara comprende tres elementos: la mecha, la substancia grasa y la llama;» — la analogía del emblema IX: órganos, humedad radical y calor nativo para la vejez y el rejuvenecimiento.
«Da ignem igni, Mercurium Mercurio, et sufficit tibi.» — el mote pleno del X, con la distinción de pares: fuego y Mercurio internos (ya en el sujeto) frente a externos (aportados por el arte).
«Empédocles ha asentado dos principios de todas las cosas: la discordia y la amistad.» — El hilemorfismo de la obra: el agua provee la materia y el azufre la forma.
«El que aún no ha errado, aún no ha comenzado, y los errores son los maestros que enseñan lo que se debe hacer o no.»
«El estudio disipa la ignorancia y conduce al espíritu humano al verdadero conocimiento y a la ciencia de todas las cosas.» — la frase cruza de plana—
Blanquear a Latona y desgarrar los libros: romper los escritos ambiguos que confunden; hace falta «genio divino» para la verdad oculta tras la ambigüedad de los términos.
«Purifica el estaño con una ablución especial, extrae de él su negrura y su obscuridad, y aparecerá su brillante blancura.» — enseñanza de Demócrito; y la receta de nigredo de Hermes: moler el cerebro «medio de vinagre muy agrio o con orina de niños, hasta que se vuelva obscuro».
Sitúa a Saturno como el primero en presentarse en la obra: la verdad ha sido encontrada en las tinieblas — con la escala planeta-elemento: Mercurio↔agua, Júpiter↔aire, Sol↔fuego, Saturno↔plomo/negro/tierra.
«Los Antiguos han afirmado que la serpiente que ha devorado a otra serpiente se convierte en dragón.» — El uróboros descifrado: «El dragón es el azogue extraído de los cuerpos que posee en el cuerpo, alma y espíritu».
«Se dice que son tan duros que, cuando se los estrella, producen fuego, como el acero y el sílex» — el león ígneo y solar, de la misma especie que el muerto por Hércules.
«El fuego contra natura debe torturar los cuerpos. Ese es el dragón» — de los cuatro fuegos: natural que coagula, innatural que disuelve, contra natura que corrompe, y elemental que da calor; encadenados dentro del vaso como argollas de hierro reunidas por el imán.
«Los azufres son las almas escondidas en los cuatro elementos, extraídas por el arte» — en boca de Dardaris.
«Lo que cae en las salinas se vuelve sal, y lo que cae en el fuego tarde o temprano se convierte en fuego» — la doctrina del fermento vía Avicena; el fermento «transforma el cuerpo fermentado en su propia naturaleza», y la tintura del oro se busca dentro del propio oro.
«Si de los cuatro haces perecer uno, pronto todos estarán muertos.» — la interdependencia elemental, encarnada en el cuerpo triple de Gerión «conforme al sentir de Hermes, o, como lo quieren otros».
«Y que esto se realice, cuando me hayas extraído en parte de mi propia naturaleza...» — la metáfora de Belin citada por el Rosario: muerte que conduce a «resurrección nueva e incorporal».
«Si tu espíritu es lento en captar este misterio, Comprende la obra del geómetra y tú sabrás.» — la cuadratura como proceso físico: «Los filósofos naturales no la han ignorado, como lo muestra su mandato de convertir el círculo en cuadrado y el cuadrado a su vez en círculo»; con la clave de colores: negro de Saturno = tierra, blancura lunar = agua, amarillo del Sol = aire, rojo = fuego, y la mónada como paz eterna.
«Con nieve unta el rostro negro de Saturno.» — «Saturno es el padre de todos los Gentiles, o más bien de todos los hombres de oro»; Mercurio claro lava a Saturno y lo conduce al trono de Júpiter.
Instrumental de la cocción: la marmita doble sellada donde el «vapor insensible» madura la materia, y el baño laconio — «vaso encima del vaso» — donde el viejo transpira.
«Lo que el sol es entre los planetas, dice el Filósofo, es lo que es el oro entre los metales.»
«El lobo ha devorado al rey, y, consumido, le ha devuelto la vida.» — Vía Graciano en el Rosario: «Hay en la alquimia un cierto cuerpo noble que se le hace pasar de un maestro a otro maestro».
Los dos verbatims del conflicto de atribución, uno junto al otro: «Hermes: El dragón no muere sino que es muerto por su hermano y su hermana.» / «Aristóteles: Mercurio no muere jamás si no es muerto con la ayuda de su hermana, es decir que se le debe coagular con la ayuda de la Luna o el Sol»
La Sabiduría se define como «el conocimiento verdadero de la química unido a la práctica»; el Uso es el padre y la Razón la madre del hijo llamado Sabiduría — y «El hombre ha nacido para razonar, como el pájaro para volar y el caballo para correr».
«La llave es en efecto una cosa muy vil que en los capítulos se la llama piedra conocida.»
«Nuestros libros parecen causar mucho daño a los que leen nuestros escritos» — la advertencia de la Turba sobre leer sin la llave.
«Hay en el hombre tres cocciones: la primera en el ventrículo, la segunda en el hígado y la tercera en las venas.» — correlacionadas con las revoluciones de las esferas del gran Año.
«Vulcano es un verdugo intratable» — el fuego como juez de las mezclas; la «Emperatriz Naturaleza» otorga privilegio a ciertos compuestos frente a él.
«El sol necesita a la luna como el gallo a la gallina.» — La obligatoriedad de la conjunción: «la medicina no saldría (vertería) jamás fácilmente y no daría tintura».
Reúne todas las operaciones menores bajo la cocción, que llama «obra de las mujeres» — con función asignada: la sublimación «separa lo puro de lo impuro, ennoblece lo que es vil, eleva lo que es», la destilación clarifica, la calcinación quema, la fijación asegura.
«Escoge como piedra a esa por la cual los reyes son venerados en sus diademas» — cita de Aristóteles por el Jardinero; y el mar Rojo con fondo de piedras magnéticas que hunden navíos de hierro.
La piedra-coral: «Si se le aumentan esas cualidades, ella se licua de nuevo contrariamente a la naturaleza de las otras piedras.» — se coagula con calor y sequedad, al revés de las piedras comunes.
«Nada se engendra sin calor; un baño de un calor intenso hace perecer.» — vía Bodillus; el negro es signo del frío y debe llevarse al blanco y al rojo mediante fuego.
La mujer (fría y húmeda) se transforma en hombre (cálido y seco) bajo el calor creciente — la conversión del Hermafrodita — y el remate contra la cirugía de Tagliacozzo: «Los filósofos no tienen necesidad de todas esas operaciones manuales».
«La concepción tiene lugar cuando la tierra se transforma en polvo negro y comienza a retener una pequeña cantidad de mercurio.» — el azoth, principio masculino, actúa sobre la tierra.
«niño es en efecto el amo de las aguas y ejerce su imperio sobre ellas, como Neptuno» — el rojo camina sobre «aguas» que son metales licuados al fuego.
«La piedra tiene pues al fuego por alimento» — la habituación como crianza (Ceres/Triptólemo, Tetis/Aquiles); los dragones alados nacen del «estiércol filosófico» y deben ser atados al carro de Triptólemo antes de la obra.
«Si yo la nombro por su nombre propio los necios no creerían que es ella» — el Rosario sobre el nombre de la piedra; y «Mercurio contiene todo lo que buscan los Sabios».
El mote pleno del XXXVI con su autoexégesis: «Lapis projectus est in terras, & in montibus exaltatus, & in aere habitat, & in flumine pascitur, id est, Mercurius.»
«Ella es nombrada fétida porque ella desprende un hedor sulfuroso y un olor de sepulcro.» — El mote pleno: «Tres cosas bastan para el magisterio: el humo blanco, que es el agua, el león verde o bronce de Hermes, y el agua fétida».
«El Rosario dice: "Tú has buscado lo que era verde, pensando que el bronce era un cuerpo leproso a causa de lo verde que posee".» — la defensa del león verde como germen.
El «fuego sin luz»: fuego que no brilla, alimentado por materia incombustible de calor constante, que actúa contra la naturaleza para disolver y limpiar.
«Cuando se preguntó a Sócrates cuál era su patria, respondió que era cosmopolita o ciudadano del mundo.» — la patria del sabio es cósmica; y la lectura de los libros como navegación por un «océano inmenso» que exige latitud, longitud y aguja imantada.
«Eso que buscas no es de poco valor. Tú buscas el más grande de los tesoros, el regalo más excelente de Dios.» — Bacasser en la Turba, sobre la Esfinge filosófica; con el enigma: «En la mañana tiene cuatro pies, a mediodía dos pies; en la tarde, tres pies».
«La Piedra es un triángulo en su ser, un cuadrado en sus cualidades.» — la epístola de Rhasis; y la lectura de Edipo: el efecto derriba al agente — parricidio e incesto como conjunción de agente y efecto.
«una doble consideración: se deben realizar, a partir de la naturaleza de un solo metal, dos líquidos de composición contraria» — Lulio en el Libro de la Quintaesencia: uno coagulado y fijo, otro volátil y blando; y su crítica de la teríaca: la mezcla artificial carece de la unión que solo la naturaleza logra.
«Y todo no es sino una misma cosa, Dionisos, Sol, Adonis.» — «Adonis es muerto por un jabalí, es decir por el vinagre muy agrio o agua disolvente»; con la distinción entre el sol filosófico interno y el sol celeste.
Ordena que la naturaleza sea guía: «Que la naturaleza sea tu guía, que tu arte la siga paso a paso; lejos de ella te pierdes.» — y los cuatro pilares del artista: la Naturaleza como guía, la Razón como bastón, la Experiencia como anteojos y la Lectura como lámpara.
«A propósito de todo lo que oyes, razona para saber si puede ser así o no» — dicho de «los filósofos»; y la doctrina del nombre: «palabras, dicen ellos, existen a causa de las».
«El que será paciente y que de buen corazón disfrute de su paciencia, avanzará por el justo sendero de este arte.» — Bacasser en la Turba.
«Yo soy, dice él, según el Rosario que cita Hermes, el negro del blanco, y el amarillo del rojo.» — el buitre parlante; «Coge la piedra que es negra, blanca, roja, amarilla, el ave maravillosa que vuela sin alas».
Da la clave de lectura mitológica de toda la obra: «El sol es por consiguiente Osiris, Dionisos, Baco, Júpiter, Marte, Adonis, Edipo, Perseo, Aquiles, Triptolemo, Pélops, Hipómenes, Polux.» — «Dionisos llamado así por los griegos, es Baco para los romanos, Osiris para los egipcios, Adonis para los sirios»; y niega la divinidad de Osiris: fue un rey solar de origen químico.
Aclara en esa misma clave que los héroes —Hércules, Ulises, Jasón, Teseo— son los «artistas» que ejecutan la obra.
«Hijo mio, extrae del rayo su sombra» — sentencia de Hermes; la sombra filosófica es más negra que la común y necesaria para la visión interior, pero su exceso priva de juicio.
«Tu juventud será renovada como la del águila.» — del Salmista; el águila renueva su juventud hundiendo tres veces el pico en la fuente.
«hay en este arte dos piedras principales, una blanca y una roja, de una naturaleza admirable.» — de la «carta de Aristóteles»: la blanca aparece al ponerse el sol, la roja al amanecer.
«El azufre es muy robusto y combate contra el fuego que él contiene» — Rosinus a Eusthicia; el azufre proviene de la Aurora (Oriente) y el mercurio del país de la Hespéride (Occidente).
Receta concreta del XLVIII: en un crisol, una onza de mercurio lavado con un grano de mijo tomado de uñas, cabellos o sangre del rey; se calienta y enfría para revelar la piedra del elixir — y vía Senior: «El que posee la piedra de la cual se saca el elixir es tan rico como el que posee el fuego».
«primero es el sol, es decir Apolo, lo que quiere decir que el sol celeste es el primer autor de esta generación» — la tríada de padres del Infante: Apolo da ser y forma, Vulcano el calor, Mercurio la materia; y vía Raymond: «Nuestro hijo tiene dos padres y dos madres, pues él es alimentado con amor, de toda substancia, en el fuego, y por esa razón, no muere jamás».
«El dragón mata a la mujer y la mujer al dragón; los dos son inundados de sangre.» — dragón = tierra y fuego, mujer = aire y agua, mediados a veces por el águila que genera el «espíritu ígneo».
«Que el dragón es la materia que queda en el fondo después que el agua de ella ha sido separada por destilación.» — según El Sonido de la Trompeta.
«Yo te declaro en verdad, dice el conde Bernard en su Epístola, que ningún agua disuelve la especie metálica por reducción natural.» — salvo el agua permanente, que disuelve y permite la coagulación posterior.
Morieno el Romano: la Eudica «también es hiel de vidrio y debe ser buscada en las jarras de vidrio.» — la protección de los cuerpos en el fuego, con guijarros blancos y polvo de vidrio cristalino.
Se remite tres veces a sus propios «Jeroglíficos» (los Arcana arcanissima): «como lo hemos demostrado largamente en nuestros Jeroglíficos», por Triptólemo y Aquiles en el libro VI, y por la alegoría de Osiris «explicada de forma completa» en el libro I.
«Los bienes del universo, los remedios que salvan te serán todos dados por ese doble león.» — el epigrama liminar promete que todos los remedios saldrán del doble león, la pareja de principios que los cincuenta emblemas irán desdoblando.
«En la vida presente, cuando alguno más se aproxima a la naturaleza divina, más alegría y placer encuentra en las cosas que deben ser exploradas con la ayuda de la inteligencia, realidades sutiles, maravillosas y raras.» — sostiene que la escala del hombre se mide por proximidad a lo divino: cuanto más se acerca, más placer halla en lo que solo la inteligencia alcanza.
«Al contrario, cuando alguno más se inclina hacia la categoría de las bestias sin razón, y es menos atraído por esas realidades, está más sometido a una manera de sentir corporal.» — y da la contraparte de esa escala: quien se inclina a la condición de bestia queda entregado a un sentir corporal.
«Para desarrollar la inteligencia, Dios ha ocultado en la naturaleza una infinidad de arcanos que se extraen, como el fuego del sílex, y se ponen en práctica, gracias a toda suerte de ciencias y artes.» — de ahí deriva la razón de que haya arcanos: Dios los escondió en la naturaleza para que la inteligencia se ejercite sacándolos, y las ciencias y artes son el medio de ponerlos en práctica.
«Ellos deben ser buscados, no por los charlatanes de feria y los falsos químicos que hacen ilusiones (son como los asnos ante una lira, tan alejados como es posible de toda ciencia y de toda intención excelente) sino por espíritus elevados, que han recibido una educación liberal y han nacido para explorar las más altas realidades;» — acota quién puede buscarlos: no los charlatanes ni los falsos químicos, sino espíritus de educación liberal nacidos para explorar lo más alto. El límite es de nacimiento y de formación, no de método.
«Los antiguos filósofos se ejercitaron en este último arte al punto que el que había rechazado la lira en los festines era declarado ignorante y obligado a cantar sosteniendo una rama de mirto, como se lee a propósito de Temístocles.» — justifica el lugar de la música entre los filósofos antiguos por la costumbre del banquete, donde rehusar la lira valía por confesión de ignorancia.
«Sócrates era versado en música, y Platón quien declara hecho de forma no armoniosa al que no gusta de la armonía musical.» — suma a Sócrates y a Platón a esa nómina, y con Platón el criterio de que quien no gusta de la armonía está mal compuesto él mismo.
«Pitágoras se ilustra igualmente en ese arte, el que, se dice, utilizaba como medio un concierto de música en la mañana y en la tarde para disponer bien los espíritus de sus discípulos.» — atribuye a Pitágoras el uso de la música como técnica de gobierno del ánimo: conciertos de mañana y de tarde para disponer los espíritus de sus discípulos.
«Así el modo frigio, era llamado belicoso por los griegos pues se le utilizaba yendo al combate en la guerra, y estaba dotado de una virtud singular para excitar el coraje de los soldados.» — de la teoría de los modos toma el frigio, que los griegos llamaban belicoso por su virtud para excitar el coraje de los soldados.
«Se dice que Timoteo de Mileto se servía del modo frigio para informar a Alejandro el Grande, más rápido y atrevido las cosas de la guerra, lo que Cicerón menciona en el segundo libro de las Leyes.» — y trae el caso de Timoteo de Mileto sobre Alejandro, que dice tomar de Cicerón en el segundo libro de las Leyes.
«Sin embargo ellas son estabilizadas y consolidadas en la tercera que es simple y de un solo valor, igual que por una manzana de oro.» — explica la mecánica de sus fugas a tres voces: las dos que corren quedan estabilizadas por la tercera, simple y de un solo valor, que es la manzana de oro del mito.
«Esta misma virgen es puramente química; ella es el mercurio filosófico fijado y retenido en su fuga por el azufre del oro.» — y dice sin rodeos qué es la alegoría del título: la virgen que huye es el mercurio filosófico, y lo que la detiene es el azufre del oro.
«Mas aún, está establecido que estos últimos cuerpos están compuestos de vapores y se coagulan inmediatamente.» — la cosmogonía mineral del discurso I: los minerales y metales se hacen de vapores que se coagulan, y por eso el viento del mote es su origen y no una figura.
«Respondo: Químicamente es el azufre que está contenido en el mercurio fluido como lo atestigua Lulio en el capitulo 32 del Codicilo, y todos los otros autores.» — responde a su propia pregunta por lo que el viento lleva en el vientre: químicamente es el azufre alojado en el mercurio fluido, y lo apoya en Lulio, capítulo 32 del Codicilo.
«Desde el punto de vista físico es el feto que pronto debe nacer a la luz;» — y da la lectura física de la misma pregunta, distinta de la química: el feto es lo que está por salir a la luz.
«pero a veces siguen hacia lo alto a las substancias volátiles, a veces permanecen abajo con las fijas, lo que aparece ante todo en el Mercurio vulgar, en el Mercurio filosófico y los metales fijos.» — explica el doble comportamiento del azufre: unas veces sigue hacia arriba a lo volátil y otras se queda abajo con lo fijo, y lo hace ver en el mercurio vulgar, el filosófico y los metales fijos.
«En efecto, él esta lleno de viento y vuela a través de los aires como el mismo viento, así que en general la prueba de ello está hecha, para gran pesar de muchos.» — funda esa función mensajera en algo material: Mercurio está lleno de viento y vuela como el viento mismo.
«El Mercurio es pues, el viento que recibe el Azufre o Dionisos, o, si se lo prefiere, Esculapio, en el estado de embrión imperfecto, sacado del seno maternal, yo diría también de las cenizas del consumido cuerpo maternal, y llevado allí donde puede madurar.» — define al Mercurio como el viento que recibe al azufre en estado de embrión imperfecto y lo lleva adonde pueda madurar; el azufre es aquí Dionisos o Esculapio.
«Porque al término de la gestación, Bóreas pone en el mundo dos gemelos, uno de cabellera blanca, llamado Calais, y el otro de cabellos rojizos llamado Zetes.» — lee el parto de Bóreas como par de gemelos de color contrario, Calais el de cabellera blanca y Zetes el rojizo, que son los dos estados del sujeto.
«Entonces no está más sujeto a ese mal e indica en ese momento al medico Jason el camino a seguir para adquirir el Vellocino de Oro.» — remata la fábula argonáutica: liberado del azufre corruptor, Fineo indica a Jasón el camino del Vellocino de Oro.
«Debe venir un viento doble llamado Vulturno y enseguida un viento simple llamado Notus que soplarán impetuosamente desde el Oriente y desde el Sur.» — habla Basilio Valentín en su sexta clave, traído por Maier para anunciar los dos vientos de la obra.
«Los peripatéticos y los filósofos en un parecer correcto afirman que la alimentación es cambiada en la substancia del sujeto alimentado y que ella le es asimilada después y no antes de su alteración.» — apoya el mote de la nodriza en una tesis peripatética: el alimento se convierte en la sustancia del alimentado, y se le asimila después de alterarse, no antes.
«Pero que un hombre que acaba de nacer sea alimentado con leche de animales, eso no repugna a la naturaleza: la asimilación de esta leche puede realizarse, sin embargo, la asimilación de la leche maternal se realizará con más facilidad que la de una leche extraña.» — de ahí el criterio de semejanza, dicho con su matiz: la leche de animal no repugna a la naturaleza y sí se asimila, solo que la materna se asimila con más facilidad.
«Por eso es que los médicos concluyen que el niño tendrá buena salud, semejante a su madre por la substancia y por los hábitos y que recibirá el vigor, si siempre es recalentado y elevado gracias a la leche de su propia madre.» — y la consecuencia que atribuye a los médicos: criado con la leche de su propia madre, el niño le sale semejante en sustancia y en hábitos.
«Y, aunque su padre, su madre y su nodriza le sean asignados por medio de la similitud, esta obra, sin embargo, no es más artificial que la generación de no importa cual animal.» — traslada eso a la obra y sale al paso de la objeción del artificio: aunque el padre, la madre y la nodriza del sujeto se elijan por similitud, la obra no es más artificial que la generación de cualquier animal.
«Es verdad que el vaso es artificial, pero no existe diferencia si el nido es obra de la gallina o que haya sido construido por el agricultor en algún lugar mal decidido (como es la costumbre): la generación de los huevos se producirá de la misma manera, así como la eclosión de los pollitos.» — argumenta la misma inocuidad del artificio por el nido: el vaso es artificial, pero un nido hecho por el agricultor incuba igual que el de la gallina.
«No obstante la Naturaleza permanece como el Ama y el arte como el servidor.» — y fija el reparto de papeles entre las dos: la Naturaleza queda como el Ama y el arte como el servidor.
«Pero este admirable jugo de la tierra produce un efecto contrario al de otras especies de leche que son sustituidas y no cambian.» — responde por qué la tierra es la nodriza del Hijo de los Filósofos: su jugo obra al revés de las otras leches, que sustituyen sin cambiar al que las toma.
«En efecto nosotros vemos los huesos de los animales expuestos al aire: desde luego están negros y sucios, pero si la lluvia los humedece frecuentemente y si son secados por las numerosas repeticiones que a su vez hace el calor del sol, son restablecidas a una extrema blancura, como lo nota Isaac.» — abre el discurso del lavado por lo que se ve en los huesos expuestos a la intemperie, que la lluvia y el sol devuelven a extrema blancura; se lo atribuye a Isaac.
«Si esta operación es repetida frecuentemente, las telas que antes eran sórdidas y fétidas se vuelven puras y purgadas de manchas.» — y la vuelve regla del sujeto filosófico: repetida la operación, lo sórdido y fétido queda puro y purgado de manchas.
«Porque el agua no se puede mezclar con lo que es graso, ella cede ante el cuerpo ardiente, a menos que ella lo recubra y lo sumerja enteramente.» — explica por qué el agua no apaga esos fuegos: no se mezcla con lo graso y cede ante el cuerpo ardiente mientras no lo recubra y lo sumerja entero.
«Pero la que poseía esta receta (una mujer de Anvers) la habría hecho desaparecer con ella, por envidia, y la proporción justa no habría sido recuperada jamás.» — y consigna la pérdida del secreto: la mujer de Amberes que tenía la receta la habría hecho desaparecer por envidia, y la proporción no se recobró.
«Se ve por ahí que el agua y el fuego se han comunicado mutuamente sus cualidades, que la especie del fuego filosófico no es la misma que la del fuego común, y que se debe pensar lo mismo del agua.» — de esos casos saca la conclusión doctrinal: agua y fuego se han comunicado sus cualidades, y el fuego filosófico no es de la misma especie que el común, ni el agua tampoco.
«Para los filósofos, en efecto, el fuego es agua y el agua es fuego.» — hasta la identidad plena, que es el fundamento del lavado filosófico.
«Pero cuando los filósofos hablan de unir por matrimonio la madre a su hijo, el padre a su hija, o el hermano a su hermana, ellos no dicen ni hacen nada contrario a la ley enunciada.» — salva la orden de casar hermano con hermana declarando que los filósofos, al hablar de esas uniones, no dicen nada contra la ley civil: hablan de otros sujetos.
«En efecto los personajes de los Filósofos están fuera de estos debates, al igual que los hijos y las hijas de Adán que se casaban mutuamente sin dar lugar a la imputación de algún crimen.» — y lo apoya en el precedente bíblico: los hijos y las hijas de Adán se casaron entre sí sin que quepa imputarles crimen.
«Pero cuando la multitud de personas llegó a crecer y fue distribuida en innumerables familias, esa causa se reveló verdadera y justa, ocasionando que los hermanos no debiesen esposar a sus hermanas.» — fecha además la prohibición: no es de origen, sino que aparece cuando la multitud de personas creció y quedó repartida en innumerables familias.
«Porque la mujer más cálida, en los límites del temperamento humano, se revela más fría que el hombre más frío de su sexo (pero sin embargo sano) como Lemnius lo prueba en su libro Las Maravillas ocultas de la naturaleza.» — deriva la complementariedad de temperamentos de una tesis médica que atribuye a Lemnius en Las Maravillas ocultas de la naturaleza: la mujer más cálida sigue siendo más fría que el hombre más frío y sano.
«Pero el hermano y la hermana, una vez unidos, no llegan a ser fecundos y no persisten largo tiempo en el amor, si no se les da a beber, a manera de un filtro, la Filotesia o brebaje del amor.» — condiciona la fecundidad de la pareja al brebaje: unidos sin la Filotesia, ni son fecundos ni persisten en el amor.
«En efecto, gracias a este brebaje, sus corazones son tan bien apaciguados y concordados, que en una suerte de ebriedad (a la manera de Lot), rechazan el pudor, se desposan y engendran descendencia (no manchada en su origen pero) legítima.» — describe el efecto del brebaje como una ebriedad a la manera de Lot que aplaca los corazones, vence el pudor y hace legítima la descendencia.
«Gracias a sus buenas acciones y a su obra, las miríadas de hombres existentes ahora en el mundo, no habrían existido, si sus padres o sus abuelos no hubiesen sido liberados del vicio de la esterilidad con el distanciamiento y retiro de la causa o de un impedimento cercano y lejano o si sus madres no hubiesen sido preservadas de abortar.» — argumenta la utilidad de esa medicina por lo que sin ella no existiría: las miríadas de hombres que hay no estarían si sus padres no hubieran sido librados de la esterilidad y sus madres del aborto.
«También este brebaje de amor es dado a los nuevos esposos por las mismas razones, que como cada uno puede reconocerlo después de lo que aquí se ha dicho, son tres en número: asegurar la constancia del amor, quitar la esterilidad e impedir el aborto.» — y resume las tres razones del brebaje: asegurar la constancia del amor, quitar la esterilidad e impedir el aborto.
«La asamblea entera de los filósofos se pone de acuerdo para declarar que su obra no es de ninguna otra cosa sino que macho y hembra: al macho, le corresponde engendrar y dominar sobre la hembra; a ésta, la de concebir, de llegar a embarazarse, de criar, de amamantar y de educar la progenitura, así que debe ser sumisa a la autoridad del macho.» — funda el emblema del sapo en el reparto de papeles que atribuye a la asamblea entera de los filósofos: al macho engendrar y dominar, a la hembra concebir, criar, amamantar y someterse.
«Pero aquí los filósofos dicen que debe colocarse un sapo sobre el seno de la mujer, para que ella lo alimente con su leche, a la manera de un hijo.» — y así enuncia la prescripción del emblema V: poner un sapo sobre el seno de la mujer para que ella lo alimente con su leche como a un hijo.
«Es cosa deplorable y horrorosa de contemplar, decimos también impía, que la leche destinada a un pequeño niño sea presentada a un sapo, bestia venenosa y enemiga de la naturaleza humana.» — no la deja pasar sin juicio propio: llama deplorable, horrorosa e impía la escena de dar a un sapo la leche destinada a un niño.
«¿En verdad, no es un prodigio ver un sapo nacer de una mujer?» — y sostiene la impropiedad con una pregunta: que un sapo nazca de una mujer sería un prodigio, no una generación.
«Porque él, que ha sido formado en sus entrañas, y ahí creció, gracias a su sangre, no ha podido envenenar a su madre.» — el argumento en favor del hijo verdadero: formado en las entrañas de la madre y crecido de su sangre, no ha podido envenenarla.
«En consecuencia, según el derecho natural, él debe gozar y nutrirse de la leche de su madre.» — de donde saca un derecho natural a la leche materna, que el sapo no tiene.
«Pero aquí se produce lo contrario: porque el sapo no ocupa la boca sino el seno de la mujer, cuya leche lo hace crecer hasta que alcanza un gran tamaño y una fuerza considerables, y que por su parte la mujer, agotada, se debilita y muere.» — marca la inversión que hace del rito una muerte: el sapo crece hasta gran tamaño con la leche, y la mujer, agotada, se debilita y muere.
«Guillermo de Newbridge, escritor inglés, escribió en sus Comentarios (¡que otros decidan con qué fidelidad!) que mientras se partía una cierta gran piedra, en una cantera situada en el territorio del obispo de Wilton, se encontró en el interior un sapo vivo provisto de una cadena de oro.» — trae el hallazgo del sapo vivo con cadena de oro dentro de una piedra de cantera como testimonio de Guillermo de Newbridge, y con la reserva puesta en el propio texto sobre la fidelidad del relato.
«¿Qué orfebre subterráneo le habría fabricado una cadena de oro?» — desarma el relato por dentro con una pregunta sobre el orfebre subterráneo que habría fabricado esa cadena.
«En efecto, es en ellos, que verdaderamente se encuentra el sapo filosófico, no en una cantera (como lo pretende este inventor de fábulas) y él posee en sí mismo el oro, no afuera para tenerlo en exposición.» — y lo resuelve por la vía alegórica: el sapo filosófico no está en una cantera sino en los cuerpos, y lleva el oro dentro, no afuera para exhibirlo.
«En efecto, uno y el otro toman el sujeto natural, al que le agregan, según su arte, ciertas cosas necesarias que le hacen falta, o también quitándole lo superfluo.» — iguala al químico con el agricultor por la operación, no por la metáfora: los dos toman el sujeto natural, le agregan lo que le falta y le quitan lo superfluo.
«En consecuencia, para los dos su arte puede ser definido (igual que la medicina para Hipócrates) como la asociación de lo que falta extracción de lo superfluo.» — y define el arte de ambos con la fórmula que atribuye a Hipócrates para la medicina, la asociación de lo que falta y la extracción de lo superfluo.
«Porque la Química demuestra las operaciones de la agricultura con sus fines y sus modos de operar secretos.» — invierte la dirección de la analogía: es la química la que muestra los fines y los modos secretos de operar de la agricultura.
«Los agricultores tienen una tierra donde siembran sus granos. Del mismo modo los químicos tienen un abono con la ayuda del cual fertilizan sus campos; los químicos también tienen uno: sin él nada se haría y no se debería esperar ningún fruto.» — desglosa la correspondencia por piezas: el abono del químico hace de estiércol del campo, y sin él no se debe esperar fruto.
«Los agricultores esperan la lluvia y el calor del sol; del mismo modo los químicos, también ellos, verdaderamente administran el calor y la lluvia que conviene a su obra.» — y marca la diferencia de gobierno: donde el agricultor espera la lluvia y el sol, el químico administra él mismo el calor y la lluvia de su obra.
«Por eso es que los Antiguos expusieron a Ceres, Triptolemo, Osiris, Dionisio, dioses de oro, es decir teniendo relación con la Química, como enseñando a los mortales a esparcir la semilla de sus frutos en la tierra,» — lee a Ceres, Triptólemo, Osiris y Dionisio como dioses de oro, es decir con relación a la química, presentados enseñando a los mortales a sembrar.
«esos son los muy secretos misterios de la naturaleza que, bajo los velos de la agricultura, son escondidos a los ojos del vulgo y manifestados a los sabios.» — de ahí su tesis sobre el velo: los misterios de la naturaleza van escondidos al vulgo bajo la apariencia rústica de la agricultura, y manifiestos a los sabios.
«Por eso es que los filósofos dicen que se debe sembrar su oro en la tierra blanca hojosa, como si ellos quisieran que la siembra del trigo sea tenida por ejemplo e imitada,» — y ése es el sentido que da al mote de sembrar el oro en tierra blanca hojosa: la siembra del trigo puesta como ejemplo a imitar.
«La tierra blanca arenosa, da poco fruto a los campesinos, a lo que obedece mejor la tierra negra y fértil.» — con un límite tomado del campo mismo: la tierra blanca arenosa da poco fruto y la negra y fértil obedece mejor.
«La siembra es la propagación del mundo, gracias a la cual, lo que no puede durar en el individuo recibe la posibilidad de durar en la especie.» — justifica por qué la obra pasa por semilla: la siembra es la propagación del mundo, y lo que no puede durar en el individuo dura en la especie.
«entre ellos, del movimiento del punto nace la línea, del movimiento de ésta, nace la superficie, y de la superficie, el cuerpo.» — traslada la generación a la serie geométrica: del movimiento del punto nace la línea, de ésta la superficie, y de la superficie el cuerpo.
«los astros lo han producido antes que la línea, la superficie y el cuerpo, porque él (el punto) es el principio de todos.» — y pone al punto como principio de todos, anterior a línea, superficie y cuerpo.
«Se escribe la misma cosa de Aquiles quien fue puesto desnudo y endurecido bajo las llamas por Thetis su madre.» — trae a Tetis endureciendo a Aquiles desnudo bajo las llamas, el mismo motivo con que después explicará la habituación de la piedra al fuego.
«Por eso no es sin razón que utilizamos la música (aunque solamente de paso) en la presente obra en donde describimos a Aquiles, sus virtudes y sus hechos heroicos.» — y da la razón de que en este libro haya música: dice que canta porque describe a Aquiles, sus virtudes y sus hechos heroicos.
«En el sujeto filosófico, los elementos livianos desde luego llevan ventaja a las partes pesadas, bajo el aspecto de la cantidad, sin embargo son vencidos por el poderío de estos últimos.» — explica el equilibrio de volátil y fijo por una desproporción: en el sujeto filosófico los elementos livianos ganan en cantidad y aun así los vence el poderío de los pesados.
«Pero después de cierto tiempo las alas del águila se destrozan y los dos pájaros dan nacimiento a un ave única y de gran talla[*], que es capaz de engullir el hierro y correr en tierra, incomodada por su peso, mas no vuela en el aire, aunque posee magníficas plumas.» — lee así el ave del emblema: destrozadas las alas del águila, los dos pájaros dan un ave única y grande que engulle hierro y corre por tierra pero ya no vuela, aunque conserve magníficas plumas.
«Tal es en efecto la disposición de la naturaleza Universal: ella siempre levanta lo que es pesado al medio de lo que es ligero, e, inversamente, baja las partes ligeras gracias a las partes pesadas, como lo declara el autor del Magisterio Perfecto.» — generaliza la ley de intercambio y se la adjudica al autor del Magisterio Perfecto: la naturaleza levanta lo pesado por medio de lo ligero y baja lo ligero por medio de lo pesado.
«En el alcanfor como lo llama Bonus, los elementos ligeros, que son el agua y el fuego, aventajan a los elementos pesados.» — y trae a Bonus para el caso del alcanfor, donde los elementos ligeros, agua y fuego, aventajan a los pesados.
«En consecuencia, no se debe considerar la composición desigual de los últimos cuerpos mencionados, quienes no provienen de una mezcla lo suficientemente vigorosa, ni la mezcla de los primeros, aunque ella sea más durable, porque a pesar de todo ellos son volátiles, pero se debe tener atención» — acota qué debe mirarse en la mezcla: ni la composición desigual de los últimos cuerpos ni la de los primeros, porque aun siendo más durable sigue siendo volátil.
«Cuando el espíritu haya disuelto el cuerpo y el alma de manera que ellos existen en su propia forma, no quedará cuerpo fijo si tú no lo has capturado a él mismo.» — habla el químico Aristóteles —así lo nombra Maier, distinguiéndolo del filósofo— sobre la captura del espíritu: sin capturarlo no queda cuerpo fijo.
«no se debe afirmar que es un tema de corrupción, sino de generación.» — corrige de entrada el sentido del golpe de espada: lo que ocurre al huevo no se debe llamar corrupción sino generación.
«Es verdad, que él cesa, de ser un huevo por la desaparición de la forma oval y comienza a ser un animal bípedo y capaz de volar por la aparición» — y explica la razón: el huevo deja de serlo al perder la forma oval y empieza a ser animal bípedo capaz de volar.
«Eso es lo que afirma Basilio Valentín cuando dice que Mercurio fue encerrado en prisión por Vulcano por orden de Marte, y que no fue liberado antes de haber sufrido completamente la corrupción y la muerte.» — trae a Basilio Valentín para la misma secuencia en clave planetaria: Vulcano encarceló a Mercurio por orden de Marte y no lo soltó hasta que hubo sufrido entera la corrupción y la muerte.
«En verdad esta muerte es para él, comienzo de un nueva vida, así como la corrupción o muerte confieren al huevo la generación y la nueva vida de un polluelo.» — de donde saca la regla que gobierna la obra: esa muerte es comienzo de vida nueva, como la corrupción del huevo da la generación del polluelo.
«Por eso es que a justo título se podrá nombrar espada de fuego al arma con la cual debe ser acometido o golpeado el huevo de los filósofos.» — y así justifica el nombre del instrumento: por eso al arma con que se golpea el huevo de los filósofos se la puede llamar con razón espada de fuego.
«En cuanto a mí, declaro que no se le obtiene con ningún instrumento, si éste no está hecho a partir de nuestro polvo blanco, estrellado, espléndido y sacado de una piedra blanca;» — habla Moscus sobre el instrumento, traído por Maier: no se obtiene el huevo con ningún instrumento que no esté hecho del polvo blanco, estrellado y espléndido sacado de una piedra blanca.
«La única diferencia reside en que la llama de la lámpara es luminosa, pero el calor nativo no lo es de ninguna manera, porque él no es fuego sino solamente calor, y que la grasa es aceitosa y el radical húmedo es viscoso, porque proviene del principio seminal.» — precisa la analogía de la lámpara donde falla: la llama alumbra y el calor nativo no, porque no es fuego sino calor, y el húmedo radical es viscoso por venir del principio seminal.
«Por eso es que el hombre también, cuando ha llegado a su más alto grado de aumento, conoce la disminución, es decir la vejez, por la cual disminuye progresivamente de vigor hasta el punto donde sobreviene la muerte.» — de ahí la vejez como ley y no como accidente: llegado a su mayor aumento, el hombre disminuye de vigor hasta la muerte.
«Se cuenta que el águila, estorbada por su pico curvo, muriera de hambre si la naturaleza le quitara ese pico y le devolviera, de alguna suerte, la juventud.» — acompaña la imagen del emblema con la del águila estorbada por su pico curvo, que moriría de hambre si la naturaleza no se lo quitara devolviéndole juventud.
«Los médicos escriben cosas maravillosas sobre los mirobálanos, frutos provenientes de un árbol, y le atribuyen efectos semejantes, pretendiendo que hacen desaparecer los cabellos blancos, purificando la sangre, prolongando la vida.» — revisa los remedios que circulan y empieza por los mirobálanos, a los que los médicos atribuyen quitar las canas, purificar la sangre y prolongar la vida.
«Paracelso escribe, en el Libro de la Larga Vida, que un enfermo puede, con la sola imaginación, atraer hacia sí la salud de otro, un anciano la juventud de otro, pero este autor parece haber utilizado ahí solo su imaginación y no la experiencia.» — y niega el de Paracelso con un criterio: escribió en el Libro de la Larga Vida que un anciano puede atraer hacia sí la juventud de otro con la sola imaginación, y parece haber usado ahí la imaginación y no la experiencia.
«En lo que concierne a la forma exterior y la restauración de las fuerzas de una manera cualquiera, la desaparición de las arrugas y los cabellos blancos, se puede afirmar de ello que se ha encontrado un remedio:» — acota entonces hasta dónde llega lo comprobado: el remedio encontrado es para la forma exterior, la restauración de fuerzas, las arrugas y las canas.
«Lulio lo afirma a propósito de la quinta esencia y Arnaldo a propósito del oro preparado.» — y reparte esa credencial entre dos autoridades: Lulio por la quinta esencia y Arnaldo por el oro preparado.
«Aquí los filósofos declaran que el anciano, para volverse un hombre joven, debe ser encerrado con un cierto árbol en una habitación llena de rocío, que entonces debe comer los frutos del árbol y que así recobrará la juventud.» — enuncia después la prescripción del emblema: encerrar al anciano con el árbol en una habitación llena de rocío y hacerle comer sus frutos.
«Por eso es que los filósofos dicen que la Piedra es en primer lugar un anciano es decir de color blanco, luego un hombre joven, es decir roja, porque este último color es el de la juventud y el primero el de la vejez.» — y traduce las edades a colores de la obra: la Piedra es primero anciana, es decir blanca, y luego joven, es decir roja.
«La evaporación del rocío no sirve solamente para humedecer el árbol para que pueda producir frutos, sino que ella sirve igualmente al anciano, para que gracias a esos frutos pueda rejuvenecer; en efecto, el calor y la humedad temperadas ablandan, rellenando y restaurando la piel rugosa y seca.» — explica para qué sirve el rocío en los dos a la vez: humedece el árbol para que dé frutos y ablanda la piel rugosa del anciano con calor y humedad temperados.
«Los médicos, en efecto, ordenan y prescriben muy útilmente, los baños tibios en el marasmo y decadencia seniles.» — y ancla eso en la práctica médica de los baños tibios para el marasmo y la decadencia seniles.
«Por eso es que los médicos afirman que los contrarios llevan remedio a sus contrarios y que estos son expulsados por aquellos; así vemos que el fuego es extinguido por el agua y atizado por el fuego que se le agrega.» — apoya el mote en la doctrina médica de los contrarios: el fuego se apaga con agua y se atiza con fuego, de modo que lo semejante refuerza y lo contrario remedia.
«Sin embargo importa que el calor y frío externos sean menos fuertes que el que antes afectaba a los miembros o articulaciones, si no la impresión provocada sería idéntica a la que existía antes, y lo semejante sería aumentado mucho más» — y le pone la condición de grado que la hace operativa: el calor o el frío externos deben ser menores que los que ya afectaban al miembro, o la impresión resultante sería la misma.
«Nosotros afirmamos que uno es el fuego interno, principio esencial que existe establecido ya previamente en el sujeto filosófico, y otro es el fuego externo.» — distingue los dos fuegos del emblema X: el interno, principio esencial ya puesto en el sujeto filosófico, y el externo que aporta el arte.
«No obstante es manifiesto que los mismos elementos son capaces de engendrar, gracias a una cierta amistad, porque, bajo el efecto del calor, a partir del agua se produce una generación nueva de aire y además un endurecimiento del agua en piedra.» — deriva de la amistad empedócleica la generación efectiva de los elementos: por el calor, del agua se hace aire nuevo y también endurecimiento del agua en piedra.
«Porque lo mismo que el vinagre posee cualidades diversas, penetra profundamente y constriñe, así esta agua disuelve y coagula, pero no es coagulada, porque ella no pertenece en propiedad al sujeto.» — marca lo que esa agua puede y lo que no: disuelve y coagula pero no es coagulada, porque no pertenece en propiedad al sujeto.
«Hace falta además la presencia del fuego actual que sin embargo debe ser moderado por grados, como por las riendas).» — y exige que el fuego actual se modere por grados, como con riendas.
«Los filósofos afirman que uno, no va sin el otro, que un espíritu penetrante no es suficiente sin el trabajo manual e inversamente, aunque la teoría y la práctica no deben estar separadas.» — abre el discurso XI con la interdependencia de las dos vías, que atribuye a los filósofos: el espíritu penetrante no basta sin el trabajo manual, ni al revés, y teoría y práctica no deben separarse.
«Pero aquellos que habrán repugnado estudiar y sin embargo habrán querido trabajar, que vean si su arte es imitación de la naturaleza, y luego intenten corregirlo.» — de ahí la prueba que propone a quien no quiera estudiar y sí trabajar: que vea si su arte imita a la naturaleza, y luego lo corrija.
«Los sabios dicen de ellos que pasan a la práctica como el asno que se dirige hacia el heno, no sabiendo hacia qué extiende el hocico, si no es en la medida que es llevado hacia el pasto por las sensaciones exteriores privadas de inteligencia, solo bajo la conducción de la vista y del gusto» — y el juicio que atribuye a los sabios sobre ésos: pasan a la práctica como el asno que va al heno, llevado por la vista y el gusto sin inteligencia que lo dirija.
«Pero los filósofos han querido evitar que se debilite por exceso de estudio, mar inagotable y de una profundidad inmensa, y que no se intente (en vano) poner en acción todo precepto literal, aún si el concuerda con muchos otros, y que no consuma y no haga declinar por ello sus fuerzas, la duración de su cuerpo, su reputación, sus bienes y riquezas.» — explica por qué también hay que romper libros: los filósofos quisieron evitar que el estudio, mar inagotable, consuma fuerzas, cuerpo, reputación y bienes de quien intente aplicar al pie de la letra todo precepto.
«En este límite en lenguaje emblemático dicen que se debe blanquear Latona y desgarrar sus libros para no desgarrar su corazón.» — y ése es el sentido que da al mote: blanquear a Latona y desgarrar sus libros para no desgarrar el propio corazón.
«Los poetas y los escritores muy antiguos declaran que Latona es la madre del Sol y de la Luna, es decir de Apolo y de Diana;» — recoge de poetas y escritores muy antiguos la genealogía de Latona como madre del Sol y de la Luna, esto es de Apolo y de Diana.
«Según ellos Diana nació primero (en efecto la Luna y la Blancura aparecen en primer lugar) y en seguida en el mismo día hizo el oficio de partera para la venida al mundo de su hermano Apolo.» — con el orden de los partos leído como orden de la obra: Diana nació primero, porque la Luna y la Blancura aparecen antes, y fue partera de su hermano Apolo.
«Es por eso que Latona poseía en este país, después de Vulcano un templo muy suntuoso, recubierto y adornado de oro, como siendo la madre de Apolo y Diana filosóficos.» — añade el dato de culto, que le sirve de prueba del rango de la figura: Latona tenía allí un templo suntuoso recubierto de oro después del de Vulcano.
«Pero estos revestimientos destinados a blanquear caen bajo el efecto de un soplo de aire o del menor líquido, porque no penetran al interior.» — explica por qué la blancura de superficie no vale: esos revestimientos caen con un soplo de aire o con el menor líquido, porque no penetran al interior.
«Los filósofos desprecian tales coloretes que se utilizan más para engañar los ojos que para teñir la substancia interior del cuerpo.» — y adjudica a los filósofos el desprecio de tales coloretes, usados para engañar los ojos y no para teñir la sustancia interior del cuerpo.
«En efecto ellos quieren que el rostro de Latona sea emblanquecido de una forma penetrante, y que la misma piel sea transformada de una manera real y no con la ayuda de un colorete.» — de modo que lo que piden es que el rostro de Latona quede blanqueado de forma penetrante y la piel transformada de manera real.
«Respondo que en primer lugar se debe buscar e identificar a Latona: aunque ella sea extraída de un sitio despreciable, ella debe ser elevada a un lugar más digno, después sumergida en un lugar mucho más vil, que es el estiércol.» — responde a la pregunta por el cómo con la secuencia: buscar e identificar a Latona, sacarla de un sitio despreciable, elevarla a un lugar más digno y sumergirla en otro mucho más vil, el estiércol.
«Porque allí ella blanqueará y se convertirá en plomo blanco.» — porque es ahí donde blanquea y se convierte en plomo blanco.
«Cuando éste se haya obtenido, no hay que dudar en el éxito final, es decir en el plomo rojo que es el principio y fin de la obra.» — y fija el término: obtenido ése, no hay que dudar del éxito final, el plomo rojo, que es principio y fin de la obra.
«es un cuerpo muy perfecto compuesto del Sol y de la Luna» — define a Latona con el tratado El sonido de la trompeta, que él cita: cuerpo perfectísimo compuesto del Sol y de la Luna.
«Sin embargo, no explicaron lo que además se cuenta de Saturno; porqué se tragó y vomitó a sus hijos, así como se tragó una piedra en lugar de Júpiter, porqué es el inventor de la verdad, porqué tiene por atributos la guadaña, la serpiente, el color negro, la tristeza y tiene las piernas temblorosas.» — reprocha a los mitólogos lo que dejan sin explicar de Saturno: por qué tragó y vomitó a sus hijos y una piedra en lugar de Júpiter, por qué es el inventor de la verdad, y por qué lleva guadaña, serpiente, color negro, tristeza y piernas temblorosas.
«dicen ellos, descubre la verdad y la quita con maña de las tinieblas, transcurre desenrollándose como una serpiente, aniquila todas las cosas por la muerte, como con la ayuda de una guadaña, devora a sus hijos es decir todas las cosas que ha engendrado, él no puede digerir, es decir hace desaparecer enteramente las piedras duras, pues, de alguna suerte, las vomita.» — resume después la lectura que ellos dan, la del tiempo: descubre la verdad, se desenrolla como serpiente, siega con la guadaña, devora lo que engendra y no digiere las piedras duras, que vomita.
«Los filósofos experimentados declaran por su parte que Saturno es el primero en presentarse en su obra; si verdaderamente está ahí, no se pueden equivocar y la verdad ha sido encontrada en las tinieblas.» — contra esa lectura pone la de los filósofos experimentados, que es la suya: Saturno es el primero que se presenta en la obra, y donde está, la verdad se encontró en las tinieblas.
«Según ellos no hay nada más excelente que el Negro.» — de ahí la jerarquía de los colores que les atribuye: nada hay más excelente que el Negro.
«Por eso es que los mismos afirman que Saturno tiene por dominio la Tierra.» — y el reparto elemental que va con ella: a Saturno le toca por dominio la Tierra.
«Saturno engendra a Júpiter, es decir una blancura sombría; Júpiter, de Latona engendra a Diana, es decir el Blanco perfecto, y a Apolo, es decir el Rojo.» — encadena los colores como genealogía divina: Saturno engendra a Júpiter, que es blancura sombría; Júpiter engendra de Latona a Diana, el Blanco perfecto, y a Apolo, el Rojo.
«El bronce de los Sabios es hidrópico, y exige ser lavado siete veces en el río, como Naaman el leproso en el Jordán.» — enuncia el mote del XIII con la comparación bíblica que lo gobierna: el bronce de los Sabios es hidrópico y pide siete lavados en el río, como Naaman el leproso en el Jordán.
«Que Naaman el Sirio, bajo la orden del Profeta, se haya convertido en Judío y se haya bañado siete veces en el río Jordán, se debe atribuir a su confianza en las palabras del profeta, pero que haya sido curado de su lepra por esa ablución, es un milagro del divino todopoderoso.» — separa en el relato lo que es de la fe y lo que es del prodigio: la obediencia de Naaman se atribuye a su confianza en el profeta, pero la curación misma es milagro de Dios.
«Porque la lepra, que se adhiere a la sangre y a las raíces de los miembros del hombre, es una suerte de chancro universal que no puede ser curado o expulsado por lavaduras externas, menos aún por el agua fría como la del Jordán.» — y da la razón médica de que sea milagro: la lepra se adhiere a la sangre y a las raíces de los miembros, y no la cura una lavadura externa, menos con agua fría como la del Jordán.
«De igual manera hay una especie de milagro en esto de que el bronce de los filósofos, que sufre de hidropesía, sea liberado de ella por los lavados de agua, y que además sea llevado de la imperfección a la perfección, de la enfermedad a la salud, al punto de poder impartir esa salud a otras enfermedades.» — traslada el milagro al bronce filosófico, que por los lavados pasa de la imperfección a la perfección y queda capaz de dar esa salud a otras enfermedades.
«No existe en la naturaleza otro ejemplo semejante, y el camino ordinario de la naturaleza no la conduce a producir la muy perfecta tintura de los filósofos si ella no es gobernada por el artista y si los sujetos convenientes no le son administrados con el agente externo.» — acota que la naturaleza sola no llega ahí: sin el artista que la gobierne y sin los sujetos y el agente externo administrados, no produce la tintura perfecta.
«De igual manera, restablecer las dislocaciones no es lo propio de la naturaleza, pero sí del arte.» — apoya esa división con un ejemplo médico: reducir dislocaciones no es propio de la naturaleza sino del arte.
«A pesar de todo, en la generación del hombre, el hueso sacro se abre de una manera que tiene de milagro, para que el feto pueda salir como por una puerta:» — contrapesa el ejemplo con el caso inverso, la apertura del hueso sacro en el parto, que tiene de milagro.
«Dios Muy Bueno y Muy Grande obra ahí con la naturaleza un efecto que sobrepasa a la naturaleza.» — y lo formula como doctrina: Dios obra ahí, con la naturaleza, un efecto que sobrepasa a la naturaleza.
«Pero se debe responder que existen ciertas aguas de calidad cálidas y secas, como lo son numerosas aguas termales, en las cuales el bronce filosófico debe ser lavado.» — responde a la objeción de que el agua es fría dando aguas de calidad cálida y seca, como muchas termales, que son en las que debe lavarse el bronce filosófico.
«Nosotros conocemos los métodos probados para sanar los hidrópicos: privarlos de toda bebida durante seis meses, enterrarlos en arena caliente o en boñiga de vaca, encerrarlos en el interior o en el fondo de un horno caliente, hacerlos transpirar, e innumerables otros medios llegando hasta las aguas termales desecantes, tales como las de Carlsbad y de Wiesbaden, no lejos de Maguncia).» — enumera lo que dice conocer como tratamiento probado de la hidropesía: privación de bebida por seis meses, arena caliente, boñiga de vaca, el fondo de un horno, sudoración y termales desecantes como las de Carlsbad y Wiesbaden.
«En efecto, estos son los remedios más eficaces en los dos casos; ellos deben ser aplicados aquí como allá.» — y afirma que esos mismos remedios valen para los dos casos, el enfermo y el bronce.
«En todos estos tratamientos es el calor quien opera, hace salir y desaparecer las aguas superfluas a través de sus emuntorios[*] y también de los poros del cuerpo.» — explica el mecanismo común: el calor es el que opera, sacando las aguas superfluas por los emuntorios y por los poros.
«Porque el calor exterior excita el calor interior,» — con el detalle de que el calor exterior obra excitando al interior, que es el criterio con que después justificará el baño y el fuego externo de la obra.
«Se debe proceder con mucho cuidado y precaución en esta cura para evitar que una de las vísceras sea lesionada mientras se lleva socorro a otra.» — y cierra con una cautela clínica: proceder con cuidado para no lesionar una víscera mientras se socorre a otra.
«Cuando te hayas dedicado al trabajo, hazlo de suerte de obtener el color negro al comienzo, y tú estarás entonces seguro que pudriste (la materia) y que sigues la vía correcta» — habla el Espejo, traído por Maier: obtener el negro al comienzo es la prueba de que se pudrió la materia y se va por la vía correcta.
«Todo cuerpo, si es privado de alma, parece obscuro y tenebroso» — habla Morieno, traído por Maier, para dar razón del negro: la oscuridad del cuerpo es señal de que le falta el alma.
«Coced el bronce hasta que salga el negro al que se llama pieza de moneda, y mezclad bien las substancias de nuestro arte, y pronto encontrarás el negro que es el plomo de los sabios, del cual abundantemente han hablado los sabios en sus escritos» — habla Agadimon en la Turba, traído por Maier: el negro que sale al cocer el bronce es el plomo de los sabios.
«El primer régimen, el de Saturno, es de pudrir y de hacer ponerse al sol» — el régimen saturnino en boca de Platón según el Rosario, tal como lo cita Maier.
«Sabed que nuestra piedra es aérea y volátil, que es fría y húmeda en su aspecto visible, cálida y seca en su aspecto oculto» — habla el Filósofo en el Rosario: la piedra reúne los contrarios repartidos entre lo visible y lo oculto.
«Se sabe que en África hay tan numerosas de éstas y tan gruesas que devoraron una gran parte del ejército de Alejandro.» — sostiene la existencia de esos animales con noticias de historia natural: en África las hay tan numerosas y gruesas que devoraron gran parte del ejército de Alejandro.
«Se dice, que en África, las serpientes son aladas, y devastarían todo si no fuesen asoladas por el ibis.» — y añade las serpientes aladas de África, que arrasarían todo si el ibis no las asolara.
«No es entonces sin razón que han dado al azogue el nombre de serpiente y que han atribuido las serpientes a Mercurio, ya que él parece arrastrar una cola y se mueve impetuosamente ora de un lado ora del otro, con una masa en movimiento.» — explica por qué al azogue se le dice serpiente y por qué las serpientes son de Mercurio: parece arrastrar una cola y se mueve a un lado y a otro con la masa en movimiento.
«Se dice que este dragón, luego de haberse mordido la cola, arroja su vieja piel y recibe una nueva al mismo tiempo que la juventud, si bien la naturaleza ha concedido una más grande longevidad no solamente a las cornejas, a los cuervos, a las águilas y a los ciervos, sino también a la raza de las serpientes.» — lee la mordedura de la cola como renovación: el dragón arroja la piel vieja y recibe otra junto con la juventud, dentro de la longevidad que la naturaleza dio a la raza de las serpientes.
«El hombre, cuando envejece, está confiado en la tierra y, renaciendo a partir de la tierra, será consagrado a la vida eterna.» — y saca de ahí la analogía humana que cierra el discurso: el hombre envejecido se confía a la tierra y, renaciendo de ella, queda consagrado a la vida eterna.
«No importa con cual serpiente quemada se hace un polvo que se revela muy eficaz contra todos los venenos.» — apoya el uso farmacéutico del animal en un dato corriente: el polvo de cualquier serpiente quemada sirve contra todos los venenos.
«Se debe hacer un antídoto con la ayuda de este dragón una vez que él ha devorado su cola (apéndice ordinariamente amputado entre las víboras), y este será un muy poderoso remedio contra los males de la fortuna y del cuerpo.» — de donde prescribe el antídoto propio del emblema, hecho con el dragón después de que ha devorado su cola, y le atribuye poder contra los males de la fortuna y del cuerpo.
«Si la tierra estaba sin agua, el océano, la mar, los lagos, los ríos, las fuentes no existirían a su lado; ella misma no llevaría ningún fruto, sino que permanecería estéril.» — funda el emblema del alfarero en una dependencia recíproca: sin agua la tierra no tendría mares, ríos ni fuentes, y quedaría estéril.
«Por otra parte si el agua no fuese recogida en las cavidades de la tierra sino que la rodease, ella cubriría fácilmente la tierra entera, que quedaría inhabitable.» — y la mitad contraria: si el agua no estuviera recogida en las cavidades de la tierra, la cubriría entera y la dejaría inhabitable.
«Pero como una penetra en la otra de una forma totalmente amigable y que gracias a su mutuo abrazo el agua ha moderado la sequedad de la tierra y la tierra la humedad del agua, la fertilidad y la comodidad de cada uno de los dos elementos son puestos a la luz.» — de ese abrazo mutuo saca la fertilidad, porque el agua modera la sequedad de la tierra y la tierra la humedad del agua.
«Los filósofos atestiguan que de esa suerte se procede en la obra natural y que en consecuencia se debe tomar ejemplo de los alfareros.» — declara que ése es el modo de la obra natural, y por eso manda tomar ejemplo de los alfareros.
«En los dos casos se trata por cierto de un trabajo de tierra, pero en la obra filosófica no hay nada, dicen, que no anuncie el cielo en el aire, mientras que en otros domina una tierra grasa e impura.» — marca a la vez la diferencia de materia entre las dos: en la obra filosófica todo anuncia el cielo en el aire, mientras en la del alfarero domina una tierra grasa e impura.
«En efecto, no se debe buscar el oro y la plata ahí donde no estén contenidos naturalmente, porque la magia diabólica no tiene lugar en estas obras divinas, sino que difiere de ellas tanto como su autor difiere de un hombre de piedad y devoción, y el infierno del cielo.» — pone el límite que separa su arte de la magia: no hay que buscar oro y plata donde no los hay por naturaleza, porque la magia diabólica no tiene lugar en obras divinas y difiere de ellas como el infierno del cielo.
«De igual modo, si no se tuviese la verdadera piedra filosofal, no debería convencerse de poder realizar cosas imposibles gracias a ella, de acuerdo a la advertencia de Isaac, porque nadie está obligado a las cosas imposibles, sino que estas sean por las leyes de la naturaleza o por las de la Ciudad.» — y trae la advertencia de Isaac contra prometerse imposibles sin la verdadera piedra: nadie está obligado a lo imposible, ni por las leyes de la naturaleza ni por las de la Ciudad.
«Lo que se siembre se cosechará; eso es lo que tiene lugar en el mundo vegetal y animal, aunque a veces las semillas dan nacimiento a especies diferentes.» — aplica al metal el principio de siembra y cosecha, con la reserva de que a veces las semillas dan especies diferentes.
«Sin embargo es verdad, sin duda alguna, que existe en los lugares subterráneos alguna cosa que todavía no es oro, pero que por obra de la naturaleza llegará a serlo, al cabo de miles de años.» — de ahí su tesis sobre el oro en potencia: hay bajo tierra algo que todavía no es oro y que por obra de la naturaleza lo será al cabo de miles de años.
«Como el oro y la naturaleza aurífica son del mismo origen, aunque la forma de ésta sea más noble, una vez que se haya reconocido la simiente del oro, se conocerá igualmente la de esa naturaleza.» — y el corolario metodológico: como el oro y la naturaleza aurífica tienen el mismo origen, conocida la simiente del oro se conoce también la de aquélla.
«Los filósofos afirman que es lo seco y lo húmedo, es decir el azufre y el azogue, y que se la debe pedir, muy pura a dos montañas.» — identifica por fin esa simiente con lo seco y lo húmedo, azufre y azogue, que manda pedir muy puros a dos montañas.
«Las montañas dan el Rebis y los dragones, la tierra da las fuentes» — dicho de los filósofos que Maier recoge para situar de dónde salen el Rebis y el dragón.
«Ahí está el azufre, hijo mío, y son la víbora y el dragón que devoran su cola, el león rugiente y la espada acerada, que corta, mata y quiebra todas las cosas» — habla Lulio en el capítulo 31 de su Codicilo, citado por Maier: la víbora, el dragón que devora su cola, el león rugiente y la espada son todos el azufre.
«El dragón no muere si no es muerto por su hermano y su hermana» — el dicho del dragón adjudicado aquí al Rosario, la primera de las tres adjudicaciones que la propia obra hace de esta sentencia.
«Por su impetuosidad y su calor aventaja a todos los otros animales, como el sol aventaja a los astros.» — explica por qué el león vale como figura del principio solar: por impetuosidad y calor aventaja a los demás animales como el sol a los astros.
«Los filósofos, contemplando la naturaleza admirable de este animal, han presentado diversas alegorías, que son como las escrituras jeroglíficas atestiguando su obra secreta.» — y declara de qué clase de texto se trata: las alegorías que los filósofos sacaron de este animal son como escrituras jeroglíficas que atestiguan su obra secreta.
«constante, firme, sin mañas ni temores, le han asimilado la parte más noble de su composición filosófica.» — lee a la leona por comparación con el león y le asigna la parte más noble de la composición filosófica: como él, ella no huye ni conoce derrota.
«Pero si uno se consigue los pequeños leoncillos en el momento en que les empiezan a crecer las garras, es decir dos meses después de su nacimiento, y que uno los une cuando han llegado a ser adultos, como nosotros lo hemos dicho, la cosa estará exenta de todo peligro.» — y da la salida práctica al peligro de la captura: tomar los leoncillos a los dos meses, cuando les crecen las garras, y unirlos ya adultos.
«Sin esos fuegos no introducirás nada a la putrefacción de manera que tu materia sea separada y a la vez proporcionada a una nueva conjunción.» — justifica por qué hacen falta los cuatro: sin esos fuegos nada entra en putrefacción de modo que la materia quede separada y a la vez proporcionada a una nueva conjunción.
«Haz pues en el interior de tu vaso un fuego que arda mejor que el fuego elemental» — de ahí la prescripción del emblema: hacer dentro del vaso un fuego que arda mejor que el elemental.
«Se habla aquí de fuegos porque poseen una virtud ígnea, el fuego natural coagulando, el fuego innatural disolviendo, el fuego contra natura corrompiendo, y el fuego elemental proveyendo el calor y el primer movimiento.» — reparte los oficios de los cuatro: el natural coagula, el innatural disuelve, el contra natura corrompe y el elemental provee el calor y el primer movimiento.
«El fuego elemental, tal como el imán, envía su poder a través del segundo, y el tercero hasta el cuarto, y el primero los une y los hace permanecer atados el uno al otro, hasta que la acción interna entre los fuegos superiores sea terminada.» — describe cómo se encadenan, con el símil del imán: el elemental manda su poder por el segundo y el tercero hasta el cuarto, y el primero los ata entre sí hasta que la acción de los superiores termine.
«Es superfluo hablar del primero, porque es conocido de todo el que ve y toca.» — y excluye del misterio al primero de ellos, conocido de cualquiera que ve y toca.
«Se les dice dragones, porque están dotados de veneno, devoran las serpientes de su raza,» — explica por qué a esos fuegos se les dice dragones: están dotados de veneno y devoran a las serpientes de su raza.
«Son llamados menstruos, porque el feto filosófico es producido y nutrido por ellos hasta su nacimiento.» — y por qué se les dice menstruos: porque el feto filosófico es producido y nutrido por ellos hasta su nacimiento.
«Ripley, en el prefacio de las Puertas, lo consiente triple; pero en realidad todos no hacen sino uno y se juntan.» — consigna la cuenta discrepante de Ripley, que en el prefacio de las Puertas los da por triples, y sostiene contra ella que todos hacen uno solo y se juntan.
«Los fuegos son también las aguas, porque ellas manifiestan en el fuego una naturaleza acuosa, es decir la fluidez y la naturaleza líquida que conviene al agua.» — identifica los fuegos con las aguas por la propiedad que muestran en el fuego: fluidez y naturaleza líquida.
«Se dice que las aguas poseen propiedades admirables y diversas: algunas son petrificantes y se coagulan en tobas muy apropiadas en la construcción de las casas de los hombres.» — y respalda esa naturaleza doble con la variedad de las aguas naturales, algunas petrificantes, que se coagulan en tobas útiles para construir casas.
«Lo mismo que la leona no siempre está libre y al abrigo del reproche del adulterio, la Luna o Mercurio no esta exenta de toda mancha, pero ella es unida por los ignorantes a veces a tal materia, a veces a tal otra, y lo que así es realizado es una unión adúltera entre materias de naturaleza discordante, más que un verdadero matrimonio.» — lee el adulterio de la leona como error del operador: la Luna o Mercurio se unen por los ignorantes ora a una materia ora a otra, y eso es unión adúltera de naturalezas discordantes.
«No se debe tomar no importa cual leona, sino una leona alada capaz de comenzar combate con el león, confiando en la agilidad de sus plumas: así ella puede evitar ser aniquilada por la excesiva cólera del macho y, en el caso en que él entrara en furor sin motivo, proyectar la huida.» — y exige que la leona sea alada, capaz de trabar combate con el león y de huir de su cólera excesiva: las plumas son la condición de que la unión no la aniquile.
«Cerca del monte Cythéron hay un valle profundo en el cual no se ve sino leonas aladas. En la cima de la misma montaña habita un león rojo de la misma especie que el león muerto por Hércules. Se debe capturar ese león, conducirlo al valle, y allá pronto se unirá a la leona.» — da el lugar de la operación en clave topográfica: el valle de las leonas aladas y, en la cima, el león rojo de la misma especie que el muerto por Hércules.
«En seguida se deberá elevar los dos, de este valle a la cima de la montaña, y desde ese momento ellos mutuamente no se separarán, sino que permanecerán siempre unidos en conjunto por un pacto inviolable.» — y el término de la conjunción: subidos los dos del valle a la cima, ya no se separan, unidos por un pacto inviolable.
«El león no toma su alimento con la leona, sino que vagabundea aparte, asegúrate de ello. Por eso es que deben ser buscados y cazados separadamente.» — con la advertencia práctica de que el león come aparte, y por eso los dos deben buscarse y cazarse por separado.
«Se debe remarcar que aquí hay operaciones contrarias, porque si el fuego contra natura disuelve el espíritu del cuerpo fijo en agua de nubes y el cuerpo del espíritu volátil en tierra coagulada, inversamente el fuego de natura coagula el espíritu disuelto del cuerpo fijo en tierra esférica y cambia el cuerpo del espíritu volátil vuelto fijo por el fuego contra natura, no en agua de nubes sino en agua filosófica» — habla Raymond, traído por Maier: el fuego contra natura disuelve lo que el fuego de natura coagula, y viceversa.
«Hay cuatro especies de fuego que debes conocer: el fuego natural, el fuego innatural, el fuego contra natura y el fuego elemental que inflama la madera.» — habla Ripley, de quien Maier toma la enumeración de los cuatro fuegos.
«Porque el azufre de la naturaleza, mezclado a otro azufre, llega a ser una sola cosa, dos azufres son disueltos por uno solo y los azufres son retenidos por los azufres» — habla Yximidius sobre la afinidad de los azufres, que se disuelven y se retienen entre sí.
«Todo agente que opera en la naturaleza lanza su fuerza en círculo y busca multiplicarla.» — abre el discurso XVIII con la ley general que va a aplicar al fuego: todo agente que opera en la naturaleza lanza su fuerza en círculo y busca multiplicarla.
«El fuego quema lo que encuentra.» — de donde el caso mínimo del mote: el fuego quema lo que encuentra, es decir, hace fuego de lo que toca.
«El sol, luminaria del cielo, proyecta sobre la tierra los rayos de si mismo que, reunidos en los espejos cóncavos o ardientes, demuestran que son producidos por una causa semejante y aparecen como las formas del sol susceptibles de ser proyectadas.» — prueba esa proyección con los rayos del sol reunidos en espejos cóncavos o ardientes, que son formas del sol susceptibles de proyectarse.
«Hay en efecto una cierta cosa de la que se sirven algunos hombres ingeniosos cuando quieren coagular una cosa seca: ella está compuesta de dos aguas y es llamada leche de virgen, porque su efecto es muy firme» — registra la leche de virgen entre los recursos de esa técnica: compuesta de dos aguas y usada por algunos ingeniosos para coagular lo seco.
«Hay quien se empeña en poder doblar o multiplicar el poderío de la piedra magnética; nosotros hemos visto una de esas piedras incluidas en un peso de plata de apenas una libra que atrajo y transportó un ancla de fierro de veintiocho libras.» — da como testimonio propio una piedra magnética engastada en apenas una libra de plata que atrajo y transportó un ancla de hierro de veintiocho libras.
«Eso no habría sido posible si no hubiese habido en ella una virtud aumentada y restituida más fuerte, lo que sin ninguna duda se hizo haciendo volver de alguna suerte las fuerzas dispersas en un solo punto o polo, o atrayéndolas de un gran cuerpo en uno más pequeño.» — y lo interpreta como concentración de virtud: las fuerzas dispersas se hacen volver a un solo punto o polo, o se atraen de un cuerpo grande a uno más pequeño.
«Algunos se jactan de saber hacer cobre a partir del olor del cobre en medio del antimonio o de su régulo estrellado, y de haber igualmente así realizado todos los metales en el espacio de tiempo necesario para comer un huevo.» — recoge la jactancia de quienes dicen hacer cobre del olor del cobre en el antimonio y todos los metales en lo que se tarda en comer un huevo.
«Se les debe conceder el crédito que ellos merecen, aunque no me parece que haya ahí nada verosímil.» — y la mide con su propia reserva: se les debe el crédito que merezcan, aunque no le parece que haya ahí nada verosímil.
«Cada cosa en la naturaleza posee por cierto un cierto poder de multiplicarse, pero este no se presenta sino en los vegetales y los animales, y de ninguna manera en los metales minerales, no más que aquellos que están enterrados en la tierra como los meteoros.» — acota dónde se da la multiplicación natural: en los vegetales y los animales, y de ninguna manera en los metales minerales.
«Sin embargo los filósofos afirman que el principio de la transformación en fuego reside en el fuego, lo mismo que el de la transformación del oro se encuentra en el oro: pero se busca la tintura por medio de la cual se hace el oro.» — de ahí que el principio de la transformación del oro haya que buscarlo en el oro, y que lo que se busque sea la tintura por la que el oro se hace.
«Porque si el fuego produce el fuego, el peral, un peral, y el caballo, un caballo, lo mismo el plomo engendrará plomo, y no plata, y el oro engendrará el oro y no una tintura.» — apoya eso en la regla de la generación por especie: el plomo engendra plomo y no plata, y el oro engendra oro y no una tintura.
«Además, los filósofos poseen un oro de ellos, y no niegan que debe ser añadido como fermento en la piedra aurífica, en el fin de la obra, pero ellos declaran que él es igualmente requerido de una forma precisa.» — y consigna el papel del oro común en la obra: los filósofos tienen un oro propio y no niegan que deba añadirse como fermento en la piedra aurífica al final.
«Del cuadrado, en efecto, se debe hacer un triángulo, y de la misma manera que un círculo ha dado nacimiento al cuadrado, el triángulo debe volver a la forma circular.» — traduce el emblema XIX a operación geométrica: del cuadrado se hace un triángulo, y así como el círculo dio el cuadrado, el triángulo debe volver a la forma circular.
«Reina entre los cuerpos de Gerión y los elementos tanta consanguinidad, tanta conjunción natural, que si se ha vencido o muerto a uno de ellos, los otros caen y ellos mismos se pudren, sin que se tenga que proveer cualquier esfuerzo manual.» — explica la interdependencia como consanguinidad de los cuerpos de Gerión: muerto uno, los otros caen y se pudren solos, sin ningún esfuerzo manual.
«A propósito de seres de cuerpo doble, es sabido que si uno muere, el otro se debilita a su lado.» — apoya la ley en los seres de cuerpo doble, donde la muerte de uno debilita al otro.
«Del agua se hace la tierra, ella es vencida por las cualidades de la tierra, e inversamente» — habla Avicena, citado por Maier, para la conversión recíproca de elementos que sostiene la doctrina del fermento.
«Tanta es la estrecha alianza, la simpatía de naturaleza según la cual los miembros y las partes de un cuerpo único o nacido ligado a otro tienen de correspondencia entre ellos, y son afectados los unos por los otros. Si uno está sano e indemne, los otros no permanecen forzosamente sanos e indemnes, pero si uno es atacado, los otros sufren con él y perecen del mismo mal.» — formula la simpatía como regla asimétrica: la salud de uno no garantiza la de los otros, pero el daño de uno los arrastra a todos.
«En India, bajo el dominio del famoso gran Mogol (el que reina ahí actualmente es el noveno descendiente de Tamerlán), habita un pueblo pagano que lleva el nombre de Pitagóricos quienes, desde los tiempos antiguos hasta hoy, observan esta costumbre que, si el marido llega a morir, su mujer es quemada en el fuego, o, como pasa hoy día, vive en el más completo deshonor, abandonada por todos y tenida como por muerta. El fin de esta institución fue impedir que las mujeres llegaran a atacar la vida de sus maridos con veneno si ellas no querían suicidarse.» — trae como caso humano de esa cadena la costumbre que atribuye a un pueblo pagano de la India llamado de los Pitagóricos, donde la viuda es quemada o queda deshonrada, y le adjudica un fin disuasorio.
«Así, en la obra filosófica, cuando uno de los hermanos muere, los otros perecen por el fuego, no bajo apremio sino espontáneamente, para que los sobrevivientes no queden en la tristeza y el deshonor.» — y aplica esa costumbre a la obra: muerto un hermano, los otros perecen por el fuego espontáneamente, para no quedar en tristeza y deshonor.
«Y si se golpea a uno de los dos con un bastón, un fierro o una piedra, emprenderá una guerra interna con sus hermanos, como se ve en la historia de los hijos de la Tierra nacidos de los dientes del dragón, cuando ellos se alzaron contra Jasón y aun en otra parte contra Cadmo, y todos entre ellos se matan y caen.» — lee la guerra interna de los elementos en los hijos de la Tierra nacidos de los dientes del dragón, alzados contra Jasón y contra Cadmo.
«Mata pues al vivo, pero de manera de resucitar al muerto» — enuncia la orden que gobierna la muerte filosófica del emblema: se mata al vivo en función de resucitar al muerto.
«Porque la muerte le revelará el momento en que él resucitará, y la muerte, las tinieblas y el mar huirán lejos de él, como lo atestigua Hermes» — y adjudica a Hermes el testimonio de que la muerte misma revela el momento de la resurrección, y de que huyen entonces las tinieblas y el mar.
«aunque la naturaleza, sola, les haya dado el poder y los órganos necesarios para ejercer esta acción, sin los cuales ni el aprendizaje ni el arte tendrían lugar o fundamento.» — pone el límite de lo que la enseñanza puede: la naturaleza sola da el poder y los órganos, y sin ellos ni el aprendizaje ni el arte tendrían fundamento.
«Cuando la plata y el oro están todavía blandos y espirituales, como ellos dicen, mezclados en sus minas con el cadmio, el arsénico y el antimonio que lo retiene, el hierro que se les agrega es de una gran utilidad y cumple el oficio de comadrona, si se le echa en el fuego de los hornos con los minerales a quemar.» — traslada eso a la metalurgia y da al hierro el oficio de comadrona del oro y la plata todavía blandos y espirituales, mezclados en la mina con cadmio, arsénico y antimonio.
«Parecidamente, si el mismo hierro debe ser transformado en acero, se le protege, para que no sea consumido, por medio de guijarros blancos encontrados sobre la orilla del mar.» — y el caso simétrico de la protección: para transformar el hierro en acero se lo resguarda del consumo con guijarros blancos hallados en la orilla del mar.
«Eso es conocido de los fundidores y verificadores de metales, maestros de preferencia en el dominio de las cosas naturales.» — acredita esa técnica en quienes la practican, fundidores y verificadores de metales, a los que llama maestros en el dominio de las cosas naturales.
«Y no solamente eso, sino sobre todo ella se instituye además como un Vicario de ella misma a quien ella confía el poder de vida y de muerte, es decir el poder de formar otros seres.» — explica la figura del vicariato: la naturaleza se instituye un vicario de sí misma y le confía el poder de vida y de muerte, es decir el de formar otros seres.
«Así una naturaleza instruye a otra naturaleza, lo que tú deberás notar y seguir como un muy claro ejemplo de la obra filosófica.» — y cierra el discurso con la lectura del mote: una naturaleza instruye a otra, y eso es lo que hay que seguir como ejemplo clarísimo de la obra filosófica.
«Platón, ese muy ilustre filósofo, ha enseñado que los conocimientos que son los fundamentos de todas las artes y de todas las ciencias, están como grabados e impresos en acta, en el espíritu humano, y que recordándolos, y repitiéndoseles, cada uno puede coger y conocer todas las enseñanzas.» — expone la doctrina platónica de la reminiscencia, que hace de los conocimientos algo grabado en el espíritu humano y recuperable por repetición.
«Pero él no olvida ante nadie que esas son suertes de desvaríos sin ningún fundamento de verdad.» — y la desecha de inmediato —con una frase que la traducción castellana deja confusa— por desvaríos sin ningún fundamento de verdad.
«Nosotros no negamos que hay, ubicadas en nosotros, ciertas chispas de conocimientos, y virtualidades puras que se deben realizar por el aprendizaje y la enseñanza; pero, rehusamos admitir que ellas sean de tal naturaleza y de tal importancia que, sin ninguna cultura previa, constituyan los semilleros de las» — matiza la negativa hasta donde le parece justo: sí hay en nosotros chispas de conocimiento y virtualidades puras, pero no bastan sin cultura previa para ser semillero de las artes.
«Pero, de igual manera preguntamos, ¿entonces, de dónde han salido las artes y las ciencias, si los hombres no las han descubierto?, ¿han sido transmitidas al principio desde lo alto del cielo o por los dioses paganos?» — plantea la objeción que la reminiscencia responde: si los hombres no descubrieron las artes y las ciencias, ¿de dónde salieron, del cielo o de los dioses paganos?
«Yo respondo que una cosa es afirmar que las cenizas que cubren las brasas ardientes en una cantidad tal que, si solamente se las pone a la luz levantando las cenizas, son suficientes para cocer nuestros alimentos y calentar nuestros miembros entumidos, pero que otra cosa es decir que ahí están ocultas pequeñas chispas que, antes de ser utilizadas para el cocimiento y calentamiento, deben ser estimuladas y aumentadas por medio de sus propios alimentos por el arte y la industria de los hombres, a falta de lo cual ellas pueden apagarse fácilmente y ser enteramente reducidas al estado de cenizas frías.» — contesta con el símil de las cenizas, que es su modo de separar las dos doctrinas: una cosa es que baste levantar la ceniza para cocer, y otra que las chispas ocultas deban ser estimuladas y alimentadas por el arte y la industria de los hombres, o se apagarán.
«Esta última opinión es la de los aristotélicos y la primera la de los platónicos.» — y adjudica cada mitad del símil: la segunda a los aristotélicos, la primera a los platónicos.
«La razón y la experiencia aprueban aquella, la fantasía o la imaginación solo concuerdan con ésta.» — toma partido por la primera con un criterio: la razón y la experiencia aprueban la aristotélica, la fantasía o la imaginación concuerdan con la platónica.
«Y se podría en ese caso preguntar porqué Platón había hecho colocar en la puerta de su escuela, una inscripción declarando que ahí no se era admitido si se ignoraba la geometría, ya que, según él, un pequeño niño iletrado la conocía de hecho.» — le opone además una contradicción interna a Platón: hizo poner en la puerta de su escuela que no entraba quien ignorase la geometría, siendo que según él un niño iletrado ya la conocía.
«Vemos en efecto en la bestia sin razón, instruida por la naturaleza, temer mucho y evitar los daños del fuego, del agua, de la caída brutal y otras ocasiones semejantes, aunque ella no ve la luz sino después de algún tiempo, mientras que el niño pequeño no siente ni evita cosas parecidas, por más que se haga mal quemándose el dedo en la llama de una vela, a la manera de la luciérnaga que se quema las alas y muere.» — y una prueba de observación: la bestia sin razón teme y evita el fuego, el agua y la caída, mientras el niño se quema el dedo en la vela como la luciérnaga que se quema las alas.
«Es que la naturaleza los ha instruido; pero no ha enseñado al hombre que acaba de nacer.» — de donde la conclusión que separa a la bestia del hombre: la naturaleza instruyó a los animales y no enseñó al hombre recién nacido.
«Si la geometría es tan natural y tan fácil para los niños, ¿cómo ocurre que la cuadratura del círculo haya permanecido desconocida por Platón, al punto que Aristóteles, discípulo de Platón, haya declarado que era conocible pero aún no conocida?» — cierra el argumento con la cuadratura misma: si la geometría fuera tan natural a los niños, no se entendería que Platón la ignorara y que Aristóteles la declarara conocible pero aún no conocida.
«Pero sobre todo se encuentra ahí un Mercurio claro que, fluye; bien preparado, él sana a Saturno de sus manchas y lo lleva al trono de Júpiter.» — nombra al agente de la cocción del XXII: un Mercurio claro y fluido que, bien preparado, sana a Saturno de sus manchas y lo lleva al trono de Júpiter.
«En efecto no se debe creer que ésta sea la cocción vulgar en cuanto a la manera de operar, pero una y la otra tienen un mismo fin;» — distingue esta cocción de la vulgar por la manera de operar y no por el fin, que en las dos es el mismo.
«Porque si se observa bien, la ebullición del agua, por medio de la cual las viandas crudas son cocidas hasta que estén buenas para comer, no es ninguna otra cosa que la rarefacción del agua y su transmutación en vapor aéreo, puesto que las burbujas son del aire contenido en el interior del agua, que se desvanecen fácilmente, trasladándose dentro de su esfera el aire salido del agua y el agua se traslada a su centro.» — analiza qué es hervir para poder trasladarlo a la obra: la ebullición no es más que rarefacción del agua y su transmutación en vapor aéreo, con las burbujas como aire que sale y vuelve a su esfera.
«Este es el procedimiento de los filósofos digno de elogios al punto más alto; por él, ablandan lo que es duro, disuelven lo que es compacto, rarifican (hacen tenue) lo que es denso.» — y resume en tres verbos lo que ese procedimiento hace según los filósofos: ablandar lo duro, disolver lo compacto y rarificar lo denso.
«Sería una locura afirmar, a menos de entenderlo alegóricamente, que a veces hay mucho oro sobre la tierra.» — rechaza de entrada la lectura literal del emblema XXIII: sería locura afirmar, salvo entendiéndolo alegóricamente, que a veces hay mucho oro sobre la tierra.
«No existe en las riberas de ríos auríferos o las cavidades que contienen los minerales de oro, donde se podría decir fue engendrado, y el oro no es muy liviano para poder ser sacado con los vapores.» — y da las razones físicas del rechazo: el oro no se engendra en las riberas de los ríos auríferos ni en las cavidades del mineral, y no es tan liviano como para subir con los vapores.
«No es que dudemos de la realidad de esos dos acontecimientos, sino para rechazar el sentido literal de lo que está dicho por alegoría.» — precisa el alcance de esa negativa: no duda de que los dos sucesos ocurrieran, sino que rechaza el sentido literal de lo dicho por alegoría.
«Si en efecto nos adherimos a las palabras de este emblema en su desnudez nada es más absurdo, pero si tenemos presente su espíritu, nada es más verdadero.» — y formula el criterio de lectura de toda la obra: atenerse a las palabras desnudas del emblema es lo más absurdo, y atenerse a su espíritu, lo más verdadero.
«Ellos cuentan que una lluvia de oro cayó desde las nubes en el lugar donde el Sol y Venus se abrazaban» — recoge de los griegos el relato de la lluvia de oro caída donde el Sol y Venus se abrazaban.
«El merece el amor y no es sorprendente que se produzcan maravillas a su nacimiento, porque será acompañado de milagros en todas sus acciones y debe provocar la lluvia de oro.» — traduce el prodigio al nacimiento del sujeto: merece amor, sus acciones van acompañadas de milagros y él es quien debe provocar la lluvia de oro.
«Se cuenta, a propósito de Pallas, sin madre, saliendo del cerebro de Júpiter, que ella nació junto al río Tritón y por esta razón fue llamada Tritonia.» — añade la genealogía de Palas, nacida sin madre del cerebro de Júpiter junto al río Tritón, de donde le viene el nombre de Tritonia.
«En efecto ese Coloso de setenta codos estaba, según el relato de historiadores, emplazado de tal suerte que los navíos podían pasar entre sus piernas, con las velas desplegadas.» — trae el Coloso de Rodas como pieza del mismo relato, de setenta codos y emplazado de modo que los navíos pasaran entre sus piernas con las velas desplegadas.
«El autor de ese coloso fue Charès Lyndien, alumno de Lisipo, que lo realizó en doce años.» — con su autor y su plazo: Charès Lyndien, alumno de Lisipo, que lo hizo en doce años.
«Se cuenta que el sultán de Egipto, habiendo ocupado Rodas, cargó 900 camellos con el bronce de aquella estatua.» — y su final: tomada Rodas, el sultán de Egipto habría cargado novecientos camellos con el bronce de la estatua.
«Se dice además que de la misma manera llena su vientre cuando debe atacar los rebaños numerosos, a fin de que, convertido en más pesado por esta suerte de fardo, sea menos fácilmente rechazado y oponga una más fuerte resistencia.» — explica el hambre del lobo del emblema XXIV por una táctica: se llena el vientre antes de atacar rebaños para pesar más y resistir mejor el rechazo.
«Está consagrado a Apolo y también a Latona porque él la ayudó cuando ella paría: porque Latona no habría podido parir sin la presencia del lobo.» — justifica su consagración a Apolo y a Latona por un servicio de parto: Latona no habría podido parir sin la presencia del lobo.
«También es porque sus ojos brillan en la noche y lanzan dardos de luz.» — y añade la razón solar de esa consagración: sus ojos brillan de noche y lanzan dardos de luz.
«Se arroja el cuerpo inanimado del rey, a este lobo atenazado por un hambre horrible, no para que lo devore enteramente y lo reduzca a nada, sino que para que, por su propia muerte, le restituya la vida y las fuerzas.» — fija el sentido de la escena: el cuerpo del rey no se echa al lobo para que lo aniquile, sino para que con su propia muerte le restituya la vida y las fuerzas.
«En efecto, hay en la cola del lobo yo no sé cual poder de amor que se le infunde al rey medio muerto quien por ahí se convierte en muy agradable a los ojos de todos los hombres, reencontrando su salud y su belleza anteriores.» — localiza el agente de la restitución en la cola del lobo, cuyo poder de amor infunde al rey medio muerto la salud y la belleza anteriores.
«Los Hircanianos no alimentaban a los perros en vista de otro uso y les daban a devorar a los que cuya vida estaba acabada, como lo reporta Cicerón.» — abre el repertorio de costumbres funerarias con la de los Hircanianos, que criaban perros para entregarles a los que acababan la vida, y lo atribuye a Cicerón.
«No han adoptado la costumbre de los Sábeos de tratar los cuerpos de los difuntos como basuras,» — deslinda de cuáles se apartan los filósofos: no adoptaron la de los Sábeos, que trataban los cuerpos como basura.
«ni la de los Trogloditas que ataban el cráneo del muerto a sus pies, lo arrojaban afuera y lo confiaban a la tierra, sin consideración del lugar.» — ni la de los Trogloditas, que ataban el cráneo del muerto a sus pies y lo confiaban a la tierra sin reparar en el lugar.
«Ellos igualmente han seguido el hábito de los Indios quienes se hacían quemar vivos, adornados con coronas y cantando alabanzas a los dioses, para no ser cogidos por la vejez.» — y sí la de los Indios, que se hacían quemar vivos coronados y cantando alabanzas para no ser tomados por la vejez.
«Los filósofos han adoptado este uso con un sentimiento muy diferente: ellos saben en efecto de una forma muy cierta que una vez muerto el rey, devorado por el lobo, él reaparecerá viviendo, joven y robusto, y que el lobo será quemado en su lugar en el fuego.» — pero con un sentido distinto, y ahí está la diferencia: saben que muerto el rey y devorado por el lobo, reaparecerá vivo, joven y robusto, y que el lobo arderá en su lugar.
«Porque matar al lobo es cosa cómoda cuando tiene el vientre entorpecido de esa manera, y el rey aunque muerto posee el vigor de Marte o de Cycnus: no se le puede herir ni hacerlo» — explica por qué el orden es ése y no otro: matar al lobo es cómodo cuando tiene el vientre entorpecido, y el rey, aun muerto, no puede ser herido.
«Los filósofos responden que el lobo vaga acá y allá en las montañas buscando agarrar una presa; según ellos, deberá hacerla salir de su caverna y conservarla para ese uso.» — responde a la pregunta por el animal remitiendo a su cacería: el lobo vaga por las montañas buscando presa, hay que hacerlo salir de la caverna y conservarlo para ese uso.
«Se debe coger un lobo proveniente de un país frío.» — con la condición de procedencia que exige el emblema: el lobo debe venir de un país frío.
«El rey así devorado renace con un corazón de león y entonces puede domar todas las bestias salvajes.» — y el resultado que promete: el rey devorado renace con corazón de león y puede domar a todas las bestias salvajes.
«Porque sin la primera, las otras no serán de ninguna utilidad, el rey sigue siendo todavía tímido, somnoliento y enfermo.» — subordina toda la obra a esa primera operación: sin ella las demás no sirven de nada y el rey sigue tímido, somnoliento y enfermo.
«Las grandes cosas, nacidas la mayor parte del tiempo de pequeños comienzos, pueden luego levantar lo que es pequeño o también suprimir lo que es grande, si ellas lo quieren.» — y cierra con la regla de proporción que la justifica: las grandes cosas nacen las más veces de pequeños comienzos y pueden después levantar lo pequeño o suprimir lo grande.
«Abatir el dragón no es una obra cómoda,» — advierte de entrada que abatir al dragón del emblema XXV no es obra cómoda.
«No hay sino un solo medio: que su hermano y su hermana golpeen su cabeza con sus mazas.» — y da el único medio, en el epigrama: que su hermano y su hermana le golpeen la cabeza con sus mazas, siendo el hermano Febo y la hermana Cyntia.
«Y todos los filósofos están de acuerdo con esto, aunque no es necesario alegar su autoridad en detalle.» — declara que en esto todos los filósofos concuerdan, y por eso no alega su autoridad en detalle.
«Por eso es que se ve siempre a Mercurio con dos dragones entrelazados en el caduceo (porque el dragón es una serpiente enorme).» — de ahí que Mercurio aparezca siempre con dos dragones entrelazados en el caduceo, porque el dragón es una serpiente enorme.
«Porque, al contrario de los dragones vulgares quienes, se dice, no tienen veneno, éste no esta desprovisto de él, y, si no se procede con precaución, él lo lanza sobre quienquiera que se le acerque.» — distingue este dragón de los vulgares, a los que se tiene por inofensivos: éste sí tiene veneno y lo lanza sobre quien se le acerque sin precaución.
«Se dice que los charlatanes y los médicos callejeros, expulsan las lombrices de los niños luego de haberlas matado con el polvo de otros gusanos semejantes, es decir que matan los hermanos con la ayuda de los hermanos, las hermanas con la ayuda de las hermanas.» — ilustra el matar a los semejantes con semejantes en una práctica de charlatanes y médicos callejeros, que expulsan las lombrices de los niños con polvo de otros gusanos.
«El historiador Xanthus, citado por Plinio, testimonia que el hijo de un dragón fue devuelto a la vida por su madre gracias a una hierba llamada Balis.» — trae de Xanthus, citado por Plinio, el caso del hijo de un dragón devuelto a la vida por su madre con la hierba Balis.
«Entre todas las cosas, se debe elegir una, de color lívido, que tiene una apariencia metálica, límpida y líquida; es una cosa húmeda y caliente, acuosa y quemante, es un aceite viviente y una tintura viva, una piedra mineral y un aguardiente de una eficacia admirable» — habla Alain, traído por Maier en el mismo pasaje: la materia se reconoce por el color lívido, la apariencia metálica y la coexistencia de húmedo y caliente, acuoso y quemante.
«y, entre otros, las imágenes del Sol y de la Luna; él supo servirse de ellos con fortuna y adquirió así la victoria con la recompensa, es decir el VELLOCINO DE ORO.» — lee la victoria de Jasón como uso correcto de un remedio: lo que Medea le da son las imágenes del Sol y de la Luna, y con ellas gana el Vellocino.
«El dragón fue pues aniquilado por el Sol y la Luna o sus imágenes, cosa que los filósofos enseñan en diversos pasajes.» — y saca de ahí la doctrina: el dragón se aniquila por el Sol y la Luna, o por sus imágenes.
«Así el dragón filosófico igualmente abandona su braveza y llega a ser amigo del hombre si es tratado convenientemente, si no permanece hostil.» — de las historias de dragones amansados saca que el dragón filosófico deja la braveza y se hace amigo del hombre si se lo trata como conviene, y sigue hostil si no.
«Pero ahí yo veo una alegoría filosófica más que una historia verdadera, ya que además es solamente en Química que el dragón revive y que el dragón viviendo muere, en repeticiones alternadas.» — y pone su reserva a esa historia: la tiene por alegoría filosófica más que por historia verdadera, porque solo en química el dragón muere y revive por turnos.
«A propósito de su captura, se puede ver en Tácito qué cuidado y qué industria un gran número de hombres debieron desplegar para capturar un dragón que se había descubierto en África, para llevarlo al emperador Tiberio. El camino por el que el dragón se habría paso habitualmente entre las piedras fue cerrado y convertido progresivamente muy estrecho; ahí se le aprisionó con la ayuda de redes y lazos y se terminó por dominarlo a golpes de látigo y de palos. Entonces fue cargado sobre un gran número de carromatos y puesto en un navío que lo transportó a Roma.» — remite a Tácito para la captura del dragón hallado en África y llevado a Tiberio, estrechándole el paso entre las piedras y dominándolo con redes, lazos, látigo y palos.
«La razón, en efecto, no es alguna cosa humana, nacida del humus[*], sino, como dice el poeta, una partícula del soplo divino, enviada del cielo» — deriva la Sabiduría de la razón y la razón de lo alto: no es cosa humana nacida del humus sino, como dice el poeta, una partícula del soplo divino enviada del cielo.
«Ella es nombrada el árbol de la vida, no que ella lleve en ella la salud eterna sino que ella muestra de alguna suerte el camino que ahí conduce» — acota en qué sentido la Sabiduría es árbol de vida: no lleva en sí la salud eterna, sino que muestra el camino que a ella conduce.
«Sin ellos, en efecto, el hombre aunque viviendo, esta muerto; apenas difiere de un bruto» — y el revés de esa carencia: sin la Sabiduría el hombre, aunque vivo, está muerto y apenas difiere de un bruto.
«Lo mismo sucede con la Medicina, que aunque no importa cual arte operativo posea, se dice, que tiene dos piernas sobre las cuales se sostiene: la experiencia y el razonamiento;» — traslada a la Química el símil de las dos piernas de la Medicina, que se sostiene sobre la experiencia y el razonamiento.
«Pero, se dirá, ¿dónde se debe buscar esa llave?, yo respondo con el oráculo, que se deberá buscar ahí donde se afirma que fueron encontrados las osamentas de Orestes, ahí donde se podría encontrar a la vez, los vientos, lo que golpea, lo que rechaza el conflicto y destrucción de los hombres, es decir, como Lynchas supo interpretarlo, en un taller de herrero.» — responde a la pregunta por dónde buscar la llave con un oráculo sobre las osamentas de Orestes, que Lynchas interpretó como el taller de un herrero.
«Cuando haya tomado posesión le será fácil abrir la puerta y entrar.» — y sitúa lo que sigue a esa posesión: tomada la llave, abrir la puerta y entrar es fácil.
«En la entrada misma verá a Venus con su amante Adonis.» — con lo que se ve en el umbral: Venus con su amante Adonis, de cuya sangre tiñó de púrpura las rosas blancas.
«Se dice, que el perfume de las rosas es reforzado gracias a los ajos que se han plantado en la proximidad, y eso en razón del excelente grado de calor que posee el ajo y que permite a las rosas resistir a los venenos fríos.» — explica que el perfume de las rosas se refuerza con ajos plantados cerca, por el grado de calor del ajo, que les permite resistir los venenos fríos.
«Porque el azufre común es opuesto al azufre filosófico, aunque sea impotente para destruirlo, pero el agua disolvente tiene amistad por él y le conserva su color.» — distingue los dos azufres por su relación con el agua: el común se opone al filosófico sin poder destruirlo, y el agua disolvente tiene amistad con éste y le conserva el color.
«La mayor parte han entrado en el Rosedal con las manos ávidas, pero nada han conseguido sino sufrimiento, es decir que han perdido su aceite y su difícil trabajo.» — y consigna el saldo de los que entraron sin llave: con las manos ávidas no sacaron sino sufrimiento, perdiendo su aceite y su trabajo.
«El uso me ha engendrado, pero yo he sido criado por la memoria» — da la genealogía de la Sabiduría en un refrán popular: engendrada por el uso y criada por la memoria.
«Aquellos que son sus vecinos permanecen eternamente, y aquellos que son sus amigos poseen la verdadera delicia, y aquel que la buscará con diligencia se convertirá en dueño de un gran gozo. Porque no hay ningún hastío en vivir con la Sabiduría; no hay lasitud en encontrarse con ella, sino júbilo y placer. Cualquiera que sea el placer que la música y el vino ponen en el corazón del hombre, la Sabiduría es aún más agradable. Porque ella es un árbol de vida para todos aquellos que la comprenden y aquellos que la cuidan son bienaventurados» — habla Salomón en el Libro de la Sabiduría, citado por Maier: la Sabiduría da delicia y júbilo, más que la música y el vino, y es árbol de vida para quien la comprende.
«Los sabios serán honrados; quien tendrá la Sabiduría por preciosa será exaltado y honrado por ella, porque la Sabiduría eleva a sus hijos, y quien adhiere sólidamente a ella tendrá el usufructo del honor.» — habla Lactancio, que la llama alimento del alma: la Sabiduría eleva a sus hijos y da honor a quien se adhiere a ella.
«Aprende pues la verdadera sabiduría, aprende a conocer la que da una vida larga, las riquezas, la alegría y la paz.» — habla el profeta Baruch, aplicado por Maier a la sabiduría universal: la que da vida larga, riquezas, alegría y paz.
«Entre los tesoros de la Sabiduría están la inteligencia y la piedad de la ciencia» — habla Sirach, que pone la inteligencia y la piedad de la ciencia entre los tesoros de la Sabiduría.
«Dios otorga en efecto esta pura y divina ciencia a sus fieles y a sus servidores, es decir a los que desde el origen de la naturaleza ha decidido, atribuírsela con su fuerza admirable.» — habla Morieno: la ciencia es don que Dios reserva a sus fieles, decididos desde el origen de la naturaleza.
«Debes saber, oh rey, que este magisterio es nada más que una cosa escondida, el secreto de los secretos del gran Dios Muy Alto.» — y el mismo Morieno al rey, sobre el magisterio como secreto de los secretos del gran Dios.
«El investigador hallará verdaderamente esta llave en el hemisferio septentrional del Zodiaco y la correa del cerrojo en el hemisferio meridional, si el sabe nombrar y distinguir bien los signos.» — reparte los dos instrumentos por los hemisferios del Zodiaco: la llave en el septentrional y la correa del cerrojo en el meridional, a condición de saber nombrar y distinguir los signos.
«Ahí se ve al dragón, como en el Jardín de las Hespérides: encargado de la guardia de las rosas, el vela.» — y pone en el jardín al dragón guardián, como en el de las Hespérides.
«El rey se baña, sentado en el baño laconio; es liberado de su bilis por Pharut.» — resume la escena del emblema XXVIII: el rey se baña sentado en el baño laconio y Pharut lo libera de su bilis.
«Hay, del mismo modo, un número igual de evacuaciones generales de los excrementos que corresponden a las cocciones y expulsan cada día sus superfluidades.» — empareja cada cocción con su salida: hay tantas evacuaciones generales de excrementos como cocciones, y expulsan cada día sus superfluidades.
«En la primera de estas se elabora el quilo, en la segunda, el quimo y en la tercera un rocío o substancia rosale que aparece en cada una de las partes del cuerpo.» — nombra el producto de cada una: quilo en la primera, quimo en la segunda, y en la tercera un rocío o sustancia rosada que aparece en cada parte del cuerpo.
«Los excrementos de la segunda categoría son líquidos y de consistencia más sutil; ellos son biliosos y salados.» — caracteriza los excrementos de la segunda como líquidos, de consistencia más sutil, biliosos y salados.
«Ellos son estimulados por medio de sudoríficos, lo mismo que los precedentes lo son por los diuréticos.» — y reparte los remedios por cocción: éstos se estimulan con sudoríficos como los anteriores con diuréticos.
«Los griegos y romanos de la antigüedad se preocuparon mucho de la evacuación de esta tercera suerte de humores.» — apoya la importancia del sudor en la antigüedad, donde griegos y romanos se ocuparon mucho de evacuar esa tercera suerte de humores.
«Para facilitar esto, se había construido en Roma edificios tan magníficos que tenemos más tiempo de poder admirarlos que de imitarlos.» — con la prueba edilicia y una punzada al presente: en Roma se levantaron edificios tan magníficos que hay más tiempo de admirarlos que de imitarlos.
«La metalurgia soporta dos especies de cocciones poco más o menos idénticas a las que acabamos de citar.» — y hace la traslación que le interesa: la metalurgia soporta dos especies de cocciones casi idénticas a esas.
«La disposición de este rey es melancólica y atrabiliaria y, por esta razón, su valor y su autoridad son de menor estima que las de los otros príncipes: se le imputa en efecto el carácter malhumorado de Saturno y la cólera o el furor de Marte.» — describe al rey del emblema como melancólico y atrabiliario, y por eso menos estimado que otros príncipes, con el malhumor de Saturno y el furor de Marte encima.
«Se han encontrado investigadores que han tenido a Cerdon por un gran príncipe o hijo de rey, pero ellos no ha descubierto al fin de cuenta, en los signos verdaderos, cuales eran su origen y su educación.» — consigna el fracaso de los investigadores que tuvieron a Cerdon por gran príncipe o hijo de rey y no dieron con su origen ni con su educación por los signos verdaderos.
«El artista debe cuidar de evitar tal error y escoger ante todas las cosas el verdadero hijo real, aunque no resplandezca de ornamentos de oro y que tenga una vestimenta menospreciada y vil, una tez lívida y melancólica; por estas razones no se debe arrojarlo o tomar otro en su lugar.» — de ahí la advertencia al artista: escoger al verdadero hijo real aunque venga sin ornamentos de oro, con vestimenta vil y tez lívida, y no descartarlo por eso.
«Porque si es lavado perfectamente, muy pronto aparecerá su naturaleza excelente y real, como se le ve en Cyrus, Paris, Romulo, quienes fueron sacados de entre los campesinos.» — y la prueba con que responde a la duda: lavado perfectamente aparece pronto su naturaleza real, como en Ciro, Paris y Rómulo, sacados de entre los campesinos.
«Igual que la salamandra, la Piedra vive del fuego.» — enuncia el mote del XXIX igualando piedra y salamandra por su alimento: las dos viven del fuego.
«La salamandra en el corazón del fuego vive más poderosamente y no teme nada de tus amenazas, Vulcano.» — con el epigrama que le da su reto: en el corazón del fuego la salamandra vive con más poder y no teme las amenazas de Vulcano.
«Se dice, que en el fuego, vive solo la salamandra.» — parte del dato de historia natural que sostiene la figura: se dice que en el fuego solo vive la salamandra.
«Pero la salamandra filosófica es muy diferente de la otra, aunque ella le sea asimilada.» — y separa enseguida las dos salamandras: la filosófica es muy diferente de la otra, aunque se la asimile a ella.
«Pero nadie podría creer en la veracidad de tal hecho, sino sobre el modo alegórico.» — con la reserva de lectura que aplica a todo el emblema: nadie podría creer en la veracidad de tal hecho si no es por vía alegórica.
«El no posee ningún derecho de jurisdicción sobre estos últimos, a menos que se acompañe de otros consejeros en su Areópago[*]; así son las salamandras frente a su violencia que ellas no temen.» — precisa el límite de la jurisdicción de Vulcano: no la tiene sobre esos privilegiados si no se acompaña de otros consejeros en su Areópago, y así están las salamandras ante una violencia que no temen.
«Avicena en la Puerta, enumera los diversos temperamentos de cuerpos los que todos carecen de equilibrio y en consecuencia son susceptibles de ser corrompidos por el fuego y otros ataques.» — trae a Avicena en la Puerta para la lista de temperamentos corporales, todos sin equilibrio y por eso corruptibles por el fuego.
«Una sola cosa, en su opinión, está perfectamente equilibrada; ella posee tanto de calor como de frío, tanto de húmedo como de seco, no en peso sino en justicia, como dicen los médicos.» — y la excepción que le atribuye: una sola cosa está perfectamente equilibrada, con tanto calor como frío y tanto húmedo como seco, no en peso sino en justicia.
«El juicio de Vulcano cesa pues de ejercerse. El dios utiliza de nuevo otro subterfugio e intenta consumir la tierra y reducirla a cenizas, como el tiene la costumbre.» — narra la segunda tentativa del fuego contra el sujeto: cesado el juicio, Vulcano intenta consumir la tierra y reducirla a cenizas, como acostumbra.
«Pero el agua que está unida a la tierra obtiene una excepción en su contra: ella muestra como ella está unida a la tierra, como el aire le está unido, como al otro lado de la tierra se encuentra el fuego.» — y la defensa que lo frustra: el agua unida a la tierra opone una excepción, mostrando cómo el aire y el fuego están unidos a ella por sus lados.
«En consecuencia, quien pudiera incinerar la tierra reduciría igualmente a cenizas los otros elementos; y Vulcano, frustrado por su suerte, suspende su juicio para no ser la risa de todos.» — de donde el argumento que cierra el discurso: quien pudiera incinerar la tierra reduciría a cenizas también a los otros elementos, y Vulcano suspende el juicio para no quedar en ridículo.
«Ninguno, seguramente, de los que la conocen. De ello resulta que la Piedra debe ser llevada por la fijación a la naturaleza de la salamandra, es decir al punto más alto de fijeza en que no rechace el fuego y no se oculte delante de él.» — fija entonces el objetivo de la operación: llevar la Piedra por la fijación hasta la naturaleza de la salamandra, el punto más alto de fijeza, donde no rechaza el fuego ni se oculta ante él.
«Porque la salamandra no puede existir antes de haber aprendido con la más grande paciencia a soportar el fuego, lo que requiere un obligatoriamente un lapso de tiempo prolongado.» — y le pone su condición de tiempo: no hay salamandra antes de haber aprendido con la mayor paciencia a soportar el fuego, lo que exige un lapso prolongado.
«Será tratado más adelante, en el Discurso emblemático XXXV, de Aquiles y de Triptolemo, puestos a pasar la noche bajo cenizas ardientes hasta que hayan llegado a ser capaces de soportar un calor muy violento.» — remite él mismo esa habituación al discurso XXXV, con Aquiles y Triptólemo pasando la noche bajo cenizas ardientes.
«El hábito es en efecto una segunda naturaleza; pero si esa naturaleza no ha comunicado su poder y, actuando con maestría, no ha emprendido la alteración, el hábito no existirá o no será sino poco operante.» — formula la doctrina del hábito con su límite: el hábito es segunda naturaleza, pero si la naturaleza no ha comunicado su poder y emprendido la alteración, el hábito no existirá o será poco operante.
«Es por esta razón que el fuego no puede solidificar el hielo, pero puede solidificar el cristal, porque aquí la naturaleza ha comenzado la operación.» — y da el caso que lo prueba: el fuego no solidifica el hielo y sí el cristal, porque ahí la naturaleza ya comenzó la operación.
«Además, ese filósofo exige que esa substancia de Mercurio sea mortificada, pero su Mercurio está naturalmente en esta venerable piedra, como eso parece a cada uno.» — habla Geber según el Rosario, traído por Maier: exige mortificar la sustancia de Mercurio, que está naturalmente en la piedra.
«Así el cuidado y el trabajo de hacer eclosionar los huevos y criar los hijos incumbe enteramente a la gallina.» — reparte los papeles del emblema XXX por lo que hace cada ave: a la gallina le toca entero el cuidado de empollar los huevos y criar a los hijos.
«Se puede observar el celo y la solicitud que ella manifiesta en esta tare, la rapidez con la cual ella come, bebe, descarga su vientre para correr de prisa hacia sus huevos antes de que ellos se lleguen a enfriar.» — describe ese celo con detalle doméstico —come, bebe y descarga el vientre de prisa para volver antes de que los huevos se enfríen— porque es el modelo de la atención que pide la obra.
«De la misma manera, el filósofo o el artista procede en todas sus operaciones con un cuidado y una prudencia extremas.» — y hace explícita la traslación: del mismo modo el filósofo o el artista procede en todas sus operaciones con cuidado y prudencia extremas.
«Bajo el efecto de este, los sujetos mezclados entre ellos ejercen y sufren sus influencias recíprocas hasta que después de un largo espacio de tiempo, pasando por diversos colores, ellos llegan a poseer un color y una esencia únicas.» — describe qué pasa bajo ese calor sostenido: los sujetos mezclados obran unos sobre otros y, tras largo tiempo y diversos colores, llegan a un solo color y una sola esencia.
«Lo que es duro y compacto no puede en efecto ser alterado; por eso es que es necesario disolverlo previamente para que llegue a ser líquido y blando.» — da la razón de que haya que disolver primero: lo duro y compacto no puede ser alterado, y por eso hay que volverlo líquido y blando.
«Desde que a un cuerpo se le ha disuelto, conviene coagularlo para traerlo no a la dureza primitiva, sino a un estado en que el flexible coma la miel.» — y la de coagular después, con su medida: no para devolverlo a la dureza primitiva sino a un estado flexible.
«Durante la sublimación, ciertas partes suben bastante alto, esa es la ascensión, y las demás descienden y así se efectúa el descenso.» — desglosa la sublimación en sus dos movimientos, que son la ascensión de unas partes y el descenso de las otras.
«Si alguno reúne todas esas operaciones particulares bajo la noción de la operación general que es la COCCIÓN, casi no se alejará de su intención.» — y justifica reunirlas todas: quien ponga esas operaciones particulares bajo la general, la cocción, casi no se aparta de su intención.
«La causa de todo esto es la Luna que debe ser exaltada al grado sublime del Sol, eso significa que lo se busca es realizar un matrimonio durable entre el Sol y la Luna;» — explica para qué sirve todo eso: exaltar la Luna al grado sublime del Sol, es decir, hacer un matrimonio durable entre los dos.
«Habrá en adelante para el uno y el otro un solo lecho y una sola carne, un amor mutuo y constante, una eterna paz y una alianza indisoluble.» — describe el término de esa unión como un solo lecho y una sola carne, amor mutuo y constante, paz eterna y alianza indisoluble.
«La Luna por su lado, asegura al Sol la multiplicación de sus hijos y la propagación de su raza.» — con lo que cada parte aporta: la Luna asegura al Sol la multiplicación de sus hijos y la propagación de su raza.
«Y Geber reconoce en el Libro de las Pruebas que si el Sol y la Luna son incorporados juntos con arte, no se les separa fácilmente.» — y trae a Geber, en el Libro de las Pruebas, para el sello de esa unión: incorporados con arte, el Sol y la Luna ya no se separan fácilmente.
«Saber nadar y reconocer las letras, eran en la antigüedad, los primeros elementos de toda instrucción.» — funda el emblema XXXI en una nota de historia de la educación: en la antigüedad, saber nadar y conocer las letras eran los primeros elementos de toda instrucción.
«En efecto los Antiguos consideraban que la natación podía frecuentemente salvar el cuerpo y apartarlo de los peligros del agua, y la ciencia, ha puesto el alma al abrigo de las olas de la fortuna.» — y explica el par como dos salvaciones paralelas: la natación aparta el cuerpo de los peligros del agua, y la ciencia pone el alma al abrigo de las olas de la fortuna.
«Los grandes, los príncipes y los reyes han utilizado el mismo ejercicio para la salvaguardia de sus cuerpos.» — añade que grandes, príncipes y reyes usaron ese mismo ejercicio para la salvaguardia de sus cuerpos.
«Ciertamente, ella no salva en seguida al hombre de las olas del inmenso mar, pero le procura una dilación que le permite ser liberado por otros.» — acota lo que la natación puede: no salva de inmediato de las olas del mar inmenso, pero da una dilación que permite que otros liberen al que nada.
«El rey del que hablamos se mantiene muy largo tiempo; él no cesa entonces de gritar, aunque pocas personas lo oyen y lo ven, porque la mar es ancha y él esta lejos, a la distancia.» — y así lee la escena del rey que clama: se mantiene mucho tiempo y no cesa de gritar, aunque pocos lo oyen porque el mar es ancho y él está lejos.
«Pero se debe tener cuidado, mientras se le ayuda, que su diadema no caiga en el mar.» — pone la condición del rescate: que al ayudarlo no se le caiga la diadema al mar.
«En efecto, sin virtud medicinal la corona sería de ningún valor.» — con la razón de esa condición: sin virtud medicinal la corona no valdría nada.
«A continuación se deberá proveer las bodas reales; de éstas nacerá a su tiempo un niño muy deseado, lleno de gracias a los ojos de todos, lleno de belleza y muy fecundo, que sobrepasará a todos sus abuelos por su potencia, sus reinos, su opulencia, sus súbditos, sus riquezas; él someterá a sus enemigos, no por la guerra, sino con su humanidad, no por la tiranía, sino con la clemencia que le es propia y natural.» — y lo que sigue al rescate: las bodas reales, de las que nacerá un niño que superará a sus abuelos en potencia y riquezas y someterá a sus enemigos por humanidad y clemencia, no por guerra ni tiranía.
«Pero apartándose del peligro nadando, se volvió a Corinto donde abrió una escuela para los niños y ahí enseñó las bellas letras; convertido en maestro de escuela, de rey que era, llevaba la palmeta en lugar del cetro» — trae el caso de Dionisio, que salvado a nado abrió escuela en Corinto y de rey pasó a maestro, cambiando el cetro por la palmeta.
«Pero ellos se equivocan juzgando de esa manera: piensan que lo que es ignorado por ellos no existe en la naturaleza, midiendo la inmensidad del universo a su propia capacidad.» — abre el discurso XXXII con un reproche epistemológico a quienes niegan el coral: se equivocan al dar por inexistente lo que ignoran, midiendo la inmensidad del universo por su propia capacidad.
«Es verosímil que se trate, como ellos lo afirman, de una planta blanda y flexible por más que ella esté en el agua, y sin embargo de naturaleza terrestre, que cuando se la corta y se la expone a los vientos fríos, se convierte en quebradiza como una piedra.» — describe el coral con la reserva de lo verosímil: planta blanda y flexible aunque esté en el agua, y con todo de naturaleza terrestre, que cortada y expuesta a los vientos fríos se vuelve quebradiza como piedra.
«El mar da además, en otros lugares, tres piedras medicinales que provienen en parte del género vegetal, en parte del género animal, o que más bien son extraídas de los dominios secretos de la naturaleza.» — sitúa esa rareza dentro de un grupo: el mar da tres piedras medicinales que salen en parte del género vegetal, en parte del animal, o más bien de los dominios secretos de la naturaleza.
«El origen y el modo de recolección de las perlas nos son conocidos, pero no los de las otras dos piedras.» — y declara hasta dónde llega lo que sabe de ellas: el origen y la recolección de las perlas son conocidos, y los de las otras dos no.
«Porque no se ha visto ninguna parte de los árboles produciendo el ámbar amarillo y gris y sin embargo es muy seguro que esos árboles, si existen, empujan hacia afuera el agua en los lugares asoleados.» — razona el origen del ámbar por lo que no se ha visto: nadie ha visto árboles que lo produzcan, y aun así es seguro que esos árboles, si existen, empujan el agua hacia afuera en los lugares soleados.
«Nosotros atribuiremos pues el uno y el otro ámbar a las venas subterráneas o a las piedras, igual que las perlas a los zoofitos[*] y el coral a los vegetales.» — de donde su reparto de orígenes: los dos ámbares a las venas subterráneas o a las piedras, las perlas a los zoofitos y el coral a los vegetales.
«La coagulación tiende a procurar al coral el color rojo que los modernos llaman tintura coralina, de la misma manera que en la piedra física que, en el curso de su última coagulación, enrojece y aparece con el aspecto del coral, el más rojo, lo que es la tintura.» — traslada la coagulación del coral a la de la piedra: en su última coagulación la piedra física enrojece y toma el aspecto del coral más rojo, y eso es la tintura.
«Y como el coral sirve para preparar diversos remedios de una gran eficacia, de igual manera el coral de los filósofos ha hecho pasar a él las virtudes de todas las hierbas y, por esa razón, posee en él solo, tanto poder como todos los remedios sacados de todos los vegetales.» — extiende al coral filosófico la virtud médica del coral común, y le atribuye haber recibido las virtudes de todas las hierbas, tanto poder él solo como todos los remedios vegetales.
«Porque el sol celeste que infunde en los vegetales su virtud y su eficacia medicinales, confiere al que es su hijo y su vicario terrestre más poder que a todos los otros.» — da la razón astrológica de esa concentración: el sol celeste, que infunde a los vegetales su eficacia medicinal, da más poder al que es su hijo y vicario terrestre.
«Sin embargo puede ser que haya otra: yo quiero hablar de la humedad superflua que mata la tierra si no se la separa, porque ella no deja aparecer el rojo coralino y, en tanto ella esté presente, no permite la coagulación.» — y añade como segunda causa posible del fallo la humedad superflua, que mata la tierra si no se la separa y, mientras esté ahí, impide el rojo coralino y la coagulación.
«Se dice que él yace en las tinieblas porque está abandonado en el seno de una noche de invierno opaca y fría, es decir que habita en lo Negro, que es el signo del frío; de ahí él debe ser traído al Blanco gracias a una más grande intensidad del fuego y, aumentando de nuevo éste, al Rojo.» — explica por qué el Hermafrodita yace en tinieblas: habita en lo Negro, que es signo del frío, y de ahí debe ser traído al Blanco por mayor intensidad de fuego y, aumentándola, al Rojo.
«En consecuencia el fuego que destruye todas las cosas, construye ésta. A todo el resto el lleva la muerte, y a esto la vida.» — formula la excepción que hace del fuego un agente doble: el fuego que destruye todas las cosas construye ésta, y a todo lo demás le lleva la muerte y a esto la vida.
«El Hermafrodita del que hablan los filósofos posee una naturaleza mixta, masculina y femenina; una se transforma en la otra bajo la influencia del calor.» — define al Hermafrodita como naturaleza mixta, masculina y femenina, en la que una se transforma en la otra bajo la influencia del calor.
«En efecto de mujer llega a ser hombre, lo que en la obra de los filósofos, no debe parecer cosa tan sorprendente, ya que, si se debe creer en los historiadores, se ha visto a un gran número de personajes cambiar de sexo.» — desdramatiza el cambio de sexo en la obra apelando a los historiadores, que refieren un gran número de personajes que cambiaron de sexo.
«Los poetas recuerdan los nombres de Cénéas, de Iphis y de Tirésias, así dice Pontanus en Las Estrellas:» — nombra en esa serie a Céneo, Ifis y Tiresias, y adjudica el pasaje a Pontano en Las Estrellas.
«También, bajo el consulado de Licinius Crassus y de C. Cassius Longinus, una joven niña se volvió muchacho en Cassinum, y Licinius Mutianus relata, según Plinio, que ha visto a Argos Ariston que antes era llamado Aristouse.» — añade los casos datados por consulado: la niña vuelta muchacho en Cassinum, y el Argos Ariston que Licinio Muciano dice haber visto, según Plinio, antes llamado Aristouse.
«El mismo Plinio dice haber visto en África a L. Cossicius, ciudadano de Tisdritanum, cambiado en macho el día de sus bodas, y que esos hechos podrían ser confirmados si de ello hubiese necesidad.» — y el que el propio Plinio dice haber visto en África, L. Cossicio de Tisdritanum, cambiado en macho el día de sus bodas.
«Está asegurado que, bajo la acción de un calor creciente, los miembros genitales o viriles hacen salida al exterior del cuerpo.» — da el mecanismo con que explica todos esos casos: bajo un calor creciente los miembros genitales salen al exterior del cuerpo.
«La mujer es mucho más fría que el hombre y guarda escondido dentro de ella misma lo que el macho lleva al exterior, como lo dicen los médicos; por eso es por lo que la naturaleza, dudosa, no sabiendo si ella iba a engendrar una mujer o un hombre, produjo exteriormente una mujer, aunque ella hubiese» — y su premisa médica: la mujer es mucho más fría que el hombre y guarda escondido dentro lo que el macho lleva afuera.
«El calor aumentando con la edad, y el movimiento, se suman, los miembros tenidos ocultos aparecen al exterior y se muestran a la vista de todos.» — de modo que, sumados el calor de la edad y el movimiento, los miembros ocultos salen y quedan a la vista.
«Entre los filósofos de igual manera la mujer deviene en macho bajo el efecto del calor creciente, lo que significa que el Hermafrodita pierde el sexo femenino y deviene en un hombre robusto y grave que no posee en él nada de la blandura y de la levedad de la mujer.» — traslada eso a la obra: entre los filósofos la mujer deviene macho por el calor creciente, y el Hermafrodita pierde el sexo femenino y queda hombre robusto y grave, sin nada de la blandura de la mujer.
«Es así que nosotros hemos visto un día un niño hermafrodita de noble familia, pasado o, mucho más, promovido al estado de macho perfecto y apto para engendrar los descendientes (tal era la esperanza que de él se formaba) gracias al célebre medico boloñés Casp. Tagliacozzo y a la habilidad de su arte quirúrgico.» — consigna como testimonio propio el caso quirúrgico del niño hermafrodita de familia noble promovido a macho por el médico boloñés Casp. Tagliacozzo.
«Los filósofos no tienen necesidad de todas esas operaciones manuales. En efecto, en tanto que la frialdad y la humedad de la luna estén presentes, ellos llaman mujer a su sujeto, y mientras, el calor y la sequedad del sol estén ahí, ellos lo nombran macho.» — y separa su arte del quirúrgico por la vía de los nombres: llaman mujer al sujeto mientras están la frialdad y la humedad de la luna, y macho mientras están el calor y la sequedad del sol.
«De este modo será fácil de convertir la mujer, es decir el frío y la humedad, en macho, lo que se opera solo por el calor del fuego, como ha sido dicho.» — con lo que la conversión resulta fácil y de un solo agente: convertir la mujer, es decir el frío y lo húmedo, en macho se opera solo por el calor del fuego.
«El calor en efecto aleja y separa lo superfluo de las humedades y establece en el sujeto su idea que es la tintura.» — y lo que el calor deja en el sujeto al quitar lo superfluo de las humedades: su idea, que es la tintura.
«Todos los seres que viven también mueren: tal es la voluntad de Dios» — habla Bonellus en el mismo lugar de la Turba, traído por Maier: la muerte de todo lo vivo es voluntad de Dios.
«Traído a su antigua figura, Ceneus se desoló» — habla Ausonio, citado por Maier, sobre el retorno de Céneo a su figura primera.
«Se dice por otra parte que su concepción tiene lugar al fondo del vaso y su nacimiento en el alambique.» — localiza los dos momentos del emblema XXXIV en el aparato: la concepción tiene lugar al fondo del vaso y el nacimiento en el alambique.
«En efecto, las aguas del baño, si lo hay, se encontrarán, no en la parte de arriba, o al medio, sino en el fondo del vaso, mientras que, en el alambique, los vapores son aéreos.» — da la razón física de ese reparto: las aguas del baño quedan en el fondo del vaso y no arriba ni en medio, mientras que en el alambique los vapores son aéreos.
«Porque si alguna cosa subiera, se produciría una separación de las partes, lo que se debe evitar hasta que el macho y la hembra estén perfectamente unidos; uno recibe al otro y la señal de ello es el negro de la solución perfecta que aparece en la superficie.» — y la prohibición que se sigue: si algo subiera habría separación de partes, y hay que evitarlo hasta que macho y hembra estén perfectamente unidos, cuya señal es el negro de la solución perfecta en la superficie.
«Y la concepción en los baños no es otra cosa que la putrefacción en el estiércol.» — identifica las dos operaciones que parecían distintas: la concepción en los baños no es otra cosa que la putrefacción en el estiércol.
«Del que nosotros hablamos purifica todas las aguas de sus obstáculos y de sus suciedades, no por un decreto sino por un acto, y se adelanta libremente sobre ellas.» — precisa en qué sentido el niño manda sobre las aguas: purifica todas de sus obstáculos y suciedades no por decreto sino por acto, y avanza libremente sobre ellas.
«Él pone las montañas al mismo nivel que las llanuras y no teme las llamas del fuego y, así, se dirige libremente donde quiere, desde las columnas de Hércules a las columnas de Dionisio, a los confines más lejanos de la India.» — y hasta dónde llega ese imperio: iguala las montañas con las llanuras, no teme las llamas y va donde quiere, de las columnas de Hércules a las de Dionisio y a los confines de la India.
«Se cuenta que Jerjes, rey de los persas, que, preparándose para conducir una expedición a Grecia, envió una embajada al mar y al monte Athos, para que ellos no le causaran ningún daño, uno con sus olas, el otro con la violencia de sus llamas, declarando que, si era de lo contrario, obtendría venganza de los dos.» — le opone por contraste la embajada de Jerjes al mar y al monte Athos para que no le hicieran daño, con amenaza de venganza.
«Pero este cuento fue dirigido a sordos: el mar tragó muchos de sus navíos, el Athos hizo perecer un número importante por el incendio.» — y el saldo de esa amenaza, que fue dirigida a sordos: el mar se tragó muchos de sus navíos y el Athos hizo perecer a muchos por el incendio.
«Licurgo, el famoso legislador de los Espartanos, mostró con un ejemplo visual al pueblo convocado en asamblea para un espectáculo, la importancia del hábito y de la práctica, sean ellas buenas o malas.» — abre el discurso XXXV con Licurgo, que mostró al pueblo reunido, con un espectáculo, cuánto pueden el hábito y la práctica, sean buenos o malos.
«El niño era así alimentado en forma perfecta, pero un día su padre Eleusios observó la escena.» — marca dónde se rompe la crianza de fuego en el mito: el niño era alimentado en forma perfecta hasta que su padre Eleusios observó la escena.
«Pero este Triptolemo es la tintura filosófica alimentada de esa manera bajo el fuego; conducido por las serpientes, es decir por Mercurio, ella ha enseñado a los mortales como deben ser arrojadas en su tierra las semillas filosóficas.» — descifra a Triptólemo como la tintura filosófica alimentada así bajo el fuego, conducida por las serpientes, es decir por Mercurio, que enseñó a sembrar las semillas filosóficas.
«Se atribuye ese mismo rasgo a Osiris quien por esa razón recorrió el universo como lo hemos expuesto en otra parte, y a Dionisio que viajó a través del mundo enseñando a los hombres el uso del vino.» — y extiende ese mismo rasgo de difusión a Osiris, que recorrió el universo, y a Dionisio, que enseñó a los hombres el uso del vino.
«Se dice que Aquiles fue endurecido por su madre de la misma manera que Triptolemo, del que ya hemos hablado, lo fue por Ceres.» — empareja los dos casos de crianza al fuego: Aquiles fue endurecido por su madre como Triptólemo lo fue por Ceres.
«Vosotros veis aquí, dijo Licurgo, la importancia de la educación y los hábitos dados desde la edad más joven, es igual entre los que la naturaleza ha producido iguales y semejantes.» — habla Licurgo en el relato que Maier trae: entre los que la naturaleza hizo iguales, la diferencia la pone la educación y el hábito desde la edad temprana.
«Mira el niño que su madre amamanta y no lo impidas» — habla Emigan, traído por Maier, sobre no estorbar la alimentación del sujeto.
«El embrión extraído (del seno) no se alimenta de otra cosa sino que de leche y fuego, por si mismo y progresivamente, tanto como que él es un pequeño niño, y, en la medida en que es consumido (el alimento) más enteramente, sus hueso se afirman y él es llevado al período de la juventud; cuando él llega ahí, es bastante para él» — habla Bodillus: el embrión no se alimenta sino de leche y fuego, y a medida que consume el alimento se le afirman los huesos hasta la juventud, donde basta.
«Conviene sin embargo que la medicina, ella misma sea tostada bastante tiempo sobre el fuego y alimentada como un niño sobre el seno» — habla Arnaud en el Rosario, libro 2 capítulo 7, citado por Maier: la medicina debe ser tostada bastante tiempo sobre el fuego y alimentada como un niño al pecho.
«Todos esos que han oído citar, aunque fuese una sola vez, el nombre y poder de la Piedra, a menos de quedar enteramente incrédulos, tienen la costumbre de preguntar donde se la puede encontrar, a fin de correr hacia ella siguiendo de alguna manera la vía correcta.» — declara cuál es la pregunta que el emblema XXXVI viene a contestar: todo el que oye nombrar la Piedra pregunta dónde se la encuentra para correr hacia ella por la vía correcta.
«Declaran luego que se la encuentra en la tierra, en las montañas, el aire y los ríos.» — y la respuesta cuádruple de los filósofos: se la encuentra en la tierra, en las montañas, el aire y los ríos.
«Se dice que la piedra está tirada en la tierra, porque el elemento tierra aparece en primer lugar en el cuerpo obscuro y negro; luego porque ella es una cosa vil y de poco precio, pisoteada con los pies en el camino de los viajeros y hasta en el estiércol.» — explica por qué se dice tirada en la tierra: porque el elemento tierra aparece primero en el cuerpo oscuro y negro, y porque es cosa vil, pisoteada en el camino y hasta en el estiércol.
«Porque aquello está tirado en los caminos y aplastada con los pies sobre sus montones de estiércol; numerosos son aquellos que en el pasado han registrado los excrementos para extraerla, pero han sido decepcionados en su» — y consigna a quiénes engañó esa letra: muchos registraron los excrementos para extraerla y quedaron decepcionados.
«Nada más vil que el cieno o el fango, y sin embargo este no es ninguna otra cosa que la tierra mezclada con agua.» — defiende el valor de lo vil con el caso del cieno, que no es sino tierra mezclada con agua.
«Y sin embargo Euripilo, hijo de Neptuno, lo ofreció como presente de hospitalidad a los héroes Argonautas, al acogerlos.» — y con el de Euripilo, hijo de Neptuno, que ofreció tierra como presente de hospitalidad a los Argonautas.
«La piedra está así tirada en la tierra; sin embargo ella no permanece allí despreciada, sino que es exaltada sobre las montañas, el Atos, el Vesubio, el Etna y sus semejantes que vomitan llamas, y que se les ve en muy gran número en diversas partes del globo.» — contrapesa la vileza con la exaltación: la piedra no se queda despreciada, sino que es exaltada sobre las montañas que vomitan llamas, el Athos, el Vesubio, el Etna y sus semejantes.
«Si se arroja esa planta húmeda y fría en el fuego, la violencia de éste es atenuada por su contrario.» — explica ahí la función de la hierba que tempera: arrojada húmeda y fría al fuego, atenúa su violencia por contrariedad.
«El aire en efecto llega a ser para ella una casa que la envuelve, lo que corresponde ni más ni menos al hecho que ella es llevada en el vientre del viento y que ella nace en el aire, expresiones de las que antes hemos hablado.» — y por qué se dice que habita en el aire: el aire le hace de casa que la envuelve, que es lo mismo que ser llevada en el vientre del viento y nacer en el aire, dicho ya en el emblema I.
«Esa figuras no mienten, pero yo te aconsejo buscar tales presentes en las alturas.» — pero pone su reserva a la búsqueda literal: las figuras no mienten, y aun así aconseja buscar tales presentes en las alturas.
«Mercurio mató a Argos con una piedra y cambió a Bato en piedra de toque.» — reúne los oficios pétreos de Mercurio: mató a Argos con una piedra y cambió a Bato en piedra de toque.
«Los volúmenes de los autores químicos no enseñan otra cosa que a Mercurio y confirman suficientemente su poder con este simple verso:» — y cierra el discurso reduciendo la biblioteca entera a un solo objeto: los volúmenes de los autores químicos no enseñan otra cosa que a Mercurio.
«—Tres cosas bastan para el magisterio: el humo blanco, que es el agua, el león verde o bronce de Hermes, y el agua fétida.—» — enuncia el mote del XXXVII con sus tres piezas: el humo blanco, que es el agua, el león verde o bronce de Hermes, y el agua fétida.
«La construcción de todo edificio requiere tres cosas esenciales; si falta una de ellas la obra de ninguna manera puede ser perfecta; estas son la fundación, los muros y el techo.» — explica el número tres por el símil de la construcción: fundación, muros y techo, y sin una de ellas la obra no puede ser perfecta.
«Es el agua del dragón, como la llama el Rosario, que debe ser realizada en el alambique sin agregar nada, y cuya fabricación está acompañada de un extremo hedor.» — identifica el agua fétida con el agua del dragón que nombra el Rosario, hecha en el alambique sin agregar nada y acompañada de un hedor extremo.
«A pesar de todo no pienses que los filósofos sean los escarabajos que trabajan con los excrementos.» — sale al paso de la lectura sucia del hedor: no hay que pensar que los filósofos sean los escarabajos que trabajan con los excrementos.
«Sabed que el hedor, si lo hay, se cambia muy pronto en un poderoso perfume, como lo atestigua Lulio de su quintaesencia a la cual atribuye un olor muy suave, cuando está confeccionada según las reglas, y, puesta en la parte superior de la casa, atrae hacia ella y detiene las águilas volantes.» — y trae a Lulio para el vuelco del olor: el hedor se cambia pronto en perfume, y su quintaesencia bien hecha huele tan suave que puesta en lo alto de la casa atrae y detiene a las águilas.
«Algunos han ensayado aquí conseguirlo con un vino muy fuerte, pero sin éxito, y, en consecuencia, han acusado a Lulio de embuste, cuando ellos mismos debían mucho más de ser tachados de necedad, ellos que no gustaron jamás el vino de Lulio.» — adjudica el fracaso de los que probaron con vino muy fuerte a ellos y no a la receta: acusaron a Lulio de embuste cuando debían ser tachados de necedad, porque nunca probaron el vino de Lulio.
«Pero no podrás de ninguna manera preparar la piedra sin el duenech verde y líquido que parece nacer en nuestras minas.» — pone al león verde como condición sin sustituto: no se puede preparar la piedra sin el duenech verde y líquido que parece nacer en las minas.
«Sabed entonces que ningún vegetal, ningún fruto parece germinar sin que el color verde esté presente.» — apoya esa necesidad en lo que se ve germinar: ningún vegetal ni fruto germina sin que esté presente el color verde.
«Sabed igualmente que la generación de esta cosa es verde, y que por esta razón los filósofos lo han llamado germen.» — y de ahí el nombre: la generación de esa cosa es verde, y por eso los filósofos la llamaron germen.
«Este León verde lucha con el dragón; pero es vencido por él y, con el tiempo, es devorado.» — narra el combate que sigue: el león verde lucha con el dragón, es vencido y con el tiempo devorado.
«Cuando el león ha caído en podredumbre, se espera que de su hocico saldrá el dulzor (como de aquel que mató Sansón).» — con lo que se espera de esa podredumbre, en la clave del enigma de Sansón: del hocico del león caído saldrá el dulzor.
«El dragón habiendo vencido, se harta de la carne del león, aunque en poco tiempo el revienta y muere.» — y el final del vencedor: el dragón se harta de la carne del león y en poco tiempo revienta y muere.
«Sin embargo no ocurre que se nazca en dos o más veces sucesivas, nadie hace su entrada por primera vez en esta luz, en lugares distintos sino que en uno solo; igual que Sócrates es tenido por ateniense, el Rebis es reputado ser el habitante de dos montes que son el de Hermes y el Venus, de ahí también el nombre de Hermafrodita que se le ha dado, a causa de sus dos padres.» — explica por qué el Rebis se dice de dos montes: nadie nace dos veces ni en dos lugares, y como a Sócrates se le tiene por ateniense, al Rebis se le tiene por habitante de los montes de Hermes y de Venus, de donde le viene el nombre de Hermafrodita.
«Porque, aunque los libros a veces parecen contener claridad, éstos están rodeados y velados por todos lados por una gran obscuridad, al punto que apenas se puede reconocer y discernir lo uno de lo otro.» — advierte sobre los libros aun cuando parezcan claros: van rodeados y velados de una gran oscuridad, y apenas se distingue una cosa de otra.
«Es por eso que se debe avanzar con precaución, a fin de no utilizarlos como veneno, cuando ellos han sido preparados como remedio.» — de ahí la cautela que pide: avanzar con precaución para no usarlos como veneno cuando fueron preparados como remedio.
«Mientras ellos vagan sobre ese océano, los navegantes experimentados pueden saber la latitud, que es la elevación del Ecuador por encima del horizonte, por medio de instrumentos astronómicos, porque la aguja imantada indica el polo septentrional, pero les es imposible saber la longitud, es decir el número de grados que los separan del meridiano de origen situado muy cerca de las islas Afortunadas.» — traslada esa dificultad a la navegación con precisión técnica: con instrumentos y la aguja imantada el navegante sabe la latitud, y la longitud, los grados que lo separan del meridiano de origen junto a las islas Afortunadas, le es imposible saberla.
«Es por eso que ignoran el lugar en que se encuentran entre el Poniente y el Levante.» — y la consecuencia práctica de esa falla, que es su imagen del lector perdido: ignoran en qué lugar están entre el Poniente y el Levante.
«El mismo Morieno cuenta en su libro con que celo y que cuidado, después de haber abandonado Roma, buscó a Adferus de Alejandría, que terminó por hallar.» — pone contra ese extravío el caso de Morieno, que cuenta con qué celo y cuidado buscó a Adferus de Alejandría tras dejar Roma, y terminó por hallarlo.
«La montaña del Mercurio filosófico es, no la montaña de Nonacris o de Atlas donde a veces se cree que nació, sino el Parnaso de dos cimas, de las cuales una es la residencia de Hermes, y la otra la de Venus.» — nombra la montaña de la obra descartando otras: no la de Nonacris ni el Atlas donde a veces se dice que nació, sino el Parnaso de dos cimas, la de Hermes y la de Venus.
«Este monte posee un nombre único, pero en realidad es doble como se ve en el Hermafrodita con dos cabezas y dos especies de miembros en un solo cuerpo.» — con la razón de esa duplicidad: el monte tiene un solo nombre y es doble en realidad, como el Hermafrodita de dos cabezas y dos clases de miembros en un cuerpo.
«Además no es sorprendente que uno solo sobre diez mil lleve a término estos trabajos de Hércules, plante su pie sobre la cima del monte, y reciba la recompensa inmortal del laurel.» — y la proporción de los que llegan: no sorprende que uno solo entre diez mil lleve a término estos trabajos de Hércules y reciba en la cima la recompensa inmortal del laurel.
«Los antiguos filósofos han querido mostrar las mismas verdades proponiendo la imagen de la Esfinge que representa la obscuridad y complicaciones de la obra.» — declara para qué sirve la Esfinge en manos de los filósofos antiguos: para mostrar la oscuridad y las complicaciones de la obra.
«Se dice, es verdad, que existen en África bestias monstruosas llamadas esfinges, pero aquí no se trata de ellas» — deslinda esa figura de la zoología: se dice que hay en África bestias monstruosas llamadas esfinges, pero no se trata aquí de ellas.
«En la ciudad de Tebas habiendo sido largo tiempo atormentada por los enigmas de la esfinge, se encontró un cierto Edipo quien respondió a las preguntas hechas, de una manera tal que la esfinge fue obligada a precipitarse desde lo alto de una roca. ¿Pero quién es Edipo?» — resume la fábula tebana y la deja en pregunta abierta: Edipo respondió de tal manera que la esfinge hubo de precipitarse desde la roca, y queda por saber quién es Edipo.
«Si alguno escapa de este monstruo, este no le causará ningún mal, pero el hombre que apoyándose en la audacia de su coraje o de sus talentos intenta desenredar sus enigmas, prepara, si fracasa, su propia muerte, es decir el dolor para su corazón y el daño para sus bienes, por estar confundido en esta obra.» — pone el riesgo del que se atreve sin preparación: escapar del monstruo no hace daño, pero fracasar al desenredar sus enigmas prepara la propia muerte, dolor para el corazón y daño para los bienes.
«Aquel que aplique estas alegorías a la historia posee un hongo en lugar de cerebro y un melón en lugar de un corazón, como dijo el Cómico, y no juzga más sanamente que aquel que se extravía cuando está sobre la senda correcta.» — y el juicio contra la lectura histórica del mito, en boca del Cómico: quien aplique estas alegorías a la historia tiene un hongo por cerebro y un melón por corazón.
«Sin embargo esto no ha sido escrito como una historia o un ejemplo de imitar, sino inventado y presentado alegóricamente por los filósofos para descubrir» — lo dice también en su propia voz: esto no se escribió como historia ni como ejemplo a imitar, sino que los filósofos lo inventaron y presentaron alegóricamente.
«Edipo es acusado de parricidio y de incesto, los dos crímenes más horribles que se pueda imaginar, y que sin embargo lo han llevado» — consigna la paradoja del personaje: a Edipo se le acusa de parricidio y de incesto, los dos crímenes más horribles imaginables, y con todo eso llegó al trono.
«El tiene los pies hinchados y, en consecuencia, no puede correr, él se parece a un oso, como lo dice El Supremo Secreto,» — describe al mismo personaje por su defecto: tiene los pies hinchados, no puede correr y se parece a un oso, según El Supremo Secreto.
«Los filósofos tienen la más grande necesidad de este medio, aunque sea vil.» — y aun así declara su necesidad: los filósofos tienen la mayor necesidad de ese medio, por vil que sea.
«Porque el ascenso no está facilitado para quienes quieren ganar las alturas escarpadas; Un abundante sudor lo hace desaparecer; sin sueño, privado del olivo nocturno, Él se debilita, y destruye todo lo que hasta entonces más había alabado de si mismo.» — los versos con que describe la subida a esa montaña: el sudor abundante y la falta de sueño debilitan al que quiere ganar las alturas escarpadas y le destruyen lo que antes se alababa.
«Sin la ayuda de la naturaleza, a decir verdad, el arte no hace sino embrollo y confusión, pero no una unión verdadera y natural que solo la naturaleza realiza.» — fija el límite del arte en el discurso XL: sin la ayuda de la naturaleza el arte no hace sino embrollo y confusión, y la unión verdadera y natural solo la hace la naturaleza.
«La teríaca comprende la mezcla artificial de diversas [cosas] simples; ella se obtiene moliéndolas y haciéndolas fermentar, pero nadie afirmará sin temeridad que ella es una composición natural y menos aún un medicamento homogéneo.» — aplica ese criterio a la teríaca: es mezcla artificial de simples molidos y fermentados, y nadie afirmará sin temeridad que sea composición natural ni medicamento homogéneo.
«Está asegurado que, si se mezclan substancias artificiales, ellas no penetran las unas en las otras con sus partes más tenues, aunque la industria humana no pueda distinguirlas y separarlas de nuevo.» — da la razón de la diferencia: las sustancias artificiales mezcladas no se penetran en sus partes más tenues, aunque la industria humana no sepa distinguirlas ni separarlas de nuevo.
«Pero se quiere examinar, a propósito de la mezcla de todas las cualidades, si las primeras teríacas de todos los simples han sido transformadas en una sola quintaesencia o si ellas quedaron aun en sus cenizas o sus substancias, como los accidentes en el sujeto o el color sobre el muro; y luego lo que se debe decir de las cualidades segundas, terceras, y cuartas.» — plantea la pregunta que decide el caso: si los simples de la teríaca se transformaron en una sola quintaesencia o siguen en sus sustancias como los accidentes en el sujeto o el color en el muro.
«Es probable que todas las cualidades continúen adhiriéndose a sus sujetos propios y que ellas no entren en la composición entre ellas según una mezcla natural. Si fuera de otro modo, las cualidades abandonarían sus cuerpos, las quintaesencias serían cuatro en todo compuesto artificial, correspondiendo así al número de clases de cualidades, primeras, segundas, etc.; ellas estarían entonces sin sus cuerpos y serían separables; pero eso no sucede así.» — y responde por lo probable, con la prueba por el absurdo: las cualidades siguen adheridas a sus sujetos, porque si no habría cuatro quintaesencias en todo compuesto artificial, separables y sin sus cuerpos, y eso no sucede.
«Éste en efecto expresa el uno y otro sexo, pero aquel no.» — marca la diferencia entre los dos soles del emblema XLI: el filosófico expresa uno y otro sexo, y el celeste no.
«Pero Venus se esfuerza por llevar socorros a su amante y, como él está muerto, ella lo coloca y lo guarda en medio de lechugas.» — recoge de la fábula el socorro de Venus a Adonis muerto, a quien coloca y guarda en medio de lechugas.
«Osiris es del mismo modo muerto por Tifón, y es cortado en diversos pedazos, que Isis esposa de Osiris, recoge y sepulta después de haberlos unido.» — empareja esa muerte con la de Osiris, despedazado por Tifón y recompuesto y sepultado por Isis.
«El mismo duelo que en Egipto seguía a la muerte de Osiris, seguía la de Adonis en Siria y en los reinos vecinos.» — y con el duelo que las acompaña, el mismo en Egipto por Osiris que en Siria y los reinos vecinos por Adonis.
«porque, se pensaba, que aquel que había estado muerto estaba de nuevo con vida y transportado al cielo.» — da la creencia que sostenía ese duelo: que el que había estado muerto vivía de nuevo y era transportado al cielo.
«Es de allá que nació la vanidad de su religión pagana que conoció un inmenso desarrollo, dándole el diablo la ocasión y procurándole falsos milagros.» — y su juicio sobre lo que salió de ahí: de allí nació la vanidad de la religión pagana, con el diablo dándole ocasión y falsos milagros.
«Ese Adonis nació (de acuerdo a la Fábula) de Cinyras, rey de Chipre, y de su hija Myrrha, incesto criminal si se considera la historia, y si se mira la alegoría, acto no ilícito sino de los más necesarios.» — separa las dos lecturas del incesto de Cinyras y Mirra: mirado como historia es incesto criminal, y mirado como alegoría es acto no ilícito sino de los más necesarios.
«Porque nada se cumple en este arte si no se opera la conjunción de la madre con el hijo, o la del padre con la hija, y si la hay resulta un nacimiento.» — porque en este arte nada se cumple sin la conjunción de la madre con el hijo o la del padre con la hija, y de haberla resulta un nacimiento.
«Por eso es que Edipo esposa a su madre, Jupiter su hermana, y del mismo modo Osiris, Saturno, el sol, el servidor rojo, Gabritius.» — de ahí la serie de uniones que alinea: Edipo con su madre, Júpiter con su hermana, y del mismo modo Osiris, Saturno, el sol, el servidor rojo y Gabritius.
«Sabed que mi padre el sol me ha dado autoridad sobre todo poder y me ha revestido con una vestimenta de gloria» — pone en boca del sol filosófico su investidura: su padre el sol le dio autoridad sobre todo poder y lo revistió de una vestimenta de gloria.
«Después de eso yo voy a mi madre quien reúne todos mis miembros divididos y separados.» — y el retorno que completa la obra: va a su madre, que reúne todos sus miembros divididos y separados.
«Estas palabras son tan claras que, aun si alguno no está mediocremente versado en la lectura de los autores, ellas pueden apartar las tinieblas de los ojos de su espíritu y manifestar la luz solar que es percibida abundantemente en las concordancias presentadas entre las realidades y los personajes.» — declara qué espera de esas palabras: que aparten las tinieblas del espíritu aun del poco versado en los autores, por las concordancias entre las realidades y los personajes.
«En efecto, las nociones verdaderas, aunque recubiertas con el velo de la alegoría, se concuerdan entre ellas en un concierto admirable, las nociones falsas se combaten ellas mismas y entre ellas, y parten en direcciones diversas.» — y da el criterio con que distingue lo verdadero de lo falso bajo el velo alegórico: las nociones verdaderas concuerdan entre sí en un concierto admirable, y las falsas se combaten a sí mismas y entre ellas.
«Los prodigios operados por las aguas son tan grandes y tan numerosos que un grueso volumen apenas podría contenerlos; diversos autores han tratado de ellos en variados pasajes.» — abre el discurso XL midiendo la literatura del asunto: los prodigios de las aguas son tantos que un grueso volumen apenas los contendría, y muchos autores los trataron.
«Porque si un ignorante conduce a otro ignorante, les sucede la misma cosa que a los ciegos, y los dos se precipitan, si no en la fosa, al menos en los errores y caminos desviados.» — explica por qué el primer pilar es la Naturaleza y no un maestro cualquiera: si un ignorante conduce a otro les pasa lo de los ciegos, y los dos caen en errores y caminos desviados.
«Nadie en efecto está impulsado a creer o realizar cosas imposibles, salvo si, dotado de una débil memoria, de un espíritu obtuso y de una imaginación estúpida, se impone esa tarea tomando lo falso por verdadero y rechazando lo verdadero como falso.» — acota de quién es la culpa cuando se persiguen imposibles: nadie está obligado a creerlos, salvo el de memoria débil, espíritu obtuso e imaginación estúpida, que toma lo falso por verdadero y rechaza lo verdadero por falso.
«Los autores declaran además que, lo que sea que dicen, no se debe preocupar de las palabras, sino solamente de las cosas y de lo que debe ser entendido; las palabras, dicen ellos, existen a causa de las cosas y no las cosas a causa de las palabras.» — y da la regla de lectura que se sigue de eso, adjudicada a los autores: no hay que atender a las palabras sino a las cosas, porque las palabras existen a causa de las cosas y no al revés.
«En tercer lugar la experiencia dará los anteojos permitiendo ver las cosas alejadas. Esos son los instrumentos ópticos que ayudan y corrigen la debilidad de los ojos humanos y han sido inventados y fabricados por el arte.» — explica el tercer pilar por su modelo instrumental: la experiencia da los anteojos que dejan ver lo alejado, instrumentos ópticos inventados por el arte para corregir la debilidad de los ojos.
«Muchas de ellas serán numerosas en la memoria, más la razón podrá sacarlas de ahí, para compararlas entre ellas y con otras, y discernir lo que es verdad de lo que no lo es.» — y el oficio del segundo: la razón saca de la memoria lo acumulado, lo compara entre sí y con otras cosas, y discierne lo verdadero de lo que no lo es.
«En cuarto lugar la lectura debe brillar en la inteligencia como un lámpara clara, sin la cual habrá por todas partes tinieblas y nubes espesas.» — el cuarto, la lectura, debe brillar en la inteligencia como lámpara clara, y sin ella no hay más que tinieblas y nubes espesas.
«La lectura de los buenos autores debe ser renovada frecuentemente, de lo contrario ella no servirá de nada.» — con la condición de que se renueve: la lectura de los buenos autores debe repetirse a menudo, o no sirve de nada.
«Audi loquacem vulturem, qui neutiquam te decipit.» — trae el mote del XLIII en su latín: hay que oír al buitre parlante, que de ningún modo engaña.
«No es raro encontrar aves de ese género y ahora parecen menos dignas de admiración, suponiéndose que el entrenamiento y el ejercicio pueden hacer hablar y charlar a todos los pájaros dotados de una lengua bastante libre.» — concede primero lo que la naturaleza explica: no es raro encontrar aves que hablan, porque el entrenamiento hace charlar a cualquier pájaro de lengua bastante libre.
«Sin embargo este buitre del que hacen mención los filósofos no ha aprendido ejercitándose, las palabras que pudo llegar a proferir, pero su propia naturaleza las expresa tácitamente.» — y separa a éste de aquéllas: el buitre de los filósofos no aprendió sus palabras ejercitándose, sino que es su propia naturaleza la que las expresa.
«Los filósofos dicen que grita sin tregua y proclama con una fuerte voz, quién y qué es él.» — con el modo en que habla: los filósofos dicen que grita sin tregua y proclama en voz alta quién y qué es él.
«Él (pájaro) se declara negro, blanco, amarillo y rojo, y lo es verdaderamente, pues, aunque de hecho no posee todavía los tres últimos colores, él espera heredarlos.» — precisa el tiempo de esa declaración: se dice negro, blanco, amarillo y rojo, y lo es de veras, porque aunque todavía no tiene los tres últimos colores espera heredarlos.
«Los libros de los filósofos repiten a saciedad que todos esos colores, que son los principales, se hallan en la piedra en orden sucesivo.» — y remite ese orden a la doctrina común: los libros de los filósofos repiten hasta la saciedad que esos colores principales se dan en la piedra en orden sucesivo.
«No estará fuera de propósito decir porqué el sujeto filosófico es llamado buitre.» — anuncia que va a explicar por qué al sujeto filosófico se le llama buitre, y no lo da por sobreentendido.
«Se dice que este pájaro concibe sin simiente masculina y sin unión, y que sus hijos viven largo tiempo, hasta el centésimo año.» — da la primera razón, la autofecundación: este pájaro concibe sin simiente masculina y sin unión, y sus hijos viven hasta el centésimo año.
«Exceptúan también las aves muertas, en las que de una cierta forma reconocen a sus congéneres.» — y una segunda nota de su historia natural: exceptúan también las aves muertas, en las que reconocen de algún modo a sus congéneres.
«El cuervo vence tres veces al ciervo de los pies alados;» — recoge del verso los relevos de la obra: el cuervo vence tres veces al ciervo de los pies alados.
«El fénix que renace, nueve veces lo multiplica.» — y el número de la multiplicación: el fénix que renace lo multiplica nueve veces.
«No se encuentra sino un solo immusulus en el nido filosófico.» — con la unicidad del producto: en el nido filosófico no se encuentra sino un solo immusulus.
«Muchos lo llaman simplemente piedra aetita poseyendo en ella un guijarro sonoro.» — y el nombre corriente de la piedra que suena, la aetita, que lleva dentro un guijarro sonoro.
«Este es el dragón que se esposa el mismo (o asimismo), se fecunda el mismo y da a luz en su día» — habla el Rosario hacia su final, citado por Maier para la autofecundación: el dragón se desposa a sí mismo, se fecunda y da a luz en su día.
«Él es el sol, pero el sol filosófico, y ese nombre que se le encuentra atribuido aquí y allá en los libros ha sido interpretado del sol exterior por el vulgo que no conocía otra luz que esa luz del mundo.» — explica el error que corrige la clave mitológica: Osiris es el sol, pero el sol filosófico, y el vulgo, que no conocía otra luz que la del mundo, lo interpretó del sol exterior.
«Yo niego pues absolutamente que él sea un dios, y tú te sumarás a mi opinión, a menos que seas un pagano o que tengas una opinión desviada de la sana razón.» — y niega su divinidad sin dejar margen: niega absolutamente que sea un dios, y da por pagano o desviado de la sana razón a quien no lo acompañe.
«El niño Pélops, que había sido cocido y hervido, y del cual Ceres había comido el hombro, fue vuelto a la vida, gracias a la agregación de un hombro de marfil.» — lee el mito de Pélops como muerte y restitución con pieza añadida: cocido y hervido, y comido su hombro por Ceres, volvió a la vida con un hombro de marfil.
«Osiris fue cortado en pedazos, y fue recompuesto por Isis, su madre, su hermana y su esposa.» — y el de Osiris como despedazamiento y recomposición por Isis, que es a la vez su madre, su hermana y su esposa.
«El sol toma por esposa a la luna su hermana, Júpiter esposa a Juno, como Saturno toma a Rea y Osiris a Isis.» — ordena los matrimonios de la serie como uniones del mismo par: el sol toma por esposa a la luna su hermana, Júpiter a Juno, Saturno a Rea y Osiris a Isis.
«Dionisos llegado a mayor muestra a los hombres el nuevo brebaje del vino y emprende una expedición hasta la India.» — reparte los oficios de los héroes solares, y a Dionisos le toca mostrar el brebaje nuevo del vino y llevar su expedición hasta la India.
«Osiris y Triptolemo enseñan la manera de sembrar y utilizar los cereales.» — a Osiris y a Triptólemo, enseñar la manera de sembrar y de usar los cereales.
«Esculapio la de administrar la medicina.» — y a Esculapio, administrar la medicina.
«El sol, clara antorcha del polo, no puede vencer la densidad de los cuerpos: una sombra opuesta ante él» — enuncia el problema del emblema XLV: el sol, antorcha del polo, no puede vencer la densidad de los cuerpos, y ante él se opone una sombra.
«y sin embargo el astrónomo saca de ella su mayor beneficio.» — con la utilidad que esa sombra tiene ya en otra ciencia, pues el astrónomo saca de ella su mayor beneficio.
«Pero el Sol con su sombra hace a los Sabios un mejor regalo: él termina la obra del oro.» — y la que tiene en ésta, que es mayor: el Sol con su sombra hace a los Sabios un mejor regalo, porque termina la obra del oro.
«Ella pues ordenó un doble movimiento de los planetas, uno primario y el otro secundario,» — explica de dónde sale la alternancia que hace posible la sombra: la Providencia ordenó un doble movimiento de los planetas, uno primario y otro secundario.
«Esta sombra y el sol juntos hacen el día y la noche, lo que el sol no podría hacer el solo ya que su propiedad es de iluminar todos los lugares y los cuerpos que le están opuestos,» — de modo que el día y la noche los hacen la sombra y el sol juntos, y no el sol solo, cuya propiedad es iluminar cuanto se le opone.
«La sombra es cosa muy vil, próxima del no–ser, lo mismo la sombra de los filósofos es cosa negra, más negra que el negro, como ellos la llaman,» — mide el valor de la sombra por los dos extremos: es cosa muy vil, próxima del no-ser, y la de los filósofos es negra, más negra que el negro, como ellos la llaman.
«Y sin embargo, como están a disposición de los hombres en sus esferas largamente abiertas, son tenidas por cosas muy viles,» — y da la razón por la que se la tiene en poco: por estar a disposición de los hombres en sus esferas largamente abiertas, se las tiene por cosas muy viles.
«Cicerón informa en el libro De la Naturaleza de los Dioses que un Apolo muy antiguo, nacido de Vulcano, era el guardián de Atenas.» — trae de Cicerón, en De la Naturaleza de los Dioses, un Apolo muy antiguo nacido de Vulcano y guardián de Atenas.
«Y es cierto que esta opinión es muy verídica si, como se debe hacer, se la transporta al dominio de la alegoría, pues Vulcano produjo el sol filosófico que es Apolo.» — y da esa genealogía por verídica una vez trasladada a la alegoría, porque Vulcano produjo el sol filosófico que es Apolo.
«Pero ha prevalecido la opinión que él es nacido de Júpiter.» — consignando a la vez la versión que se impuso, la de que Apolo nació de Júpiter.
«Así pues nació Apolo y, llegado a adulto, él mató a Pitón por medio de sus flechas, quien había atormentado a su madre;» — sigue la carrera del dios como serie de operaciones: adulto, mató con sus flechas a Pitón, que había atormentado a su madre.
«él mató a los Cíclopes porque ellos habían fabricado para Júpiter un rayo destinado a causar la muerte» — y mató a los Cíclopes por haber fabricado para Júpiter el rayo destinado a causar la muerte.
«Nosotros hemos demostrado en numerosos pasajes el carácter puramente químico de estos relatos.» — declara lo que ha venido haciendo con todos esos relatos: haber demostrado en numerosos pasajes su carácter puramente químico.
«Es así que Apolo fue honrado en numerosos lugares de Europa y Asia y que innumerables templos fueron erigidos en su honor.» — de ahí el culto que registra: Apolo fue honrado en numerosos lugares de Europa y Asia, con innumerables templos.
«Pausanias informa que un esqueleto de bronce de un arte admirable fue suspendido en la bóveda del templo por Hipócrates.» — y las piezas del santuario que toma de Pausanias, entre ellas un esqueleto de bronce de arte admirable suspendido en la bóveda por Hipócrates.
«La Pitia recibía, sentada sobre ese asiento, el soplo del Demonio que se lanzaba afuera desde una profunda cavidad.» — con la mecánica del oráculo: sentada en ese asiento, la Pitia recibía el soplo del Demonio que salía de una profunda cavidad.
«El agua de esta fuente procuraba, cuando se la había bebido, el poder de predecir el futuro.» — y la fuente que daba, bebida, el poder de predecir el futuro.
«Pero la vida de los que la bebían era acortada.» — con su precio, que es el rasgo que le interesa: la vida de los que la bebían quedaba acortada.
«Aunque esta fabula no se apoya en la fidelidad de la historia, a pesar de todo no está lejos de la verdad atribuirla a las realidades químicas, en particular a Apolo, puesto que es, como se ha dicho, el» — separa después las dos cosas que en ese relato se confunden: la fábula no se apoya en la fidelidad de la historia y sí se acerca a la verdad si se la atribuye a las realidades químicas.
«El águila parece ser amiga de Apolo o del sol, ya que somete sus hijos a la prueba del sol y los hace perecer como siendo degenerados si no pueden soportar su vista.» — explica por qué el águila es amiga de Apolo o del sol: somete a sus hijos a la prueba del sol y hace perecer por degenerados a los que no soportan su vista.
«Se dice que sus plumas mezcladas a otras cosas no se corrompen, que ellas devoran las plumas de los otros pájaros y acogen fácilmente el dorado.» — y le atribuye una incorruptibilidad selectiva: sus plumas mezcladas a otras cosas no se corrompen, devoran las de los otros pájaros y aceptan fácilmente el dorado.
«No muere ni de vejez, ni de enfermedad, sino de hambre.» — con su modo de morir, que la separa de los demás animales: no muere de vejez ni de enfermedad, sino de hambre.
«Después de estar deshecha, se hunde tres veces en una fuente y de esa manera vuelve a la juventud.» — y su renovación, que es el punto del emblema: deshecha, se hunde tres veces en una fuente y así vuelve a la juventud.
«EMBLEMA XLVII Lupus ab Oriente & Canis ab Occidente venientes te invicem momorderunt.» — trae el mote latino del XLVII, con el lobo que viene del Oriente y el perro que viene del Occidente mordiéndose el uno al otro.
«En un gran número de pasajes los filósofos hacen mención de dos piedras que son entregadas por nada; así (lo dice). Isaac, Amaud y otros.» — sitúa la doctrina de las dos piedras en una tradición y la nombra: los filósofos hablan en muchos pasajes de dos piedras que se dan por nada, y así lo dicen Isaac, Amaud y otros.
«Entre ellos Avicena dice que ellas yacen arrojadas en el estiércol y desdeñadas por la multitud, y que, si se las une, ellas acaban la obra.» — y en esa serie pone a Avicena, según el cual yacen tiradas en el estiércol y desdeñadas por la multitud, y unidas acaban la obra.
«Estas piedras son el muy verdadero bezar o bezoar; el más excelente es enviado por la India Oriental y se saca del vientre de las bestias feroces; el otro, de menor eficacia sin embargo, es producido por la India Occidental, peruana; se toma de los animales domesticados.» — identifica las dos piedras con el bezoar y las jerarquiza por procedencia: el más excelente viene de la India Oriental y del vientre de bestias feroces, y el otro, de menor eficacia, de la India Occidental peruana y de animales domesticados.
«Pero después de eso el lobo recobrando las fuerzas arroja el perro a tierra y, mientras está en el suelo, lo agobia hasta la muerte.» — narra el combate en su primer tiempo: el lobo recobra fuerzas, arroja al perro a tierra y en el suelo lo agobia hasta la muerte.
«Pues el lobo oriental es más fuerte que el perro occidental, aunque no se apodere del resultado de la victoria, sino que cae al mismo tiempo que su enemigo.» — con el saldo, que no es victoria: el lobo oriental es más fuerte que el perro occidental y aun así no se lleva el resultado, porque cae al mismo tiempo que su enemigo.
«Sin embargo los dos han hecho un veneno que tiñe.» — y lo que la muerte de los dos produce: entre ambos han hecho un veneno que tiñe.
«El mercurio, es cierto, ha engendrado el azufre, pero el azufre ha purificado el mercurio y lo ha devuelto así.» — explica la deuda recíproca de los dos principios: el mercurio engendró el azufre, y el azufre purificó al mercurio y así se lo devolvió.
«De este modo el perro, aunque agobiado, no ha caído enteramente vencido, puesto que tiene a su enemigo tan estrechamente apretado que ése no puede vivir sin éste, ni éste morir sin ése.» — de donde la conclusión del discurso: el perro agobiado no queda del todo vencido, porque tiene tan apretado a su enemigo que ninguno puede vivir ni morir sin el otro.
«Es un soldado vencedor de dos, robusto, de un gran valor y de una muy grande fuerza, traspasando los cuerpos cuando se encuentra frente a ellos; es blanco en su aparición y rojo en la experiencia» — habla Rosinus a Eusthicia sobre el lobo, traído por Maier: soldado que traspasa los cuerpos, blanco en la apariencia y rojo en la experiencia.
«La piedra que no es piedra es más fuerte que la otra que es su enemiga. Pero la roja es más fuerte que ella porque ella ha fortificado a sus compañeros con su vigor» — y el mismo Rosinus, respondiendo cuál de las dos piedras es más fuerte: la que no es piedra vence a su enemiga, y la roja a ella, porque fortificó con su vigor a sus compañeros.
«Cuando Jerjes, el famoso y muy poderoso rey de Persia, conducía su ejercito a través de lugares secos e incultos bajo el calor ardiente, él no escupía las pocas gotas de agua turbia que un soldado le presentaba, sino que las bebía con mucho placer y recompensaba al que le había traído esa ofrenda con un muy rico obsequio.» — abre el discurso XLVIII con Jerjes bebiendo las pocas gotas de agua turbia que un soldado le ofrece, y recompensando con un rico obsequio al que se las trajo.
«Y es cierto que si alguien en nuestra época también (así como lo atestiguan ciertas historias muy recientes) viaja a los confines de Persia, no encuentra sino raramente, se dice, fuentes de agua dulce, pues ahí las aguas estancadas son saladas y el suelo mismo presenta una gran abundancia de substancia salada en su superficie.» — apoya el escenario en noticias recientes de Persia, donde apenas hay fuentes de agua dulce, las aguas estancadas son saladas y el suelo muestra abundancia de sustancia salada.
«De igual modo el rey del que los filósofos han mención es atormentado por la sed y ha dado la orden que se le prepare una gran cantidad de agua dulce y, cuando se la han llevado, bebe hasta la saciedad, como cada cual puede verlo según la alegoría de Merlín.» — y así lee al rey del emblema: atormentado por la sed, manda preparar mucha agua dulce y bebe hasta la saciedad, según la alegoría de Merlín.
«Los egipcios expulsaron los humores todavía crudos haciendo beber sus medicinas, humores de los que Hipócrates afirma que se les debe purgar cuando ellos han sufrido una cocción, a menos que ellos sean fluidos y móviles.» — adjudica a Hipócrates la regla de purga que aplican los egipcios: los humores se purgan cuando han sufrido cocción, salvo que sean fluidos y móviles.
«En ese caso en efecto se les debe hacer salir rápidamente para evitar que ellos ataquen y asalten las partes o las vísceras más nobles.» — con la excepción que la acompaña: entonces hay que hacerlos salir rápido, para que no ataquen las vísceras más nobles.
«Prodigar los cuidados a un tan gran rey parece cosa necesaria, ya que cuando él ha sido sanado ofrece a su médico una mano benevolente y un rostro sereno.» — explica por qué vale la pena atender a un rey así: sanado, ofrece a su médico una mano benevolente y un rostro sereno.
«A pesar de todo las riquezas de los hombres no son nada en comparación con los bienes de ese rey, que son sin medida y sin número.» — y pone el término de comparación: las riquezas de los hombres no son nada frente a los bienes de ese rey, que son sin medida y sin número.
«Cuando ha sido sanado y liberado de las aguas, todos los reyes y todos los poderosos de otros países lo han honrado y temido.» — con lo que sigue a la cura: sanado y librado de las aguas, todos los reyes y poderosos de otros países lo honran y lo temen.
«En efecto aquí se dice que un único niño tiene tres padres o dos, y otras tantas madres.» — plantea la dificultad del emblema XLIX tal como suena: aquí se dice que un solo niño tiene tres padres o dos, y otras tantas madres.
«De igual modo, Dionisos es llamado «Bimater» — (que tiene dos madres), el que Júpiter sacó, antes de que hubiese alcanzado la madurez, del vientre de su madre consumida, para coserlo en su pierna, de suerte que su padre se convirtió en su madre.» — trae el caso de Dionisos llamado Bimater, sacado por Júpiter del vientre de su madre consumida y cosido en su pierna, de modo que el padre se volvió madre.
«Pero esta enseñanza está mejor aclarada en la concepción de Orión quien nació, se dice, de las simientes de Apolo, de Vulcano y de Mercurio mezcladas y encerradas en una piel de buey durante diez meses.» — y el de Orión, nacido de las simientes de Apolo, Vulcano y Mercurio mezcladas y encerradas en una piel de buey durante diez meses.
«Eso sería propiamente monstruoso y no simplemente fabuloso, si bajo esta envoltura no estuviera oculto un secreto de la naturaleza que no es accesible a todos.» — pone ahí su criterio de lectura: eso sería propiamente monstruoso y no solo fabuloso si bajo la envoltura no se ocultara un secreto de la naturaleza que no es accesible a todos.
«Lulio en la Théorétique de su Testamento atribuye a este mismo niño filosófico un número igual de padres, y poco más o menos los mismos.» — y adjudica la misma cuenta de padres a Lulio, en la Teórica de su Testamento.
«El primero es el sol, es decir Apolo, lo que quiere decir que el sol celeste es el primer autor de esta generación, pues, por su virtud indecible y secreta o astral, opera sobre una cierta materia conocida de los filósofos igual que sobre la matriz de una mujer, y produce en ella un hijo o niño semejante a el mismo al cual en virtud de sus derechos paternales entrega y cede enseguida sus armas y las insignias de sus poderes: la facultad de hacer madurar lo que no está maduro, y de teñir y purgar lo que no está ni teñido ni purgado.» — reparte entonces los papeles: el primero es el sol, es decir Apolo, que obra por virtud astral sobre una materia conocida de los filósofos como sobre la matriz de una mujer, y cede al hijo sus armas, la facultad de madurar lo que no está maduro y de teñir y purgar lo que no está teñido ni purgado.
«Lo que el sol, en efecto, cumple en mil años, su hijo lo realizará en una media hora.» — con la ganancia de tiempo que eso significa: lo que el sol cumple en mil años, su hijo lo hará en media hora.
«Por eso es que a fin que nazca en él mismo, su poderío mil veces más grande que el del sol, su padre lo entrega a la instrucción de Vulcano y al mismo tiempo del artista, para que ellos cultiven su natural generoso y que reciba de ellos un crecimiento con vigor.» — y la razón de que el hijo pase por maestros: para que nazca en él un poder mil veces mayor que el del sol, el padre lo entrega a la instrucción de Vulcano y del artista.
«De este modo Aquiles, Jasón y Hércules fueron confiados a Quirón con la misma intención, para que él los instruyera.» — con los precedentes heroicos de esa crianza, Aquiles, Jasón y Hércules confiados a Quirón.
«En efecto Milon de Crotona quien, siendo niño, se podía un ternero, una vez llegado a grande, se podía un buey, gracias a este ejercicio.» — y el ejemplo del ejercicio gradual en Milón de Crotona, que cargaba un ternero de niño y un buey de grande.
«Además no es sin motivo que el Sol, Vulcano y el artista sean llamados padres de este niño, pues el primero le da el ser pero los otros le darán su calidad y grandeza.» — distingue por fin lo que cada padre aporta: el Sol le da el ser, y los otros dos, la calidad y la grandeza.
«En el momento del nacimiento de Orión, Mercurio ha suministrado la materia, Apolo la forma, y Vulcano el calor o causa eficiente externa.» — y la traducción hilemórfica del mito de Orión: Mercurio suministró la materia, Apolo la forma, y Vulcano el calor o causa eficiente externa.
«De igual modo también en la obra filosófica conviene hacer que tres padres parezcan haber conspirado para realizar un hijo único en el cual los Filósofos encuentran sus delicias.» — de donde la regla de la obra: conviene que tres padres parezcan haber conspirado para hacer un hijo único, en el que los Filósofos encuentran sus delicias.
«El que hubiera realizado este arte una sola vez, si debiese vivir mil años y alimentar todos los días a cuatro mil hombres, no estaría en la indigencia» — hablan Hermes y Geber en el Rosario, citados por Maier: quien haya hecho el arte una vez no pasaría necesidad ni viviendo mil años y alimentando cada día a cuatro mil hombres.
«El que posee la piedra de la cual se saca el elixir es tan rico como el que posee el fuego. Puede dar fuego a quien quiera, cuando quiera, y tanto como él quiera, sin peligro ni carencia para él» — habla Senior, traído por Maier: quien tiene la piedra del elixir es tan rico como el que posee el fuego, y puede darlo a quien quiera sin quedarse sin él.
«Éste es el rey del cual el conde Bernard recuerda que da a seis de sus consejeros tanto de su reino como lo que él posee de él, con tal que ellos esperen que él haya recuperado la juventud en el baño y haya sido adornado con variadas vestimentas, a saber, con una coraza negra, una bata blanca y con sangre púrpura. Pues el promete en ese caso dar a cada uno de su sangre y de hacerlos participantes de sus riquezas.» — cierra el discurso con el conde Bernard: el rey reparte reino y riquezas entre seis consejeros a condición de que esperen a que rejuvenezca en el baño y quede vestido de coraza negra, bata blanca y sangre púrpura.
«Mientras que este esposo gusta los placeres del lecho ella muere, y la tierra juntos los cubre.» — resume el epigrama del L: mientras el esposo goza los placeres del lecho, ella muere, y la tierra los cubre a los dos juntos.
«En efecto no es útil, dice él, que el águila ponga su nido en los Alpes, pues el frío de las nieves haría morir sus hijos en la cima de las montañas.» — trae la objeción sobre el nido del águila —que no conviene ponerlo en los Alpes, porque el frío de las nieves mataría a sus hijos en la cima— para explicar dónde debe hacerse la obra.
«Sin embargo la experiencia atestigua la veracidad de ese hecho en las serpientes quemadas que emiten una llama envenenada acometiendo a los asistentes, y no es por nada que los dragones guardianes son representados vomitando llamas,» — apoya el fuego que vomitan los dragones en un dato de experiencia: las serpientes quemadas emiten una llama envenenada que acomete a los presentes.
«lo prefieres, en su nido: pues la naturaleza del dragón es, en otras circunstancias, la de atacar los huevos del águila y de librar ante el águila una guerra mortal.» — y explica la hostilidad de las dos figuras: la naturaleza del dragón es atacar los huevos del águila y librarle una guerra mortal.
«Aconteció, en relatos de escritores griegos, que un dragón haya amado a una niña joven y compartido su cama.» — recoge de escritores griegos el caso del dragón que amó a una joven y compartió su lecho.
«¿Qué hay pues de sorprendente en que los filósofos quieran que su dragón deba ser encerrado con una mujer en una caverna?» — con lo que desactiva el escándalo del emblema: no tiene nada de sorprendente que los filósofos quieran encerrar su dragón con una mujer en una caverna.
«Greverus une los dragones rojos y negros en el fondo del abismo de una montaña, y los quema con fuego, y, llegando a morir los negros, dice al guardián de la montaña reunirlos de todas partes y llevarlos sobre la montaña.» — trae la versión de Greverus, que une los dragones rojos y negros en el fondo del abismo de una montaña y los quema, y manda al guardián reunir los negros muertos y llevarlos a la montaña.
«Merlin, en su Visión, (a menos que ella sea una ficción) hace mención de un dragón blanco y de un dragón rojo.» — y la de Merlín, que en su Visión —si no es ficción, acota— menciona un dragón blanco y un dragón rojo.
«Se entiende aquí por dragón el elemento de la tierra y del fuego y por mujer el del aire y el del agua.» — da por fin la clave elemental del emblema: el dragón es la tierra y el fuego, y la mujer, el aire y el agua.
«Entonces una vez que se ha tomado eso, se comprende el águila y la mujer, como también el dragón y los secretos del arte casi enteros, secretos que al abrir quizás demasiado extensamente el seno de la naturaleza, hemos expuesto y manifestado en estas paginas a los hijos de la enseñanza, a fin de que así SEA DADA GLORIA DIOS.» — cierra el libro declarando lo que ha hecho y con qué reserva: abriendo quizá demasiado el seno de la naturaleza, expuso a los hijos de la enseñanza el águila, la mujer, el dragón y casi todos los secretos del arte, para que sea dada gloria a Dios.
«El agua, el aire que existen entre el cielo y la tierra es la vida de todas las cosas» — habla Hermes, citado por Maier: el agua y el aire que están entre el cielo y la tierra son la vida de todas las cosas.
«Pero en el centro de la tierra están la virgen y el verdadero elemento que el fuego no podrá quemar» — y el mismo Hermes poco después, sobre la virgen y el verdadero elemento que el fuego no podrá quemar, alojados en el centro de la tierra.
«Yo te declaro en verdad que el aceite que incera[*] y une naturalmente las naturalezas e introduce naturalmente la medicina en los cuerpos para teñir, no está compuesto de un cuerpo extraño, sino que lo está solamente a partir de las entrañas del cuerpo a disolver» — habla el conde Bernard en su Epístola, traído por Maier: el aceite que une las naturalezas e introduce la medicina en los cuerpos no viene de un cuerpo extraño sino de las entrañas del cuerpo a disolver.
Sobre la obra
15 entradas — lo que el aparato y la investigación dicen de ella«MICHAEL MAIER (1568–1622) fue un médico alemán, consejero de Rodolfo II de Habsburgo y un culto alquimista.»
«Su Fuga de Atalanta (Atalanta fugiens), de 1617, libro emblemático sobre alquimia, junto a imágenes, poemas y discusión incluyó cincuenta piezas de música.»
«Entre los años 1612 y 1614 realiza numerosos viajes, a Sajonia, luego a Inglaterra y Amsterdam.» — el aparato añade su devoción luterana, su participación en el movimiento rosacruz y su influencia sobre Isaac Newton.
Carrera según el aparato: estudios facilitados por Severin Goebel, cargos de físico de corte y conde palatino, médico del Landgrave Mauricio de Hesse, y servicio al duque de Magdeburgo de 1618 hasta su muerte en 1622.
El Dictionary la registra en 1617 como colección de emblemas y música alusiva a la alquimia hermética.
«Hombres muy eminentes y muy sabios, han informado de ese famoso Trípode ofrecido por Vulcano a Pélops cuando él tomó por esposa a Hipodamia hija de Oenomaos, rey de Elide, que en prueba de la perfección de su arte, Pélops ofreció luego, en Delfos, a Apolo Pythien, a fin que una virgen entregara gracias a él, los oráculos bajo la inspiración de Dios.» — la dedicatoria explica de dónde saca la forma de su ofrenda: el trípode que Vulcano dio a Pélops y que éste consagró en Delfos a Apolo Pythien para que una virgen pronunciara los oráculos. De ahí que llame oráculos químicos a lo que ofrece.
«Sea lo que fuere, vosotros manifestareis (lo sé) vuestra estima por mis esfuerzos, considerando no la pobreza del volumen, sino el candor de mi alma, y vosotros me tendréis y contareis en el futuro en el número de los más respetuosos servidores de vuestras Excelencias.» — y cierra la dedicatoria pidiendo que la ofrenda se mida por el candor de su alma y no por la pobreza del volumen.
«Michel Maier nació en el Holstein de Renburg en 1568, en Alemania. Su padre fue Johan Maier, del Ducado de Holstein.» — el aparato de la edición castellana da su nacimiento en 1568 en el Holstein y a su padre, Johan Maier.
«Se sabe que sus primeros estudios los hizo en Rensburg y Kiel, posteriormente, sus estudios universitarios lo tienen en 1587 en la Universidad de Rostock; en 1589 en Nuremberg; entre los años 1589 y 1591 vivió en Padua; en 1592 en la Universidad de Francfort; en 1596 en la Universidad de Bolonia, en 1596 en la Universidad de Basilea.» — y su itinerario universitario, de Rensburg y Kiel a Rostock, Núremberg, Padua, Fráncfort, Bolonia y Basilea, con dos entradas fechadas en 1596.
«Michel Maier escribió aproximadamente veinticinco libros, de los cuales el más destacado y conocido es Atalanta Fugiens (La fuga de Atalanta» — el mismo aparato le cuenta unos veinticinco libros y da éste por el más destacado.
«Michel Maier murió en Magdeburgo en 1622.» — y cierra la nota con su muerte en Magdeburgo.
«Albayalde: pigmento de color blanco.» — las notas finales de la edición castellana son un glosario breve de términos, no un comentario: aquí el albayalde.
«Pyrope: variedad de granate, de color rojo de fuego, muy apreciada.» — del mismo glosario, el pyrope.
«alga –æ: en latín, cosa vil o despreciable.» — y una nota de lengua que explica el sentido peyorativo del latín alga.
«Nueva concepción durante el embarazo.» — la nota que aclara la superfetación discutida en el discurso XLIX.
Conceptos tratados
Nigredo (la obra al negro) — El negro es el principio de la obra; signo del frío que debe llevarse al blanco y al rojo.
Albedo (la obra al blanco) — Estado luminoso que sigue al negro tras la acción del fuego.
Rubedo (la obra al rojo) — Grado máximo de calor que completa la transformación del negro.
Mercurio de los filósofos (Mercurius) — La virgen química que se fija y retiene en su fuga por el azufre del oro.
Azufre (principio sulfúreo) — Contenido en el mercurio fluido y transportado por el viento; principio seco.
Piedra filosofal (lapis philosophorum) — Aérea y volátil, fría y húmeda en lo visible, cálida y seca en lo oculto.
Rebis (el hermafrodita) — Figura hermafrodita que encarna la unión de los cuatro principios cualitativos.
Agua Fetida — Madre de todos los elementos; llamada así por su hedor sulfuroso y olor de sepulcro.
León verde (leo viridis) — Bronce de Hermes; germen que se cambia rápidamente en el oro del magisterio.
Quintaesencia (quinta essentia) — Sustancia suprema obtenida de la unión de los dos líquidos, capaz de coagular o ablandar.
Putrefacción (putrefactio) — Descomposición lenta en estiércol cálido y húmedo, necesaria para la unión de los principios.
Caduceo (vara de Mercurio) — Bastón con dos serpientes que introduce y extrae almas; símbolo del Mercurio filosófico.
Microcosmos (el hombre-mundo) — El hombre es, en opinión de todos, un compendio del universo, destinado a tres géneros de vida: vegetativa, sensible e inteligible.
Cuatro elementos (fuego, aire, agua, tierra) — Su unión es tan estrecha que muerto uno los otros caen y se pudren solos, sin ningún esfuerzo manual.
Geometría (la quinta arte liberal, fundamento del oficio) — Del movimiento del punto nace la línea, de ella la superficie y de la superficie el cuerpo; el punto es principio de todos.
Mónada (el glifo que condensa el esquema entero) — La cuadratura del círculo se practica como proceso físico y termina en la unión de los sexos y la restitución a la mónada.
Coccion — Operación general que reúne bajo sí a todas las particulares, y a la que llama obra de las mujeres.
Ablucion — Todas las operaciones químicas —calcinación, sublimación, solución, destilación, coagulación, fijación— se reducen a un lavado.
Conjuncion — El hermano es ardiente y seco y la hermana fría y húmeda; su unión pide el poculum amoris llamado Filotesia, que quita la esterilidad e impide el aborto.
Fermento — Lo que cae en las salinas se vuelve sal y lo que cae en el fuego se convierte en fuego; el oro de los filósofos se añade como fermento al final de la obra.
Tintura — El calor aleja lo superfluo de las humedades y establece en el sujeto su idea, que es la tintura.
Uroboros — La serpiente que ha devorado a otra se convierte en dragón; el dragón que se muerde la cola arroja la piel vieja y recibe otra con la juventud.
Hermafrodita — Naturaleza mixta, masculina y femenina, en la que una se transforma en la otra bajo la influencia del calor.
Cuatro Fuegos — El natural coagula, el innatural disuelve, el contra natura corrompe y el elemental da el calor y el primer movimiento; encadenados dentro del vaso como argollas por el imán.
Secreto (lo que se jura no fijar por escrito) — Los misterios de la naturaleza van escondidos al vulgo bajo la apariencia rústica de la agricultura y manifiestos a los sabios; sin la llave, entrar al Rosario es caminar sin pies.
Materia prima — La piedra está tirada en la tierra y pisoteada en el camino y en el estiércol, y a la vez exaltada sobre las montañas que vomitan llamas.