«No es costumbre que un Adepto tome la pluma de nuevo tras haber atravesado su propia transmutación. Sólo razones imperiosas que ponen en juego el destino de la humanidad, han podido convencernos para transgredir esta regla de ordinario infranqueable, abandonando el manto de silencio que envuelve a quien ha pasado por el brasero del Fénix.» — el texto declara por qué existe: un Adepto no vuelve a tomar la pluma tras su propia transmutación, y solo el destino de la humanidad justifica transgredir esa regla y abandonar el manto de silencio
Finis Gloriae Mundi
Finis gloriae mundi (así, en minúsculas, en la portada y en el índice del ePub) · El Fin de la Gloria del Mundo · El fin de la Gloria del Mundo
Ver metadatos completos
El volumen se presenta como la tercera obra de Fulcanelli, la que su autor retiró de toda publicación y que da nombre a un lienzo sevillano «Finis Gloriae Mundi — Fulcanelli (edición española de 2001) · p. 2». El prefacio de Jacques d'Arés cuenta que a finales de julio de 1999 recibió por internet un manuscrito con ese título, acompañado de una carta cuya última línea firma un Frater Adeptus Heliopolitensis «Finis Gloriae Mundi — Fulcanelli (edición española de 2001) · p. 5»; la carta distingue este texto del manuscrito antiguo, que dice haber retirado más de setenta años antes de manos de Eugenio Canseliet y haber entregado a las llamas «Finis Gloriae Mundi — Fulcanelli (edición española de 2001) · pp. 6, 16».
La atribución es materia del propio volumen y queda sin arbitrar. D'Arés llama seudónimo al nombre, recuerda que desde 1926 se han contemplado todas las hipótesis sin prueba ni indicio serio, consigna que algunos hablaron de montaje y declara su propia lectura: que la obra firmada Fulcanelli era la expresión escrita del Colegio de los Hermanos de Heliópolis, escrita acaso por varias manos «Finis Gloriae Mundi — Fulcanelli (edición española de 2001) · p. 9». Su conclusión, tras leer el manuscrito, es que se trata efectivamente del Adepto Fulcanelli «Finis Gloriae Mundi — Fulcanelli (edición española de 2001) · p. 10». La página de derechos imprime Fulcanelli, 2001 y Traducción: Luis Miguel Martínez Otero «Finis Gloriae Mundi — Fulcanelli (edición española de 2001) · p. 4».
El texto toma como eje el lienzo de Juan de Valdés Leal conservado en el Hospital de la Santa Caridad de Sevilla y lo lee como tratado de la vía breve, con la balanza de ni más ni menos por advertencia central «Finis Gloriae Mundi — Fulcanelli (edición española de 2001) · pp. 20, 23»; de ahí pasa a la inversión de los polos magnéticos, al secreto alquímico y a su levantamiento, a la prohibición de operar sobre lo viviente, a un comentario de la Tabla de Esmeralda leído como programa de los demiurgos americanos, y a la multiplicación de la Piedra «Finis Gloriae Mundi — Fulcanelli (edición española de 2001) · pp. 35, 42, 46, 53, 79».
723 afirmaciones · 1 fuente · 2 atribuciones
Atribución
se consigna, jamás se afirma«Finis Gloriae Mundi — Fulcanelli (edición española de 2001) · pp. 3, 4, 5, 19»
«Finis Gloriae Mundi — Fulcanelli (edición española de 2001) · p. 9»
Cadena de la obra
el testimonio procesado, en esmeraldaAfirmaciones
723 entradas — la voz de la obra, con su pasaje723 pasajes
«Si uno de nuestros alumnos, a saber, nuestro devoto Eugenio Canseliet, estimó oportuno dar alguna vana notoriedad mundana al nombre que blasonaba nuestra obra todavía inacabada, que esta candidez sirva hoy por lo menos para sellar la advertencia que, por desgracia, hemos tenido el deber de lanzar en estos días turbulentos.» — quien firma imputa a Eugenio Canseliet haber dado notoriedad mundana al nombre que blasonaba una obra todavía inacabada, y dice servirse hoy de esa candidez para sellar su advertencia
«El hombre está como suspendido entre el abismo y la regeneración, y el error sería literalmente fatal.» — la situación que el texto se atribuye por motivo: el hombre suspendido entre el abismo y la regeneración, con el error por fatal
«Este trabajo no es el manuscrito que hace años retiramos de las manos del querido Canseliet; aquel antiguo escrito, imperfecto, no habría podido sino extraviar al estudioso, como nosotros lo estuvimos durante un tiempo. Fue entregado a las llamas sin remordimientos.» — el texto niega ser el manuscrito antiguo: lo llama imperfecto, capaz de extraviar al estudioso, y dice haberlo quemado
«Habíamos tenido la audacia de escrutar las ultimidades y el renuevo de los tiempos antes de que se produjeran en nuestro propio crisol; antes de que la experiencia nos enseñara las últimas sutilezas del arte.» — y da la razón del error de aquel escrito: haber escrutado el fin de los tiempos antes de verlo en el propio crisol y antes de que la experiencia enseñara las sutilezas del arte
«Sin embargo la humanidad ha alcanzado un umbral de lo más peligroso, sobre cuya cercanía ya habíamos pronunciado una advertencia definitiva. De este modo reiteramos, con la insistencia que requiere la inminencia del peligro, las necesarias amonestaciones que, quizás, le evitarán comprometerse más tarde por caminos en los que el daño sería irrecuperable.» — reitera la amonestación por la inminencia del peligro, para evitar caminos en que el daño sería irrecuperable
«El señor Bergier tuvo la bondad antaño de hacerse eco de las advertencias que le ofrecimos por entonces, cuando sus colegas y él mismo buscaban desencadenar las energías considerables encerradas en la estructura profunda de la materia» — el texto adjudica a Bergier haberse hecho eco de sus advertencias cuando los físicos buscaban desencadenar las energías de la materia; el tramo se corta antes de la llamada de nota
«Los hombres de ciencia eran niños deslumbrados, y no nos hacíamos ilusión alguna sobre el alcance de este paso.» — y llama niños deslumbrados a los hombres de ciencia de entonces, sin hacerse ilusiones sobre el alcance del paso
«Hoy, la ciencia moderna ha vuelto a encontrar numerosos secretos alquímicos, sin que este parentesco cada vez más estrecho haya generado, en los modernos sopladores, la agudeza de conciencia y la disciplina espiritual necesarias para la conducta de la Obra.» — sostiene que la ciencia moderna ha reencontrado secretos alquímicos sin la agudeza de conciencia ni la disciplina espiritual que la Obra pide, y llama sopladores a quienes la practican así
«El arte del V.I.T.R.I.O.L exige una tal prudencia, que es de temer que carezcan de ella los que se dejan dominar por la ebriedad de su propio poder, si acaso éste permanece siendo puramente exterior y, por ello mismo, ilusorio.» — enuncia la prudencia que exige el arte del V.I.T.R.I.O.L y la niega a quienes se dejan dominar por un poder que llama exterior e ilusorio
«Abordar las cuestiones pavorosas del fin y de la restauración de los tiempos significa paradójicamente sondear los orígenes.» — la paradoja que ordena el libro: tratar del fin y de la restauración de los tiempos obliga a sondear los orígenes
«Cuando retiramos a Eugenio Canseliet las líneas escritas demasiado apresuradamente sobre este tema, las excavaciones arqueológicas no habían levantado más que una ínfima parte de la oscuridad que rodea al nacimiento del hombre. Desde entonces la cuestión se ha clarificado, siempre que tengamos en cuenta todos los datos de un problema más complejo de lo que se pensaba. Las enseñanzas de la paleontología han limpiado el panorama de quimeras, para confrontarnos al misterio.» — el texto adjudica a la arqueología y a la paleontología haber limpiado el panorama de quimeras desde que se retiró aquel manuscrito, y haber dejado el misterio en pie
«Según los trabajos de Wilson, Cann y Stoneking sobre el ADN mitocóndrico, tendríamos que pensar en unos 50.000 años de silencio entre la aparición biológica del hombre dicho» — cifra en unos cincuenta mil años el silencio entre la aparición biológica del hombre moderno y sus primeras obras, apoyándose en los trabajos sobre el ADN mitocóndrico; el impreso escribe *mitocóndrico* y el tramo se corta antes del término entrecomillado
«Sólo muy tardíamente habría mirado la humanidad hacia la transformación de la materia. ¿Qué fueron esos cerca de 50.000 años, que representan un doble giro de rueda del Gran Año precesional? Nos acercamos al final del segundo giro de rueda complementario que, al contrario, contempla la proliferación de las obras humanas.» — lee esos cincuenta mil años como un doble giro de rueda del Gran Año precesional y sitúa el presente al final del segundo giro complementario
«Sometidas a la implacable verificación del crisol, las revelaciones transmitidas por las tradiciones adquieren una limpidez que barre con todas las especulaciones puramente intelectuales.» — el criterio que el texto se da: las revelaciones de las tradiciones se verifican en el crisol, y esa verificación barre la especulación intelectual
«Ya nos habíamos adherido a la doctrina de las cuatro Edades según expone el Libro de Daniel, confirmada por Hesíodo entre los griegos, e igualmente entre los hindúes. Esta doctrina es verdadera, aunque hay que entenderla de modo distinto al de un engranaje mecánico, ya que no es sino el desarrollo cósmico de ciertas fases de la Obra, y también su trastocamiento.» — sostiene la doctrina de las cuatro Edades tal como la expone el Libro de Daniel, pero no como engranaje mecánico: la lee como desarrollo cósmico de fases de la Obra y como su trastocamiento
«Una comprensión parcial o demasiado simplista sería, en estos terrenos, más peligrosa que la vulgar ilusión metafísica del progreso lineal o el de evoluciones azarosas.» — declara más peligrosa una comprensión simplista de esos ciclos que la ilusión del progreso lineal o la del azar evolutivo
«Nos es especialmente penoso constatar que algunos de nuestros antiguos alumnos y sobre todo sus propios discípulos, han cedido a la tentación de una lectura literal o de una interpretación estrecha de los ciclos temporales que regulan el destino del cosmos.» — reprocha a antiguos alumnos y a sus discípulos la lectura literal o estrecha de los ciclos temporales
«Los mismos filósofos certifican que jamás hablan tan oscuramente como cuando parecen expresarse con precisión. Su claridad aparente engaña a quienes se dejan seducir por el sentido literal, sin querer asegurarse de si concuerda o no con la observación, la razón y la posibilidad de la naturaleza» — y se cita a sí mismo por Las moradas filosofales para la regla de lectura: los filósofos hablan más oscuramente cuando parecen precisos, y la claridad aparente engaña a quien se queda en el sentido literal
«Los ofuscados habrían debido verificar si la revolución de los polos, tal como se la imaginaron leyendo nuestra exégesis del obelisco de Dammartin-sous-Tigeaux con la fe del carbonero, obedece a tales certezas.» — objeta a quienes leyeron su exégesis del obelisco de Dammartin-sous-Tigeaux con la fe del carbonero que no verificaron la revolución de los polos
«Limitándose al arte del papagayo, aumentaron las ilusiones de los hombres de débil inteligencia y, desgraciadamente, contribuyeron a reforzar las Más turbias intrigas de los sopladores que intentan jugar un papel demiúrgico propiamente luciferino.» — les imputa haber aumentado las ilusiones y reforzado las intrigas de los sopladores; el impreso escribe *las Más turbias* con mayúscula a media frase
«Nuestro propósito no es poner aquí de manifiesto cada uno de sus errores. Nos deja indiferentes el uso que hicieron de nuestro nombre para cubrirse. Pero es importante rectificar lo que han emprendido los aprendices de brujo porque, en la fina punta de la hélice cíclica, tendría incalculables consecuencias.» — declara no querer enumerar esos errores y sí rectificar lo emprendido por los aprendices de brujo, por sus consecuencias en la punta de la hélice cíclica
«Este libro escrito en la urgencia, será el último que firmará Fulcanelli. Ojalá podamos tras ello, cumplido ya el deber que nos incumbe, volver a entrar en el Silencio del adeptado, para obrar únicamente conforme a las vías que el mismo requiere.» — el cierre de la introducción: el texto se anuncia como el último que firmará ese nombre y promete volver al Silencio del adeptado
«El Hospital de la Santa Caridad de Sevilla conserva un curioso cuadro de Juan de Valdés Leal, que no dudaremos en calificar de» — el texto abre declarando filosófico el cuadro de Valdés Leal; el adjetivo cae ya en la plana siguiente y el tramo se corta en el cambio de plana
«Este pintor del siglo XII, contemporáneo de Zurbarán y de Murillo, representa con ellos lo que los críticos de arte consideran los comienzos del realismo español, que arroja una mirada implacable sobre las miserias materiales y morales de ese tiempo.» — sitúa al pintor junto a Zurbarán y Murillo en los comienzos del realismo español; el impreso da *siglo XII* donde el contexto pide el XVII, y la errata se consigna tal cual
«Pese a ello, lo mismo que en el resto de Europa, florecieron escuelas de alquimistas en Compostela y en Sevilla que, sin embargo, bajo velo de las artes de la botica, de la industria de los tintoreros o de la trituración de los colores que necesitaban los pintores, tuvieron que operar en una casi total clandestinidad.» — sostiene que hubo escuelas de alquimistas en Compostela y en Sevilla, obligadas a operar bajo velo de botica, tintorería y molienda de colores
«Los hidalgos y monjes que instalaron sus hornos y sus matraces en el fondo de los castillos y conventos, tuvieron que buscar una razón plausible para limitar las habladurías; en general la de la destilación de medicinas y remedios, ya que su estado no les ponía al abrigo de una acusación de brujería o de herejía, que inmediatamente les habría valido cárcel u hoguera.» — y da la razón del disimulo: sin una coartada de destilación de medicinas, una acusación de brujería o herejía llevaba a la cárcel o a la hoguera
«No encontraremos por tanto, ni en Galicia ni en Andalucía, esas composiciones mitológicas o simbólicas que nos hemos complacido en descifrar en Las moradas filosofales. Los artistas españoles, y particularmente Juan de Valdés Leal, transmitieron los secretos de la Obra a través de temas religiosos y, más raramente, de escenas picarescas.» — niega que haya en Galicia y Andalucía las composiciones mitológicas que dice haber descifrado en Las moradas filosofales, y adjudica a los artistas españoles la transmisión por tema religioso y escena picaresca
«A este respecto, Finis Gloriae Mundi representa sin duda alguna el más perfecto mensaje de la escuela hermética sevillana.» — y coloca a este cuadro como el mensaje más perfecto de lo que llama la escuela hermética sevillana
«Encima de una cripta donde yacen en féretros abiertos tres cuerpos en diferente estado de descomposición aparente, las nubes se abren sobre una mano elegante y casi femenina marcada con los estigmas de la Pasión, que sostiene una balanza cuyos platillos desbordantes, timbrados con las palabras ni más ni menos» — la descripción de la escena: tres cuerpos en distinto estado, la mano estigmatizada y casi femenina que sale de las nubes y la balanza con las dos palabras; la frase se corta en el cambio de plana
«Ante una escalera débilmente iluminada y que parece ascender hacia un mundo más acogedor, quizás el mismo desde donde surge la mano fatídica, la lechuza de Minerva vigila la metamorfosis de los cadáveres.» — la escalera que asciende y la lechuza de Minerva, que el texto pone a vigilar la metamorfosis de los cadáveres
«En primer plano yace un obispo con capa y mitra de un oro muy pálido, casi blancos, asiendo todavía su báculo de oro entre las manos cruzadas sobre el pecho, mientras que los terciopelos escarlatas que recubren el interior del féretro se desgarran, dejando aparecer la madera de roble, de la que está hecho.» — el obispo del primer plano, con mitra de oro pálido casi blanco y el terciopelo escarlata del féretro desgarrándose hasta dejar ver el roble
«En segundo plano, en posición invertida para con el primer personaje, reposa un caballero que, según atestigua el estandarte que lo cubre, pertenece a una de las órdenes religiosas militares, Calatrava, San Juan o Santiago, que fueron, en sentido propio como en el figurado, la punta de lanza de la Reconquista.» — el caballero en posición invertida, que el estandarte adscribe a una de las órdenes religiosas militares
«El tercer féretro, al fondo, no contiene más que un esqueleto sin atributos, a cuyos pies se amontonan huesos y cráneos desarticulados.» — el tercer féretro, con un esqueleto sin atributos y el osario a sus pies
«Delante del obispo, una filacteria abandonada negligentemente sobre el suelo porta las siguientes palabras: Finis Gloriae Mundi. El conjunto de la escena aparece bañado en una luz purpúrea que apenas tiñe, más que ilumina, la neblina fuliginosa en la que se reabsorben las paredes del sepulcro.» — la filacteria con el título del cuadro y la luz purpúrea que tiñe la neblina del sepulcro
«La mayor parte de los historiadores de arte no ha visto en este lienzo sino una alegoría moral: las vanidades mundanas no sobreviven a la tumba y acaban en la podredumbre, hasta llegar, por fin, al anonimato del último osario. En la balanza se amontonan los atributos de los nobles personajes tendidos en su último sueño, y tendría el sentido del bíblico Mane, técel, phares.» — consigna la lectura corriente de los historiadores del arte —alegoría moral de las vanidades, con el Mane, técel, fares por sentido— para separarse de ella
«Esta interpretación, que ciertamente no compartimos, no da cuenta de las sutilidades de la pintura, sumamente sugestivas en cuanto a la lectura alquímica a la que nos vemos impelido. Entonces aparece como una obra mayor del filósofo químico, que seguramente fue Valdés Leal.» — y declara la suya: niega esa alegoría moral y llama al cuadro obra mayor de un filósofo químico, que sería el propio Valdés Leal
«Los platillos de la balanza parecen perfectamente equilibrados, aunque una mirada atenta detectaría un ligero exceso de peso en el de la derecha. Éste contiene los símbolos litúrgicos, pero en cambio gravita sobre el cuerpo del caballero.» — observa un ligero exceso de peso en el platillo derecho y el cruce de los símbolos litúrgicos sobre el cuerpo del caballero
«Como vemos, los símbolos están cruzados: encima del obispo vemos los emblemas de la caballería, yelmo, mastín y joyas timbradas con un corazón» — el cruce visto desde el obispo: sobre él, los emblemas de la caballería; la frase se corta en el cambio de plana, donde sigue el color del corazón
«escarlata; mientras que encima del caballero distinguimos una estrella, un pan ya comenzado, un libro, un mortero de cristal con su almirez y el corazón rojo coronado con la cruz.» — y desde el caballero: estrella, pan comenzado, libro, mortero de cristal con su almirez y corazón rojo coronado; el tramo continúa la frase de la plana anterior
Sobre la obra
87 entradas — lo que el aparato y la investigación dicen de ella87 pasajes
«Este título designa también un sorprendente cuadro conservado en hospital de la Santa-Caridad en Sevilla. Este panel de dos metros de lado fue ejecutado por el artista Juán de Valdés Léal en 1672.» — [CONTRACUBIERTA] la sinopsis editorial identifica el título con el lienzo sevillano y lo fecha en 1672; imprime el nombre del pintor con acentos que el cuerpo del libro no usa, *Juán de Valdés Léal* por Juan de Valdés Leal, y deja sin artículo *en hospital de la Santa-Caridad*
«Se puede ver en primero plano el cadáver de un obispo en descomposición avanzada, en el fondo de su ataúd. Frente a él, cabeza laya, se encuentra a su vez en su ataúd un caballero para nada afectado por la putrefacción y cuyos ojos abiertos y la frescura del tinte dejan comprender que descansa pacíficamente y escapa así a todo desgaste del tiempo.» — [CONTRACUBIERTA] la contraposición de los dos cuerpos, el obispo en descomposición y el caballero intacto de ojos abiertos, tal como la editorial la resume
«En segundo plano, una mano que lleva la marca de la crucifixión, pero curiosamente femenina, sale de los nubarrones, llevando el mástil de una balanza en la en que cada una de las bandejas está subrayada por las inscripciones» — [CONTRACUBIERTA] la mano estigmatizada y femenina que sostiene la balanza; el tramo se corta antes de las dos inscripciones, que la plana imprime entre comillas altas
«A la izquierda, en la entrada de la cripta, se sitúa una lechuza en postura hierática, símbolo de la sabiduría, pareciendo juzgar gravemente la situación.» — [CONTRACUBIERTA] la lechuza a la entrada de la cripta, leída por la editorial como símbolo de la sabiduría
«tan inquietante pues parece que la Iglesia esté aquí destruida para siempre con el único provecho del despertar iniciático simbolizado por el caballero que simula la muerte.» — [CONTRACUBIERTA] la lectura que la editorial propone de la escena: la Iglesia destruida y el despertar iniciático del caballero que simula la muerte
«Fulcanelli realiza en este libro, con contenido diferente al que no fue publicado, la interpretación alquímica del cuadro en conexión con los sucesos que han acontecido tras la segunda guerra mundial, advirtiendo del enorme peligro de la carrera nuclear y de sus residuos por saltarse los límites, cuidados y reglas filosóficas mantenidas en secreto por los alquimistas desde antiguo.» — [CONTRACUBIERTA] y la que la editorial da del libro: interpretación alquímica del cuadro ligada a la carrera nuclear, con contenido distinto del manuscrito que no se publicó
«Fulcanelli Finis gloriae mundi ePub r1.4 Titivillus 29.07.2020» — [PORTADA] la portada del ePub: el nombre, el título en minúsculas y el sello del editor digital con su fecha
«Título original: Finis Gloriae Mundi Fulcanelli, 2001 Traducción: Luis Miguel Martínez Otero Editor digital: Titivillus ePub base r2.1» — [DERECHOS] la página de derechos entera, que es cuanto el troceo imprime de la edición: título original, año, traductor y editor digital; no nombra editorial, ciudad ni lengua de partida
«Confieso haberme sorprendido —uno lo estaría por muchísimo menos, y hasta debo decir que me quedé estupefacto— cuando a finales de julio de 1999 recibí una larga carta fechada el 25 del mismo mes, acompañando a un manuscrito con el título FINIS» — [D'ARÉS] el relato de la llegada del manuscrito: una carta de finales de julio de 1999, fechada el 25, con el título del libro en versales; el tramo se corta en la palabra que abre el título porque la línea siguiente parte GLORIAE MUNDI
«gracias a mi fiel amigo Eugenio Canseliet a quien, por medio de Paul Le Cour, tuve el honor y la alegría de conocer en 1934, teniendo yo 9 años.» — [D'ARÉS] declara de dónde le viene el trato con la obra firmada Fulcanelli: de Eugenio Canseliet, a quien conoció en 1934 por medio de Paul Le Cour; el tramo arranca después del nombre entrecomillado por el impreso
«Las moradas filosofales, que de nuevo tenemos el honor de presentar, no debía ser el último libro de Fulcanelli. Existía una tercera parte bajo el título de Finis Gloriae Mundi (El fin de la Gloria del Mundo) que su autor retiró, y que habría transformado su tarea didáctica en la más extraordinaria trilogía alquímica» — [CANSELIET] la primera frase del prefacio de Eugenio Canseliet de febrero de 1958 a la segunda edición de Las moradas filosofales, tal como d'Arés la reproduce: el tercer libro existía bajo este título y su autor lo retiró
«A Jacques d’Arés en testimonio de fiel amistad esta obra que tan bien conoce en la que el Filósofo-Adepto examinó la Ciencia para nuestro siglo estableciendo las bases materiales de la Filosofía atlanteana En la Avenida de, los Campos Elíseos, este 9 de Septiembre de 1960» — [CANSELIET] la dedicatoria manuscrita de Canseliet a d'Arés en el ejemplar de la segunda edición, fechada el 9 de septiembre de 1960; el impreso desliza una coma en *En la Avenida de, los Campos Elíseos*
«Es un hecho que por entonces ya conocía Las moradas filosofales y también El misterio de las catedrales.» — [D'ARÉS] declara conocer los dos libros anteriores de la trilogía en sus primeras ediciones, dedicados por Canseliet a Paul Le Cour
«Por desgracia estos volúmenes desaparecieron en 1943, cuando el autor de La era del Acuario[1] padeció delante de mí una perquisición de la Gestapo que arrambló con un número importante de libros de su biblioteca.» — [D'ARÉS] cuenta la pérdida de esos ejemplares en 1943, en un registro de la Gestapo a Paul Le Cour, a quien nombra por su libro; la llamada de nota va pegada al título en el impreso
«En la esfera filosófico-esotérica de la época, Paul Le Cour habría sido el primero, en enero de 1927 y en la revista Æsculape en la cual colaboraba, en dar cuenta de El misterio de las catedrales.» — [D'ARÉS] adjudica a Paul Le Cour la primera reseña de El misterio de las catedrales, en enero de 1927 y en la revista Æsculape
«He aquí una extraña manera de felicitarle en el día de su santo, y sin embargo esperamos que el presente que le acompaña no pesará excesivamente sobre su conciencia. Hemos optado por dirigirle nuestra última obra.» — [CARTA] la carta que d'Arés reproduce abre llamándole por su santo y anunciando el envío como regalo
«En efecto, entonces nos pareció que concurrían todos los signos para sacar a la luz el modus operandi de la vía seca» — [CARTA] la razón que la carta da para haber retirado el manuscrito antiguo: entonces parecían darse los signos para sacar a la luz el modus operandi de la vía seca; la frase sigue en la plana siguiente
«Nuestra prudencia se vio más que confirmada a la vista de esa plaga inmunda y creciente que fue el nazismo» — [CARTA] y lo que la carta invoca a favor de esa prudencia: el nazismo; el tramo se corta antes de la llamada de nota que el impreso pega a la palabra
«Por lo tanto, liberado de las escorias de la inexperiencia y teniendo en cuenta las más recientes locuras humanas, hemos puesto de nuevo en marcha nuestro Finis Gloriae Mundi. A Vd. la misión de publicarlo a su conveniencia, ya que, repasando sobre nuestras propias huellas, nos sería penoso adoptar otra vez el nombre de "Fulcanelli" que, para el mantenimiento de nuestra tranquilidad, arrastra ya demasiadas quimeras románticas.» — [CARTA] anuncia la nueva puesta en marcha del libro y encarga a d'Arés publicarlo, diciendo penoso volver a adoptar el nombre de Fulcanelli por las quimeras románticas que arrastra; el impreso entrecomilla ese nombre con comillas altas
«Pero como sin duda sabe, el juramento de Heliópolis nos mueve, y nos obliga a ayudar y a sanar, y ya no podíamos escamotearnos más tiempo sin traicionarlo.» — [CARTA] la razón que se da para romper el silencio: el juramento de Heliópolis obliga a ayudar y a sanar
«Sin embargo no debe intentar contactar con nosotros. Como los antiguos rosa-cruces ejercemos estancia visible e invisible. Nadie conseguirá alcanzarnos, ni por mera curiosidad ni por necesidades de enseñanza, y menos a fortiori para intentar forzarnos a servir intereses que recusamos.» — [CARTA] prohíbe el contacto y se compara con los antiguos rosa-cruces por su estancia visible e invisible
«Por ello mismo, para contactar con Vd., hemos elegido este medio informático, más seguro para nuestro anonimato que un envío especial, en el que el tampón podría dar alguna indicación a quienes quisieran jugar a detectives de lo oculto» — [CARTA] explica la elección del medio informático por el anonimato, frente al matasellos de un envío postal
«Y así fue; este manuscrito, acompañado de la carta, me ha llegado por medio de internet a través del Centro Europeo de Mitos y Leyendas, que me tiene como uno de sus presidentes honoríficos.» — [D'ARÉS] consigna la vía de llegada: internet, a través del Centro Europeo de Mitos y Leyendas, del que es presidente honorífico
«Ahora bien, según me parece, esta vía dicha informática puede acarrear, y de hecho acarrea, lo mejor —digamos lo que viene del Espíritu— tanto como lo peor —es decir lo satánico» — [D'ARÉS] lee la vía informática como capaz de traer a la vez lo que viene del Espíritu y lo satánico
«Esta antinomia constituye a mis ojos una de las características más flagrantes de este» — [D'ARÉS] llama a esa antinomia una de las marcas del fin de los tiempos; el tramo se corta antes de la expresión que el impreso entrecomilla
«categorías pertenece el manuscrito que me han transmitido? La lectura me hizo comprender que esta obra dimana sin ninguna duda de la primera categoría: la del Espíritu.» — [D'ARÉS] resuelve la pregunta que abre en la plana anterior —a cuál de las dos categorías pertenece el manuscrito— adjudicándolo a la del Espíritu; el tramo arranca donde la frase continúa
«Evidentemente no es fortuita la fecha elegida para enviarme el manuscrito, del 25 de Julio, fiesta del Apóstol Santiago el Mayor, ya que la peregrinación a Compostela reviste incontestablemente un carácter alquímico, teniendo a la Transfiguración como la meta última del caminar.» — [D'ARÉS] lee la fecha del envío, 25 de julio, como deliberada, y atribuye carácter alquímico a la peregrinación a Compostela con la Transfiguración por meta
«El hecho que esa fecha coincida con la fiesta de mi santo patrono no explica suficientemente por qué he sido yo elegido para recibir ese» — [D'ARÉS] dice que la coincidencia con su santo no basta para explicar la elección; el tramo se corta antes del término que el impreso entrecomilla
«pues jamás he operado en el atanor. Es verdad que no he vivido ajeno a las preocupaciones alquímicas, y que he peregrinado tres veces a Compostela por diferentes caminos.» — [D'ARÉS] declara no haber operado nunca en el atanor y sí haber peregrinado tres veces a Compostela
«Para mí la Alquimia es la ciencia de la vida» — [D'ARÉS] la definición de la alquimia que dio en la radio y que, según cuenta, Canseliet le celebró al día siguiente por teléfono
«Jacques, ayer dio Vd. la mejor definición posible de la Alquimia» — [CANSELIET] la respuesta de Canseliet a esa definición, tal como d'Arés la reproduce
«No se inquiete Vd. demasiado por las razones que motivaron la elección unánime de su persona para recibir este depósito. Son de lo más simple: elegir a uno de los herederos en el arte de nuestro fiel Canseliet, no habría faltado de atizar importunas envidias, rencores y dudas lesivas para el trabajo.» — [CARTA] la carta explica la elección de d'Arés como depositario: elegir a un heredero de Canseliet habría atizado envidias y dudas
«En cambio, reconocemos y honramos su integridad, y vemos en Vd. al heredero de Paul Le Cour y» — [CARTA] y la razón positiva: le reconoce integridad y le tiene por heredero de Paul Le Cour; la frase se corta en el cambio de plana y sigue con Philéas Lebesgue
«de Philéas Lebesgue, que supieron acoger y animar a nuestro propio alumno cuando se encontró solo en su laboratorio. Reciba pues, a cambio, este don de confianza, teniendo la certeza de que Vd. dará buen uso de él» — [CARTA] el cierre de la carta, que continúa la frase de la plana anterior y entrega el depósito con confianza
«Me vi obligado a reconocer lo justo de esta argumentación, y tanto más que había yo conocido a Philéas Lebesgue por la misma época. Fue Paul Le Cour quien le puso en contacto con el Maestro de Savignies, hasta el punto que este último llego a ser su ejecutor» — [D'ARÉS] acepta el argumento y aporta el dato que lo sostiene: conoció a Philéas Lebesgue, a quien Le Cour puso en contacto con el Maestro de Savignies; el impreso escribe *llego* sin tilde
«Una primera cuestión me vino entonces en mente: ¿era posible descubrir quién se ocultaba tras el pseudónimo de Fulcanelli?» — [D'ARÉS] plantea la cuestión de la identidad y llama seudónimo al nombre, sin resolverla
«Desde 1926, y más exactamente desde 1929, año de la aparición del segundo libro de Fulcanelli, se han contemplado todas las hipótesis sin ninguna prueba auténtica o indicio serio que no tuviera su contrapartida.» — [D'ARÉS] consigna que todas las hipótesis sobre esa identidad se han contemplado sin prueba ni indicio que no tuviera contrapartida
«Ya desde entonces, algunos han tenido la audacia de hablar de» — [D'ARÉS] recoge que algunos hablaron de montaje —palabra que el impreso entrecomilla y que el tramo deja fuera— y replica que ojalá hubiera más montajes así
«Haré observar, pese a que después de tres mil años se plantea el tema de saber si Homero ha existido o no, continuando todavía sin respuesta, que estamos bien obligados de constatar la existencia de la Iliada y la Odisea, obras a las que se concede un inmenso interés.» — [D'ARÉS] opone a la cuestión de la identidad el caso de Homero: la existencia de la Ilíada y la Odisea no depende de que se resuelva quién fue el autor
«Esta obra está ahí, con un valor incontestable, y ha sido escrita de mano humana (¿o acaso por varias manos?» — [D'ARÉS] declara incontestable el valor de la obra firmada Fulcanelli y deja abierta la pregunta de si la escribió una mano o varias
Conceptos tratados
Piedra filosofal (lapis philosophorum) — La obra no termina con la Piedra: hay que retomarla para purificarla, y por vía breve no debe exaltarse más allá de un color azafranado claro; transmutar plomo en oro no basta para afirmar que se haya obtenido.
Quintaesencia (quinta essentia) — Se revela como secreto mayor que la quintaesencia misma debe purificarse y separarse de las superfluidades mortales, porque la primera obtenida porta la marca del operador; bajo aspectos distintos del mineral yace más allá de la espada del querubín.
Cuatro elementos (fuego, aire, agua, tierra) — Los cuatro cráneos del osario corresponden a los cuatro elementos y el quinto a la quinta esencia, pero como elementos muertos; las cuatro menciones de la Tabla de Esmeralda se leen igual, alternando lo sutil y lo espeso.
Materia prima — El sujeto de los sabios ha de llegar a término por movimiento propio: es vano abrir una materia no preparada, y trabajada canónicamente puede dar resultados alentadores pero ilusorios.
Nigredo (la obra al negro) — El parecido superficial de la vía que deja hacer a la naturaleza con la obra al negro habría engañado a más de un filósofo; el pasaje atribuido a Flamel distingue cuatro colores del agua, negro, blanco, amarillo y rojo.
Putrefacción (putrefactio) — Aun admitiendo que la última de las cuatro Edades sea una putrefacción, se niega que de ella surja la Piedra sin el trabajo previo de la segunda y la tercera obra.
Spiritus mundi (espíritu del mundo) — El espíritu astral es el agente imponderable que hay que recoger en profusión desde la abertura de la materia; la timidez al recogerlo habría hecho fracasar a muchos aprendices, y confundirlo con un efecto de campo es el error que se imputa a los demiurgos.
Microcosmos (el hombre-mundo) — El artista reproduce a escala menor el proceso que sustenta la evolución del cosmos, y el universo se compone como el hombre de cuerpo, alma movediza y espíritu.
Azufre (principio sulfúreo) — Los órdenes tradicionales imprimen su sello sobre las virtudes que la alquimia designa como sal, azufre y mercurio.
Secreto (lo que se jura no fijar por escrito) — La regla de ocultación se declara vencida: ya no tiene utilidad el lenguaje simbólico cuando su empleo perverso es juego de las potencias militares, y el deber actual del alquimista sería revelar lo sustraído.
Decknamen (nombres cubiertos) — Los menstruos, leches, orinas o lágrimas de los textos alquímicos han de tomarse como tropos de exudaciones minerales, nunca al pie de la letra.
Iniciación (recepción por grados / metamorfosis del ser) — La triple maestría del obrero incluye la iniciación caballeresca o ars regis, y el rito de Tara se presenta como iniciación que fija al rey el sentido de su función unificadora.
Theurgia (obra divina) — Se denuncia que la teurgia se pervierte y que se invocan monstruos que ni los magos asirios más degenerados habrían sacado de sus abismos.
Anima mundi (alma del mundo) — El poder que se busca es el poder oculto sobre el alma del mundo y la de los pueblos; el mismo registro nombra el alma colectiva de la humanidad y el alma egregórica del Estado federal.
Gnosis (conocimiento salvífico) — En la fase de sed espiritual los pueblos agotan los sustitutos, de las religiones mistéricas y las gnosis a las sectas, sin que nada detenga la búsqueda hasta hallar la Fuente.
Atanor (el horno de fuego constante) — Jacques d'Arés declara en el prefacio no haber operado nunca en el atanor, y toma ese dato por objeción a haber sido elegido depositario.